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LUIS GONZÁLEZ REYES / ECOLOGISTAS EN ACCIÓN

“El Green Deal es más un brindis al sol que la respuesta a la realidad a la que nos enfrentamos”

Gorka Castillo Madrid , 18/12/2019

<p>Luis González Reyes, miembro de Ecologistas en Acción</p>

Luis González Reyes, miembro de Ecologistas en Acción

Manolo Finish

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Miembro fundador de ‘Ecologistas en Acción’, Luis González Reyes (Madrid, 1974) sabe por lo que lucha y lo defiende con pasión. Autor y coautor de una veintena de libros -como En la espiral de la energía- y prologuista de ensayos como Decrecimiento vs. Green New Deal, donde cinco intelectuales estadounidenses contraponen fórmulas para afrontar la crisis climática con justicia y racionalidad, González Reyes defiende que no existen planes alternativos que salven el capitalismo del colapso. “El Green Deal me parece más un brindis al sol que la respuesta a la realidad a la que nos enfrentamos”, asegura. Para este doctor en química, la humanidad ya no puede mantener los niveles de consumo energético como hasta ahora, aunque éste proceda de fuentes no contaminantes. “Hemos tardado tanto tiempo en asumir el cambio climático que ya no nos queda otro remedio que hacerlo mal y contracorriente”, afirma. Pese a que considera frustrante el resultado de la COP25, encuentra luces en las propuestas que la sociedad civil ha presentado y debatido durante la Cumbre Social por el Clima celebrada en Madrid. Y destaca el protagonismo adquirido por Greta Thunberg para movilizar a las masas. “Su capacidad para articular mensajes claros que lleguen a los jóvenes es algo que ninguna organización social había logrado hasta ahora”

La revista BioScience ha publicado un artículo donde 11.000 expertos de 153 países declaran su obligación moral de contarle a la humanidad qué sucederá con el cambio climático. ¿Qué ocurrirá?

Lo primero que hay que comprender es que el proceso de cambio climático no es lineal. Es un sistema delimitado por umbrales, puntos de no retorno, que activan toda una serie de bucles de retroalimentación que es lo que nos lleva, independientemente de lo que hagamos los seres humanos, hacia otro equilibrio climático notablemente más cálido. De manera que imaginar escenarios a los que podemos llegar está condicionado por la activación de esos bucles de retroalimentación positivos que son muy difíciles de determinar ya que el clima es un sistema complejo. Sin embargo, cada vez hay más evidencias científicas que indican que ese límite puede corresponder, aproximadamente, a una concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera de 350 partes por millón, el equivalente a un aumento térmico de grado y medio. Ahora mismo estamos claramente por encima de esa cifra. Así que para evitar que el sistema climático se active no podemos sobrepasar ese umbral bajo ningún concepto porque entonces ya no tendremos capacidad de regular la temperatura de la Tierra.

Pese a las evidencias científicas, la imagen que deja la COP25 es la de dos mundos paralelos. Mientras uno, el oficial, debate por cada coma para encajar intereses económicos con medidas medioambientales el otro, el social, reclama un cambio de modelo productivo sin dilación.

Efectivamente, son dos mundos paralelos pero sólo uno de ellos razona en base a datos científicos. El otro, el oficial, sigue especulando con la vida de millones de personas y de millones de seres vivos cuando no hay debate a nivel científico sobre lo que tenemos que hacer para evitar el colapso. Justo antes de comenzar la COP25, Naciones Unidas publicó un informe que planteaba una reducción de las emisiones globales a la atmósfera de 7,6% anual entre 2020 y 2030. Y eso no se puede conseguir racaneando cada uno de los debates o discutiendo sobre las reducciones país por país. La única manera de hacerlo es promoviendo cambios profundos en el sistema. Ya no estamos en los años 70, cuando tuvimos la oportunidad de haber hecho una transición más o menos ordenada y tranquila. Ahora hablamos de una reducción en torno al 8% anual. Eso es una barbaridad. Para darle una referencia comparativa le diré que la reducción de emisiones que siguió al proceso de desindustrialización tras el colapso del bloque soviético fue del 4%, cuatro puntos menos de lo que lo que ahora estamos obligados a restringir de manera continuada en todo el planeta. Parece indudable que estos objetivos no podrán cumplirse si no se produce una remodelación profunda de nuestro orden económico y social.

Ya no estamos en los años 70, cuando tuvimos la oportunidad de haber hecho una transición más o menos ordenada y tranquila. Ahora hablamos de una reducción en torno al 8% anual. Eso es una barbaridad

Pero eso requiere de un cambio radical a nivel mundial, casi revolucionario

Y en todos los órdenes de la vida. Mire, acabamos de concluir un estudio de cómo sería esa remodelación en España para acoplarnos a los límites que plantea Naciones Unidas y el resultado que obtuvimos es el de una economía que decrecería de manera muy drástica en sectores como el turismo, la construcción, el financiero y el transporte. Un segundo elemento es que el motor productivo español se haría mucho más local. Y el tercer factor clave del cambio sería una reprimarización grande de nuestra economía. Es decir, un aumento de los modelos agrícolas para absorber los trabajos industriales que desaparecerían y una reforestación fuerte de los ecosistemas. La conclusión de hacer frente a este desafío es que habría una reducción de la base económica, algo indispensable, y una pérdida de empleo.

¿Cree que esa propuesta es asumible?

Tal y como está la situación medioambiental no podemos plantearnos otra cosa. Hemos tardado tanto tiempo en asumir el cambio climático que ya no nos queda otro remedio que hacerlo mal y contracorriente. Debemos prepararnos para un cierto sufrimiento.

Y si las cumbres mundiales continúan fracasando, ¿cómo se puede progresar?

Es verdad es que el espacio institucional de acuerdos está muerto. Ni siquiera lo que se denomina Acuerdo de París merece ese calificativo porque lo único que decidió es que cada país haga las reducciones que considere oportunas y, además, que si no las llevan a cabo no exista ninguna sanción. Lo que ha venido después han sido retoques y ajustes. Sin embargo, existen foros internacionales que ya promueven alternativas exitosas a las emisiones de gases de efecto invernadero. Una de ellas, por ejemplo, es el movimiento global antiextractivista. Otra línea de avance son las propuestas de los movimientos sociales para cambiar el modelo energético y modificar el modo de vida hacia esquemas más austeros que encajen con los límites planetarios. Y ahí no sólo incluyen la transformación del transporte y el consumo a gran escala sino también los modelos de climatización de nuestros hogares. No sólo necesitamos cambios energéticos urgentes sino también modificaciones en nuestros hábitos de vida. Y todo esto está en marcha.

Ya me gustaría haber tenido el discurso que ella tiene cuando tuve 16 años

¿Ese es el valor de las Contracumbres?

Una de las grandes virtudes de las cumbres sociales por el clima, como la que hemos organizado en Madrid, es poner en contacto todas esas experiencias. Se aprende mucho y se crean sinergias de colaboración. Pero también sirven para que una vez al año la sociedad civil pueda focalizar sus presiones sobre los espacios de decisión institucional. Eso es muy importante.

Es inevitable preguntarle por Greta Thunberg. ¿Qué opina del protagonismo que ha asumido?

En mi opinión, está teniendo un papel excelente y excepcional. Está mostrando una gran capacidad para articular mensajes con una claridad y una potencia que ha llegado a los jóvenes y los está llevando hacia la movilización. Eso es algo que ninguna organización social había logrado hasta ahora. Por eso me parece extraordinario. Así que quitémonos el sombrero ante lo que está haciendo. En esta Cumbre de Madrid ha introducido elementos interesantes como fue ceder la voz a otras jóvenes en sus ruedas de prensa pese a que era ella quien focalizaba toda la atención mediática. Y lo ha realizado con un nivel de coherencia vital y de modestia absolutamente desconocido en el mundo político. Diciendo verdades como puños, asumiendo el rol de icono movilizador pero demostrando su disposición a repartir juego. Así que no me extraña que ciertos sectores de poder se sientan molestos y la ataquen. Ya me gustaría haber tenido el discurso ella tiene cuando tuve 16 años.

Puede que incomode porque algunos políticos siguen sin tomarse muy en serio la emergencia climática

Cuando Trump dice que Greta Thunberg es una niña histérica es probable que por su boca hable también un sector importante del poder global. Cínicos que siguen creyendo que poseen las herramientas necesarias para esquivar esta situación. En mi opinión, esta gente es tremendamente peligrosa.

¿Es partidario de empezar a sancionar a aquellos países que incumplan los compromisos internacionales contra el cambio climático?

A una persona como Trump no puedes vetarle en foros internacionales porque, entre otras cosas, se necesita que EEUU entre en esta batalla con compromisos vinculantes. Pero otra historia muy diferente es emprender acciones judiciales con consecuencias penales para este tipo de políticos irresponsables. En Holanda se ha abierto un proceso en los tribunales por la inacción climática y está funcionando bastante bien. A nivel español, organizaciones como ‘Ecologistas en Acción’ y ‘Greenpeace’ ya estamos pensando cómo abrir esta vía. Tenemos un marco universal de los derechos humanos amparado por Naciones Unidas. ¿Cuál es la primera consecuencia del cambio climático? La vulneración del derecho a la vida de millones de personas afectadas por inundaciones costeras, por sequías prolongadas, por desplazamientos forzosos y por una serie de acontecimientos que ya estamos viviendo, y que vamos a seguir viviendo de forma mucho más dramática si se activan esos bucles de retroalimentación positiva de los que antes hablaba. Así que gente como Trump, por la posición de poder que ocupa, tiene una responsabilidad en todo esto desde el punto de vista jurídico.

el uso generalizado del coche eléctrico obligará a realizar enormes inversiones económicas, materiales y temporales. El litio es un elemento escaso en la corteza terrestre

En su libro En la espiral de la energía, defiende la imposibilidad de mantener un sistema comercial como el actual sin el uso de combustibles fósiles. ¿Ha entrado en quiebra la globalización?

La globalización, tal y como la conocemos, ha entrado en una trayectoria renqueante y en retroceso. Podemos pensar que esto se deba solamente al auge circunstancial de políticos como Trump, que ha ido recortando la externalización de su economía; o a la incapacidad de la Organización Mundial del Comercio (OMC) para llegar a nuevos acuerdos de liberalización financiera. Sin quitar valor a estos factores, hay otros elementos que están jugando un papel relevante. Uno es que ahora mismo estamos asistiendo al principio del fin de los combustibles fósiles con disponibilidad alta y abundante, lo que va a imposibilitar el transporte de mercancías, de personas y de información a largas distancias, en grandes volúmenes y en poco tiempo. Algunos indicadores de que esto es así es el descenso de la disponibilidad de diesel, fundamental para el transporte de mercancías. Lo mismo sucederá con otros combustibles en los próximos años. Para mí es uno de los vectores que confirman el deterioro del actual modelo de globalización, sobre todo porque no hay fuentes energéticas alternativas que permitan el mantenimiento del transporte masivo y rápido como hoy en día.

Sin embargo, la empresa líder en la construcción de aviones supersónicos acaba de anunciar que fabricará en España, concretamente en Vitoria, una nueva aeronave destinada a viajes de negocios privados para 2024. De nuevo, el interés comercial frente al cambio climático

Es el ejemplo que permite visualizar la tiranía de un sistema económico que necesita crecer constantemente para no entrar en crisis. Y la única manera de hacerlo es aumentando las necesidades materiales y el consumo energético. No es ningún secreto referirse a la correlación lineal que ambos términos tienen con el Producto Interior Bruto (PIB). Así que cuando escucho algunas de las propuestas que nos han intentado vender en la COP25 para seguir creciendo, aunque sea de manera distinta a la que impera en la actualidad, me parece un sueño mágico. Es que no es posible. Todos los datos indican que para acoplarnos a los límites medioambientales estamos obligados a decrecer en lo material y en lo energético. Y la consecuencia inevitable será una contracción económica. No se puede hacer todo a la vez.

Es decir, ¿para usted el Green New Deal no es el plan b para salvar la economía global?

No, porque básicamente trata de mantener las tasas de crecimiento sobre una transición fortísima a las renovables, sobre el reciclaje, la reutilización y una mejora en la eficiencia productiva de los procesos donde el coche eléctrico sea el protagonista central. Y nos dice que si lo logramos nos va a permitir mantener el crecimiento y generar más empleo. En mi opinión, es una propuesta muy teórica que no se sostiene con datos. Coincido en que hay que apostar decididamente por las renovables como la energía del futuro pero de un futuro distinto, entre otras cosas porque no va a suministrarnos la misma potencia que hoy tenemos ni tampoco las mismas prestaciones. Por ejemplo, el uso generalizado del coche eléctrico obligará a realizar enormes inversiones económicas, materiales y temporales. El litio es un elemento escaso en la corteza terrestre y con una disponibilidad limitada a unos cientos de miles de vehículos si lo aprovechamos bien porque del litio no se recicla ni el 1%. O cuando habla de internet y smart cities como si el mundo digital esté desmaterializado, algo que no es así en absoluto. Lo que el Green Deal esconde tras su bello mensaje es un consumo ingente de materia y energía. En realidad, me parece más un brindis al sol que la respuesta a la realidad a la que nos enfrentamos.

Usted, que se dedica a la pedagogía ecologista, ¿cree que la protección medioambiental debería equipararse al PIB para valorar el nivel de desarrollo de un país?

El problema es que cuando se habla de emergencia climática sólo se plantean medidas epidérmicas. De alguna manera, pensamos que con algunos ajustes la cosa va a funcionar porque todavía estamos a tiempo cuando la realidad indica lo contrario. La prueba es que el verano en España en estos momentos ya es cinco semanas más largo que en el siglo XX. ¡Más de un mes! Y esto tiene implicaciones en todos los órdenes de la vida. Desde la fertilidad de las cosechas, a la disponibilidad de agua y la mortalidad por olas de calor entre la población. Este proceso ha venido para quedarse y sólo puede ir hacia adelante, no hacia atrás. Y es crucial que lo entendamos desde las escuelas para prepararnos para lo peor y aprovechar las oportunidades.

Y en esa función de concienciación social, ¿no ha fracasado el movimiento ecologista?

En cierto modo, sí. Siempre hemos querido abrir puertas a cambios más o menos justos, a transiciones más o menos tranquilas y ordenadas pero eso es algo que ya no va a poder ser. Hemos llegado a un punto en el que la transformación se hará como se pueda, con unos grados de distorsión social amplios porque hemos llegado tarde. La concienciación se producirá por la vía de los hechos, por las malas, a medida de que vayamos chocando contra los límites ambientales. Y eso es una mala noticia.

Describe un futuro oscuro

Es casi una visión distópica donde una parte de la población abrazará posiciones de corte neofascista. Pero es solo una de las posibilidades. Existen otra serie de escenarios posibles descritos mucho más justos y democráticos donde sí apetecerá vivir. Hay dos novelas, El Oráculo de Gaia e Iv, que plantean sin maniqueísmos la articulación de nuevas sociedades tras el colapso industrial similares al que podemos soñar las mayorías sociales. Es decir, un mundo donde la gente pueda decidir sobre sus vidas, donde no exista una desigualdad brutal ni estemos en guerra contra el resto de las especies. Creo que vamos a tener oportunidades para materializarlo porque las fuentes de energía renovable serán más accesibles a la gente y porque la capacidad de control social, desde lo militar a la sociedad de la imagen, va a debilitarse. Si somos los suficientemente inteligentes para captar el mensaje de que el desarrollismo ha concluido y empezamos a gestionar adecuadamente el que va a llegar encontraremos espacios para la esperanza.

 

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