1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Reportaje

Los jóvenes del hotel

114 adolescentes viven desde hace un año en un centro para menores migrantes no acompañados habilitado en un hotel de Sant Just Desvern (Barcelona)

Carme Verdoy / Foto: Raül Clemente Sant Just Desvern , 9/10/2019

<p> El Hotel City Park Sant Just Desvern, donde se sitúa un centro que acoge a 114 MENAS. </p>

 El Hotel City Park Sant Just Desvern, donde se sitúa un centro que acoge a 114 MENAS. 

Raül Clemente

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Hubo un momento en que en los balcones había pancartas con el mensaje “refugees welcome”. No hace tanto de una manifestación que llenó las calles de Barcelona defendiendo la llegada de refugiados. Las redes sociales han ardido este verano contra el bloqueo del barco de Open Arms. Pero los que llegan aquí siempre son los otros. Y si son distintos a como los habíamos imaginado, o no se parecen a nosotros, tienen otro color de piel y llegan jóvenes, solos y sin familia, saltan las alarmas y empiezan las excusas. La llegada de menores de edad extranjeros los últimos años ha solido ir acompañada del eterno miedo a lo desconocido. Un miedo que ejerce de barrera, porque lo más fácil es mirar hacia otra parte y hacer como si no los viésemos.

Pero también hay quien va más allá y rechaza abiertamente estos jóvenes, estigmatizados bajo las siglas MENA, el acrónimo de “Menores Extranjeros No Acompañados”, un término jurídico que se ha acabado usando para crear un concepto que estigmatiza y deshumaniza a la vez. En mayo, el rechazo social hacia estos jóvenes se manifestó de nuevo en Rubí, a raíz de la apertura de un centro para menores extranjeros no acompañados. Vecinos del barrio donde se tenía que ubicar protestaron durante una visita de la DGAIA y la alcaldesa del municipio se posicionó al lado de los vecinos.

El centro tenía que servir para trasladar a unos cien jóvenes que desde hace un año viven en un hotel de Sant Just Desvern. El traslado estaba previsto para el verano, pero después de la polémica, por ahora no hay fecha. Cuando estalló el conflicto, escuchamos declaraciones cruzadas de la DGAIA, la alcaldesa de Rubí, partidos político, entidades y la asociación Exmenas. Todo el mundo dio su opinión. Pero a los protagonistas de esta historia aún no los hemos escuchado. Puede que un modo de perder el miedo a lo desconocido sea conocer de primera mano los jóvenes que llegan para continuar con sus proyectos de vida. Porque, ¿de quién hablamos cuando nos referimos a estos cien menores extranjeros no acompañados que tienen que ir a vivir a Rubí? ¿Cómo es su día a día? ¿Cómo encaran el futuro? ¿Qué sueños tienen?

Hablamos con 7 de los 114 jóvenes que viven en el hotel City Park de Sant Just Desvern (Barcelona): Fofana, Issa, Lamarana, Solo, Dani, Camara y Mohamed. Desde hace unos meses, su casa es este hotel. En concreto, las tres plantas del centro Kirikú para menores extranjeros no acompañados, habilitado en este hotel de cuatro estrellas que combina la actividad del establecimiento con la del día a día del centro, en el que trabajan unos cuarenta educadores. Nos abren puertas para descubrir cómo son sus rutinas en un centro atípico como este, que en los últimos meses se ha convertido en hotel y casa a la vez.

 Mohamed, 16 años, Mali

Mohamed en la entrada del hotel. Foto: R. C.

Mohamed en la entrada del hotel. Foto: R. C.

La entrada es espacio de encuentro. Entre turistas que llegan y se van, trabajadores del hotel y los jóvenes que viven en el centro. El trato es cordial. No hay problemas de convivencia. Pero cada uno tiene claro cuál es su lugar y no hay mucha relación entre unos y otros. Al lado del mostrador de la entrada, una puerta conduce a las tres plantas inferiores habilitadas como centro para los jóvenes. A la izquierda, un ascensor. Hoy una de las educadoras tiene un esguince y lo coge con uno de los chicos, pero desde recepción avisan que no se puede usar: “Los ascensores son para clientes”. Cada uno tiene claro su lugar.

