1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

“Lo hago por mi papá y mi mamá. Por mis abuelos. Por mis ríos y mi tierra”

En Chile, algunos editoriales se preguntan ahora "¿cómo no nos dimos cuenta?". Poco a poco, se fueron desatendiendo las señales y se dejó de mirar la pobreza y la precariedad

Yayo Herrero Santiago de Chile , 6/11/2019

<p>Protestas en Santiago de Chile, en octubre de 2019.</p>

Protestas en Santiago de Chile, en octubre de 2019.

wikipedia

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

La lucha por las pensiones dignas, la rebelión contra los peajes de pago, la resistencia en las zonas de sacrificio, la sequía feroz agudizada por el cambio climático, la indignación por la subida de las tarifas del transporte, el extractivismo y el saqueo de los recursos naturales, la especulación urbanística, el deterioro de las condiciones laborales, las violencias machistas… Un proceso violento de acumulación por desposesión que durante mucho tiempo ha sido presentado como el paradigma del éxito neoliberal en América Latina. 

El gobierno de Piñera se desgañita intentando recuperar la normalidad, pero esa “normalidad” es la que la gente no quiere y tienen motivos para ello.

Hace ya décadas, Chile sustituyó su sistema de pensiones públicas por un sistema privado. Las personas pagan un 10% de sus ingresos a planes de pensiones que se sostienen sobre fondos de inversión.

Para introducirlos, me cuentan, se le explicaba a la gente que el dinero que pagaba era para él solo, que no era normal que tuviesen que sostener con su dinero las jubilaciones de otras personas que se esforzaban menos o que eran menos valiosas que ellos, que lo normal era que cada cual recibiese en función de lo que pagase. Que eso de la solidaridad y de lo público era buenismo, que los inversores expertos harían el milagro de los panes y los peces con el dinero de los fondos y la jubilación sería dorada. 

Hoy, una buena parte de las personas que se jubilan en Chile pasan directamente a ser pobres. Las pensiones se cobran hasta que se acaba el fondo que cada cual acumuló individualmente; después existe una prestación del Estado que es ínfima y que no permite mantener unas condiciones de vida digna en un país en el que todo es bastante caro. Muchas personas perciben una pensión por debajo del sueldo mínimo que tiene marcado el Estado. Me explica una de las personas con la que estoy compartiendo estos días, que hace bastantes años había ayudas a la alimentación para la infancia pobre, ahora los programas de alimentos se centran en las personas mayores.

Tú eres libre de elegir el nivel de riesgo de tu fondo de pensiones. A mayor riesgo, más posibilidad de alta rentabilidad.. y también más posibilidad de perderlo casi todo. Tú eres libre de elegir si cobrar tu fondo acumulado en cuotas, siempre bajas, pero más adecuadas a los precios del país hasta que tu fondo se agote, o si distribuir el fondo en una renta vitalicia, sabiendo que, entonces, la prestación decrece de forma considerable y pasa a ser de unos 150 dólares, es decir, que morirás siendo pobre de solemnidad. Vivir muchos años se convierte en un problema pero en cualquier caso tú eres responsable de tus propias decisiones.

Paradójicamente, el único sector en Chile que ha conservado un sistema público previo de pensiones son las Fuerzas Armadas y cuerpos de seguridad del Estado. 

Conversando a mi llegada a Chile con una pequeña representación del movimiento ‘No +APF’, que reclama el cambio en el modelo de pensiones y ha realizado una propuesta para recuperar unas pensiones dignas, me preguntaban cómo funcionaba en España. Yo les hablaba de cómo se organiza el movimiento en defensa de las pensiones y de que algunos partidos de la derecha y ultraderecha defienden la privatización de las pensiones. Me decían “mírenos a nosotros y no dejen que se las quiten. Tenemos una alta esperanza de vida en este país y es terrible que vivir mucho sea un motivo de preocupación”. 

