1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

TRIBUNA

Green New Deal: utopismo selectivo e ingenuidad ante las TICs

Las políticas contra los efectos del cambio climático deben centrarse en cambiar el modelo económico y social en vez de alimentar un capitalismo verde

Adrián Almazán Gómez 4/12/2019

<p>Manifestantes en la huelga del clima, celebrada el 15 de marzo, en Madrid.</p>

Manifestantes en la huelga del clima, celebrada el 15 de marzo, en Madrid.

Beatriz Rincón.

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

La popularidad de la senadora demócrata Alexandria Ocasio-Cortez no ha dejado de aumentar en los últimos meses. Y, con ella, la del Green New Deal (GND) que propusiera en el congreso de los EE.UU. el pasado febrero. La extensión de este concepto a países y posiciones políticas muy variadas ha generado, consecuentemente, una fuerte polisemia del término. 

Esta repentina fiebre verde, sin embargo, no tiene nada de casual. ¿Quién no querría apuntarse el tanto de conseguir el apoyo de los jóvenes integrantes de las nuevas movilizaciones internacionales en defensa del clima? ¿Cómo no tratar de subirse a un caballo que, de salir exitoso, articulará la política compartida de la izquierda parlamentaria del globo (o, al menos, de las democracias occidentales)?

La realidad es que, pese a que se hable de GND, en muchos casos este término está sirviendo para encubrir la ya antigua idea del crecimiento verde. Amparados en el mantra de la descarbonización, partidos como PSOE o Podemos (pero también Ocasio-Cortez, Corbyn o Macron) siguen pretendiendo que es posible compatibilizar el crecimiento de la economía, la creación de empleo y la reforma ecológica de nuestro metabolismo. Estas posturas, ancladas en el dogma del crecimiento, han sido ya suficientemente criticadas[1], por lo que no les dedicaré mi atención.

Me interesa más, en cambio, dialogar con la particular versión del GND que, entre otros, abandera Más País, el partido de Errejón. Al fin y al cabo, éste es el único que se tomó la cosa lo suficientemente en serio como para haber llegado a titular al adelanto de su programa electoral Lo que no puede esperar. Un acuerdo verde para España. Dos de los protagonistas de la redacción de dicho programa, e inspiradores de la idea de que el GND puede servir como eje transversal para rearticular una nueva política de izquierda en la era de la crisis ecosocial, fueron Héctor Tejero y Emilio Santiago Muiño. Ambos autores del libro ¿Qué hacer en caso de incendio?: Manifiesto por el Green New Deal[2].

Nuestra dependencia material del metabolismo industrial capitalista, como el escenario social y antropológico que ha creado el éxito neoliberal, nos constriñe a aspirar a la posibilidad de una disputa electoral por la hegemonía

En su larga trayectoria militante e intelectual, tanto Tejero como Santiago han explorado en profundidad en qué sentido las sociedades capitalistas industriales son el paradigma de una vida indeseable. Sin embargo, en los últimos tiempos su anticapitalismo “neopolanyiano” se ha reducido a afirmar que nuestra única alternativa en la era del colapso socioecológico es crear “autodefensa social”, o más bien “¿autodefensa? estatal” frente al capitalismo. Es decir, nos conviene abandonar cualquier programa de ruptura con el capitalismo o con el Estado. Tanto nuestra dependencia material del metabolismo industrial capitalista, como el escenario social y antropológico que ha creado el éxito neoliberal, nos constriñe a, como máximo, aspirar a la posibilidad de una disputa electoral por la hegemonía. Disputa que, en caso de ser exitosa, se encargaría de poner en marcha políticas públicas “posneoliberales” (o quizá preneoliberales, al tratarse en el fondo de una propuesta de keynesianismo igualitarista[3]) en lo social y algo parecido a la “economía del Estado estacionario” de Daly en lo metabólico.

Así lo recogía la definición de GND del programa de Más País: “El Green New Deal es un ambicioso programa de reforma estructural del modelo socioeconómico basado en dos pilares: la modernización ecológica de la economía, especialmente a través de la transición energética hacia una economía neutra en carbono, aunque no solo, y la transformación de la arquitectura fiscal y de los sistemas de redistribución de riqueza desde una óptica de reducción de la desigualdad y reparación de la herida social por la que hoy se desangra nuestro marco de convivencia compartida”.

No soy, sin duda, el primero en criticar este GND con sabor neogramsciano y regusto tecnocrático. Su imposibilidad material, insuficiencia ecológica e indeseabilidad política han sido señaladas ya por algunas de las voces más importantes del ecologismo ibérico[4] que, a grandes rasgos, contraponen a este GND la idea de un decrecimiento metabólico, pero también entendido como transformación antropológica y sociológica de las sociedades humanas. Una posición a la que mi propuesta de construir un proyecto de autonomía que pivote en torno a una nueva ruralidad se siente cercana

El desacoplamiento del crecimiento económico y el crecimiento metabólico (y por tanto la destrucción ecológica), lleva implícita posiciones muy peligrosas

Y es que, aunque esta versión de GND rompe con una de las claves de bóveda del capitalismo verde, el desacoplamiento del crecimiento económico y el crecimiento metabólico (y por tanto la destrucción ecológica), lleva implícita posiciones muy peligrosas. Por un lado, el convencimiento de que los que defienden que la política extraparlamentaria debe ser el principal motor de cambio en esta época convulsa o incurren en una mala comprensión del mundo (social y/o natural) o en un utopismo ingenuo. A lo más que podrían aspirar los movimientos de base sería a actuar como palanca que diera acceso a la hegemonía, a erigirse como conciencia moral de base del partido en el poder o a servir como laboratorio de ideas para la creación de políticas públicas. A eso les condenaría el neoliberalismo como trampa civilizatoria omniabarcante y marco antropológico sin fisuras.

Pero, entonces, ¿cómo entender los más de 2000 casos de luchas en pos de la justicia ambiental registrados en el Atlas coordinado por Joan Martínez Alier, en la mayoría de los casos protagonizados por sociedades rurales e indígenas que de facto viven en marcos como máximo formalmente subsumidos al capitalismo? ¿Cómo explicar las revueltas de Chile o Ecuador? ¿Por qué cada vez más personas sólo encuentran salida al dolor de este mundo en el suicidio o la medicalización? ¿Cómo es posible que la respuesta más habitual de la gente de a pie ante las grandes catástrofes inducidas por el colapso socioecológico sea la solidaridad, en muchos casos a la contra de los deseos de los Estados?

Propuestas como el GND impiden entender que el capitalismo industrial, o el neoliberalismo contemporáneo en su terminología, goza de un reinado que por fuerza tiene que ser precario e incompleto. Y no sólo por el modo en que erosiona las bases materiales de las que depende, algo que de algún modo está en la base de la existencia de algo como el GND. Sino porque es una máquina de generar dolor, miseria, indignidad, rabia y descontento. No sólo ha sido incapaz de invadirlo todo, y siempre lo será. Además ha sido contestado y combatido, y nunca dejará de serlo.

Sin embargo, paradójicamente esta crítica al utopismo se complementa con lo que sólo puede considerarse un utopismo selectivo a la hora de pensar en las posibilidades de acción de los actuales Estados-nación. Quizá baste mirar con un poco de atención a lo que está sucediendo en Hong Kong para entender cuál es la naturaleza más íntima de todo Estado. Pero incluso si cerramos los ojos ante esa naturaleza básica, uno no puede dejar de preguntarse, ¿es de verdad coherente creer a la vez que estamos atrapados en el triunfo hermético de la subjetividad neoliberal y que es posible crear mayorías electorales dispuestas a abrazar las draconianas medidas necesarias para sortear lo peor del colapso socioecológico en curso? Imagino que sólo mediante algún milagro de Laclau, el santo patrón del populismo.

Defender al Estado como una plataforma política privilegiada pasa necesariamente por meter debajo de la alfombra muchas cosas. Su dependencia de los organismos supraestatales (económicos y políticos), su arquitectura electoral alérgica a la ruptura, la existencia de un deep state fuera del juego parlamentario, su naturaleza oligárquica, su tendencia burocrática, su dependencia de imaginarios sociales no controlados por él, etc. Los intentos históricos de instrumentalizar el Estado con fines emancipatorios se han encontrado o con la violencia de las élites que no han dudado en recurrir al golpe de Estado o la guerra civil siempre que ha sido necesario, o la de las nuevas clases burocráticas que, tras ser aupadas al poder por la movilización popular, siempre le han dado la espalda. Por desgracia, la magia de Laclau no lo puede todo. Sólo hace falta ver cómo los regímenes del famoso nuevo socialismo latinoamericano se han derrumbado aquejados del mal del burocratismo y la corrupción.

El problema de este GND no es sólo que presente lo indeseable como inevitable, que asuma la dominación como un mal menor en pos de la supervivencia. Lo que resulta alarmante es su postura completamente ingenua ante la tecnología

Pero el problema de este GND no es sólo que presente lo indeseable como inevitable, que asuma la dominación como un mal menor en pos de la supervivencia. Lo que resulta alarmante es su postura completamente  ingenua ante la tecnología. Que es inseparable de su desproporcionada confianza en la ciencia como vector de transformación social que, aunque no abordaré, no puede partir más que de ignorar la bien estudiada interrelación existente entre tecnociencia, capitalismo y poder.

Más allá de que la propuesta de GND de Más País esté repleta del lenguaje neoliberal de la innovación, la emprendeduría, las start-ups y la transferencia, lo que allí se presenta sin complejos es una propuesta de informatización total de nuestra sociedad. En las páginas del programa escuchamos hablar de redes eléctricas inteligentes, ecoeficiencia, cuarta revolución industrial, robotización, interconectividad digital… Todas ellas, supuestamente, los medios imprescindibles para garantizar las políticas de protección social, la liberación de la soga asfixiante del salario y la construcción de una economía de Estado estacionario que no podemos denominar más que cibernética.

Pero, ¿no han sido estos mismos “medios” los que desde hace décadas han servido para aumentar el paro, reducir los salarios en nombre de la sagrada competitividad, hacer realidad la largamente soñada globalización capitalista, aumentar sin precedentes la capacidad de control social de Estados de todo el mundo y, en resumen, invadir y mercantilizar ámbitos de nuestra vida antes inaccesibles, por ejemplo, el amor o la amistad?

El modo en que este GND abraza acríticamente las TICs, entendiendo la informatización del mundo como un fenómeno cuasi-natural, ignora que, como señalaron los autores de La libertad en coma[5], la informatización de la sociedad ha sido el modo en que la dominación del capitalismo industrial ha podido garantizar su avance y proyectarlo más allá de lo que nunca habría podido soñar. Por no hablar de lo indignante que resulta que se corra un tupido velo sobre los requisitos metabólicos, y por tanto geopolíticos, de ese andamiaje de alta tecnología. Fiarlo todo al reciclaje o la minería de vertedero, prácticas hoy casi inexistentes, es ratificar implícitamente los monopolios en el acceso a las materias primas y la producción de tecnologías de la actualidad. Es dar el beneplácito al nuevo esclavismo chino, a la minería del Congo o a la dictadura de Sillicon Valley.

El GND sigue pensando que la tecnología es neutral, una realidad moldeable y adaptable a cualquier tipo de programa político

El GND sigue pensando que la tecnología es neutral, una realidad moldeable y adaptable a cualquier tipo de programa político. Y, por tanto, está condenado a no entender casi nada de nuestro presente. El capitalismo industrial ha creado un entramado tecnológico del que depende y que le es consustancial. Su objetivo es construir el mundo cerrado del control total, la utopía cibernética que permita por fin racionalizar todo comportamiento social. Cerrar los ojos ante esto sólo puede conducirnos a trabajar por la construcción de una trampa de control que, en manos de los adalides del GND se convierte, eso sí, en una cárcel “sostenible”. Flaco consuelo.

Transformar nuestro mundo en el Siglo de la Gran Prueba tiene que pasar por transformar nuestras tecnologías. No sirve conformarse con decir, como en la propuesta de Más País, que “lo que está en juego es la viabilidad material de nuestro orden social y su reproducción en el tiempo”. El objetivo es trabajar precisamente porque este orden social no siga reproduciéndose y se transforme integralmente. Y de ahí la necesidad de pensar en tecnologías para la vida, tecnologías democráticas y no orientadas al control. Un ecosocialismo que, como defiende Jorge Riechmann siguiendo la inspiración de Ghandi, se descalce. Una emancipación, como han defendido todos los críticos de la industria y de la técnica (Illich, Mumford, Charbonneau o Ellul entre otros), que abandone el prometeísmo mecánico y ponga al ser humano en el centro.

De no hacerlo podemos acabar sosteniendo propuestas tan peligrosas como la de la tarjeta digital ciudadana única, también parte de este GND. Una tarjeta que pueda “servir de soporte a la totalidad de las políticas públicas”. Pero que, además, se convierta en el medio para desarrollar un programa de incentivos que premie los consumos sociales y ecológicamente responsables. Es decir, no sólo que contenga en sí todo el potencial de control del Estado, sino que además haga suyo el sueño húmedo de Sillicon Valley: convertir todo acto de vida en información registrable, reproducible, analizable y, en este caso, premiable. Aunque en el programa de Más País se explicite que los datos quedarían protegidos del mercado y no podrían servir para castigar, ¿acaso no es suficientemente alarmante el mismo hecho de proponer como emancipatorio algo que no resultaría exagerado considerar como ingeniería social?

Aunque pudiéramos confiar en un despotismo ilustrado que utilizara este flujo de información para crear sociedades justas y sostenibles , ¿qué pasa con la libertad?

Aunque pudiéramos confiar en un despotismo ilustrado que utilizara este flujo de información para crear sociedades justas y sostenibles (cosa que los procesos de burocratización nos ha enseñado que no deberíamos hacer), ¿qué pasa con la libertad? ¿cómo pensar en la posibilidad de una vida que tratara de escapar del control y los imperativos del Estado?

Pero,  además, ¿no es éste un ejercicio de una tremenda soberbia? Si el GND realmente cree en el parlamentarismo como su terreno de juego, ¿cómo no puede darse cuenta de que estaría creando una herramienta inmejorable para poner en marcha uno de los muchos posibles ecoautoritarismos que justificara medidas punitivas, la defensa de privilegios o incluso el genocidio con el mantra de la supervivencia? Bologna, en su libro Nazismo y clase obrera[6], mostró a la perfección cómo la barbarie nazi, que accedió al poder mediante elecciones, habría sido imposible sin la información que obtuvieron del entramado asistencial creado por los socialistas de Weimar. 

Si algo así pudo sustentarse en ficheros y hojas de papel, ¿qué no podría hacer una dictadura verde con los big data y la economía de Estado estacionario cibernética? ¿De veras pretendemos construir la cárcel y guardarnos la llave para siempre? Yo, personalmente, creo que es un riesgo que no debemos correr.

-----------------

Notas:

1. Para una refutación crítica concisa pero completa de la idea del “green growth”, del capitalismo verde, recomiendo la lectura de: Jason Hickel y Giorgos Kallis, Is Green Growth Possible?, New Political Economy, 17 de abril de 2019, 1-18.

2. Héctor Tejero y Emilio Santiago, ¿Qué hacer en caso de incendio?: Manifiesto por el Green New Deal (Madrid: Capitán Swing, 2019).

3. Cuyos problemas y ambiguedades señalaba Emmanuel Rodriguez en su artículo ¿Un Green New Deal para España?

4. Un listado no exhaustivo de algunos artículos clave para entrar en ese debate serían los de Jorge Riechmann, Luis González Reyes o el equipo del Grupo de Energía Economía y Dinámica de Sistemas de la Universidad de Valladolid.

5. Grupo Marcuse, La libertad en coma: contra la informatización del mundo, trad. Adrián Almazán Gómez y Salvador Cobo Marcos, Segunda (Madrid: Ediciones El Salmón, 2019).

6. Sergio Bologna, Nazismo y clase obrera: 1933-1993 (Madrid: Akal, 1999).

Autor >

Adrián Almazán Gómez

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí