1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Agricultura ¿con o sin apellido?

El problema agrario y el de la despoblación no es tanto un asunto de escasez de recursos como de su orientación y gestión. Ahí radica el problema.

Emilio Barco 26/11/2019

<p>Cesta con hortalizas en el campo.</p>

Cesta con hortalizas en el campo.

Johan Puisais / Pixabay

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Estas reflexiones hay que enmarcarlas en la mesa redonda sobre el papel de la nueva agricultura en el despoblamiento en la Jornada Despoblación: un reto político (y poético), organizada por CTXT. En este debate me parece importante hablar no de una nueva agricultura, sino de dos: una, la agricultura hacia la que nos llevan y, otra, la agricultura hacia la que quiero ir. Y ello en el marco de la despoblación, tema que está de moda desde hace algunos años, aunque pienso que lo está más en el campo de la narrativa, lo poético, que en el de lo político, sin negar también aquí su efervescencia.

Agricultura con apellidos

Empezaré por aclarar “quienes nos llevan”: nos lleva la política agraria, en nuestro caso la PAC, las empresas que fabrican y nos venden las máquinas, las semillas y los venenos, las cadenas de transformación y distribución… nos llevan todos aquellos que tienen intereses económicos en este sector y los agricultores y sus organizaciones que reman en la misma dirección o se dejan llevar, con algunas excepciones.

A esta nueva agricultura se la suele apellidar 4.0 y al describirla es frecuente mezclar conceptos referidos a: tecnología, big-data, TIC, sostenibilidad, nuevos productos, producción customizada, virtualización, modelización, conectividad, robótica… Rara vez se lee la palabra agricultor, salvo en contextos como este que leo en uno de los muchos seminarios que abundan en la red: “Cada vez existe más distancia entre la tecnología existente y la que están utilizando los agricultores”.

No sé el nombre que se le dará en esta nueva agricultura a los productores de trigo o de patatas, lo que sí tengo claro es que se adaptarán fácilmente a su nueva nomenclatura porque están acostumbrados a ello. En poco más de medio siglo aquellos viejos campesinos de los que nos hablan John Berger en Puerca tierra, Pina Rota Fo en El País de las Ranas y Miguel Delibes en Castilla habla, o los pageses de Josep Pla, pasaron a llamarse, primero, labradores durante el franquismo, agricultores cuando llegó la democracia, empresarios agrarios con el nuevo siglo, ahora perceptores de ayudas de la PAC cuando no agricultores activos y desde Europa y su política agraria proponen denominarlos mañana agricultores genuinos. Lo preocupante no es el cambio de nombre sino el saber y la diversidad que se va perdiendo en el camino.

Opino que este modelo de agricultura aportará poco al sostenimiento de los pueblos e incluso de las pequeñas ciudades, por su escasa capacidad para generar empleo, por lo que será necesario pensar en lo que puedan aportar otras actividades. Esta reflexión me lleva primero a las ayudas que llegan al sector agrario y después a su distribución entre ayudas a los productores y a los productos y ayudas al desarrollo rural. 

La agricultura 4.0 aportará poco al sostenimiento de los pueblos y pequeñas ciudades, por su escasa capacidad para generar empleo 

Hoy en la UE se reparten cada año 45.186,01 millones de euros (perspectivas financieras 2014-2020). A España le corresponden 5.705,97 millones de euros al año, de los cuales tres cuartas partes son “ayudas directas”. Es decir, son ayudas no finalistas, porque no están vinculadas a un fin, sino que proceden de los viejos derechos de pago único. A estas cantidades hay que sumar las ayudas al desarrollo rural, 700 millones cada año en España. Es muy discutible la aportación de estas ayudas al sostenimiento de la actividad agraria y al de la población en áreas rurales. No es discutible su aportación a las cuentas corrientes de los perceptores de las mismas. Ahí se encuentra la dificultad para reorientarlas hacia el desarrollo rural primero y después hacia medidas que contribuyan a mantener el empleo agrario y la población rural. El problema agrario y el de la despoblación no es tanto un asunto de escasez de recursos como de su orientación y gestión. Y ahí radica el problema. Opino.

El mundo rural que en la historia siempre fue “el subproducto” de una actividad productiva, la agraria, ¿de qué lo será cuando ésta sea ya una actividad marginal en términos económicos? Si no cambian los conceptos de bienestar, crecimiento y desarrollo que seguimos utilizando en nuestras sociedades ricas de la cuarta revolución industrial instaladas en la “sociedad de consumo de masas”, quinta y última etapa de la Teoría del desarrollo de Rostow, la respuesta a esta pregunta se me antoja imposible.

De la búsqueda de respuestas a esta pregunta surge, a finales del siglo XX, el discurso del futuro del mundo rural y ahí se mete todo lo que bien podría venir a salvarlo del abismo de su desaparición: turismo rural, industrialización difusa, artesanía, discriminación fiscal positiva, banda ancha... Pero sin el cambio de mentalidad necesario.

Quienes prefieren una agricultura que produce para el mercado y no para la despensa no pueden ignorar que desde que la globalización resolvió el problema de la alimentación de las ciudades a través de los lineales de los supermercados, los espacios rurales del entorno de las ciudades ya no cumplen ese papel que venían desempeñando a lo largo de la historia, aun cuando queden pequeños núcleos de resistencia basados en lo ecológico, la proximidad... y es entonces cuando se le pide a los rurales que satisfagan otras necesidades, esto es, ahora no es prioritario alimentar la materia de quienes viven en las ciudades (de esto ya se encargan las cadenas de distribución) sino su espíritu, con lo que cobra interés la naturaleza, el paisaje y el patrimonio material e inmaterial… la cultura en definitiva, en el nuevo discurso del futuro rural del siglo XXI. 

En este contexto voy encajando lo que leo de los jóvenes que escriben sobre la vida rural desde perspectivas bien diferentes (el reto poético) y entiendo que vienen a alimentar “el espíritu” de los habitantes de este mundo mundial en el que ya se diluyeron hace tiempo las fronteras, si alguna vez las hubo, entre lo rural y lo urbano. Los jóvenes literatos ven ahora descomponerse el mundo de sus abuelos y de sus padres, el mundo de su infancia en algunos casos, su patria (que diría Rilke) y lo narran cada uno a su manera. Esto lo entiendo. Lo que no comprendo es el empeño de algunas personas, colectivos e instituciones en pedirles que “les muestren el camino de la salvación del mundo rural y de la cultura campesina” al mismo tiempo que ellos siguen el camino que les lleva a esa agricultura con apellidos que, precisamente, los ha traído hasta el punto del que quieren salir.

Hasta aquí lo que pienso de la nueva agricultura que nos aguarda un poco más allá, su relación con el poblamiento, la política, la poética y su incapacidad para mantener la vida en los pueblos, y a partir de aquí el debate, que es a lo que hemos venido a este lugar maravilloso, ¿Por qué tiene que haber pueblos en esta sociedad instalada en la cuarta revolución industrial? ¿Para qué los necesita la agricultura 4.0? ¿Qué manía es esta de llenar los pueblos de gente?

Agricultura sin apellidos

Mi amigo Luis Vicente Elías, un sabio que trajo a mi tierra el turismo rural cuando nadie sabía lo que era, fue santero de la Virgen de Lomos de Orio en la sierra de la Demanda, montó la primera granja escuela en el valle del Ebro, dio clases en varias universidades del mundo, inventó cientos de actividades para el desarrollo rural, dirigió la fundación general de una gran entidad financiera y escribió miles de páginas maravillosas sobre la cultura agraria y pastoril, los paisajes y los pueblos de España y de América Latina y que ahora es hortelano en Briones, me dice que el futuro de la agricultura es mucho más simple que todo lo que les acabo de contar: solo hay que mirar los modelos de ayer y menos hablar de sustentabilidad y proximidad. 

Antes la agricultura producía para la despensa y lo que sobraba (el excedente se dice ahora) se llevaba al mercado. Ahora solo se produce para el mercado y este se encarga de llenar la despensa, incluso la de los agricultores.

A mí me gusta más la agricultura que produce para la despensa. Mi adaptación a la cuarta revolución industrial en estas cosas de lo agrario y del desarrollo rural empezó el día que decidí bajar la mirada desde los grandes horizontes del mundo al surco en la huerta con la que llenar mi despensa. Al ver las diferencias entre este y aquel renque entendí que es mentira aquello de la necesidad de uniformización, especialización, sincronización, concentración, maximización y centralización, que predica la economía para la moderna agricultura industrial que produce para el mercado prioritariamente. 

Pienso que solo con un modelo diferente de producción agraria y también de consumo es posible crear empleo en el sector agrario y en los pueblos,  ayudando así al mantenimiento de la población. Fórmulas de agroecología, redes de productores y de consumidores y producción para el autoconsumo que están aplicándose ya en muchos lugares (comarcas de las Alpujarras y de la Vega en Andalucía, el proyecto Municipis en Saó, en Valencia (CERAI), la Xarxa de Municipis per la Sobirania alimentària en Catalunya, Nekasarea en Euskadi…).

La nueva agricultura que quiero se basa en que lo pequeño es hermoso

Ese modelo de agricultura sin apellidos en una sociedad con un concepto del bienestar, del crecimiento y del desarrollo menos cuantitativo y más enfocado hacia la felicidad de las personas sin duda contribuiría, incluso culturalmente, a una distribución mejor de la población que hace ya tiempo desdibujó las fronteras entre lo rural y lo urbano, aunque los estudiosos de estas cosas todavía no lo hayan percibido.

