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BELÉN SANTANA / PREMIO NACIONAL A LA MEJOR TRADUCCIÓN 2019

“La Academia no siempre reconoce los libros traducidos como mérito”

Galardonada por su traducción de 'Memorias de una osa polar', de Yoko Tawada, autora de origen japonés que escribe en alemán y japonés, indistintamente

Ana Alcaina 26/11/2019

<p>Belén Santana.</p>

Belén Santana.

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En primer lugar, enhorabuena por este importantísimo premio, imagino que inesperado y muy impactante para ti. Este 2019 está siendo sinónimo de recompensa al esfuerzo de tus años de trayectoria, tanto en el ámbito de la docencia como en el de la traducción, pero ¿qué supone para ti este reconocimiento en concreto y qué repercusión consideras que tienen los premios en general sobre la visibilidad de la profesión?

Muchas gracias, Ana. Efectivamente, ha sido algo inesperado que todavía me tiene en una nube: abrumada y contenta a partes iguales. A título personal creo que, además de reconocer un trabajo en concreto, este premio supone un espaldarazo a una formación profesional que, en el caso de la traducción, siempre es una carrera de fondo. Cada traducción suma. A título colectivo, los premios sin duda contribuyen a aumentar la visibilidad y el reconocimiento social de los traductores de libros como profesionales y como creadores en el ámbito de la cultura. Es una lástima que ese tipo de visibilidad no vaya acompañado de un reconocimiento en términos de unas condiciones laborales más dignas.

Anagrama, la editorial responsable de la publicación de Memorias de una osa polar, describe la obra como «un libro singular, sorprendente y rebosante de gran literatura». Sabemos que la novela la protagonizan tres generaciones de osos polares, que escriben sus memorias, pero más allá de esa peculiaridad, ¿por qué es un libro tan especial y qué crees tú que lo hace merecedor de este premio? 

La verdad es que estoy muy contenta, porque creo que el jurado ha sabido reconocer la singularidad de esta obra cuando, en el acta, habla de su “magnetismo”. Al margen de la peculiaridad de estar protagonizada por osos polares, se trata de una obra escrita en alemán por una autora japonesa, lo cual aporta una mirada exótica sobre la lengua y la cultura alemanas que impregna el fondo y la forma del libro, de un modo unas veces más directo y otras más sutil. En ese sentido, creo que estamos ante una obra muy original.

Se trata de una obra escrita en alemán por una autora japonesa, lo cual aporta una mirada exótica sobre la lengua y la cultura alemanas que impregna el fondo y la forma del libro

¿Cómo entronca Tawada con la tradición de escritores que eligen escribir en alemán cuando ésta no es su lengua materna? 

Alemania tiene especial querencia por autores que, pese a no haber nacido en el país, se han criado en él y han asimilado el alemán como lengua de escritura, lo cual denota una mentalidad muy abierta por parte de la cultura literaria alemana. Yoko Tawada entronca con esta tradición solo en parte, pues ella se estableció en Alemania relativamente tarde, pasa largas temporadas tanto en Berlín como en Japón y escribe en alemán y en japonés indistintamente. Todo esto le permite explotar y explorar las posibilidades del lenguaje, jugar con él, transitar sus márgenes y, por así decirlo, perderle el respeto como forma de demostrar precisamente su amor por la lengua. De hecho, Tawada tiene poemas y ensayos breves muy interesantes en los que cuestiona el concepto de “lengua materna”. También una de las osas lo hace en la novela.

¿Y cómo incide eso en tu traducción, sobre todo si tenemos en cuenta las palabras de nuestro colega Rafael Carpintero de que «en realidad los premios no se dan a cómo de buena es la traducción, sino a lo bien que suena en lo nuestro»? ¿Cómo lo has hecho para conseguir que este libro suene bien «en lo nuestro»?

