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Imperios combatientes

Sobre misiles y aviones derribados por error

Reconocer un crimen militar involuntario, como ha hecho Irán con el avión ucraniano, no es algo corriente. La comprensión de su contexto recuerda quiénes son los verdaderos bárbaros

Rafael Poch 17/01/2020

<p>Restos del fuselaje del avión ucraniano derribado en Irán el 8 de enero de 2020.</p>

Restos del fuselaje del avión ucraniano derribado en Irán el 8 de enero de 2020.

RTVE

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El 8 de enero un misil iraní derribó por error un avión civil ucraniano cerca de Teherán con el resultado de 176 muertos. Las autoridades de Irán, el “guía supremo”, Alí Jamenei, el presidente del país, Hasan Rohani y el ministro de Exteriores, Mohammad Javad Zarif, se disculparon por lo que calificaron de “trágico error”, dos días después de los hechos. En Londres, el embajador de Irán, Hamid Baeidinejad, también se disculpó: la víspera, en una declaración a la prensa británica, había descartado el escenario de un error con un misil. “Pido disculpas y lamento haber transmitido esos informes incorrectos”, dijo.

Esta actuación debería ser norma, pero está lejos de ser algo corriente. Es excepcional y ha causado sorpresa. “Apenas puedo recordar una declaración similar de un embajador en tales circunstancias”, ha dicho Alistair Burt, un exmiembro conservador del Parlamento británico a propósito del diplomático iraní. Por desgracia, es demasiado frecuente tumbar aviones con misiles y no reconocerlo. Aún menos frecuente es disculparse por ello.

El 17 de julio de 2014 un Boeing 777 de Malaysia Airlines fue derribado por un misil cerca de Donetsk (Ucrania). Hubo 298 muertos y los indicios apuntan a Rusia, cuyo Ministerio de Defensa lanzó unas cuantas falsedades, pero nadie se ha hecho responsable de aquello a día de hoy. Si retrocedemos más en el tiempo, la crónica es abultada.

Una larga serie

El 11 de septiembre de 1968 un Caravelle de Air France con 95 personas a bordo, que volaba de Ajaccio a Niza, fue derribado por un misil francés frente a la costa de Antibes. En el paseo de los Ingleses de Niza hay un pequeño monumento que recuerda la tragedia, pero no se menciona su causa ni Francia nunca la ha reconocido.

El 6 de octubre de 1976 los anticastristas cubiertos por la CIA volaron un avión de Cubana de Aviación con 73 ocupantes tras despegar de Barbados. En 44 años no ha habido disculpa y los responsables del atentado, Luis Posada Carriles y Orlando Bosch, fueron protegidos hasta su muerte por la CIA y el sistema judicial de Estados Unidos.

En 1980, un DC-9 de la compañía Itavia que volaba de Bolonia a Palermo fue derribado el 27 de junio sobre la isla de Ustica matando a sus 81 ocupantes. El presidente italiano Francesco Cossiga lo atribuyó a un misil, francés o de la OTAN. Muchas fuentes relevantes del caso murieron en suicidios y accidentes de tráfico a lo largo de los años. Cuatro generales italianos fueron acusados de encubrimiento pero no condenados. Nadie ha asumido la responsabilidad.

Tres años después, el 31 de agosto de 1983, un Boeing surcoreano con 239 personas a bordo fue derribado sobre la isla de Sajalín por la defensa aérea soviética, que lo confundió con un avión espía. Al parecer, el avión había sobrevolado y fotografiado las bases de misiles estratégicos de Kamchatka, según reveló años después un ex agente de los servicios secretos japoneses sugiriendo una inducida provocación.

Cinco años después del derribo en Sajalín, un Airbus de Iran Air fue abatido, el 3 de julio de 1988, en el estrecho de Ormuz por el crucero lanzamisiles de Estados Unidos, Vincennes. Murieron 290 personas. El barco, bajo mando del comandante Will Rogers, se encontraba en una situación de tensión metido en aguas iraníes cuando lanzó un misil contra el avión civil. Washington reconoció el error y acabó pagando indemnizaciones tras un pleito de muchos años, pero el comandante Rogers fue condecorado con la “Legión al Mérito”, “por su conducta excepcionalmente meritoria en el desempeño de su servicio”.

Este tipo de crímenes, con muerte de civiles inocentes en un contexto de tensión bélica, recibe en Occidente el cínico calificativo de “daños colaterales”

Cinco meses después, tuvo lugar el atentado que destruyó en el aire el Boeing 747 de Pan Am sobre la localidad escocesa de Lockerbie (270 muertos). Por conveniencia política, la CIA prefirió atribuir aquel atentado a la Libia del coronel Gadafi, entonces en el punto de mira de Washington, pero, según diversas fuentes cualificadas, lo más probable es que aquel atentado fuera la venganza iraní por el derribo del estrecho de Ormuz.

“Crímenes” y “errores”

El director del magnífico Le Monde Diplomatique, Serge Halimi, comparó en un artículo publicado el año pasado el diferente trato informativo que recibieron en los medios occidentales el Boeing surcoreano, abatido por el enemigo soviético, y el Airbus iraní derribado por los nuestros. En el primer caso los grandes medios de comunicación hablaron de “crimen”, “deliberado”, “bárbaro” y “brutal”. En el segundo prefirieron calificar el  “error” como “comprensible”, “lamentable”, “fatal”, “justificado” y atribuido a la “complejidad técnica”. “¿Es necesario especificar a quién dedicaban los periodistas estadounidenses los términos “seres queridos”, “seres humanos inocentes” e “historias personales conmovedoras”, y a quién los más sobrios de “pasajeros”, “viajeros” o “personas que han muerto”? se preguntaba Halimi.

Lo que ocurrió en la localidad de Toulon, la Cartagena de la marina de guerra francesa, el 15 de febrero de 1989, no tuvo que ver con un avión, pero sí con un misil. Sobre las dos y media de aquel día la llamada Maison des têtes, una casa del siglo XVII de cinco pisos del barrio viejo, se desmoronó como un castillo de naipes con el resultado de 13 muertos y 32 heridos. Las autoridades atribuyeron la causa a una “explosión de gas”, pero todo apunta a que fue un misil. Más de treinta años después tampoco este secreto de Estado ha sido reconocido.

El contexto del derribo del avión civil ucraniano sobre Teherán es la enorme tensión militar que enfrenta a Estados Unidos e Irán. En su último capítulo esta tensión se agravó, en 2018, con la retirada unilateral de Estados Unidos del acuerdo nuclear alcanzado con Irán. Trump restableció e incrementó entonces las sanciones que Obama había cancelado en 2015 en el marco de aquel acuerdo. Si el problema fuera la proliferación nuclear, alguien debería acordarse de que, desde los años setenta, Teherán ha venido proponiendo hacer de Oriente Medio una zona no nuclear, como las que existen en otras partes del mundo como Asia Central o América Latina. Todos los países de la región, excepto Israel, que dispone de arsenales nucleares químicos y bacteriológicos completos, firmaron en su día el tratado de no proliferación nuclear de Naciones Unidas.

Tan dañino como las bombas

Las tensiones derivadas de la retirada de Estados Unidos y de las nuevas –y viejas– sanciones asfixian la economía y la sociedad de Irán. Sus consecuencias no son menos dañinas que las bombas y los misiles. La economía iraní, que registró un crecimiento del 12% en 2016 cuando se levantaron las sanciones, se ha desmoronado a un -10% en 2019. En un año, su moneda ha perdido el 80% de su valor, la clase media se está encogiendo, la vital exportación de petróleo ha caído un 80% y el chantaje de la extraterritorialidad  de la ley americana ha provocado la retirada del mercado iraní de empresas y bancos de todo el mundo, incluida a la poderosa petrolera china CNPC.

El objetivo declarado de esta política es claramente criminal, reconoce el secretario de Estado americano Mike Pompeo: “La situación para el pueblo iraní es hoy mucho peor y estamos convencidos de que eso hará que la gente se levante y que cambie el comportamiento del régimen”. La gente ya se ha levantado: desde el otoño el régimen ha matado a unos 300 manifestantes en las protestas por el deterioro de la vida y la carestía. 

Todo esto se ha agravado con el asesinato, el 3 de enero, del general Qasem Soleimani, una de las principales figuras del régimen iraní, lo que se parece mucho a una declaración de guerra. De la lectura de la edición del pasado domingo de The New York Times se deduce que el asesinato de Soleimani no fue ni una improvisación, ni una respuesta a un hecho puntual o amenaza inminente, sino algo planeado desde hace dieciocho meses. Estados Unidos ha sufrido últimamente importantes reveses en Irak y Siria que tienen que ver con Irán y con la estrategia de Soleimani. El informe también aclara la conveniencia del asesinato para que Trump “preserve el apoyo de los halcones republicanos en el Senado en el próximo proceso de destitución que se le prepara”, explica el diario.

La liga de los bárbaros

Este es el contexto irresponsable en el que se produjo el derribo del avión ucraniano en Teherán. Este tipo de crímenes, con muerte de civiles inocentes en un contexto de tensión bélica, recibe en Occidente el cínico calificativo de “daños colaterales”. Recordemos que el concepto fue acuñado por la OTAN de Javier Solana en la campaña de Yugoslavia y los medios de comunicación occidentales lo aceptan desde entonces como algo natural cuando se trata de crímenes propios. Así, la muerte de civiles en la toma de los nuestros en Mosul (Irak) eran “daños colaterales”, pero en Alepo (Siria), donde ganaron los gubernamentales de Asad con apoyo ruso e iraní, fueron masacre. Esto es tan antiguo como la guerra y el periodismo establecido lo acepta sin rechistar.

Al admitir su criminal error, las autoridades iraníes se han creado problemas internos, como se ha visto estos días en las protestas contra los tres días que duró la mentira oficial. Cuando un régimen teocrático, es decir vinculado de alguna forma con la divina infalibilidad, admite un error, se abre entre la población la sospecha de si la mentira enmendada no será una más entre muchas. También los sumos pontífices occidentales saben mucho de ese riesgo, por grande y sofisticada que sea su habilidad en torearlo en las condiciones de relativo bienestar que gobiernan, bien alejadas de las que imperan en Irán. Sea como sea, la admisión por parte de Irán de su trágico error así como la comprensión de su irresponsable contexto, nos recuerda quienes son los verdaderos bárbaros.

El 8 de enero un misil iraní derribó por error un avión civil ucraniano cerca de Teherán con el resultado de 176 muertos. Las autoridades de Irán, el “guía supremo”, Alí Jamenei, el presidente del país, Hasan Rohani y el ministro de Exteriores, Mohammad Javad Zarif, se disculparon por lo que calificaron de...

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Rafael Poch

Rafael Poch-de-Feliu (Barcelona) fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania  de la eurocrisis.

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4 comentario(s)

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  1. Armando Camacho

    @andres. No creo que los comentarios sean mentirosos. Por ejemplo, al menos la primera oración del articulo si no es mentirosa, no es cierta. “El 8 de enero un misil iraní derribó por error un avión civil ucraniano cerca de Teherán con el resultado de 176 muertos”. Esa oración cambia toda la narrativa de lo que verdaderamente ocurrió, ya estés en el Potomac o en Castilla. No fue un misil, fueron dos misiles. Un detalle importante, pues si has servido en una unidad antiaérea sabes que no se disparan dos misiles por error, ya que la lectura de los datos del radar, en lo que yo me demoro en escribir esta última palabra, te indica que después del primer impacto el objetivo cambio el rumbo, giro a la derecha, disminuyó la velocidad, la altitud, etc, etc… Lo que le indica al técnico, al oficial de guardia, al que da las ordenes que no le han disparado a otro misil o a un jet de combate. Igual dispararon otra vez, cuando la trayectoria del avión se conoce no era un objetivo militar. Mentirosos, por lo general, suelen ser los políticos, los generales, los doctores y los articulistas interesados en una narrativa en especial del mundo y los hechos. Los comentaristas suelen, a veces, ser más objetivos, aunque igual a veces suelen ser estúpidos. Lo irreparable son las vidas perdidas, vaya el eufemismo inventado por los asesinos de siempre de “los daños colaterales”, no disparas dos veces por error, al menos no en la unidad antiaérea donde serví y combatí. Sobre el tema la historia del oficial Stanislav Petrov es muy sugestiva. Los cientos de manifestantes pidiendo la renuncia del Ayatollah, su aparición pública que recuerda los peores discursos de Hitler o Mussolini, cientos de personas vestidos de negro, con los brazos en alto, pidiendo venganza y exhalando odio, los cientos de muertos en las estampidas, el permitir vuelos civiles en un escenario de guerra; son el teatro de que al igual que en Dinamarca, algo huele mal en Teherán. O en cualquier lugar donde das las ordenes de disparar.

    Hace 2 años 6 meses

  2. andres

    Que horror de comentarios. Y mentirosos. yo tambien estuve en artilleria antiaerea y eso de que no puede haber error es un cuento chino. ¿De donde estos cometarios? ¿el Potomac? ¿Tel-avi?

    Hace 2 años 6 meses

  3. Armando Camacho

    Criminal error. No me parece. Pues por desgracia serví en una base antiaérea durante más de cincuenta meses, y estuve en una guerra. Interesante artículo. Justo, pero parcial. En toda guerra lo primero que se pierde es la vida y la integridad moral y psicológica de las personas, sean soldados o civiles. Terminas la lectura de este articulo y presientes esa pérdida, incluso la falta de objetividad y de verdad. Los califas de Irán, son como casi todos los gobernantes y comandantes en jefe, asesinos en potencia. Y, en el tema del vuelo derribado, no existió el error. Fue deliberado. Ahora de seguro hacen un juicio público y ejemplar al pobre infeliz que apretó el botón, pero al que dio la orden jamás lo veremos. Solo tienes que ver el video publicado por el Times de Nueva York. No se disparan dos misiles a un vuelo comercial a menos de cinco kilómetros de un aeropuerto civil con las fuerzas armadas en estado de alerta máxima esperando un ataque de la primera potencia del mundo. Quienes perdieron. Los de siempre…Los muertos, ya sean americanos de EE.UU. o americanos canadienses de origen iraní. ¿Quiénes son los verdaderos barbaros? Nosotros. Que permitimos que una banda de califas y narcisistas millonarios, ordenen apretar el botón de los misiles. Pueden ver el video del error aquí https://www.nytimes.com/2020/01/21/world/middleeast/iran-plane-crash-missiles.html?action=click&module=Top%20Stories&pgtype=Homepage

    Hace 2 años 6 meses

  4. José Lázaro

    Igual de cínico me parece negarlo que decir q fue un trágico error. Los mismos perros con distintos collares, en un juego de ajedrez geopolítico donde los peones valen muy poco. ¿A qué se refiere Jamenei con lo del error? ¿De quién? ¿Y respecto de qué? ¿Un error del chaval de los misisles? Pues cuidadito con dejarle el botón nuclear. ¿Un error del gobierno? Quizás se refiere a q hubieran preferido tirar abajo un avión lleno de americanos de EEUU, y no de americanos de Canadá. Lo mismo les falló la traducción de Google. En mis tiempos jóvenes, en Euskadi, cuanto estabas en un bar y decían q habían matado a alguien, había dos tipos de personas: los q lo sentíamos, y los asquerosos q tenían q saber de q lado era el muerto para alegrarse o indignarse... Pues esto de los aviones, lo mismo. Están los q los tiran, los muertos y las familias.. Hacer más distinciones es hacerles el juego a los q aprietan el botón (o el gatillo, en su caso) ...

    Hace 2 años 6 meses

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