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Nicola G. Abrescia / virólogo estructural de Ikerbasque en CIC bioGUNE

“Los virus han contribuido mucho al desarrollo de la vida desde su origen”

Gorka Castillo Madrid , 21/03/2020

<p>Nicola G. Abrescia.</p>

Nicola G. Abrescia.

Cic Biogune

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Hay inquietud por el avance de esta nueva guerra mundial que en nada se parece a las dos que tuvieron lugar antes. El enemigo de ahora no es un ejército con tanques y bombas sino un pirata celular invisible, con una capacidad replicante muy alta que se transmite con facilidad entre seres humanos y ataca a las personas físicamente más vulnerables. El miedo es el primer patógeno del Covid-19 pero el virólogo Nicola G. Abrescia (Monza, 1968) exige precaución a la hora de informar y opinar sobre sus consecuencias. “Tenemos una ventaja: Este virus no es desconocido para la comunidad científica porque la familia de los SARS lleva tiempo apareciendo y desapareciendo por el mundo”, repite en varias ocasiones durante esta entrevista realizada por vía telefónica. Abrescia lleva 12 años explorando virus y las maneras de atajarlos como investigador principal del centro de alta tecnología Ikerbasque del Centro de Investigaciones Científicas bioGUNE de Derio, en Bizkaia. Aquí llegó procedente de Oxford, “donde la cultura virológica es muy alta, como en todo Inglaterra. En Madrid hay una escuela muy importante también”, añade. Habla con mucho respeto del organismo vivo más odiado por la humanidad, los virus, porque “han contribuido al desarrollo de la vida desde su origen y viven una simbiosis total con el huésped que, en ocasiones, es el ser humano”. Pero reconoce que el miedo le ha pasado factura también a él, sobre todo porque una parte de su familia se mantiene aislada en Milán y otra en el sur de Italia. “Nuestra sociedad no está acostumbrada a un tipo de amenazas que, pensábamos, solo podían surgir lejos de nuestra casa, siempres lejos de nosotros. Y eso es una novedad que va a cambiar nuestra percepción”, afirma.

¿Le ha sorprendido la rápida propagación del Covid-19?

Bueno, más que extrañarme lo que me confirma es que el grado de movilidad en Italia y España, por nuestros hábitos sociales, es mayor que en otros países. Hay que tener en cuenta que el principal factor que determina la expansión de virus es el social. Otro muy importante es la violencia del virus y, finalmente, el ambiental. Si no se contienen esas tres causas de forma conjunta, la extensión es inevitable. Hasta que tengamos antivirales o vacunas testadas, la manera más efectiva de contenerlo es aplicar el tratamiento social. Es decir, utilizar hábitos higiénicos de forma muy exhaustiva y de manera frecuente, intentar socializar lo menos posible y esperar a que las temperaturas se eleven porque la probabilidad de trasmisión va a disminuir. En este sentido, España puede tener un poco de ventaja respecto a Italia o China por la cercanía de la primavera y el verano. Este tipo de virus pueden volverse más vulnerables con el calor. 

Con el precedente de Italia, ¿es partidario de endurecer las medidas de contención?

Es una pregunta muy compleja. Hay un riesgo real de que el sistema de salud colapse. Por lo tanto, creo que lo fundamental ahora es que todos obedezcamos y respetemos las líneas que se están implementando y que cada uno, cívicamente, sea consciente de las consecuencias individuales que pueden acarrear sus movimientos. Viendo la evolución que se ha seguido en Italia, yo acepto el endurecimiento de las medidas en España para garantizar que los hospitales y centros de salud no se saturen. El bien mayor de la sociedad ahora es detener la propagación de este virus, no quitar libertades. Lo veo claro. La primera área confinada en Italia fue la ciudad de Codogno, en Lombardía, y ahora comienzan a notarse los beneficios de la medida porque han empezado a frenar la transmisión, no hay más contagios registrados.

Pero la situación es tan inaudita que resulta fácil caer en la confusión, incluso en el alarmismo colectivo.

Hay que ser muy cuidadoso a la hora de informar y opinar sobre las consecuencias de esta pandemia. Debemos extremar el sentido de la responsabilidad. Una infección vírica de este tipo se puede manejar, pero el pánico o la ansiedad colectiva es difícil de reconducir y no ayuda a la contención. No vivimos una situación similar a la del ébola, donde el 50% de los infectados se moría. Este virus no es desconocido para la comunidad científica porque la familia de los SARS lleva tiempo apareciendo y desapareciendo por el mundo. Tenemos esa ventaja. Por lo tanto, creo que favorece más crear una alerta social que una alarma y no saturar los hospitales.

Este virus no es desconocido para la comunidad científica porque la familia de los SARS lleva tiempo apareciendo y desapareciendo por el mundo

Pero la reacción de la gente ante un paquete de medidas de control tan férreas y generalizadas siempre es imprevisible.

Desde luego. Es inaudito. Nuestra sociedad no está acostumbrada a un tipo de amenazas que, pensábamos, sólo podían surgir lejos de nuestra casa. El zika, en América. El ébola, en África, el MERS o el SARS 1, en Asia. Siempre lejos de nosotros. Ahora estamos viendo que cualquier cosa que pueda suceder a 10.000 kilómetros de distancia también nos puede afectar. Y eso es una novedad que va a cambiar nuestra percepción. Creo que el pánico social que se está produciendo no viene solo del miedo a morirse, algo que siempre está presente, sino de que nuestro particular mundo de seguridad ya no lo es tanto.

¿Esta experiencia puede servir para modificar el modelo de vida, tal y como se ha conocido hasta ahora?

Hombre, yo espero que esto sirva, al menos, para replantearnos la globalización de otra manera. Y hacerlo de una manera positiva. En esta crisis se están mostrando esfuerzos conjuntos muy importantes. China, por ejemplo, ha hecho un trabajo de contención del virus enorme y hay que reconocérselo. También creo que nuestra sociedad debería aprender para tener una mayor cultura virológica, que es una herramienta de conocimiento muy útil para filtrar con corrección lo que está pasando y no caer en la ansiedad que provocan las informaciones que se transmiten desde algunos medios. Y, por supuesto, deseo que sirva para potenciar el sistema sanitario porque virus de este tipo aparecen, desaparecen y algunos se quedan. Hay diez veces más virus en la biosfera que la suma de todos los organismos juntos. Por eso es tan importante la investigación. Nos ayuda a conocerlos mejor y a actuar con más rapidez.

En situaciones como esta parece que los virus son los verdaderos dominadores de la vida en la Tierra.

No lo son, porque no pueden dominar. Cuando un virus, por muy letal que sea, se adapta a un huésped intenta mantener un balance. No pueden matarlo porque si no se matan ellos también. Y es probable que pierdan fuerza cuando incrementan su transmisión. No pueden ser siempre virulentos porque entonces no encontrarían el huésped donde replicarse. Conviven con nosotros pero no dominan. Obviamente, cuando brota uno letal o peligroso debemos protegernos con vacunas y antivirales para defendernos. Ellos, claro, no tienen percepción de nada de esto. Son simplemente parte de la naturaleza, exactamente igual que nosotros.

¿Qué le atrajo de unos organismos que causan pavor con sólo nombrarlos?

Eso es porque no nos enseñan que los virus son parte de la vida. Es cierto que no son seres vivos en sentido estricto, organismos celulares, como un perro o un gato. El problema es que no los vemos y eso produce miedo. Pero a mí me producen un gran interés. Ellos han contribuido mucho al desarrollo de la vida desde su origen y viven una simbiosis total con el huésped que, en ocasiones, es el ser humano. Me gusta trabajar con virus humanos y animales que se puedan intervenir para encontrar la manera de atajarlos, a través de inhibidores de entrada o parando su replicación. Y aprendes mucho. Muchos de los mecanismos que ellos adoptan te enseñan mucho del funcionamiento de los sistemas celulares. Al ser las entidades más simples de una célula, te hacen entender el funcionamiento de organismos celulares. Lo que me fascina de los virus son sus múltiples facetas. Es cierto que algunos son asesinos pero otros son buenos para nosotros. Por ejemplo, un área de la terapia genética utiliza virus modificados por el hombre para que puedan llevar el gen reparador que cure enfermedades raras. Por eso es importante investigarlos.

Todo el conocimiento sobre el genoma es público, algo que no era común hace mucho tiempo, para que alguien, quien sea, avance rápido

Habla de los virus con una cierta empatía. Como si fueran perros o gatos.

No, para nada. Los virus dañinos son un desafío porque te obligan a buscar soluciones para que algunas cosas que pueden provocar no sucedan y los buenos son herramientas extraordinarias para la curación de enfermedades. Pero no siento cariño por ellos. En absoluto. Ni siquiera los entiendo porque no son conscientes de nada de lo que sucede a su alrededor. Pero son simbióticos con nosotros.

¿Existe coordinación internacional en el estudio de virus como el SARS-Cov2?

La colaboración internacional es muy fluida en este campo. Los investigadores chinos y los occidentales intercambian mucha información. Todo el conocimiento sobre el genoma es público, algo que no era común hace mucho tiempo, para que alguien, quien sea, avance rápido. Hay voluntad de estudiar e investigar, de tener herramientas sobre los virus en general. Muchos de ellos han sido eliminados de la circulación. Al VIH hemos logrado convertirlo en una enfermedad crónica aunque nos costó muchísimo. Soy optimista y creo en el conocimiento del ser humano. No soy de películas apocalípticas sobre virus que arrasan con la humanidad.

Este coronavirus es de la familia del SARS-1, que en 2002 causó una alta mortalidad en Asia, el 10% de los infectados, pero se logró erradicar con relativa rapidez. Este de ahora, el Covid-19, es mucho menos letal pero bastante más contagioso. ¿Terminará expandiéndose por todo el mundo?

Analizando los diferentes focos que han aparecido y la consideración de pandemia declarada por la OMS es muy probable que mucha gente acabe infectada. Alemania estima que un 60% o un 70% de su población. Aquí nos asustamos, evidentemente, por la mortalidad porque como sociedad nos choca que el causante de esta alarma sea un virus aunque sus números no sean de los más elevados en comparación con otros. La cuestión clave, por lo tanto, es su transmisibilidad, es decir, que de repente se agolpen muchas personas en una UCI y colapse el sistema sanitario. Por lo que sabemos, aunque nos infectemos todos, muchos lo vivirán como un virus más. Pero es mejor ser cauto en la predicción. Por eso es importantísimo aislar a las personas vulnerables, sobre todo mayores, que son las que padecen la infección. Los estudios destacan que aquellas sociedades con una población más envejecida podrían registrar un índice de mortalidad más alto.

Si la propagación del SARS-Cov2 es tan alta, ¿existe el riesgo de que mute y pueda volverse más resistente o peligroso?

Los virus tienen una intrínseca capacidad de mutación porque la replicación de su genoma no es tan fiel como la nuestra y, de vez en cuando, produce errores. Por lo tanto, las mutaciones siempre pueden ocurrir pero ya sabemos que cuando un virus pasa de una persona a otra es que se está adaptando y, a veces, en esa adaptación también se produce una atenuación. Por eso es muy importante genotipar al virus en los diferentes brotes registrados en el mundo porque eso no permite ver su evolución, si esas mutaciones están ocurriendo o no, y hacer predicciones. Lo que sabemos es que cuando un virus se replica muchas veces dentro de un mismo sistema celular se acaba atenuando. Y esto es buena señal porque lo que hace el virus es no matar al huésped porque lo necesita para seguir replicándose.

¿Cuánto se tardará en fabricar y probar una vacuna contra el COVID-19?

En general, cuando se intenta crear una vacuna contra un virus, dependiendo de cuánto se conozca de él, puede tardar desde meses hasta años. Ahora bien, el SARS2, el coronavirus, no es un virus absolutamente nuevo para nosotros. Es muy parecido al SARS1 excepto en algunas proteínas como la glicoproteína S. Ya hay una investigación en marcha. Para generar una vacuna se puede emplear entre tres y seis meses pero el problema no es ese. La dificultad son los tiempos que se necesitan para validarla, que es un dato muy importante, porque para dispensarla en una población tienes que estar seguro de que tenga una alta efectividad y que no genere efectos secundarios. Y, aunque puedes acelerar el proceso, los tiempos pueden ser largos porque tienes que realizar estudios en cohortes, etc. En torno a un año o año y medio. La aprobación de una vacuna no es trivial. Aunque tengas un prototipo de vacuna en laboratorio, testarla lleva tiempo. Hay laboratorios que están tratando de encontrar antivirales, que son muy importantes porque actúan de otra manera y se sabe que en algunos casos que ya se están usando, como los del ébola, parece que están funcionando. Toda esta información es muy útil para construir y optimizar antivirales para este coronavirus.

Hay inquietud por el avance de esta nueva guerra mundial que en nada se parece a las dos que tuvieron lugar antes. El enemigo de ahora no es un ejército con tanques y bombas sino un pirata celular invisible, con una capacidad replicante muy alta que se transmite con facilidad entre seres humanos y ataca a las...

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