Estoy totalmente de acuerdo con lo que dice Rafael Carpintero, y creo que además de «en lo nuestro», habría que poner el acento y especificar qué significa «bien», he ahí la cuestión. En el caso de Tawada, ese «bien» lleva implícito un grado de extrañeza, de hibridez, que ha de resultar atractivo, no disuasorio, y que sin duda requiere cierta colaboración por parte del lector. Ese ha sido el mayor desafío de esta traducción.

Háblanos más específicamente del recorrido de la traducción del libro, desde el momento del encargo a la recepción por parte de la crítica y el público lector, hasta llegar a este premio. 

Supe de la existencia de Yoko Tawada durante mis primeros pasos como traductora en Berlín, cuando un buen amigo me regaló un libro suyo, a cuenta, además, de los conocimientos básicos de japonés que yo había adquirido durante la carrera. Casi veinte años después, fue otro compañero traductor, Juan de Sola, quien me recomendó a la editorial para traducir este libro. Además, en mi faceta académica tuve la suerte de organizar la reunión de primavera de la Academia de la Lengua y de la Poesía alemanas, a la que pertenece la propia Tawada, de modo que pude conocerla en persona. De alguna manera todo ha confluido, y al margen de las casualidades, creo que este recorrido también refleja la idea de sembrar, colaborar y recolectar entre traductores.

En cuanto a la recepción por parte de la crítica y el público, creo que ha sido buena, pero relativamente escasa, lo cual tal vez se deba, en parte, al momento de la publicación, en febrero de 2018, justo después del aluvión de títulos durante el periodo navideño. También es cierto que la mayoría de reseñas se han centrado en el hecho de que los personajes sean osos polares, aunque algún crítico perspicaz también ha destacado el aspecto formal del libro. Ojalá el premio contribuya a que los osos tarden en hibernar. Por lo pronto, sé que Anagrama está traduciendo el último libro de Tawada, esta vez escrito en japonés.

¿Cuál ha sido el libro más difícil que has traducido y qué libro querrías que te encargaran mañana mismo?

Es una pregunta complicada, porque creo que no hay libro fácil. Cada libro tiene sus características y plantea distintos retos, es sabido que no hay nada peor que traducir a un autor malo, pero digamos que lo más difícil que he tenido que traducir, y por motivos distintos, ha sido una obra muy especial y poco conocida del escritor Alfred Döblin y una carta de amor que estaba destinada al fracaso. En cuanto al libro que querría que me encargaran mañana mismo, creo que afronto todos con igual respeto e ilusión. Si me tengo que mojar, seré poco original: cualquiera de Kafka.

Lo triste es que quien desee vivir exclusivamente de la traducción editorial no lo tiene fácil

Eres profesora titular de Traducción de alemán en la Universidad de Salamanca. ¿Cómo se compagina la carrera académica con la traducción editorial? 

Es un encaje complicado. Por una parte la carrera académica (que comprende la docencia y la investigación) y la profesión se complementan y se retroalimentan continuamente; por otra, la Academia no siempre reconoce los libros traducidos como mérito y en algunos círculos profesionales sigue habiendo cierta suspicacia respecto a los profesores que también traducen profesionalmente. Creo que por suerte esto está cambiando. Aunque en parte sea necesario llevar una doble vida (con la consiguiente inversión de tiempo), soy partidaria de tender puentes entre ambos mundos. Lo triste es que quien desee vivir exclusivamente de la traducción editorial no lo tiene fácil. 

¿Cuáles son las inquietudes de tus estudiantes en cuanto al futuro laboral de los traductores de libros? ¿Hay curiosidad por la profesión o enfocan más bien su interés hacia la cultura audiovisual o hacia otros campos de la traducción?

Hace poco me contaban los alumnos que, cuando comienzan a estudiar traducción, sigue prevaleciendo en ellos la idea de traducir libros, pero que es durante la carrera cuando descubren que se pueden traducir cosas muy distintas. Es cierto que las modalidades que más interés despiertan en estos momentos son la traducción audiovisual o la traducción de videojuegos, aunque diría que el interés de los alumnos por la traducción de libros tal vez sea menor, pero fiel y constante. En la Facultad incidimos mucho en la idea de no poner todos los huevos en la misma cesta.

¿Cuáles son tus inquietudes actuales como profesora de esos estudiantes? Y, cómo no, la pregunta de rigor: ¿se puede enseñar a traducir (libros)?

Una de mis principales inquietudes es transmitir la importancia del trabajo bien hecho, de perseverar, de seguir aprendiendo y de apostar por lo que a uno le gusta y se le da bien (ambas cosas no siempre coinciden) sin perder de vista la realidad. Creo que la sociedad que nos está tocando vivir tiene muchas ventajas en términos de recursos y accesibilidad de la información, pero no siempre favorece la calma ni la lectura atenta, con independencia del soporte. Traducir implica pararse a pensar. En ese sentido, creo que hay una parte que se puede aprender y se puede practicar, cosas como detenerse a leer el original atentamente para detectar el estilo del autor, dudar, documentarse siempre que sea necesario y reflexionar sobre las consecuencias de aplicar determinadas estrategias. La pizca de talento ya la pone cada uno.

Una de mis principales inquietudes es transmitir la importancia del trabajo bien hecho, de perseverar, de seguir aprendiendo y de apostar por lo que a uno le gusta y se le da bien (ambas cosas no siempre coinciden) sin perder de vista la realidad

Formaste parte de la junta rectora de ACE Traductores de 2010 a 2012. ¿Cómo fue la experiencia de tu paso por la junta y qué sentido tiene el asociacionismo en general en el mundo y el país en que vivimos?

Aunque venía de un país como Alemania, en el que el movimiento asociativo goza de una gran tradición, mi paso por la junta de ACE Traductores fue muy enriquecedor y, a la vez, un curso intensivo sobre la condición humana. Aprendí mucho, entre otras cosas a ser indulgente y a valorar el trabajo desinteresado de todos los que se implican en la defensa de los intereses y obligaciones de los traductores de libros. Gran parte de lo que soy como traductora de libros se lo debo al movimiento asociativo. Recomiendo a cualquiera que viva esa experiencia. Sé que suena a tópico, pero estoy convencida de que juntos y asociados somos más fuertes. Además hay muchas formas de colaborar, ahora sigo haciéndolo a través de la revista Vasos Comunicantes.

En tu experiencia como traductora literaria, ¿cuáles son las luces y las sombras de la profesión?

En cuanto a las luces, la satisfacción del trabajo bien hecho, la sensación de haberte acercado a transmitir lo que dice el original y como lo dice el original a través de ti. Las sombras: que nunca lleguemos a alcanzarlo del todo y el camino que nos queda por recorrer para que mejoren las condiciones profesionales, que no solo afectan a los traductores ni solo a los traductores de libros.

Por último, teniendo en cuenta la cosecha de este 2019, ¿qué esperas del próximo 2020, en términos profesionales? ¿Se puede pedir algo más?

No soy muy de creer en el azar, pero hay quien me recomienda que compre algo que acabe en 2019. Por lo pronto prefiero decir aquello de “virgencita, que me quede como estoy”. Me pregunto cómo se dirá en alemán…

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Belén Santana (1975) es licenciada en Traducción e Interpretación por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid y doctora en Traductología por la Universidad Humboldt de Berlín, donde también ejerció como docente. Actualmente es profesora de Traducción en la Universidad de Salamanca. Traductora de alemán, ha vertido al castellano, entre otros, a autores como Ingo Schulze, Sebastian Haffner, Thomas Hürlimann, Alfred Döblin, Caroline Emcke, Franz Kafka y Julia Franck.

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Autor >

Ana Alcaina

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1 comentario(s)

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  1. Belisario

    Da gusto leer una entrevista hecha por una periodista que conoce el tema sobre el que pregunta. ¡Bravo!

    Hace 2 años 9 meses

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