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NUEVOS LIDERAZGOS EN AMÉRICA LATINA (III) / ELIZABETH GÓMEZ ALCORTA

“Territorio, escucha y trabajo en redes son los ejes de un ministerio feminista”

En esta serie conoceremos a nuevos líderes latinoamericanos. En este episodio, nos trasladamos a Argentina con la ministra de Mujeres, Géneros y Diversidad

Marcelo Expósito 26/02/2020

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La actual ministra de las Mujeres, Géneros y Diversidad del Gobierno de la Nación Argentina, Elizabeth Gómez Alcorta, nació en San Isidro (provincia de Buenos Aires) en 1972. Su designación para este Ministerio de nuevo cuño ha sido una de las que más expectación ha causado en la conformación del Gabinete del presidente Alberto Fernández. En primer lugar, porque venía siendo una militante destacada del movimiento feminista argentino. Aunque el feminismo argentino tiene una larga y rica historia experimentó un enorme salto de escala en el año 2015 como ya comentamos en detalle durante nuestra entrevista con Ofelia Fernández, diputada de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. Todo el mundo coincide en señalar que esta nueva eclosión reciente del movimiento feminista transformó muchos sentidos comunes en la sociedad argentina y contribuyó –aun sin ser un movimiento partidario– al cambio político que se materializó con la victoria del Frente de Todos en las elecciones presidenciales del pasado año 2019. Había por lo tanto mucho interés en comprobar cuál sería el reflejo de esta creciente hegemonía social del feminismo en el nuevo Gobierno.

Hay un segundo motivo por el que este nombramiento como ministra causó interés. Abogada, politóloga y socióloga de formación, Elizabeth Gómez Alcorta venía de una larga trayectoria ejerciendo la defensa de los derechos humanos frente a los abusos del Estado e interviniendo en causas judiciales relacionadas con los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico-militar argentina. Su nombre empezó a ser conocido en la opinión pública tras asumir la defensa de Milagro Sala, la líder popular indígena encarcelada en Jujuy por sus actividades políticas en el año 2016, al mes de asumir su cargo el anterior presidente argentino Mauricio Macri. La determinación con la que la actual ministra ejerció en aquel entonces como abogada la defensa de Milagro Sala fue uno de los motivos por los que este caso saltó incluso a la escena internacional.

Conocí a Elizabeth Gómez Alcorta en Buenos Aires en 2017, precisamente a raíz de nuestro recibimiento al entonces presidente Macri durante su visita oficial al Congreso de los Diputados pidiéndole explicaciones por la detención arbitraria de Milagro Sala. La entonces abogada y ahora ministra me pareció una mujer de apariencia frágil pero tremendamente enérgica en sus formas. Tiene fama de ordenada y eficiente, alguien a quien no le gusta malgastar ni hacer perder el tiempo. Dotada de una imparable capacidad de tomar la iniciativa, sin embargo no deja nunca de observar detrás de sí y alrededor: es al mismo tiempo audaz y protectora, cuidadosa en sus maneras y con una arraigada ética de lo colectivo, concibiendo siempre el ejercicio de su trabajo de una forma compartida, tejiendo vínculos y produciendo empoderamiento. Los objetivos a alcanzar le resultan siempre tan importantes como la construcción de un común en el proceso. Mantuvimos esta conversación telefónica entre Barcelona y Buenos Aires. 

Eli, ¿cómo llevas ser ministra?

[Risas] Bien, la verdad es que estamos en un momento muy particular de nuestro país y de la región, Latinoamérica. Un contexto de una crisis económica muy fuerte como la que estamos atravesando en la Argentina, pero a la vez de gran movilización de los feminismos, una movilización que se siente en la calle y que se tradujo finalmente en la creación de este Ministerio.

Te lo preguntaba además porque es bastante peculiar que tú estés ahí. Digamos que es natural que algunas personas lleguen por su condición a lugares de poder como el que ahora ocupas. Pero en tu caso, para empezar, eres mujer y las mujeres siempre sois habitualmente minoría en los Gobiernos. Es cierto que eres abogada y jurista, un perfil común de quienes están al frente de un ministerio, pero tú te has dedicado a la defensa de los derechos humanos frente a la represión y los crímenes de Estado. Y además vienes de una militancia política que no está encuadrada estrictamente ni en la tradición del peronismo ni en el recorrido del kirchnerismo. Por lo tanto, no era tan natural que fueras designada para este lugar de poder. ¿Cómo se dan las circunstancias?

Bueno, yo también me sorprendí. Por la caracterización que haces, que es bastante correcta, yo me vi sorprendida por el ofrecimiento que me hicieron tanto el actual presidente Alberto [Fernández] como la vicepresidenta Cristina [Fernández de Kirchner]. Lo cierto es que por todas esas condiciones no se me habría ocurrido a mí antes del día en que me lo ofrecieron. Creo que implica por un lado el nivel de apertura política que tiene la gestión de Alberto Fernández. Pero a la vez tiene que ver con la base social bastante heterogénea que en definitiva representa este Gobierno. Porque esa heterogeneidad del Frente de “Todos, Todas y Todes”, y no es menor que se llame de esa forma [en el logo de la coalición electoral el nombre se escribe sustituyendo la última vocal con la imagen del Sol de Mayo, haciendo que el emblema central de la bandera de la nación argentina represente de esta forma la inclusividad de género], se ve reflejada no sólo en quienes formamos parte del Gabinete de Gobierno que es muy diverso en términos ideológicos, en recorridos biográficos y políticos, sino también en la conformación de las distintas listas de diputados y diputadas, senadores y senadoras. Creo que mi presencia es una peculiaridad que podría no haberse imaginado previamente pero que en definitiva se trata de una pincelada más de la amplitud que caracteriza al frente político que hoy está conduciendo la Argentina. 

Es evidente que el movimiento feminista ha cumplido en los últimos años la función de modificar muchos sentidos comunes de la sociedad argentina. Pero me gustaría conocer tu valoración en particular de qué papel ha jugado a la hora de cambiar la correlación de fuerzas política que en definitiva te ha llevado a ti y a otras compañeras al Gobierno de la Nación.

El movimiento feminista, los feminismos, el movimiento de mujeres, las diversidades ocuparon un rol absolutamente central junto con el movimiento de la economía popular, que es otro de los grandes actores y vectores de resistencia de estos últimos cuatro años –digo, la clase obrera organizada también, ¿no?, porque resultaría falso correrlos–. Argentina tiene una gran trayectoria de movilización social en la calle que ha sido históricamente el lugar de la resistencia. En particular, el movimiento de las mujeres es muy heterogéneo, muy transversal en clave generacional. Se ha hablado en los últimos años de “la revolución de las hijas” porque son la pibas quienes han estado poniendo todo patas para arriba en términos de relaciones interpersonales, sexoafectivas, familiares... Era algo muy evidente cuando uno seguía la discusión por la Ley del Aborto en el Congreso [2018], la cantidad de diputados y diputadas que hicieron mención a que fueron sus hijas quienes las convencieron de votar a favor. Pero ha aparecido también en esta última época “la revolución de las viejas” que me parece muy importante porque ¿qué sucede con aquellas mujeres que, siendo o no feministas, sienten la discriminación, las desigualdades, las violencias habiendo sido socializadas en el patriarcado?, ¿qué lugar hay para ellas hoy en el feminismo? Hay un lugar enorme.

Se ha hablado de la revolución de las hijas porque son la pibas quienes han estado poniendo todo patas para arriba, pero ha aparecido también en esta última época la revolución de las viejas

Entonces, por un lado, me parece que todo ello ha constituido un actor central, un vector muy particular porque en un momento tan regresivo, de tanto retroceso en derechos emergieron de una forma tan contundente los feminismos que, con una claridad meridiana, nadie duda –sea del signo político que sea, tenga la formación que tenga, incluso sea cual sea la mirada que se tenga sobre ese movimiento– de la trascendencia que tuvo en este momento. Y hay que decirlo: no solamente en Argentina. Quizá haya tenido acá un lugar más destacado o más potente pero ha atravesado, aun con diferencias, a muchas regiones y países. 

Tu trayectoria es conocida por esa llamémosla doble militancia, dejando a un lado tu militancia partidaria: haber tenido un papel destacado con muchas otras compañeras en el movimiento feminista y ser abogada defensora de derechos humanos. Saltaste de hecho a la luz pública por ejercer como abogada de Milagro Sala tras su detención arbitraria en Jujuy. Recuerdo un acto público en el que participaste en Buenos Aires en el año 2018 junto con Estela de Carlotto. Allí avanzaste una reflexión bien interesante sobre la manera en que vivías el vínculo entre esos dos procesos políticos: por una parte, el movimiento que reclama verdad, justicia y reparación por los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico-militar; y por otra parte, la militancia feminista. Si bien las organizaciones de Madres y Abuelas no se han reconocido durante muchos años como feministas –quizá más últimamente– tú reflexionabas sobre cómo el protagonismo de las mujeres en esos movimientos hace que de alguna manera el vínculo entre la militancia por los derechos humanos y el nuevo movimiento feminista esté trazado. ¿Qué piensas hoy sobre esta cuestión?

Recuerdo perfectamente ese acto que decís en el que estuvimos las dos junto con Sergio, el hermano de Santiago Maldonado [el joven argentino primero desaparecido en 2017 mientras participaba en una protesta de reivindicación de tierras mapuche en la provincia de Chubut, después aparecido ahogado; su caso tuvo repercusión por haberse producido su muerte bajo circunstancias “dudosas”, según el Tribunal Federal de Apelaciones de Comodoro Rivadavia, tras la intervención de la Gendarmería Nacional], además de Pablo Iglesias, en la UMET [Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo]. Fue un acto muy emotivo porque justamente se trataba del mes de la memoria: en marzo se juntan ni más ni menos que el 8-M –el día internacional del derecho de las mujeres trabajadoras o en general el día de las mujeres– y el 24 de marzo –fecha del golpe cívico-militar de 1976– que es nuestro Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia. La posibilidad de pensar juntas esas dos luchas nos lleva a este tipo de reflexiones.

Hace poquitos días se festejó el 40 aniversario del CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales), un organismo muy reconocido en la defensa de los derechos humanos en Argentina, y una jovencita lo dijo mucho mejor que yo lo había esbozado, así que lo voy a contar. Por un lado, hay un recorrido muy fuerte en la defensa de los derechos humanos que ha modificado para siempre la institucionalidad y las posibilidades de vida democrática en Argentina. Ese recorrido tiene que ver ni más ni menos que con el proceso de memoria, verdad y justicia que atravesó este país de un modo diferente a como lo han atravesado otros países, algunos de forma muy escasa y otros negándolo. En Argentina ese proceso se ha producido poniéndole nombre a los dolores, haciendo justicia, pensando que sin memoria no se puede avanzar, haciendo un reconocimiento pero también convirtiendo todo ello en una política de Estado. Y quienes representan esa lucha, que son de algún modo un paraguas de ética, de ética pública, de ética militante, son las Madres y la Abuelas de Plaza de Mayo. Más allá de que ha existido un movimiento de derechos humanos que excede claramente a las Madres, a las Abuelas y a los Hijos e Hijas de los 30.000 compañeros detenidos desaparecidos, lo cierto es que ahí hubo la referencia absoluta de un grupo de mujeres que en la época más oscura que ha atravesado nuestro país no solamente salieron a pelear sino que además nunca cejaron y aún hoy no abandonan esa lucha.

Ese recorrido es, para cualquier militante del campo popular, una guía. Nosotras siempre decimos “del lado Norita de la vida es la militancia”: cuando no sabemos qué hacer, uno tiene que estar del lado de Norita [por Nora Cortiñas, madre de Gustavo Cortiñas, desaparecido por las Fuerzas Armadas el 15 de abril de 1977, militante histórica cofundadora de Madres de Plaza de Mayo en 1977 y posteriormente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora en 1986]. Decimos Norita porque ella es un personaje especialmente particular pero podría ser también cualquier otra. Hay algo en ese recorrido que es imposible no ver como la posta [la verdad] de las luchas que hoy retoman los movimientos de mujeres. Un movimiento de mujeres que históricamente siempre estuvieron presentes en Argentina y no hay que olvidar que hace 34 años que existe el Encuentro Nacional de Mujeres que ahora se llama Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Trans, Travestis y No Binaries, encuentros construidos de un modo único, autogestivo. El último fue el más potente, se calcula que estuvimos más o menos 500.000 mujeres en un fin de semana [12-14 de octubre de 2019 en La Plata]. Entonces, hay ahí un recorrido de luchas y de movilización que es imposible, imposible no vincularlo a las Madres y a las Abuelas. 

Entonces, como te contaba, estaba allí en la celebración del 40 aniversario del CELS la expresidenta de estudiantes del Colegio Nacional Buenos Aires. Estaba Estela de Carlotto sentada ahí con otras muchas referentes y ella, una chica de 19 años, cerró diciendo que tenía que agradecer, porque no podía pensar los feminismos sin la referencia de las Madres y las Abuelas. No era posible porque, para poder pensar sobre el derecho al goce, sobre el deseo, una tiene que estar segura de que no te van a matar, que no te van a desaparecer, que no te van a detener. Vos tenés que tener conquistados una serie de derechos y garantías en tu vida para que puedas preguntarte si es equitativa la distribución de las tareas de cuidado, si tengo derecho a goce, si es inequitativo el reparto no sólo de derechos sino también de recursos, de tiempos... Ella lo puso con esas palabras. Y para mí es de una contundencia muy clara: “yo puedo militar esto porque ellas militaron eso”.

La conexión viene además porque en las luchas más difíciles han estado en cabeza las mujeres, mujeres que muchas de ellas no se reconocían feministas, que hoy no se reconocen como feministas... Cómo negar a Evita, una mujer que no solamente nunca se reconoció feminista sino que las feministas de aquella época que en general eran liberales y oligarcas no la podían pensar como una feminista. Pero cómo no pensar en una de las mujeres que más hizo por la inclusión de las mujeres en el sistema político, que promovió el voto de las mujeres en Argentina... Si Evita o Estela de Carlotto se consideraban o no feministas, sinceramente, es lo de menos. Porque pasa lo mismo con la clase trabajadora: en su Carta abierta de un escritor a la Junta Militar, Rodolfo Walsh [periodista y escritor histórico, detenido desaparecido el 25 de marzo de 1977 por un “grupo de tareas” mientras buzoneaba clandestinamente las primeras copias de su Carta] decía que siempre se ha intentado hacer que, para la clase trabajadora, la Historia empiece nuevamente en cada uno de los sucesos; que romper la lógica de reconocernos en las luchas anteriores es una ganancia de la derecha. Por lo tanto, en términos de las mujeres pasa lo mismo: poder reconocernos en esas luchas es lo que nos potencia para entender las luchas de hoy y las que se vienen por delante.

Me preguntaba precisamente mientras observaba en estas últimas semanas tus primeros pasos como ministra: ¿cómo se traduce todo esto no solamente en implementar unas nuevas políticas de Gobierno sino incluso en generar unas formas de Gobierno nuevas? ¿Cómo se traduce ese tipo de relacionalidad política tan contundente, tan hermosa, tan potente como la que acabas de explicar en la construcción de un Ministerio nuevo? Porque no solamente tienes que impulsar políticas que son novedosas en el marco de un Gobierno, sino que además tienes que inventar, por así decir, un Ministerio que, siendo de Mujeres, Género y Diversidad, se tiene que hacer cargo de todo lo que acabas de explicar. Y pensaba: más allá de las políticas concretas que ya están encima de la mesa –porque se trata de la “legislación desde abajo” elaborada desde la base por el movimiento social–, ¿cuál es la caraterística que nos permite intuir cómo la ministra está convirtiendo la política feminista en construcción de un Ministerio nuevo? Y me parece que se pueden destacar dos aspectos. El primero es la manera de tejer vínculos, la cantidad ingente de reuniones que estáis manteniendo o la conformación un Consejo Federal del Ministerio de las Mujeres compuesto por ministros, ministras y altos cargos de todas las provincias y de la Ciudad de Buenos Aires competentes en materia de género, igualdad y diversidad. Se trata de una manera de concebir estructuralmente el Ministerio de esa forma relacional que es netamente una política feminista. 

Sí... [pensativa]. El desafío es enorme pero es hermoso. Sabiendo que no es sencillo en ningún sentido, creo que hay por lo menos algunas claves. Tenemos la posibilidad maravillosa de poder diseñar el Ministerio y componerlo íntegramente con equipos propios. Son dos aspectos que por lo general pocas personas han tenido la posibilidad de disfrutar en la vida y eso ya es un buen punto de partida. 

Nosotras tenemos algunos ejes. Por un lado está no perder nunca de vista el territorio. A veces, cuando una está pensando en un Ministerio a nivel nacional, en un Gobierno federal donde tenés Gobiernos locales, subnacionales... dado que el Gobierno está en la capital, perderse de la realidad es lo más fácil. Entonces, el territorio, es decir la imagen de tener los pies en el barro, es algo que te conecta. Cualquiera puede entender esa conexión con la tierra, la conexión con la realidad, con los problemas reales, con no hacer una política pensando sólo en los centros urbanos de clase media que es donde los feminismos tienen potencia... No sé, pienso en la primera salida que hicimos a un territorio, que fue a un territorio provincial, fuimos a Chaco. Primero tuvimos una parte de la agenda oficial y luego otra parte con mujeres indígenas. Y en el medio de todo lo que una viene años trabajando y leyendo sobre movimientos, encontrarte con mujeres que te dicen llorando que no tienen acceso al agua es una buena conexión con el territorio. 

Entonces, lo primero es el territorio. Lo segundo es la escucha. En general, en política se escucha poco porque uno siempre siente que tiene que decir algo. Pero la lógica de la escucha es muy importante. Escuchar. Escuchar qué tienen para decir porque uno no hace mejor política porque hable mucho. Hace mucha mejor política si escucha mucho. Entonces, en un país muy extenso como es Argentina con realidades muy diversas, con mucha organización política, social, sindical, lo que uno tiene que poder es escuchar. Nosotras, a cada lugar que vamos nos lo repetimos y esta es nuestra lógica: escuchar es central.

En general, en política se escucha poco porque uno siempre siente que tiene que decir algo. Pero la lógica de la escucha es muy importante. Nosotras, a cada lugar que vamos nos lo repetimos: escuchar es central

Así que vamos: territorio, escucha y trabajo en redes. Es imposible abordar y ni siquiera pensar políticas vinculadas a la violencia por razones de género ni políticas que achiquen las brechas por desigualdad sólo desde uno mismo como institucionalidad. Y tampoco alcanza con pensar esto solamente desde algo que nos está sucediendo, por maravilloso que sea, que es el poder estar pensando junto con otros Ministerios, con una acogida que es inédita para lo que nosotras imaginábamos, porque eso quiere decir que esa oleada que nos trajo hasta acá a nosotras puso también su agenda en todas las agendas. Pero más allá de eso, es imposible trabajar en redes si no lo hacemos más allá de la institucionalidad, si no lo hacemos con los municipios, con la sociedad civil, con los movimientos sociales que tienen un contacto con los territorios y una cantidad enorme de programas en inserción social, porque ya sabemos que cuando el Estado se achica lo que crece es la organización comunitaria.

Entonces, esos tres ejes diría que son los ejes clave para pensar. El día que le tomamos juramento a las funcionarias del Ministerio hicimos una presentación a la que invitamos a muchos ministros y ministras que vinieron, lo que no es muy usual. Y lo que queríamos transmitirles, y esto es algo que el equipo de conducción venimos charlando desde el primer minuto, es que nosotras creemos fervientemente y estamos convencidas de que no sólo podemos ejercer el poder de otra forma sino que además es nuestra obligación ejercerlo de un modo feminista. Ejercer la función pública de un modo feminista es pensar para dentro el trabajo de nuestro Ministerio como feminista. Y demostrar que se puede hacer política de otra forma es algo se puede hacer en un millón de situaciones. Por ejemplo, vayamos adonde vayamos, sea cual sea el lugar, si tenemos una reunión con la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) vamos las cuatro y la palabra circula, no hay alguien que tiene que hablar y otra que no, sea el cargo que sea porque somos las cuatro quienes estamos en representación. 

Te voy a contar detalles mínimos que después puedes extrapolar. Hay que pensar que después del trabajo hay una vida que tiene cada una de las personas que trabaja con nosotras y que esa vida se tiene que cuidar. Lo hacemos porque es una manera de cuidar a las personas y porque nosotras creemos que el modo de promover a las personas es cuidándolas. Entonces, si la inmensa mayoría de las que trabajamos acá somos mujeres, si muchas somos madres y muchas tenemos responsabilidades de cuidados, entonces no se fijan reuniones a las 8 de la noche ni a las 7 de la tarde. No se fijan. Primero, porque no es necesario. Y si cualquier día sucede algo por lo que haya que hacerlo nos quedaremos las que nos podamos quedar. No se trata de dar un premio ni se promueve a quien deja la vida, porque éste es uno de los motivos por los que la función pública se ha entendido y se entiende tan mal. Piensa en esto: si hay que quedarse hasta las 9 de la noche todos los días en el Ministerio lo cierto es que, efectivamente, por las cargas, por la distribución inequitativa de las tareas de cuidado, por nuestro deseo de no tener que optar entre vida privada y vida pública, es por estas infinitas razones que existen los techos de cristal [que limitan el ascenso profesional de las mujeres]. Nosotras entendemos también, por ejemplo, que no hay que hacer esperar a la gente, que no está bien que una ministra sea la última que llegue a ningún lado sino que soy la primera que tiene que estar recibiendo. 

Yo tengo una cantidad asignada de horas semanales que es lo que me permite ordenarme. Tengo, por ejemplo, una cantidad de horas que sí o sí tienen que estar vinculadas al territorio. Si alguna semana no las cumplo tengo que recuperarlas a la siguiente. Tengo también una cantidad de horas fijas para trabajo con los equipos porque las decisiones se toman así, charlando, discutiendo, y la información de lo que sucede en el Ministerio es compartida por toda la conducción. Por eso tenemos reuniones regulares de la mesa chica de conducción pero también por equipos y con las personas que trabajan en todas y cada una de las áreas, porque esto es otro modo de ejercer la función pública. Podría seguir contándote pero ahí están las claves, aunque se trate de un desafío más trascendental porque, evidentemente, nosotras tenemos que trabajar para que las desigualdades se achiquen y para que podamos vivir en un mundo sin violencia para las mujeres y las diversidades.

Pensaba mientras te escuchaba que, por trasponer aquí el lenguaje de los movimientos por los derechos humanos, hay en lo que describes una política de restitución de identidad y de reparación a los colectivos que han estado reprimidos, invisibilizados o infrarrepresentados por el Estado. Acabas de explicar cómo estáis construyendo el Ministerio hacia fuera y hacia dentro mediante una política de las relaciones, de los vínculos, de la escucha y del diálogo. El segundo elemento que a mí me parecía relevante en la construcción feminista de vuestro Ministerio es la transversalidad. Evitais que vuestro Ministerio sea la “reserva de las mujeres” dentro del Gobierno. Y, por ejemplo, una de vuestras actuaciones recientes más significativas consistió en una jornada de capacitación para el conjunto de los altos cargos del Gobierno. La transversalidad consiste en este caso en que el Ministerio forme desde un punto de vista feminista al conjunto de la estructura de Gobierno. 

Sí, voy a serte absolutamente sincera. Yo pensaba que a nosotras nos correspondería estar atrás de los otros Ministerios. Y evidentemente hay algo que tiene que ver, como te decía, con el movimiento de las mujeres en sí, con lo que ya se impuso, que ya es territorio ganado. Pero también hay una fuerte decisión política por parte de Alberto Fernández para que esto sea un tema prioritario. Nosotras le llevamos al Gabinete de Alberto Fernández la propuesta de capacitación y en menos de cuatro días fijó fecha y quiso que no solamente fuera para él sino para todos los ministros y ministras, secretarias y secretarios de Estado. En casos como éste se conjungan los dos aspectos que te mencionaba y... ¿qué generó? Generó que un presidente se sentara, escuchó una clase, cuando terminó la clase se le dió el micrófono y dijo: “Yo hoy no tengo nada para hablar. Yo vine para cumplir la ley y aprender”.

Esa gestualidad generó que desde el club de fútbol Boca Juniors hasta sindicatos, empresas, todo el Estado, todos los municipios quieran capacitación en género. Era imposible que en el momento en que tuvo ese gesto supiéramos que iba a generar ese derrame que no en la economía pero sí en otras cosas llega [risas]... Cuando nos llamaron clubes de fútbol yo decía: “Claro, ven a un presidente que es un señor mayor, varón, con bigote que se sienta a tomar esta clase y se generan estos cambios que son centrales”. Ahora, yo también te diría que ya en el segundo día de comenzar la gestión de Gobierno tuvimos una reunión con el Ministerio de Educación, pero la reunión nos la pidió el ministro Nicolás Trotta y ya venía con una agenda propia para trabajar en conjunto. Y si todavía no nos hemos reunido con todos los Ministerios es ni más ni menos que porque no damos abasto para cumplir con todas las demandas de compartir agendas. La transversalidad... nosotras estamos sorprendidas de la demanda que tiene nuestro Ministerio para pensar agendas en común, consultarnos o preguntarnos... Eso es algo maravilloso que, francamente, no lo hubiésemos podido imaginar que pudiera suceder, al contrario, pensábamos como te decía que íbamos a estar detrás. 

El otro día armamos algo que no existía en la Argentina: empezar a pensar a nivel nacional las políticas de cuidados. Y logramos sentar en una misma mesa a los Ministerios de Economía, Trabajo, Salud, Desarrollo Social, Educación, las agencias nacionales de recaudación, previsional [jubilaciones], discapacidad... Vinieron todas la máximas autoridades a hablar del sistema de cuidados. Faltó Martín Guzmán [el ministro de Economía] pero vino el viceministro de Economía [Haroldo Montagu]. Eso, que no se queda en la gestualidad porque todo el mundo que vino tenía algo que aportar para empezar a trabajar de manera integral, nos sorprendió porque habla de que efectivamente estamos dentro de un cambio de paradigma que no se corresponde con la mala o la buena tarea que estemos haciendo nosotras hoy, que somos unas funcionarias de paso. Tiene que ver con la doble clave de una decisión política y a la vez de un movimiento que logró imponer su agenda, que esto sea parte de la discusión cotidiana, que se habla en los diarios, que se habla en los fines de semana en las casas, que se discute en las escuelas... Y entonces, bueno, por eso se sientan ministros y representantes de agencias estatales a pensar qué vamos a hacer con la inequidad en el sistema de cuidados. Eso es lo maravilloso de lo que estamos viviendo nosotras.

Es muy emocionante lo que estás explicando y daría para extenderse. Pero como tenemos que ir acabando te pregunto: ¿qué va a pasar con la Ley del Aborto y cuáles son otras leyes urgentes que queréis impulsar?

A ver, qué va a pasar con la Ley del Aborto... El presidente anunció –porque fue parte de su campaña presidencial, uno de sus ejes en el debate electoral y que sostuvo después de asumir el cargo– que va a enviar por primera vez desde el Ejecutivo al Congreso de la Nación la propuesta de tratamiento de una Ley para la legalización del aborto. Ya pasamos en el 2018 por un proceso legislativo que obtuvo media sanción [su aprobación previa en el Congreso, después rechazada en el Senado]. Pero vamos a tener por primera vez un proyecto enviado por el Poder Ejecutivo, esto me parece clave. ¿Qué va a suceder? Va a suceder las reglas de la democracia. No sabemos exactamente todavía la fecha en que se va a enviar porque eso forma parte de una decisión estrictamente del presidente. Pero sí sabemos que en paralelo se va a enviar otra Ley en la que estamos trabajando junto con la de interrupción del embarazo, para la creación de un programa de acompañamiento a las maternidades por parte del Estado. Incluirá el apoyo social para aquellas mujeres que se encuentren embarazadas con el fin de que no tengan ningún tipo de obstáculo si quieren continuar con su embarazo. La idea fuerte es que el Estado acompañe las decisiones que tomen las mujeres, sean las decisiones que sean, que no haya factores externos que interfieran en el plan de vida de cada una de las mujeres a quienes, sin importar ideología ni posición social, el Estado debe acompañar.

Tenemos en Argentina una población de mujeres trans con una expectativa de vida de entre 35-38 años, cuando la expectativa de vida promedio de las mujeres es de 79 años. Entendemos que es una urgencia

Y para nosotras –por acabar aunque hay muchos temas– existe un punto clave que tiene que ver con el cupo laboral trans. Tenemos en Argentina una población de mujeres trans con una expectativa de vida de entre 35-38 años, cuando la expectativa de vida promedio de las mujeres es de 79 años. Entendemos que eso es una urgencia y una situación de injusticia que está vinculada no solamente con el abandono de una población concreta por parte del Estado sino además con el ensañamiento que el Estado les inflije de infinitos modos. Entonces, ahí hay una obligación de intervención urgente que está vinculada por un lado con todo lo que tiene que ver con la inclusión en el mundo del trabajo, después tiene que ver con el tratamiento y la protección frente a la violencia institucional y finalmente se necesita trabajar muy fuerte en una política de salud inclusiva. Para ello estamos ya trabajando con el Ministerio de Educación pensando becas de inicialidad y terminalidad secundaria para personas trans, y explico esto porque, aunque a veces puede haber por ejemplo un cupo para que puedan ingresar en la administración pública las personas trans, no cumplen con los requisitos mínimos que se exige. Hay que pensar esto que no es una solución de un día para el otro pero es una deuda muy grande que tenemos desde muy atrás con una población vulnerada sistemáticamente, lo que para nosotras es una prioridad absoluta.

Argentina tiene por primera vez, en nuestro Ministerio, una subsecretaria de Estado trans que es Alba Rueda, un orgullo tenerla en el equipo, y también en este asunto hay una decisión muy fuerte por parte del Gobierno argentino: mañana se va a estar entregando el DNI número 9.000 a una mujer trans y lo vamos a estar haciendo en la Casa Rosada [la sede del Gobierno]. Eso, que es un símbolo, la Casa Rosada abierta reconociendo derechos a mujeres trans forma parte de estos cambios de época que nos ponen tan contentas por estar siendo protagonistas. 

 

 

 

 

 

 

 

 

La actual ministra de las Mujeres, Géneros y Diversidad del Gobierno de la Nación Argentina, Elizabeth Gómez Alcorta, nació en San Isidro (provincia de Buenos Aires) en 1972. Su designación para este Ministerio de nuevo cuño ha sido una de las que más expectación ha causado en la conformación del Gabinete del...

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Autor >

Marcelo Expósito

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