A la gente se le decía que no era normal que tuviesen que sostener con su dinero las jubilaciones de otras personas que se esforzaban menos o que eran menos valiosas que ellos

La red de trenes de Chile ha sido progresivamente desmantelada y se ha estimulado la utilización del coche privado. Sin trenes ni opciones alternativas, las personas se ven obligadas a moverse por carreteras concesionadas a empresas privadas que las mantienen y cobran peaje. Un amigo que vive a unos 18 kilómetros de Santiago tiene que ir y venir con frecuencia a la ciudad. Me dijo que al mes gasta unos 300 dólares solo en peajes, sin contar el combustible. “Yo puedo pagarlo”, me dijo, “pero mucha otra gente no y no tiene alternativas, porque las que había se han privatizado o desmontado. El movimiento ‘No más TAG’ desobedece el pago en los peajes y corta carreteras también estos días para reclamar un modelo de movilidad razonable, sostenible y justo.

El agua es triplemente privada: son privadas las fuentes, el alcantarillado y el tratamiento. Por las tres cosas las personas deben pagar a empresas que no tienen como principal preocupación el acceso de los personas a este común básico, sino sus cuentas de resultados. Si no pagas, no hay agua.

Hay importantísimos problemas de agua en muchas partes del país. Unas megasequías que los movimientos sociales denominan “megasaqueos”. La incidencia de los modelos de agricultura industrial han desecado lagos y ríos en algunas zonas del país. Las represas quitan el agua a las comunidades y la derivan a las grandes agroexportadoras, extractivas o energéticas. 

En el río Maipo, por ejemplo, se tunelan 70 kilómetros en la cordillera para llevar el agua hacia un proyecto hidroeléctrico. El movimiento ‘Mujeres por el Naipo’ lucha desde hace más de doce años por mantener este río, que a su paso cerca de Buin ya va seco. Este proyecto es transnacional. Cuesta 2.000 millones de dólares. Lo financian países europeos y lo ejecuta una empresa austríaca.

El único sector en Chile que ha conservado un sistema público previo de pensiones son las Fuerzas Armadas y cuerpos de seguridad del Estado

Los movimientos contra las represas y el saqueo del agua se reproducen por todo Chile. En la Patagonia chilena muchos hospedajes y bares tiene a disposición del público un libro en formato grande y con magnífica fotografía que se titula Patagonia sin represas. En él se cuentan los proyectos, algunos ya ejecutados y otros que se han conseguido parar, que ponen en riesgo estos ecosistemas únicos que mantienen el agua. Endesa es una de las indiscutibles protagonistas del libro.

Nos cuentan que en la región de los Grandes Lagos de Chile, personas de Europa, Estados Unidos y, también de Sudamérica, están comprando territorio para asegurarse refugios con agua ante el agravamiento del cambio climático. En ausencia de medidas políticas, la gente que tiene recursos se busca la vida, mientras que la mayor parte de la gente permanece ajena a la gravedad y al “sálvese quien pueda” que están poniendo en marcha los más ricos.

La burbuja inmobiliaria

Santiago está conociendo un boom inmobiliario en el momento actual. Se estimula la compra de vivienda ofreciendo préstamos ventajosos. Las pocas familias –siete, nos dice todo el mundo– que se lucraron con la privatizaciones de los servicio públicos están reinvirtiendo esos beneficios en el mercado inmobiliario. Santiago está llena de torres enormes de apartamentos vacíos. Los bancos prestan el dinero a personas que tienen pocas garantías para poder devolverlos ¿os suena? Ellos también temen la explosión de una burbuja que agrave los problemas de la gente.

En la sede de ‘Ciudad Viva’ en Bellavista (Santiago) nos cuentan que han surgido en los últimos años colectivos vecinales, de ciclistas, de ciudadanos y ciudadanas que luchan contra la especulación y que han logrado parar varios proyectos en los tribunales. 

El movimiento por el derecho a la ciudad es fuerte. “Hasta cómo se programan los semáforos es injusto para la gente aquí”. Consideran que la cuestión urbana es central. Una persona con la que hablo en Chaitén me dice que tiene una amiga urbanista que se ha marchado del país. “Urbanista en Chile, figúrate, aquí el urbanismo lo manda el mercado. Tiene plata, pues puede construir un pueblo aquí no más.” Me sigue sonando todo.

También están activos estos días quienes luchan contra los proyectos agroindustriales. Chile también ha sido pionera en la instalación de macrogranjas porcinas. En O’Higgins se instaló una. “La montaña de purines era brutal. Se formó un verdadero cerro que contaminaba todo. La proliferación de moscas fue tal, que resultó imposible atacarla desde tierra y hubo que recurrir a helicópteros para fumigar. Finalmente se tuvo que abandonar. Me acuerdo del matadero de Binéfar y de las macrogranjas que se quieren instalar en nuestro campo.

