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PALABRAS MAYORES

JOSÉ LUIS COMESAÑA / EXLUDÓPATA

“Salir de la ludopatía es como ver crecer a un niño pequeño”

Aníbal Malvar 17/09/2019

<p>José Luis Comesaña.</p>

José Luis Comesaña.

Foto cedida por el entrevistado

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José Luis Comesaña Lorenzo celebró el inicio del siglo XXI curándose de una ludopatía que arrastraba desde los 20 años. Desde entonces, nunca ha dejado de estar vinculado a la Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados, que esta semana ha salido en los papeles por su estudio titulado Jóvenes y juego online, en el que se advierte que el perfil del adicto al juego ha cambiado: si hace años se concentraba en la franja de edad de entre 35 y 45 años, hoy el incremento se produce entre los jóvenes de entre 18 y 25 años, y cada vez más, de menores, lo que obliga a replantearse algunas cosas. Comesaña se inició en el juego con 15 años bajo circunstancias un tanto peculiares: perdió la mano derecha en un accidente y con la izquierda aprendió a ser un virtuoso del naipe.

– A los 15 años empecé a trabajar aquí en Vigo en una empresa del sector naval, del consorcio Barreras, Tenaco SA. Hacíamos maquetas de los barcos que se fabricaban aquí en el astillero. Cada vez que un barco salía del astillero, se hacía una maqueta a escala. 

¿Para qué valían esas maquetas?

Para exponerlas en el astillero, regalárselas al armador... 

No sabía que se hacía eso. Tenía que ser un trabajo precioso.

Estamos hablando de principios de los años setenta. Pero cuando perdí la mano, terminó mi carrera en el modelismo. 

¿Un accidente de tráfico?

No, fue en la playa. Encontré unas bengalas de salvamento de los barcos. Estaban caducadas. Cogí una por jugar y me reventó en la mano. Yo era un chaval y en aquella época pensaba que si te faltaba una mano ya no valías para nada. Me pasaron a botones en la misma empresa durante tres años, y aproveché para estudiar delineación y contabilidad. Y acabé siendo delineante en la misma empresa, haciendo planos. Y me casé.

¿En qué año?

Me casé en el año… Ya no me acuerdo…

Como publique esto se va a cabrear tu mujer…

(Se ríe) No, no. Cuéntalo. Que estoy separado. 

¿Qué tipo de proyectos hacías en el astillero con una sola mano?

Era delineante de la sección de maquinaria de barcos. En las salas de máquinas tiene que estar todo muy bien diseñado para que el funcionamiento sea perfecto. 

¿Cuándo empiezas a considerarte ludópata?

Poco después del accidente, me acostumbré a ir a las timbas. Como me faltaba la mano derecha, empecé a practicar y a coger habilidades con la izquierda a la hora de manejar el naipe. Al perder la mano, me había convertido en el patito feo de la pandilla. Cuando pasa algo así, te das cuenta, o te parece, que en cierto modo la gente te deja aparte.  

Por eso te especializas en el naipe. Para hacer virguerías que impresionen a los colegas. Una forma de dejar de ser el patito feo.

Exactamente. Tenía tanta habilidad que la gente ni se enteraba cuando hacía trampas. 

¿Pero, realmente crees que eso fue el detonante de tu ludopatía?

No. Entonces era una cosa de chiquillos, de jugarnos los pocos duros que había. Pero eso sí provocó que el juego me gustara más. Ahí era igual, o mejor, que los que tenían las dos manos. 

¿Cuándo crees entonces que el juego se empieza a convertir en tu problema?

Es difícil decir el momento. Calculo que empiezo a perder definitivamente el control a los 21 o 22 años. 

¿Te dabas cuenta?

Mi familia creo que sí. Siempre me estaban diciendo que no me fuera a gastar los cuartos. Pero yo estaba trabajando. Tenía un buen salario como delineante. 

¿Qué porcentaje de sueldo te gastabas? 

No sabría decirlo. El sueldo, generalmente, lo entregaba siempre en casa.  En esa época, entre otras cosas, yo creo que tenía la suerte del principiante. Hice una pequeña cuenta con el dinero que iba ganando. Era la panacea. Maná. Incluso llegué a dejar el trabajo, porque me creía un fenómeno y el juego me daba para vivir. Pero después fue todo en declive. Empezaron a aparecer los créditos. Las pequeñas hipotecas... Y no tan pequeñas: llegué a hipotecar mi casa. 

Ahora también pasan esas cosas, ¿no? Hablando con gente enganchada a las apuestas online siempre cuentan la misma historia. Al principio, panacea. Y luego, ruina. A veces hace sospechar que hay algún algoritmo informático que detecta al primerizo y lo beneficia para después desplumarlo.

Claro, claro.  

¿Cuándo te das cuenta de que estás tocando fondo?

En 1999. Tenía dos millones de pesetas apartados para hacerle una compra a mi hija. Y ese dinero me lo gasté en el bingo en nueve noches. Me desesperé tanto que hasta pensé en el suicidio. Era comercial en aquel momento y pensé: cojo el coche de la empresa y me despeño por un terraplén. Pero me entró la cobardía, y hoy me alegro de ser un cobarde.  

¿Qué hiciste entonces?

Estaba en una situación calamitosa. Llamé a una persona… 

¿A quién se llama en un momento así?

Era una buena médico con la que tenía mucha confianza. Una gran amiga. Ella no solo me podía ayudar con mi ansiedad. También le podía pedir dinero. Hay una parte egoísta en la vida del ludópata. Me prestó el dinero pero me dijo que eso no solucionaba nada: tú tienes una enfermedad. Al día siguiente llamé a la asociación. Asumí la enfermedad. 

¿Qué se hace en la asociación?

El tratamiento básicamente consiste en terapias de grupo y psicoterapia individual. Uno no es ludópata las 24 horas del día. Hay momentos de lucidez en los que te das cuenta de que lo que estás haciendo no es correcto.   

¿Y ya no volviste a jugar más?

Jamás. El día que tuve la conversación con mi amiga médico, fue mi punto de inflexión total. Hay gente que lo vive con más dificultad. Reincidentes que vienen aquí con su pareja bajo amenaza de separación si no lo abandonan. Realmente la terapia se puede resumir en pocas palabras: hay que reeducar al ludópata para que vuelva a distinguir el bien del mal. Así de simple. Y de difícil. 

Eso de distinguir el bien del mal es complicado en un sistema como el nuestro. En el hecho de permitir la publicidad del juego yo ya observo cierta maldad. 

No, es mucha maldad.   

Ahora me parece terrible ver, por ejemplo, a José Coronado, un actor al que respeto, haciendo publicidad de las casas de apuestas. Por no hablar de los jugadores de fútbol, en teoría un ejemplo de salud física y mental para los jóvenes, a los que vemos en los anuncios de póker online. Esta gente, con la cantidad de pasta que gana, ¿cómo se presta a tal degradación? Porque no creo que estén tan desinformados o sean tan ignorantes como para no saber todo el mal que están haciendo. ¿Debería ser ilegal esa publicidad? 

Justamente. Pero esta gente se cree que está por encima del bien y del mal. Y te olvidaste de los presentadores de la tele, con el bingo. No se entiende que nadie critique esa situación. Habría que verlos diciendo tómate un whisky, o fúmate esta cajetilla de tabaco, o métete una raya de coca que no pasa nada. Todo el mundo se tiraría de los pelos. La ludopatía no es tratada como otras adicciones. Nadie le hace caso.

Hay como un limbo ético, digamos.

Exacto. Somos los familiares pobres de las adicciones. 

Pobres, quizá, pero el juego mueve mucha pasta. Solo en apuestas por internet, los españoles gastamos 17.000 millones de euros al año. Más o menos la tercera parte de todo lo que se invierte en educación. 

Pero, ¿a quién afecta esto de manera especial? A un porcentaje mínimo de la sociedad. No le importa prácticamente a nadie. Si hubiera un poco de sensibilidad, al menos la publicidad estaría un poquito más vetada. 

Sí se van viendo cada vez más noticias sobre el asunto. Pero es cierto que  a la gente parece que le da un poco igual. 

Y también está el factor vergüenza para hacer el problema más invisible. Pocos padres se atreven a reconocer que sus hijos, o ellos mismos, están enganchados, que es el primer paso para recibir tratamiento. Incluso cuando hacemos movilizaciones o concentraciones para impedir que te pongan una casa de apuestas al lado del colegio, la respuesta es tibia. El otro día convocamos una, precisamente aquí en Vigo, y yo creo que no había ni 30 padres. El resto de la gente estaba vinculada a la asociación. Mucho hablar, pero luego no queremos salir en la foto. Pues en esas fotos es en las que hay que salir. Ni siquiera hay datos sobre menores que juegan. Ni información. Por eso pasan cosas como las que vemos aquí, que nos aparece una madre con un niño de 11 años que se ha hecho con una tarjeta de crédito y ha montado una desfeita en la economía familiar.  

También los medios de comunicación hemos sido cómplices. Yo siempre recuerdo una historia de hace doce o trece años. Cuando se empezó a poner publicidad de apuestas en las camisetas de los equipos de fútbol, Kanouté, que era jugador del Sevilla, se la tapaba con esparadrapo. Al final, por presiones del club, el delantero dio su brazo a torcer, y algunos periódicos se tomaron la historia como medio a coña. “Kanouté pierde la apuesta”, titulaba El País. ¿Es tan fuerte el poder económico de estas empresas para que entren como en cacharrería en un problema que es de salud pública? 

Sí que tienen mucho poder, pero la culpa no es de ellos. En este caso la responsabilidad es de la Federación Española de Fútbol. Si la RFEF da un golpe en la mesa y dice que punto final, que esa publicidad queda prohibida, el problema se acaba. Y también lo pueden hacer los propios equipos sin mediar la federación. En primera división ya hay dos o tres equipos que la han quitado. 

Sí, el Betis, el Granada y la Real Sociedad [este último club convocó a los socios a votar y el 86% rechazó una oferta de Betway que les reportaría 2,5 millones de euros]. ¿Cómo podríamos ayudar los medios? 

En principio, hay que seguir haciendo lo mismo: estudiar el problema. Pero claro, hay muchos millones de publicidad en juego. Si haces un reportaje sobre esto en según qué medios, tienes que decir que William Hill es maravilloso, porque si no lo haces te ponen en la puta calle. Así de claro.  

¿Desde aquella conversación con tu amiga médico, cuánto tiempo tardaste en sentirte totalmente rehabilitado?

Dos años. 

¿Y qué se siente?

Cada día que pasa te sientes más grande. Es una cosa hermosa, como ver crecer a un niño. El niño que crece eres tú.

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