Mohamed tiene la sensación que lleva tanto tiempo viviendo en el centro, que ya no se acuerda exactamente cuando llegó: “hace mucho”, resume entre risas. Habla con la misma calma que transmite cuando se mueve por el centro. Paso lento pero decidido. Cuenta que llegó de Mali sin conocer nadie y en el centro ha hecho muchos amigos. En general lo pasan bien, pero también admite que tiene momentos tristes. Para Mohamed, más que pensar en el futuro, lo más difícil de vivir aquí es “recordar el pasado”

 

Sekou, 16 años, Costa de Marfil

Sekou en un pasillo del hotel. Foto: R. C.

Sekou en un pasillo del hotel. Foto: R. C.

Colores neutros. Iluminación tenue. Es un pasillo de hotel con acceso a las habitaciones. Pero en estas no se alojan turistas ni congresistas. Se han habilitado literas, y hay sitio para cuatro, seis o ocho personas, depende del espacio. Sekou comparte habitación con cinco compañeros más. “Soy de los que voy a dormir primero”, explica. Y se levanta cada día a las siete. Lleva el móvil en el bolsillo y aprovecha para escuchar música, y destaca el rapero francés Booba. “También me gusta cantar”, añade. Pero tiene claro su sueño y no pasa por la música: quiere ser futbolista.

Sekou tiene la mirada seria, excepto cuando habla de fútbol: entonces le brillan los ojos. De pequeño ya jugaba cada día al salir de la escuela. Ahora le gustaría encontrar un club para entrenar, pero de momento juega con los otros chicos del centro en un campo de fútbol cercano. Sueña con poder jugar de defensa en algún equipo y llegar a representar a su país, Costa de Marfil. Y si el fútbol no funciona, le gustaría trabajar de lampista o mecánico. Más allá del trabajo, piensa en viajar y conocer países de Europa. El mundo es muy grande.


Solo, 17 años, Guinea

Solo, en la habitación que ocupa. Foto: R. C.

Solo, en la habitación que ocupa.

 

La habitación es el territorio personal. Es su casa dentro de este centro donde viven más de cien jóvenes y que forma parte de un hotel aún más grande, en el que cada noche se aloja gente diferente. En la habitación tiene sus cosas y es el lugar para los momentos de intimidad. También es un espacio compartido en el que se hacen bromas. Su habitación tiene dos pisos y alberga a seis personas, cuatro en las literas de abajo y dos más arriba. Las diez de la noche es la hora límite para estar fuera del dormitorio. Una vez dentro, hay quienes optar por dormirse mientras que otros escuchan música o hablan por el móvil. “Miro internet, escucho música... Tengo una aplicación que me avisa cuando hay noticias”.  También consulta el Journal de Guinea para saber lo que pasa en su país. “Hace dos semanas estaba fatal, pero ahora está todo un poco más calmado”, cuenta.

De martes a sábado, Solo hace de aprendiz en un restaurante de Barcelona, cerca de Plaza España. Disfruta “cocinando, cortando pescado, gambas, carne...”. Vuelve al centro a las tres y por las tardes estudia. “Los domingos estoy cansado”, explica, y solo tiene ganas de jugar al fútbol. Solo habla despacio y se toma su tiempo para responder. La mirada directa y una media sonrisa. Tiene las cosas claras y cuenta que es tranquilo, pero que también se enfada fácilmente. “Después se me pasa rápido, soy así”, admite. En el centro conoce a muchos chicos y comparte actividades con ellos, pero afirma que “de amigos en quien confiar, sólo tengo uno”. Hablan mucho, “de la vida en el centro, de mi país, del suyo, de qué haremos en un futuro...”. Piensa en el futuro “cada día” y dice que lo único que le asusta es “tener problemas”. A lo que aspira es a “tener una vida mejor y poder estar tranquilo”.