En Quellón (Chiloé) se cortan las carreteras para protestar contra las salmoneras industriales. Las salmoneras han quitado el empleo a los pescadores artesanales que se ganaban la vida con la pesca de bajura. Por un lado contaminan mucho y por otro los salmones se ceban con harina de pescado. “Son muy voraces. Nos dijeron que las salmoneras traerían empleo, pero lo han quitado. Están muy tecnificadas y las manejan muy pocas personas desde sus teléfonos móviles a cientos de kilómetros de aquí”. Lo de las falsas promesas de empleo para domesticar la resistencia forma parte, parece, de la normalidad del modelo en todas partes.

Tenemos una alta esperanza de vida en este país y es terrible que vivir mucho sea un motivo de preocupación

Los salarios y las condiciones laborales se han visto precarizadas. Hay muchas personas que trabajan en pymes y que sobreviven como pueden. Son las que están sufriendo con mayor presión estas jornadas de lucha. “Vivimos al día y cualquier alteración descabala nuestras economías”.

En las movilizaciones de estas jornadas se echa de menos una mayor presencia de los sindicatos. “No están, ni se les espera. Han sacado algunos comunicados pero no están en la calle”. Hace mucho tiempo, nos dicen, que una buena parte de los trabajadores asalariados “están desclasados y les necesitamos. Necesitamos a todos”. También nos explican que de vez en cuando se visibiliza el conflicto laboral de los trabajadores del cobre pero que suele estar asociado a la mejora concreta de condiciones salariales o al cobro de bonos individuales. “Cobran el bono y el conflicto desaparece. Los trabajadores del cobre nunca se han preocupado por qué pasa con el agua y cómo afecta la actividad a las comunidades que viven cerca y  dependen de la agricultura o tienen que beber”. Es el problema de las aristocracias obreras desclasadas que ya analizó Marx. Urge reaprender lo característico del movimiento obrero: la cooperación y la lucha por la mejora de las condiciones de vida de todas, dentro y fuera del puesto de trabajo, tal y como nos han mostrando las trabajadoras de las residencias en Vizcaya o las Kellys.

Los feminismos tienen también una enorme fuerza. Como en todas partes, un movimiento plural y diverso toma las calles. Mujeres jovencísimas, personas trans, el movimiento feminista más maduro, juegan un papel fundamental en lo que está sucediendo en el país. Un movimiento capilarizado por todas partes, en las zonas de sacrificio, entre las estudiantes, en la defensa de las pensiones, etc. En todas partes.

Décadas de neoliberalismo

El movimiento de estudiantes en Chile lleva años de lucha y está articulado y en octubre pasado los jóvenes por el clima sacaron a la calle en Santiago más de 50.000 personas. Los jóvenes son los verdaderos protagonistas de este estallido. Jóvenes, no ya millennials, sino centennials, como les llaman. Miles de personas de entre 14 y 20 años que no tienen miedo a los “pacos”, como llaman aquí a los policías. Le tienen miedo al futuro. Ya han vivido décadas de neoliberalismo y han visto en qué se ha convertido la vida de sus padres, de sus abuelos. Y no, no lo quieren. No quieren esta normalidad.

Reunidos en la Plaza Italia, al pie de una altísima torre coronada por el logotipo de Movistar, con los envases del fairy rellenos de agua con bicarbonato para reducir el efecto de los gases lacrimógenos –entre la emoción y los gases es imposible no llorar estos días en Santiago-, caminando o en bici, cantando y gritando, haciendo barricadas, hacen que ya nada sea normal.

Salen con banderas de Chile, banderas mapuche y carteles con la cara de Víctor Jara, porque en esta situación anómala, se buscan referencias y se produce el reencuentro con la memoria y el saber ancestral.

Urbanista en Chile, figúrate, aquí el urbanismo lo manda el mercado

Son ya décadas de economía neoliberal. Comienza con Pinochet, pero después de la dictadura, Lagos profundiza el modelo y los que vinieron detrás lo continúan. Diferentes músicas para cantar las mismas letras; los tratados de libre comercio, las privatizaciones, la precarización, la atomización deliberada de la sociedad, el destrozo de la naturaleza. Vestidos de totalitarismo o de democracia, el valor que le dan a la vida de la gente, a la vida en general, es el mismo. Vales si generas valor añadido y si no, eres población sobrante. Quienes disienten son estigmatizados, criminalizados y ridiculizados con la ayuda inestimable de los medios de comunicación mayoritarios, que bailan el agua a cualquiera que ayude a mantener la normalidad. Y me sigue sonando a lo nuestro.

Señales desatendidas

“¿Cómo no nos dimos cuenta?”, se preguntan los editoriales de algunos periódicos. Se desatendieron las señales, se dejó de mirar la precariedad y la pobreza y, sobre todo, se subestimaron los movimientos que fueron surgiendo estos años y la capacidad de los seres humanos de cooperar, de encontrarse.

Piñera en sus primeras declaraciones dijo al pueblo: “estamos en guerra” y esa frase encendió más la indignación. En las pintadas de las paredes de pueblos y ciudades se lee: “No estamos en guerra, estamos unidos”. Pero en el fondo,  Piñera era sincero. Están en guerra. El modelo de progreso y de crecimiento de Chile –más profundizado pero no tan lejano del de España– es una acto de guerra contra la gente, los territorios, el clima, los animales y las plantas…

Se ha producido una ruptura del pueblo con la clase política. En este momento se desconfía de cualquier persona que esté en partidos políticos, aunque muchas, desde posiciones discretas y no protagonistas, están participando activamente. Se está produciendo un proceso de educación política por la vía rápida: cabildos, asambleas, chats de todo tipo y encuentros que sirven para reconocerse,  para comprender cómo No +APF, No al TAG, los movimiento contra la especulación urbanística, los movimiento de estudiantes, por la dignidad de las condiciones de trabajo, los feminismos, los ecologismos y la defensa de los comunes, en realidad, son diferentes expresiones de la misma lucha. 

Son ya décadas de economía neoliberal. Comienza con Pinochet, pero después de la dictadura, Lagos profundiza el modelo y los que vinieron detrás lo continúan

Me dicen en Buin, “se está haciendo una deconstrucción a palos de lo que nos enseñaron que era la calidad de vida”. Es importante este movimiento de encuentro, cooperación, lucha y reconstrucción. De no existir, lo que queda es el lumpen, las mafias o la represión de un Estado que por el momento lanza mensajes cosméticos pero blinda los privilegios de los ricos. Emerge la convicción de que hacerse cargo unos de otros es un rasgo inherente de la supervivencia humana y es imposible garantizar vejez ni juventud digna si no se construye colectivamente. 

El Gobierno de Chile ha decidido no hacer la COP25 en Santiago y se ha trasladado a Madrid. Sin embargo, se va a mantener la celebración de la Cumbre de los Pueblos que se había organizado de modo alternativo. 

Me preguntaron si quería volver a Madrid a tiempo para la COP, pero yo me quedo. La normalidad y el orden que se han roto en Chile me recuerdan demasiado al nuestro. Y sinceramente creo que el abordaje del cambio climático, del declive de los recursos naturales, de la pérdida de biodiversidad y la lucha contra las desigualdades pasa necesariamente por demoler un capitalismo neoliberal que, de forma explícita, o teñido de verde y de progre, quiere mantener la normalidad de la política y de la vida reducidas a la contabilidad, la normalidad de necropolítica, la sumisión y la tristeza. Tengo la intuición de que lo que va a pasar en Chile en la Cumbre de los Pueblos apunta de forma certera al proceso de disputa de hegemonía cultural necesaria para abordar las emergencias (climática, social, feminista..). Los movimientos sociales en España se organizan rápidamente para la COP25 y lo hacen mirando y dando la mano al pueblo de Chile. Ya sé que mi aportación aquí es insignificante, pero quiero aprender y les quiero acompañar. 

Son frecuentes en el Chile de estos días las pancartas de cartón en las que, casi niños, escriben con rotuladores de colores: “Lo hago por mi papá y por mi mamá. Por mis abuelos. Por mis ríos y mi tierra. Y no pararé hasta que vivir valga la pena.”

Autora >

Yayo Herrero

Es activista y ecofeminista. Antropóloga, ingeniera técnica agrícola y diplomada en Educación Social.

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí