1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Coronavirus

Trump y el Estado fallido

El darwinismo social se extiende ante una emergencia sanitaria tratada de la misma forma que otras crisis humanitarias preexistentes, aplicando la máxima del sálvese quien pueda

Azahara Palomeque 26/03/2020

<p>El presidente Donald Trump en una rueda de prensa sobre el coronavirus el 23 de marzo de 2020.</p>

El presidente Donald Trump en una rueda de prensa sobre el coronavirus el 23 de marzo de 2020.

shealah_craighead / The White House

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Fayth traga saliva. Su trabajo estable, que consiguió tras sacarse dos títulos universitarios por valor de 100.000 dólares en préstamos que todavía arrastra, no le ofrece seguro médico. “Confío en que no me pase nada”, afirma, pero no puede evitar un tono que, aun mediado por la distancia telefónica, suena a temor y a angustia. No es la única que vive preocupada. Kathy, embarazada de ocho meses y medio, me confesó hace poco que le iban a inducir el parto. Le pregunto que por qué, si el bebé viene sano y lo normal sería esperar a que naciera de manera natural. “Los médicos esperan una avalancha de pacientes en pocas semanas; me han dicho que es mejor dar a luz ahora, antes de quedarse sin equipo, sin camas…”. En Philadelphia, una ciudad cuyos principales motores económicos son la educación y la medicina, conocida nacionalmente por sus centros de investigación y hospitales, están tomando medidas preventivas antes de que ocurra el colapso que ahora vive Nueva York. Epicentro de la pandemia en Estados Unidos, alberga al 5% de la población mundial de afectados por el coronavirus y no cuenta con los medios suficientes para atender a los casos críticos. Le doy ánimos, saldrá todo bien, no te preocupes, hasta que noto que el móvil vibra y alguien más manda noticias: “Nos vamos a Canadá”, reza un mensaje de Paul. Otro amigo que desaparece buscando la atención de una sanidad pública que no discrimine según el bolsillo. Ya lo hicieron también algunos españoles que conozco.

Nueva York alberga al 5% de la población mundial de afectados por el coronavirus y no cuenta con los medios suficientes para atender a los casos críticos

Desigualdad intrínseca

Debido al coronavirus, pero también a la pésima gestión política y a las características inherentes a un Estado del bienestar que ha sido progresivamente sustituido por la codicia corporativa, Estados Unidos vive una crisis de salud pública que arrastra al país hacia una catástrofe humanitaria. Aunque no existe un conteo fiable de las carencias a nivel nacional, representantes de todo el territorio ya han denunciado la falta de suministros sanitarios: en Nueva York, el gobernador pedía abiertamente la ayuda federal en la adquisición de respiradores –hay 3.000 en todo el estado, pero precisan de 30.000 más–; en Georgia, un hospital agotaba los recursos de cinco meses en apenas seis días.

Al margen de los casos que la prensa recoge, surgen historias personales que dan cuenta de la emergencia. Por Facebook, Laurie pide desesperada que le mandemos camisetas viejas para poder confeccionar mascarillas; las enviará a una clínica de Oregón, donde trabaja un familiar, médico y ya no quedan. La tela de esta prenda, informa el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés), cumple los requisitos para proteger mínimamente del virus, aunque también recomiendan utilizar pañuelos o bufandas en caso de que sea necesario.

Si el nivel de desprotección de la población general es evidente, hasta el punto de que el organismo oficial encargado de la pandemia, el CDC, ofrece directrices para la fabricación casera de material médico, también lo es el fracaso del sistema sanitario más caro del mundo, y donde los resultados son, proporcionalmente, más nefastos. Más de medio millón de personas se declaran anualmente en bancarrota por no poder hacer frente a los gastos médicos, y unos 28 millones de estadounidenses no cuentan ahora mismo con seguro médico, a los que se suman 11 millones de inmigrantes indocumentados. En contra de lo que suele pensarse, no son solo los sectores más desfavorecidos los que sufren las injusticias de la sanidad americana, sino también las clases medias, aquellos a quienes, como a Paul, profesor universitario, les costaría asumir los costes de una simple visita a urgencias, incluso con seguro. Frente a estas circunstancias, no es de extrañar que más del 40% de la población del país evite acudir al médico por miedo a las facturas. No hace falta recalcar que, en tiempos de pandemia, esta tendencia puede resultar catastrófica.

Más del 40% de la población del país evita acudir al médico por miedo a las facturas. No hace falta recalcar que, en tiempos de pandemia, esta tendencia puede resultar catastrófica

El coronavirus ha destapado una serie de inequidades intrínsecas a la sociedad americana que se encontraban bien asentadas antes de la pandemia: a la falta de sanidad pública se puede añadir la práctica total carencia de una red de servicios sociales que en otros países componen el Estado del bienestar; así, por ejemplo, la ciudad de Nueva York fue de las últimas de la zona en cerrar los colegios. Alegó que 114.000 estudiantes vivían sin techo y el centro educativo era el único lugar al que podían acudir para obtener alimentos. Hay hambre e indigencia en una proporción inaceptable para una potencial mundial y casi la mitad de la población sobrevive en condiciones de dificultad financiera –eufemismo para indicar pobreza–. Si existe un valor que compensa la precariedad dominante y mantiene la maquinaria del capital a flote, ese es el trabajo. Sin embargo, en un país donde el empleo constituye la base sobre la que cada cual se aprovisiona de lo necesario para subsistir, la emergencia del COVID-19 ha dejado claras las limitaciones del individuo frente a adversidades de tal calibre. La autoexplotación neoliberal que teorizaba Byung-Chul Han es insuficiente para asegurar casa, salud, y comida; sin un mantenimiento del aparato público, la vulnerabilidad crece hasta niveles inusitados ante el menor imprevisto. Ahora que tantas empresas han echado el cierre y más de un millón de estadounidenses viven confinados en sus hogares, las estadísticas auguran un 30% de paro, lo que transciende las fronteras de indicador macroeconómico para convertirse en una profecía del desastre.

La economía primero

Desde los comienzos de la crisis Trump se ha esforzado por transmitir un irresponsable optimismo en aras de evitar la reacción de unos mercados que le han negado precisamente esa confianza que buscaba. Según informa Politico, los esfuerzos presidenciales se han concentrado en mantener las cifras de contagios lo más bajas posibles, presionando a su gabinete para que difundiese únicamente buenas noticias, a pesar de que muchos miembros de su equipo sospechaban que el virus llevaba semanas propagándose silenciosamente. A la censura institucional de facto, se añade la escasez de test disponibles que permitan esclarecer el número de infectados. Así, a pocas horas de la declaración del estado de emergencia el pasado día 13 de marzo, las cifras apenas alcanzaban los dos mil casos positivos por coronavirus, lo que contrastaba significativamente con estimaciones de otros organismos oficiales: el Departamento de Salud de Ohio calculaba por las mismas fechas un 1% de contagiados solo en ese estado, aproximadamente 100.000 personas. En el fondo, ha sido la alarma dada por los diferentes estados y municipios lo que ha hecho a Trump tambalearse en una estrategia de gestión de la pandemia que, si en un inicio congeniaba con la misma pasividad que esgrimió al principio su aliado Boris Johnson, fue mutando hacia un posicionamiento de mayor cautela en constantes discursos llenos de contradicciones. El federalismo, ayudado por la prensa, ha permitido a algunas zonas de país tomar medidas de contención frente a la pandemia. Estados como California, Washington, Illinois o Nueva York han decretado un confinamiento obligatorio y se han cerrado los negocios considerados no esenciales en buena parte de ambas costas; pero el deseo de frenar la curva, heterogéneo y descentralizado, no ha logrado trasladarse al Despacho Oval, donde la preocupación por la salud de los ciudadanos vuelve a ser secundaria frente a la necesidad imperiosa de salvar el tejido empresarial.

En el Despacho Oval, la preocupación por la salud de los ciudadanos vuelve a ser secundaria frente a la necesidad imperiosa de salvar el tejido empresarial

Trump es metamórfico, pero hay una constante que subyace a todos los disfraces, la anteposición de la economía a todo lo demás. Justo en un año en que la hecatombe anunciada podría costarle la reelección en noviembre. Mantener los mercados a flote ha constituido la prioridad en su gestión de la crisis desde su fase embrionaria –cuando, obcecado aún en el negacionismo, identificaba el virus como una amenaza extranjera– hasta la más actual. Poco importó que algunas agencias de la inteligencia americana hubieran avisado del riesgo de contagio en Estados Unidos en enero, la cuestión era aplazar a toda costa la alarma social. Hasta que la caída bursátil le devolvió el elefante en la habitación, según la expresión en inglés. Desde entonces, las pocas medidas sanitarias comunicadas contrastan con la magnitud de las económicas. El 6 de marzo, el presidente anunció un desembolso federal de 8,3 miles de millones de dólares para el desarrollo de una vacuna, y Mike Pence, el vicepresidente, aseveró días más tarde que muchos seguros no cobrarían a sus pacientes por el test de coronavirus –aunque sí lo harían por la consulta y los tratamientos derivados. Frente a esto, la última iniciativa, sin precedentes en la historia estadounidense, consiste en inyectar dos billones de dólares a la economía. La propuesta de ley, aprobada la madrugada del 25 de marzo en el Senado tras múltiples luchas entre demócratas y republicanos, incluye una serie de prestaciones a los trabajadores –tales como bajas por enfermedad pagadas–, ayudas a los estados, y una partida de 500.000 millones de dólares para rescatar a las empresas más afectadas por la crisis. Sea como fuere, la urgencia económica parece conformar la última fase de la metamorfosis. El elefante se hizo visible cuando Trump proclamó, contradiciendo a los expertos, que las aguas volverían a su cauce; es decir, el fin cercano de las medidas de contención del virus –“en semanas, no meses”– en pro de mantener la maquinaria neoliberal bien lubricada.

Vulnerabilidad absoluta

La estrategia de Trump frente al COVID-19 es coherente con el statu quo: en un país donde los enfermos no importaban antes de la pandemia, ¿por qué habrían de preocuparles ahora? El darwinismo social que predomina en la vida estadounidense se extiende así a una emergencia de salud pública que está siendo tratada de la misma forma que otras crisis humanitarias preexistentes, aplicando la máxima del sálvese quien pueda. En este sentido, no sorprenden las declaraciones recientes del vicegobernador de Texas, Dan Patrick, en las que defiende que los mayores deberían sacrificar la vida para favorecer la prosperidad de sus hijos y nietos. Entre el grupo de mayores se encontraba él mismo, quien, cuan novio de la muerte, asumía su pronosticada defunción con tal de mantener intacta “la América que toda América ama”. La aseveración suicida del vicegobernador no debería eclipsar el mensaje latente bajo esa pátina de falso heroísmo: si por encima de todo prima la mano invisible del mercado es porque esta se encarga sistemáticamente de arrojar al abismo a los de siempre. Con coronavirus o sin él, la estrategia sigue siendo la misma, y lo único que el virus ha logrado transformar es el grado de visibilidad de una tragedia que ocurre a diario. La América que toda América ama está plagada de muertes silenciosas por falta de atención sanitaria accesible, de precariedad y endeudamiento masivos, de falta de servicios sociales públicos que dignifiquen la vida del ciudadano, de un individualismo tan recalcitrante que ha impulsado la compra de armas en una búsqueda desesperada de muchos por hallar la protección que el estado no garantiza. El virus no es el problema, solo lo acucia y revela la vulnerabilidad absoluta a  la que aboca un Estado fallido.

Autora >

Azahara Palomeque

Es escritora, periodista y poeta. Exiliada de la crisis, ha vivido en Lisboa, São Paulo, y Austin, TX. Es doctora en Estudios Culturales por la Universidad de Princeton.   Para Ctxt, disecciona la actualidad yanqui desde Philadelphia. Su voz es la del desarraigo y la protesta.

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

3 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. cayetano

    Un estado es fallido cuando no tiene capacidad de conformar el comportamiento social, bien por coacción o legitimación, de momento parece que EE.UU tiene capacidad de conformar dentro y fuera de sus fronteras. Podrá ser un estado fallido desde consideraciones políticas, sociales, morales, eticas, religiosas..., de eficiencia social o humanista, pero desde luego no es fallido-ni mucho menos- en su capacidad de conformar, ordenar el comportamiento, por muy desastrosa y cruel que pueda ser la opción ante la crisis epidémica. Un cordial saludo.

    Hace 1 año 1 mes

  2. minúscula

    Más que estado fallido, que también, el historiador Patrick Wyman narraba en un texto magnífico con una descripción milimétrica las señales actuales para identificar el paralelismo con la caída de un Imperio... Son las pequeñas cosas... Pocas cosas más pequeñas que un virus #covid19)¡--- Pase y lean :-) https://www.motherjones.com/media/2020/03/how-do-you-know-if-youre-living-through-the-death-of-an-empire/

    Hace 1 año 1 mes

  3. Roberto

    No me había planteado calificar a Estados Unidos como un Estado fallido hasta ahora. Pero sí, todos los condicionantes individuales considerados de manera conjunta, es decir, cuando en un país priman las finanzas por encima de todo lo demás, se llega a la conclusión de que se trata de un Estado fallido, como cualquier otro régimen dictatorial.

    Hace 1 año 1 mes

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí