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“Solo quiero pasármelo bien”

Flamencas en Contexto
Carmen Linares / Cantaora

Miguel Mora / Orietta Gelardin Madrid , 19/12/2019

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Hola Carmen, ¿cómo estás?

Pues mira, muy contenta de estar aquí contigo.. ¿Te acuerdas cuando íbamos a tu casa que tenías allí todas las máquinas de escribir? Allí, fue donde salió el himno de CTXT, estábamos con Aurora, la mujer de Morente, con mi hijo Edu, Soleá...; empezamos con una chirigota y salió una chirigota preciosa de CTXT. Así que muy contenta de estar aquí y de que tu periódico esté yendo palante...

Sobreviviendo... Vamos a hacer cinco años en enero... Enseguida haremos la comunión... ¿Y te acuerdas de la letra del himno? 

No me acuerdo muy bien....

¿Cómo no te vas a acordar? ¡Imposible! La letra decía: la prensa libre cayó en los bancos, ya no sabemos qué leer, a las flamencas no nos echan cuentas...

¡Pero tenemos Ctxt, Ctxt...!

¡Eso era!

Eso era un coro de mujeres con mi hijo con la guitarra...

¡Corralero, un corro corralero!

Corralero, corralero, sí...

El año que viene hace 40 años que Carmen anda cantando por ahí, dando tumbos por el mundo, y va a celebrarlo con un nuevo espectáculo, vamos a contar un poco la carrera de Carmen. Unas pinceladas, tampoco nos vamos a extender mucho porque habéis venido básicamente a oírla cantar, pero me gustaría que nos cuentes un poco cómo es posible que la hija de un ferroviario de Linares haya acabado cantando en el Carnegie Hall. ¿Cómo pudo ser eso? ¿Qué pasó en esa casa para que salieras cantando?

aprendí mucho de Fosforito, que fue uno de los primeros maestros, y aprendí muchísimo, aunque fueran artistas de mi edad, de Enrique Morente y Camarón

¡Lo que han dado de sí los villancicos! Así fue como empecé, yo apenas sabía hablar y ya cantaba con mi padre los villancicos del pastor... (canta): “un pastor lleva un borrico cargao…”.  Y yo... (gesticula un pequeño baile). Era la que más me gustaba... Y claro, en una casa donde hay un instrumento pues es difícil que...  Y si te gusta cantar...  y a mi padre le gustaba cantar, le gustaba tocar la guitarra y estaba encantao de que a su hija le gustara cantar y quisiera ser artista… Entonces, todo se estaba compinchando pa que yo cantara. Empecé cantando los villancicos en mi casa con mi padre, en Linares, en la radio también... Luego a mi padre lo trasladaron a Ávila...

Un sitio muy flamenco...

Flamenquísimo... Pero bueno, cuando llegué allí enseguida me hicieron una cena, “la niña, que canta flamenco”, increíble. Fundaron la peña “Don Antonio Chacón”, o sea que... la sensibilidad para el flamenco está en cualquier parte del mundo. El flamenco tiene una fuerza... Allí en Ávila conocí a Gerena, que estaba allí de electricista...

Pobrecico mío...

Y claro, Gerena, una familia andaluza que llega allí... Pues nada, estaba todo el día con mi padre, cantando y mi padre tocando la guitarra...

Y allí es donde empezaste a cantar más... Salías por los pueblos de gira, ¿no?

Hacíamos giras sí, con nuestros humoristas, José y Fidelín, y el profesor Contreras, que hacía juegos de magia y, cuando no le salían, pues todos los de los pueblos: ¡Fuera! ¡Fuera! Una vez quería convertir el agua en vino, como Jesucristo, los panes y los peces, y echó un pañuelo así (gesticula), quitó el pañuelo y aquello seguía siendo agua y yo dije “de aquí no salimos”. (Risas) En fin, son anécdotas que no he contado nunca...

Eso te valió para cualquier cosa que viniera después, ¿no?

Sí, claro. Un escenario... El artista se hace en el escenario. No puedes, de repente, salir de tu casa y de repente pegar un éxito... Porque luego las cabezas se ponen como se ponen, que la gente se pone muy tonta y se pone mu... 

Hay que ir despacito... 

No, hay que... Cuando empiezas desde abajo... pasito a paso... El título de una soleá de Manolo Sanlúcar Pasito a paso, te da tiempo a asimilar las cosas y te das cuenta de que el arte está ahí para realizarte tú como ser humano, como persona, como artista... Y para darle a la gente alegría, ¿no? Y para darle a la gente un momento, y darle inspiración y sanar el alma, ¿no?  

Y allí en Ávila había un chaval que se llamaba Miguel Espín...

Ah, sí, sí... Lo conozco.

...Que canta muy bien por malagueñas. Supongo que es lo que te gustaría de él, ¿no? (Risas) Lo bien que canta por malagueñas...

Bueno, tiene muchos palos eeh...

¿Y cómo fue que os conocisteis? ¿Tú tenías como 13 años?

Cuando conocí a Miguel tenía 13 años, habíamos llegado a Ávila y enseguida mi padre, que es muy aficionao, contactó allí con Anselmo Lumbreras, que era un barbero que tocaba la guitarra, y con todos los aficionados, y claro, allí estaba Miguel Espín el primero. Y entonces vino mi padre con Miguel a nuestra casa a intercambiarse discos... Y mi padre, muy ingenuo, me dice: “Cántale un poquito por soleá a Miguel que es muy buen aficionao”. Y yo dije: “¿Ahora?, No, no…”. Y así empezamos.

¿Y os casasteis temprano también, o cómo fue la cosa? 

Sí, luego yo ya me vine a Madrid, Miguel estaba estudiando en Salamanca y se vino a Madrid, y ya luego pues... él entró en televisión, y yo empecé mi carrera saliendo de mi casa, porque hasta entonces había estado haciendo una vida de una niña, una joven normal, estaba estudiando, y ya cuando llegó el momento de pensar qué hago con mi vida, “mamá quiero ser artista”, y empecé a cantar en...

En el conservatorio de aquí de Madrid, es decir, en los tablaos...

Sí, sí. En Torres Bermejas, Chinitas... En Torres Bermejas estaban Camarón, La Perla... En fin, he tenido mucha suerte, en Chinitas estaba Morente, Juan Varea también, tuve la gran suerte de llegar a Madrid y conocer a gente muy importante...

¿Quién dirías que fue la artista o el artista del que más aprendiste, o el que más te influyó de aquel grupo?

Bueno, he aprendido de todos… Pepe el de la Matrona fue un hombre del que aprendí mucho, no solo en cuestión de cante, sino sobre su filosofía de vida, era una persona inteligente, un flamenco de arriba a abajo, de ley. Escucharle hablar... “Iba yo en el año cinco…”. ¿Cómo? ¿En el año cinco? Y decíamos ¿cómo le vamos a discutir a este hombre algo?. “Porque en el año cinco, por la carretera de Almería…”, y claro, escuchándole todo el mundo embobao...

Ese decía que se iba a tomar café a La Habana, que cogía el barco en Sevilla, se iba  a tomar el café a La Habana y luego volvía...

Efectivamente, fíjate qué formas... Estar en Gayango en una fiesta y salíamos a las cinco de la mañana de allí, con Enrique Morente, con todos los que... Por aquí está Juan Verdú también, que de eso sabe un poco... (Risas) el Juanito también ha hecho de las suyas… Y salíamos y decíamos: “¿Vamos pa la casa?”, y decía Pepe con el bastón (gesticula) “¿Ahora?, ¡Ámono a la Titi, hombre!”, que la Titi era una venta... 
¿Y tú qué hacías allí con 18 o 20 años? Si pesabas 32 kilos...

¡Pues con mi padre! Tenía padre artista, porque claro, si a mi padre no le hubiera gustado el flamenco, probablemente, yo en esas reuniones no hubiera podido estar, porque con 18 años....

¿Y qué tal te recibieron? ¿Bien? ¿Te cuidaban?

a mí, en el mundo del flamenco, me han tratado siempre muy bien, y me han respetado, y he tenido siempre apoyo de la afición

De maravilla, de maravilla… Absolutamente. Con mucho respeto, con mucho cariño... “La niña, que va a cantar la niña”, y ya estaban allí... Siempre lo digo, he tenido mucha suerte porque, a mí, en el mundo del flamenco, me han tratado siempre muy bien, y me han respetado, y he tenido siempre apoyo de la afición, porque era una cantaora que me tomaba muy en serio mi profesión, mi trabajo y entonces no había ningún problema. Yo me imagino que otras mujeres habrán tenido problemas, digamos en el entorno de la familia, porque no estaba bien visto que una niña fuera artista, fuera cantaora, y más en el mundo del flamenco que no estaba bien visto el flamenco... Sé que muchas mujeres no han podido dar ese paso por la posición de la propia familia, siempre hay un hermano, o tu padre o el novio que no te deja. Pero yo, resulta que a mi novio le gustaba mucho más que a mí (risas), y a mi padre también... Así que me empujaban. En vez de decirme que no pues… 

También aprendí mucho de Fosforito, que fue uno de los primeros maestros, y aprendí muchísimo, aunque fueran artistas de mi edad, de Enrique Morente y Camarón... Con Enrique me ha pasao como con Pepe el de la Matrona, que he hemos trabajado mucho juntos, y hemos convivido en el tablao... Éramos como familia, y Enrique era una persona muy inteligente, muy artista, y hablabas con él y aprendías solo hablando.

Y teníais una relación familiar de mucho contacto ¿no?, tu eres comadre de Aurora y de Enrique...

Sí, somos padrinos de Soleá, mi marido y yo. Con Enrique ha sido... Se ha ido pero... está aquí, está aquí...

Y el legado que ha dejado, ¿no?...

Claro, por supuesto. Enrique ha sido, aparte de un maestro del cante, ha sido artista. Ar-tis-ta, con todo el abanico abierto y toda la extensión de la palabra, que es diferente, claro. Y ha abierto muchos caminos, muchas ventanas para todos los que hemos estado ahí, atentos a lo que pasaba en el flamenco, y a lo que pasaba en el mundo. Ahí ha abierto muchos caminos...

¿Cómo fue el paso de los tablaos a los formatos más grandes, y al lanzamiento de discos, el principio de la carrera discográfica? ¿Hubo una transición rápida o cómo viviste eso?

Yo estaba cantando pa el baile, y por eso lo titulamos ahora 40 años de flamenco, porque son 40 años como solista pero llevar llevo más años, claro... Fíjate, si empecé con cuatro o cinco, vamos a sacar el velo (risas), y entonces, sí, empecé y cuando me casé y tuve a mi primer hijo Miguel, pues ya lo de las giras y todo eso ya, como que no... no me cuadraba a mí.  He seguido como artista pero ya no eran giras, eran actuaciones sueltas, lo cual me permitía estar en mi casa, cuidar de mi hijo y preparar cosas nuevas y... en fin... No todo el mundo ha tenido esa suerte porque los artistas que cantan para el baile tienen que ir a una gira a EE.UU. de cuatro meses… Bueno, me organicé y dije “esto es otra etapa de mi vida” y empecé a grabar. Grabé mis primeros discos, ya empecé a hacer festivales y... en fin...

Una vida más tranquila... Pero viajar has seguido viajando mucho, has debido de dar también un par de vueltas al mundo, o tres, por lo menos...

Sí, mucho. Pero ya era actuando yo sola con lo cual hacía a lo mejor cuatro o cinco conciertos y me volvía... Y además, el flamenco no es como otro tipo de música que hacen una gira de 20 actuaciones y están mucho tiempo fuera. Nosotros estamos en otra línea. 

Pero ha habido unos años muy potentes también. Y el flamenco sigue viajando mucho.

Absolutamente. 

Te acuerdas de Chano Lobato que contaba que una navidad estaban en Los Ángeles y decía: “Estuvimos en Los Ángeles trabajando y nos tomamos las doce uvas. Y nos fuimos a Hawaii y nos volvimos tomar las doce uvas (Risas)”. Era así ¿no?, esas compañías grandes no paraban...

Claro, porque iba con Antonio (Ruiz Soler) El Bailarín y claro, hacían unas giras impresionantes.

¿Tú has estado en Japón también, por ejemplo? ¿Mucho?

Sí, claro. Varias veces he estado...

¿Y qué tal los yenes? Como decía la Paquera: “Qué bonicos los yenes”...

Pues, bueno, en Japón todo el mundo sabe que hay una gran afición al flamenco y nos tratan de maravilla, y allí han ido muchos flamencos, había muchos tablaos...

Y hay mucha afición...

Por ahí está el Tito Losada, ese era el rey de Japón... 

¡Maestro! (saluda)

Ese iba, y al año siguiente volvía y...

¿Y los yeneh bonitos o no?

(Pregunta Carmen a Tito Losada) ¿A que son bonitos? (Risas)

Bueno, Tito yo creo que ha sido de los artistas que más veces ha ido a Japón, ¿a que sí?

(Responde Tito): ¡68!

Carmen: 68 veces ha ido. Yo he ido cuatro o cinco veces. Tito yo creo que iba, se estaba tres meses volvía y al año se iba otra vez.

(Tito): Llegaba al aeropuerto, le daba un beso a mi madre y volvía (Risas).

Carmen: Es que en Japón gusta el flamenco muchísimo...

Hay más academias de baile solo en Tokio que en España...

De hecho, en Tokio había más tablaos que en Madrid, imagínate... Además, tienen un respeto a ese arte y hay que quitarse el sombrero por ellos, porque han dado mucho trabajo a los artistas. Muchos artistas, cuando había épocas malas, se iban a Japón y venían con sus yenes... (Risas) Y muchos pisos que se han comprado los flamencos, han dado su entrada con los yenes...

Has sentido alguna vez que el flamenco se valora más fuera que en España, o crees que hay un público aquí que lo valora mucho, aunque no sea mayoritario. ¿Cómo has sentido eso?

Bueno, yo creo que donde más se escucha flamenco es aquí en España, claro. Y donde más se entiende, y donde más se valora, lógicamente. Pero sí que te digo que vas por ejemplo a Francia y allí ha habido siempre una tradición de flamenco. Y en Japón, y en Alemania... En toda Europa. Y es verdad que, yo lo he sentido así, que fuera valoran muchísimo el arte flamenco, mucho. Saben que es una gran música, una música de una calidad única... ¡Es que el flamenco es único! Aunque no sepan qué es una soleá o una seguiriya o unos tientos, saben que les llega al corazón. Saben que ahí hay una gran música y que si se hace bien tiene una fuerza increíble. El cante y sobre todo el baile, y la guitarra llega antes que... 

Más fácil que el cante...

Claro.

Y cómo afrontas esta nueva etapa de más tranquilidad, de más reflexión, de más estudio, de cantar a  los poetas, de haber hecho tu propio repertorio... 

Bueno, poco a poco tomé las riendas de mi discografía, e hice mi primer disco con mi propio sello, produciéndolo nosotros, el homenaje a Juan Ramón Jiménez, Raíces y alas, y luego otro, Remembranzas, que era un recorrido por toda mi carrera, un disco en directo, y luego otro sobre Miguel Hernández... Es una etapa de mi vida, lógicamente, más tranquila. Cuando eres más joven tienes mucha más energía para viajar, ir pa allá y pacá, todo el día... Madre mía... Y ahora me tomo las cosas con más tranquilidad, pero estoy en activo, absolutamente en activo, y hago mis discos, y preparo este próximo espectáculo, y en fin, que tengo mucha actividad y mucha ilusión porque todavía quiero hacer cosas, aunque saque un disco y a los cuatro años salga otro...

Claro, despacio...

Espaciado… Pero bueno, muy contenta de seguir en esto, de que el público todavía quiera venir a verme, y de poder contar con músicos estupendos, buenos guitarristas, llevo baile.... Y pasarlo bien, lo que quiero es pasármelo muy bien...

Bueno Carmen, hasta aquí hemos llegado, te dejamos 10 minutos para que te prepares y te oímos cantar. 

Vale, me pongo la voz... (Risas).

 

 

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Autor >

Miguel Mora

Nacido en Madrid, en 1964, el director de CTXT fue corresponsal de El País en Lisboa, Roma y París. Anteriormente, trabajó durante 10 años en la sección de Cultura como reportero para temas de cine, literatura y arte. En 2011 fue galardonado con el premio Francisco Cerecedo y con el Livio Zanetti al mejor corresponsal extranjero en Italia. En 2010, obtuvo el premio del Parlamento Europeo al mejor reportaje sobre la integración de las minorías. Es autor de los libros 'La voz de los flamencos' (Siruela 2008) y 'El mejor año de nuestras vidas' (Ediciones B).

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Orietta Gelardin

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