Para ayudar a este cambio, en los pueblos deberíamos ir hacia producción inteligente, es decir producir aquello en lo que tenemos ventaja comparativa: alimentos sanos, nutritivos y sabrosos, paisaje saludable, energía renovable, salud, bienestar… felicidad, en definitiva. Y para ello nos puede venir muy bien la tecnología emergente. Los pueblos y las actividades que en ellos se hacen, por su dimensión y características, pueden ser un buen laboratorio para que investigadores de las universidades y de las empresas ensayen las nuevas tecnologías emergentes (nanotecnología, biotecnología, información y comunicación, robótica,...). Esto puede ayudar a desarrollar una cultura más diversificada, donde hasta ahora solo hubo cultura campesina (impresión 3D donde antes hubo una conservera).

Estos proyectos hacia sistemas agroalimentarios no industriales necesitan de organización y liderazgos (si son colectivos mejor que individuales) y no programas (como los Leader) que replican mecánicamente aquí lo de allí, ignorando que aquí no es allí. Un grupo base y un reparto de tareas que integre a rurales y no rurales en un mismo objetivo: recuperar los viejos saberes locales y ponerlos al servicio del nuevo modelo de producción y de consumo capaz de animar el desarrollo local.

Es necesario trabajar en red con personas y colectivos para conocer otras realidades e intercambiar todo el saber perdido que se recupera. Mirada larga y oído atento en el tiempo y en el espacio. Pensar de manera global más allá de 2050 y educar para que la mayor parte de la “gente que se mueve” en el pueblo tenga esa forma de mirar que le permite ver y escuchar lo que ya se está haciendo en otros lugares del mundo para ver qué se puede hacer aquí. El trabajo con los jóvenes es fundamental. Erasmus rural. Crear condiciones para que los jóvenes participen en el proyecto con sus propias ideas, necesidades y propuesta de soluciones que les anime a vivir en el pueblo y a buscar en él su desarrollo profesional. Para ello, y compatible con la vida en el pueblo, es necesaria la     apertura al exterior, los viajes, estancias y desplazamientos a otros lugares.

La nueva agricultura que quiero se basa en que lo pequeño es hermoso (por eso no entiendo a veces esa obsesión de algunos por llenar los pueblos de gente) y en una sociedad global lo pequeño se defiende mejor en colaboración con otros y cooperando. Esto incluye la colaboración interna en el pueblo y externa con otros pueblos y ciudades (trabajo en red de pueblos y de personas). Esta red tiene que tener un saco lleno de ideas y proyectos realizados, valorando sus resultados para intercambiar, cuando sea posible, con otros lugares y compartir no solo experiencias e ideas, sino también recursos entre personas y colectivos del mismo y de otros pueblos (espacios para actividades, tecnología, equipos de personas...). Para el trabajo en red no hay fronteras. La valla que separa pueblos y ciudades es solo ideológica, es virtual, es una construcción social sostenida, todavía hoy, por una sociedad caracterizada por la movilidad real y virtual que a alguien parece venirle muy bien. Por eso hay que promover la llegada de personas de fuera así como su integración, en su doble sentido, aprender lo que ellos aportan y enseñarles lo de aquí (nuestras reglas no escritas también, por ejemplo, el uso del agua en el riego).

Y además, las instituciones deberían trabajar para apoyar esta forma de desarrollo local facilitando la tramitación de permisos y licencias para las nuevas actividades, apoyando la creación de equipos “desbrozadores de burocracia”, mejorando  la red de transporte y de comunicación, impulsando iniciativas de consumo de proximidad (kilómetro cero), aplicando programas de formación no presenciales que refuercen estas formas de actuar, liderando la lucha contra el cambio climático y entendiendo que los pueblos “ya son mayores”  y  tienen  capacidad  para  tomar sus propias decisiones, y especialmente, en política económica. Sobre todo, cuando en otros ámbitos de decisión (CCAA, Estado, UE…) parece que poco o nada se hace para frenar la concentración de la población en grandes ciudades y para avanzar hacia un sistema agroalimentario pensado por y para las personas, su salud y su felicidad.

--------------------------------------

Emilio Barco es escritor y agricultor, profesor en la Universidad de La Rioja y autor del libro Donde viven los caracoles. De campesinos, paisajes y pueblos.

Autor >

Emilio Barco

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

1 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. Alvar

    La despoblación en España se terminaría, si se dedicara el presupuesto necesario para la infraestructura rural, por otra parte hay un gran número de emigrantes. Exiliados etc... Que llegan nuestro país y las autoridades no saben cómo situarlos, los amontonan en espacios insuficientes y en condiciones casi de reclusos, cuando hay tantos pueblos que se están quedando desiertos, pues bien, aquí es donde había que enviarlos, ayudarles económicamente y con los utensilios que sean necesarios y hacer que este gente pueda ganarse su vida dignamente y así contribuir a volver a poblar y hacer productiva estos espacios rurales que están quedando despoblados.

    Hace 1 año 1 mes

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí