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PALABRAS MAYORES
JOSÉ MARÍA CANEDA / EXPRESIDENTE DEL COMPOSTELA

“Enseñé a muchos presidentes a transportar el dinero B desde Suiza”

Aníbal Malvar Santiago de Compostela , 20/01/2020

<p>José María Caneda en una imagen de archivo.</p>

José María Caneda en una imagen de archivo.

Cedida por el entrevistado-

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Si Álvaro Cunqueiro o Gonzalo Torrente-Ballester hubieran escrito de fútbol, José María Caneda (1947) habría inspirado, sin duda, alguno de sus personajes. Caneda es puro realismo mágico gallego, una especie de campesino mitológico de los campos de fútbol, un druida de la pelota que encontró esotéricas pócimas para llevar a un equipo de patada y patatal, la Sociedad Deportiva Compostela, de 2ª B a Primera División, y hacerlo permanecer en la categoría durante cuatro temporadas. Llegó a ser subcampeón de invierno. En Santiago dobló la rodilla el Barcelona de Figo, Prosinecki, De la Peña y Kodro, entre otros grandes.

Caneda es ímpetu y retranca, famoso por su excéntrica creatividad idiomática y por medio liarse a tortas públicamente con Jesús Gil. Habla lento, como de orballo fino, pero desatando tempestades, y con un sentido del humor que lo convierte, quizá, en el personaje más difícil de entrevistar que este humilde cronista ha conocido. A pesar de que nuestro primer encuentro data de hace al menos 25 años, aún no sé cuando habla en serio o en broma. Y él tampoco tiene a bien aclararlo demasiado. “¡Caneda, coño, ¿estás vacilándome?, no me digas eso, que lo publico y te incriminan!”. Este expresidente de club de fútbol usa el humor para contar historias incontables, y quizá algo verdaderas, de amaños, doping, narcos, Fragas... Hoy, su viejo Compos, que tuvo que malvender, bracea malamente en Tercera. Aunque quizá este viejo Sinbad cunqueiriano planee también volver as illas [islas].

“A mí no me gusta ir a los medios de comunicación. Pero me gusta daros caña”, advierte Caneda al comenzar la entrevista.

Fuiste muy conocido por esa afición tuya a dar caña a los medios, a la Xunta de Galicia, al Ayuntamiento de Santiago…

A todo cristo. Y aún lo estoy pagando. Hubo uno del Ayuntamiento de Santiago al que, aparte de hijo de puta, le llamé atracador.

Cuando tienes la verdad, y saben que están in fraganti y que los puedes joder, se callan como muertos. Los políticos, los jueces...

¿Nunca te demandaron? 

No tienen cojones. Cuando tienes la verdad, y saben que están in fraganti y que los puedes joder, se callan como muertos. Los políticos, los jueces...

Poca gente se atreve a cuestionar, con la dureza que tú lo hiciste, la justicia en España. En las tertulias se llenan la boca diciendo que es muy garantista, cuando hay jueces que han condenado a raperos, instagramers o tuiteros.

Se llenan la boca, sí. Mentira.

¿Tú crees en la justicia española?

No. Me ha defraudado tanto y cometen tantos errores… Y se han metido en un terreno en el que los jueces no debían meterse nunca: servir a la política.

¿Te refieres a Catalunya?

Sí. No pueden decir que la justicia es independiente. Simple y llanamente, porque es mentira.

 ¿Cómo hiciste dinero suficiente para acabar presidiendo un equipo de fútbol, aunque fuera modesto al principio?

Vengo de casa humilde. Doce hermanos. Mi padre era guardia municipal. Hice Formación Profesional pero no pude pasar a Ingeniería, porque, en estas, se muere mi padre con 53 años y yo a trabajar, con 23. Estudié electricidad y electrónica y me especialicé en motores, cuadros industriales, mantenimiento de fábricas. En el 71 puse un taller de bobinados.

Tendrías que hacer una inversión importante. ¿De dónde sacaste la pasta?

No había pasta. Tú, lo que ponías, era la sapiencia. Comprabas todo a crédito. Había mucha más facilidad para establecerte que ahora. Lo único que te pedían los bancos era saber si eras un buen trabajador o no. Yo no necesitaba otra cosa. A los dos meses de establecerme, ya eran los bancos los que me ofrecían créditos de todo tipo.

¿Cómo se vivía el final del franquismo en aquellos setenta y en una ciudad universitaria como Santiago?

Yo no era franquista, ni nunca temí ni a Franco ni a los franquistas. De los que ahora dicen que protestaban, que estaban en la clandestinidad, yo no veía entonces a ninguno protestar. En algunas cosas, da pena ver que hemos retrocedido. 

Desde muy joven empiezas a hacer atletismo y te titulas como preparador físico.

Había quedado campeón gallego de cross en 1963. Cuando el equipo de atletismo de A Coruña fue a competir a Madrid, para subir el puerto de Pedrafita tuvimos que bajarnos todos del autobús y lo subimos empujando. Al día siguiente o a los dos días, quedé segundo junior de España. Me ganó un catalán que le llamaban Joaquín Molins, que fue un político muy importante con Tarradellas y después [diputado entre 1979 y 1986 por UCD y Convergència]. Era un gran atleta, Molins.

¿Cómo un empresario de éxito se convierte en 1988 en presidente de un equipo de fútbol? Porque, además, yo sé que a ti no te gusta demasiado el fútbol.

En el fútbol, si quieres dirigir, no puedes ser forofo. Yo era buen atleta y mal futbolista, pero siempre me consideré un buen estratega. Ya con veintitantos años fui presidente del Amio [su aldea natal], el Bastavales, el Camporrapado… Lo del Compostela fue una encerrona. No había quien lo cogiera. El equipo estaba en Tercera División y descendiendo para Regional. Yo lo cogí diciendo: “Quiero subir al Compostela a Primera División en tres años”. Me dijeron que estaba loco. Si malamente podemos mantenernos en Tercera, se quejaban. Eso es lo malo, les dije. En Tercera el equipo te cuesta dinero, y en Primera no.

¿Contabas con capital para respaldar el equipo? ¿Tan bien te había ido con la empresa de motores? Porque, si no, dudo que te lo hubieran ofrecido, ¿no?

Si no me hubiera dedicado al fútbol, aquel año ya hubiera podido retirarme con muchísimo dinero. Porque no solo el taller producía. Yo especulaba muchísimo con parcelas, compraba y vendía como inmobiliaria privada... Trabajaba muchísimo y hacía muchísimo dinero. En el banco había siempre 100 millones, 150 millones… [Caneda siempre habla en pesetas]. 

Tú trajiste entonces a Arsenio Iglesias [O bruxo de Arteixo, mítico entrenador y jugador gallego que dirigió al Deportivo de A Coruña y al Real Madrid]. 

Yo cojo el Compostela y ascendimos aquel mismo año 88 y traje a Arsenio de entrenador. A mitad de temporada se lo vendí al Deportivo por cinco millones de pesetas y lo salvó del descenso. Estaban en Segunda. Arsenio firmó una cláusula por la que, si lo salvaba, le daban 25 millones. En Primera llegaría a ganar 150 millones o 200. Fue cuando Arsenio hizo dinero, porque antes no había hecho una puta peseta. 

¿Cuánto cobraba mientras lo tuviste tú de entrenador?

Vino aquí regalado. Dos millones setecientos le ofrecí, por decir algo. Cuando se fue, Arsenio me dijo que con aquel equipo que teníamos no se podía hacer nada. Faltaban ocho partidos e íbamos de octavos. Sin Arsenio, lo cogió Manolo Petaca y quedamos terceros y ascendimos.

El dinero B siempre existió en el fútbol y sigue existiendo. Los equipos hacen grandes operaciones con empresas en paraísos fiscales

¿Y quién era ese Manolo Petaca?

Un entrenador de aquí que trabajaba en Televés [entonces empresa local dedicada a las antenas de televisión]. 

O sea, un aficionado.

No tenía el caché de Arsenio. Lo del Deportivo y Arsenio es mentira. El gran auge del Deportivo fue ese gran equipo que hizo Augusto César Lendoiro, el presidente. Trajo a Mauro Silva, a Bebeto… Lo que hace grande a un entrenador son los jugadores. Lo que hizo grande al Compostela fue traer a Lubo Penev, a Passi, a Ohen… A toda esa plantilla que hoy valdría, no sé... Pues Ohen hoy valdría cien millones de euros, que se dice muy pronto.

¿Y cómo convencías a esas figuras para que vinieran aquí, a un equipiño de una ciudad de 100.000 habitantes? Tú no podías competir con ofertas económicas. Esos jugadores estaban en el Valencia, el Atlético y Real Madrid...

Son habilidades que uno tiene. Las habilidades de preguntar. A ver, ¿usted cuánto gana en el Valencia? 250 millones. ¿Y a usted le lleva Hacienda el 47%...? ¿Y si yo a usted le pongo 130 en Suiza? Allí paga un 2%, y a usted le da igual. Yo le enseñé a muchos presidentes a transportar el dinero B de Suiza para aquí.

Pero, a ver, coño, Caneda. ¿Me estás vacilando? Mira que yo lo pongo en la entrevista –le digo y se carcajea sin disimulo de mí: puro humor Caneda. 

Sí, sí [se sigue desternillando del periodista]. Lo que te quiero decir es que las cosas pasaban así. Que el dinero B siempre existió en el fútbol y sigue existiendo. Los equipos hacen grandes operaciones con empresas en paraísos fiscales, donde generan ese dinero B que a veces les hace falta. Eso lo hacen el 70% de los equipos.

¿Y eso lo podrías probar?

Yo no. Hacienda es la que lo puede probar. Pero Hacienda no ve nada. No quiere ver nada.

A veces da la impresión de que los grandes equipos están sobreprotegidos. De que al fútbol se le ha dejado hacer, se le ha dado manga ancha. No solo en la poca transparencia económica. Los ciclistas se han quejado de que sus controles antidoping dejarían asolado al fútbol.

Hoy los equipos son muy estrictos con lo del doping. Antes no eran tan rigurosos. No se hacían controles antidoping. Si un equipo se daba cuenta de que los rivales habían tomado sustancias, luego le aplicaban la misma norma. 

Al final voy a escribir algo que no debiera… se queja el periodista.

[Vuelve a retorcerse de risa] Pasaban esas cosas, ya te digo. Un día, en cierto partido, un presidente le dijo al farmacéutico: “¿No tienes un relajante, algo que no te deje dormido pero te relaje? ¿Qué les puedo echar yo a estos para que no corran tanto?”. Y, en el agua fresca del otro equipo, que era verano, el presidente echó los polvos esos, que no me acuerdo ahora cómo se llaman, pero eran muy conocidos entre la gente del fútbol. En el partido que te digo, gritaba un jugador: “¡Míster, míster! No puedo con las piernas”. Otro: “Que no veo bien”.

 

¿Cómo se compra a un jugador?

Tú imagínate que tienes un partido en el que te juegas el bacalao. Y hay un par de jugadores del otro equipo que terminan contrato y no les dan la renovación. Le ofreces un contrato por tres o cuatro años. Lo firmas, y después ya se dejan ir. Incluso hacen penalti, incluso… buah. Esas historias las hacían muchos presidentes de aquella época. Me acuerdo un día que me llamó uno de ellos, no te digo el nombre: “José María, llama a tu amigo tal por si nos puede echar mano”. Yo nunca me presté a esas cosas. Mis jugadores serán buenos o malos, pero no les voy a decir nunca que pierdan. Puedo darles una prima por ganar. Por perder, nunca. Porque mañana me lo hacen a mí. Pero sí te llamaban presidentes para ver si les ayudabas a arreglar un partido.  

Todos los aficionados notamos que pasaban y pasan cosas raras. Sin embargo, como te decía antes, a pesar de tantos indicios no se suele actuar contra los equipos de fútbol.

A quien menos le interesa investigar a los equipos de fútbol es a Hacienda. Si ahora hay un equipo que debe mucho dinero a Hacienda y lo hacen descender, automáticamente el club desaparece, y Hacienda no cobra un duro. Eso no le interesa. Pasa ahora con el Deportivo de A Coruña. Nunca va a desaparecer, porque debe mucho: 60 millones de euros. Si el Deportivo debiera solo tres millones, desaparecía mañana. Por eso Abanca se mete ahí. Sabe que no va a desaparecer [el presidente del banco gallego, Juan Carlos Escotet, firmó un préstamo de 45 millones de euros en junio del 2017 para pagar la deuda privilegiada con Hacienda y reforzar la plantilla]. Si el Deportivo sube, el presidente de Abanca hace el gran negocio de su vida.

En la época en la que crecen el Compostela, el Depor y el Celta había mucha rumorología sobre si el dinero de las drogas estaba financiando a estos equipos. ¿Hubo dinero del narco en el fútbol?

No, que yo haya visto. El único dinero del narcotráfico que vi en aquel momento fue el del Juventud Cambados, el equipo de Sito Miñanco. Lo demostraba en la calle. Venía el Cambados a jugar a Santiago y estaban una semana en el hotel del Vilas [mítica marisquería compostelana, ya cerrada]. Eso cantaba mucho. Y los Mercedes de alta gama cantan mucho. Se autodenunciaban ellos mismos, queriendo presumir de que ellos dominaban el cacao y la policía. 

¿Cómo conociste a Sito Miñanco?

Le conocí cuando el Cambados estaba en Tercera y en Regional Preferente. Y me hice amigo de él. En el trato normal era una persona maravillosa. Otra cosa era el mundo de las drogas. Sito no pudo salir de ahí. No te dejan salir de ahí los panameños y los colombianos. Ya en la cárcel, te matan. Aunque Miñanco era el gran protegido en la cárcel.

¿Quién lo protegía?

El Estado. El Estado cobró de Miñanco muchos miles de millones de pesetas. Llegaron a un pacto.

¿Algún otro narco intentó meterse en el negocio del fútbol de una forma más o menos subrepticia?

Se metían en los mejores negocios de Santiago con empresas disfrazadas. En algún sitio tenían que meter el dinero. A esta gente yo les explicaba que, a la larga, ese dinero no hay forma de esconderlo. Cae siempre.

En 1989 contratas a Fernando Castro Santos, un entrenador desconocido que te lleva el equipo de Tercera a Primera. ¿Cómo se va fabricando un equipo modesto para acercarlo a la élite sin tener pasta?

Lo de Castro Santos fue por un chatarrero de Pontevedra que compraba motores. Yo le comenté que necesitaba un entrenador con carácter, y fue él quien me lo recomendó. Y a los dos días lo fiché por doce millones de pesetas por temporada. Ya estaban cambiando las cosas. En lo de los jugadores, había muchos que desechaban el Celta y el Deportivo, y yo me fijaba en esos que tenían treinta años. El jugador de treinta años normalmente nunca te va a defraudar. Sabe que le quedan los últimos cartuchos. Y, en esos tres o cuatro años, lo va a dar todo. Esa fue mi gran jugada.

Tu relación con los entrenadores a veces no fue demasiado buena... 

Yo tenía aquello de demostrar que los entrenadores no tenían ni puta idea. Porque una cosa es entrenar un equipo y otra fichar jugadores. Ahí se pierden casi todos. No saben equilibrar equipos. Yo buscaba siempre el jugador que pudiera jugar en cuatro o cinco posiciones. Así ahorraba en jugadores. Y en vez de tener 27 en la plantilla, quería tener 19.  Le complicaba menos la vida al entrenador y me los podía traer mejores. Yo sé que tenía un don para fichar. Para fichar antes de que terminara la temporada, porque después de junio no puedes competir con nadie.

Ellos (el Ayuntamiento) querían dirigir el club sin poner dinero, colocarme vicepresidentes y directivos sin aval económico

Siempre te he escuchado decir que tus enemigos políticos, desde el principio de los éxitos, quisieron quitarte el Compos, boicotearte. 

Los del Ayuntamiento (socialista) porque creían que el equipo era de ellos. Y la Xunta del PP no me tragaba porque yo no hacía lo que ellos querían. Todo el mundo quería dirigirte.

¿Qué te pedían concretamente?

Ellos querían dirigir el club sin poner dinero, colocarme vicepresidentes y directivos sin aval económico. Y al alcalde Xosé Sánchez Bugallo el equipo le estorbaba. No lo dominaba. No podía soportar que el Compostela y su presidente salieran todos los días en la prensa y no salir él. También había directores de medios que les decían a los periodistas: si no escribís en contra de Caneda, os vais a la puta calle [da los nombres de unos cuantos históricos de la prensa deportiva gallega]. Después El Correo Gallego nos dio el premio Gallego del Año, pero no querían que yo recogiera el trofeo.

A Ohen te lo llevaste al Compos en 1991, desde el Real Madrid, cuando para la prensa era una estrella emergente, el Vinicius de la época.

A Ohen lo traje del Real Madrid cuando ya habíamos ascendido a Segunda. Tenía veinte años.

¿Y por qué no lo había querido el Madrid, si era un fenómeno?

Porque en el Madrid eran racistas. Tenían a Ohen, a Mutiu y a otro más pequeñito, y otro negrito más. Y me acuerdo que un día fui al entreno en el mes de junio, que estaba Del Bosque de míster del Madrid. Y estaban los chavales dando vueltas en la ciudad deportiva al tiqui-taca. Y le dije: “Vicente, ese ejercicio que están haciendo los chavales no vale para nada”. Y me dice: “Ahora aquí todo el mundo entiende de fútbol. ¿Tú también entiendes?”. Soy preparador físico, de eso entiendo más que tú. Les estás metiendo un casque mental, y ese ejercicio no les vale de nada. Van sudando como carneros porque hay cuarenta grados de temperatura. Y me dice: “Pues, si lo quieres, mañana te lo mando”. Y efectivamente, al día siguiente me llaman del Real Madrid: “Caneda, que ahí te va Ohen con el chófer, que te lo manda Vicente del Bosque”. Y el chófer, al dejarlo, trae un mensaje: “Me dice don Vicente del Bosque que no le dé más que 2.000 pesetas al mes”.

¿Y cuánto tuviste que pagar del traspaso?

Nada. Aunque yo no le pagué las dos mil pesetas, le puse un sueldo de siete millones. Después me llegó a costar hasta 60 millones al año, pero los valía. Al principio, el entrenador no lo ponía. Pero yo se lo dejé claro: Ohen y diez más. ¿Y de qué lo pongo? Donde te salga de los cojones. Es delantero centro pero puede jugar en cualquier parte. En su primer partido metió tres goles. Y con él fuimos a Primera. Además, era una persona extraordinaria. 

¿Y cómo te llegó Luboslav Penev, otro de los grandes, ex del Valencia y del Atlético de Madrid? Con el Atleti, antes de venirse al Compos, acababa de ganar la Liga y la Copa (temporada 95-96).

Yo había ido a ficharle a Valencia el año anterior. Me seguía la corriente, pero me ocultaba que ya había firmado por tres años con el Atleti. Y al final de la tarde me dice la novia: “José María, le voy a decir a Lubo que le diga a usted la verdad”. Y entonces ya me cuenta que tiene cáncer de testículo y que ha fichado. “Señor Caneda, si yo el próximo año estoy curado y no tengo problemas, firmo por el Compostela. Se lo juro por la Virgen”.

Aquel año del doblete del Atleti fue mi famosa pelea con Jesús Gil. Yo me fui al Vicente Calderón y, cuando Jesús Gil me ve una semana después de pelearnos, le dice al hijo: “Eh, el cabrón este hijo puta viene aquí, mira si tiene…” Y dice el hijo: “Papá, escúchalo, hombre. Ya que tiene los cojones de venir, escúchalo”. Y le digo yo: “Jesús, cállate hombre, que tienes una boca que parece un hospital: no dice más que enfermedades. Paga un café”. Y ya el hombre se tranquilizó más: “¿A qué venías?”  “Que me dijo Lubo Penev que este año quería venir para el Compostela”. “¿Pero cómo va a irse, si acaba de quedar máximo goleador del Atleti, y tal y tumba?” Pero es el acuerdo que él y yo teníamos. Y Gil llamó a Penev: “Oye, Lubo, ¿le prometiste a Caneda fichar?” Sí, se lo prometí a Caneda y a La Virgen de no sé de qué, que era muy religioso, Penev. Y le dice Jesús Gil: “Pues si se lo prometiste a la Virgen, ¡hay que cumplirlo! Si no, eres pájaro de mal agüero. Y me lo dio por la creencia religiosa”.

¿Qué te parece el fútbol femenino? 

Es el más maltratado. Desde hace mucho tiempo.

¿Tú habías cavilado un equipo femenino cuando el Compos estaba en lo alto?

Sí, y hasta me hicieron una oferta los de la Xunta. Darme un equipo de Primera División y clasificarlo para Europa. Yo les pregunté: “¿Cuánto ponéis?” No hay dinero para eso. Y se lo dije a Fraga: “¿Cómo os atrevéis a pedirme que haga un equipo femenino, para luchar por la igualdad, cuando estáis diciendo que para la igualdad y para las mujeres no dais un peso? ¿De qué carallo me hablan ustedes a mí?”

¿Te dirigías a Fraga en ese tono?

Sí. Fraga me llamó un día para reprocharme el haber criticado a dos de sus conselleiros. “¿Por qué usted critica a mis dos conselleiros, Caneda?” “No creo que lo quiera usted saber, don Manuel”. “Por favor le pido que me lo explique”. “Mire, don Manuel, esos son dos delincuentes”. [Grita imitando a Fraga] “¡No le permito que me diga eso!”. “Si no quiere saberlo, don Manuel, ¿ qué cojones me pregunta?” “¡Yo le prohíbo…!” Y yo le corto: “Usted a mí no me prohíbe nada. No es mi padre, no es mi confesor, no es mi amo. Usted es el presidente de la Xunta, y yo le tenía a usted cierto aprecio, pero a partir de ahora se lo estoy perdiendo. Aquel día terminó mi respeto a Fraga”.

Tú fuiste uno de los pocos presidentes que, en aquella época, se atrevió a denunciar a los violentos del fútbol, a los ultras que estaban consentidos, y hasta pagados y protegidos, por los grandes clubes. Eso era entonces muy políticamente incorrecto. Te hizo ganar enemigos. 

Yo fui el primero que eché a dos mil ultras del estadio de San Lázaro. En el 95 o en el 96.

¿Había en Santiago dos mil ultras? 

Cuando estuvimos en Primera, sí. El alcalde Bugallo me reprochó entonces que echara a los ultras del campo. Para quedar bien con las peñas y no perder votos…

Estaban defendiendo la violencia en el fútbol, al menos por omisión.

Claro, claro. “¿Pero quién eres tú para echar a esos dos mil?”, me gritaba el alcalde. Soy el presidente del club, el responsable de esto. Y mañana, si cae un muerto, me cae a mí. Tuvieron que morder, y a San Lázaro no volvieron a entrar los ultras. Ahora, después de tantos años, algunos de ellos aún me llaman presi por la calle y me visitan en el bar donde voy a echar la partida. Se han convertido en buenos rapaces.

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1 comentario(s)

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  1. Pablo

    Vaya lo-cu-ra de entrevista. Gracias.

    Hace 1 año 3 meses

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