 

Dani, 16 años, Somalia

Dani en las escaleras. Foto: R. C.

Dani en las escaleras.

Las escaleras son oscuras. La luz se ilumina con un sensor, un poco lento, al detectar cuando pasa alguien. Si no estás habituado y te coge bajando a media escalera, pasarán unos segundos antes de que vuelva a encenderse. Pero los jóvenes hace meses que suben y bajan estas escaleras y ya se las conocen. Pueden moverse bien sin luz y sin tropezar. Dani ha sido uno de los últimos en llegar al centro, apenas hace dos meses. Es de Somalia y habla un inglés perfecto. Ahora aprende catalán y castellano, que no le resulta muy fácil, pero asegura que “es muy divertido” y mejora día a día. Le gusta la vida en el centro: destaca la buena relación que tiene con los otros chicos y también con los educadores, “el ambiente general es muy positivo”. Y agradece vivir en una ciudad más pequeña que Barcelona, porque “se está muy tranquilo”.

Dani sonríe todo el rato. También cuando recuerda su país. En el centro solo hay dos somalíes. El otro también llegó hace poco. Admite que echa de menos muchas cosas, pero sabe que “no se puede tener todo” y ahora busca el modo de integrarse, “de hacer nuevos amigos y aprender bien las lenguas para seguir estudiando”. No duda al responder a qué le gustaría dedicarse: “mi prioridad es trabajar en cocina; si no sale, me gustaría ser socorrista en las playas para salvar gente, sería un gran trabajo”. Y la sonrisa se le ensancha un poco más.

 

Camara, 17 años, Guinea

Camara en el exterior del comedor. Foto: R. C.

Camara en el exterior del comedor.

En la planta  menos 2 está el comedor. En realidad, dos comedores, uno al lado el otro. Uno es para los clientes del hotel. Y justo al lado, hay otro para los chicos del centro. Suelen coincidir en el desayuno pero cada uno sabe dónde tiene que ir. El comedor de los jóvenes también sirve para alojar los talleres y las clases y como sala de reuniones para jugar a las cartas o a la Play. Hay un gran ventanal, que da al exterior, y unas cortinas largas, clásicas de hotel, que tapan la luz los días más soleados. Es uno de los puntos de encuentro de estos jóvenes que comparten una situación similar aunque cada uno la viva a su manera. Camara admite que no es fácil. Mira todo el rato a los ojos del interlocutor y mide sus palabras. La voz es dulce y pausada, pero habla sin tapujos. “La situación es difícil, pero he conocido a gente buena, compañeros, educadores y también personas fuera del centro; hay gente a la que no podré agradecer nunca todo lo que me han ayudado psicológicamente”.

Camara es de Guinea y cuenta que su país “está muy mal”. “Hay un presidente que quiere mantenerse en el poder para siempre”, dice. Se marchó por eso y por “otras muchas cosas” que no termina de aclarar. Estudia en un centro lingüístico en Barcelona y le gustaría matricularse en la facultad de Historia.  Aunque está a gusto en el centro, reconoce que hay que tener “la cabeza muy en su sitio para vivir mucho tiempo aquí”. “Es muy difícil vivir en un sitio sin saber qué será de tu futuro, sólo las cosas que la gente pregunta, comer, dormir y esperar, esperar, esperar”. Le cambia la mirada cuando habla de esta espera: “esperas porque te dicen que esperes, esperas porque tampoco sabes qué va a venir, siempre esperas”. Y la incertidumbre duele.

Issa, 16 años, Mali

Issa en el bar. Foto: R. C.

Issa en el bar. 

Los bares de los hoteles son extraños. Al menos de día. Hay poca gente, se convierten en sitios de espera, de paso. Aquí hay uno situado justo detrás del mostrador de recepción. La barra es semicircular. El ruido de la máquina de café se confunde con algún cliente que acaba de llegar y pregunta algo en inglés en la entrada. Desde aquí también se accede a una terraza de cemento con cuatro mesas y sillas de mimbre. En la barra hay cuatro taburetes, donde hoy se sienta Issa. A los dieciséis años, hay quien ya tiene una mirada desafiante y quien aún conserva la inocencia. Issa es de los segundos. Educado y tímido, los ojos le ríen al poco rato de la conversación.

Muchos de sus compañeros sueñan con el fútbol, pero él reconoce que no le gusta especialmente. Y, en cambio, siempre que puede, aprovecha para ir a pasear por Barcelona. “Me gusta porque veo mucha gente negra, como yo”, explica sonriente, “y porque veo que la gente trabaja mucho, aquí hay trabajo”. Mirando al futuro, su objetivo es el trabajo: “mi sueño sería trabajar de lampista o electricista y ahorrar mucho para poder vivir”. Para conseguirlo, tiene claro que quiere estudiar. De momento, va a clases de catalán y castellano. Y lo complementa con otros métodos que le ayudan a aprender los idiomas: “utilizo Google Traductor con el móvil y escucho música española”. Pero no todo es estudiar y con el móvil también desconecta. “Lo uso para escuchar música de Mali”, explica. Y recomienda artistas de su país, como Toumani Diabaté o Aya Nakamura.

Lamarana, 16 años, Guinea

Lamarana en la zona de la piscina. Foto: R. C.

Lamarana en la zona de la piscina. 

Desde la terraza de la planta principal se accede a la piscina. Se llega cruzando una terraza y bajando unas escaleras. Es pequeña y poco honda. De fondo, se oye el tráfico de la carretera, coches, buses, tranvía. Pero rodeada de césped y árboles, transmite calma. Con el buen tiempo, todo el mundo busca el momento para bañarse. Tanto los turistas, que quieren relajarse después de visitar Barcelona, como los jóvenes que aprovechan para huir del calor. Cuando no es verano, no se baña nadie. Pero continúa siendo un lugar tranquilo, incluso más, alejado del bullicio del hotel y del centro. Lamarana se ha bañado alguna vez, pero él, para distraerse, prefiere el skate. Lo ha descubierto hace poco y se lo lleva a todas partes. “Cuando tengo que salir, salgo con el skate”, explica. Y cada día aprovecha para patinar, solo o con algún educador.

Lamarana se abre enseguida. Habla como si no te acabara de conocer. Es directo y se explica sin manías: sobre él, sobre la vida en el centro o sobre lo que le gusta hacer. Pero también sabe lo que no quiere contar y algunas preguntas las responde solo con media sonrisa que también hace de respuesta comodín. No le gusta estar solo, “prefiero estar siempre con gente”. Es muy sociable y cuenta que pasa muchos ratos con los amigos que ha hecho en el centro. “Jugamos, salimos y hablamos. De lo que nos pasa aquí, cosas buenas, cosas malas... Un poco de todo”. Y cuando le preocupa algo en serio, en quien confía es en los educadores del centro. Aquí está muy a gusto, pero también explica que le gustaría vivir solo, o con amigos. A corto plazo, se imagina trabajando de electricista o en una cocina y viviendo en Barcelona. Y mirando más a largo plazo, viajando por Estados Unidos: “Tengo amigos allí y me gusta la vida que llevan”. Dice que tiene unos cuantos sueños, no quiere contar ninguno en concreto pero tiene claro que “tienes que tener muchos sueños para conseguir cumplir alguno”.

-------------------------------------------------------

@carmevt

Fotos: Raül Clemente (@clemente_raul // IG @raulclementemolina)

Autora >

Carme Verdoy

Autor >

Autor >

Foto: Raül Clemente

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

1 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. Carpe

    Esos de las fotos el que menos tiene 21 Años, y vive a costa del contribuyente español.

    Hace 1 año 4 meses

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí