1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

  281. Número 281 · Febrero 2022

  282. Número 282 · Marzo 2022

  283. Número 283 · Abril 2022

  284. Número 284 · Mayo 2022

  285. Número 285 · Junio 2022

  286. Número 286 · Julio 2022

  287. Número 287 · Agosto 2022

  288. Número 288 · Septiembre 2022

  289. Número 289 · Octubre 2022

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Huertopía

¡Hasta la victoria, siembre!

En el escenario de paro y desigualdad social cronificada del postCovid-19, los huertos urbanos, ligados a redes vecinales y de solidaridad, deben ser un dique más de contención contra el riesgo de que la extrema derecha arraigue en los barrios

Jose Luis Fdez. Casadevante ‘Kois’ / Nerea Morán Alonso 29/04/2020

<p>Huerto urbano.</p>

Huerto urbano.

Diario de Madrid / (CC BY 4.0)

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Imagina que las reservas de semillas para cultivar alimentos se han agotado porque mucha gente está montando espacios de cultivo en casa, que miles de agricultores urbanos están coordinándose mediante Internet para acompañar a toda una nueva oleada de hortelanos, que parte de los parques urbanos se destina a semilleros para que la población cultive alimentos, que aumenta exponencialmente la demanda de parcelas en las ciudades y municipios, que los huertos urbanos son concebidos como un servicio esencial y sus cosechas se derivan a la población más vulnerable, que las comunidades locales que los cultivan se suman a las redes vecinales de ayuda mutua... ¿Y si todo esto ya estuviera sucediendo pero resultara imperceptible?

La pandemia global y la agricultura urbana

En esta crisis los huertos urbanos han sido considerados servicios esenciales en muchos países, debido a que en muchos de ellos existe una tradición hortícola que, con altibajos, tiene más de un siglo de historia y, sobre todo, a que a lo largo del tiempo han demostrado su utilidad para garantizar la seguridad alimentaria de determinados grupos de población en contextos de crisis. De esta forma se está permitiendo el acceso siguiendo una normativa de uso adaptada al confinamiento, que  implica llevar mascarillas y guantes y limitar la presencia simultánea de personas para asegurar que se mantienen las distancias de seguridad. La principal justificación para que distintas autoridades políticas tomen estas decisiones se basa en el papel de complemento alimentario esencial que suponen para muchas familias vulnerables, así como el papel estratégico que pueden jugar en los próximos meses.

En ciudades canadienses como Victoria, el propio ayuntamiento ha reorganizado la actividad de los viveros y jardineros municipales para que se dé prioridad al cultivo de verduras de cara al verano.Un 20% de los recursos de departamento municipal de parques y jardines se han reorientado a lanzar una campaña para animar a la gente a cultivar alimentos en los jardines y azoteas, y muchos parques públicos se han reconvertido en espacios de cultivo de plantones que se regalarán a la ciudadanía a tales efectos. Una acción que se acompañará de la elaboración de manuales y tutoriales en video para jóvenes, adolescentes y adultos. El alcalde, preguntado por estas medidas, declaró que son “medidas extraordinarias para tiempos extraordinarios”. En otras ciudades, como Ottawa, los huertos comunitarios se han organizados para donar la producción al sistema de distribución de alimentos de emergencia.

En distintas ciudades de EE.UU. se han agotado las existencias de semillas en viveros y tiendas online, con pedidos que superan en un 300% la demanda normal

De forma sorprendente, en distintas ciudades de EE.UU. se han agotado las existencias de semillas en viveros y tiendas online, con pedidos que superan en un 300% la demanda normal, pues al aprovechar el espacio destinado a patios y jardines se está viviendo un verdadero boom del cultivo de huertos domésticos. Un auge acompañado por el impulso de un movimiento social a favor de la agricultura urbana llamado Cooperative Gardens. Esta iniciativa recoge el testigo de sus antecedentes históricos, los Victory Gardens que se cultivaron durante la II Guerra Mundial, pero huyendo del lenguaje bélico y proponiendo un tono más constructivo y colaborativo. El movimiento ha sido impulsado por la Experimental Farm Network Cooperative de Filadelfia, que hizo un llamamiento, al que se han sumado miles de personas de todo el país, para facilitar el intercambio de conocimientos, habilidades y recursos, de cara a ayudar a los jardineros que cultivan por primera vez. Cooperative Gardens tiene vocación de continuar más allá de la pandemia, apostando por construir comunidades más resilientes y apoyando los proyectos locales de soberanía alimentaria preexistentes.

En distintas ciudades, como Nueva Orleans, se están recuperando zonas verdes en desuso para cultivar y se ha puesto en marcha una red de jardineros con experiencia que está cultivando planteles en casa para compartirlo con la red de personas que quieren montar huertos en sus domicilios.

Los huertos comunitarios solo son accesibles para quienes trabajan en su mantenimiento, cumpliendo con las recomendaciones sanitarias, pero muchos están intensificando los cultivos de cara a contribuir a la seguridad alimentaria durante el próximo verano. Los bancos de alimentos están sufriendo una presión nunca vista en la historia reciente del país, por lo que muchas comunidades hortelanas están colaborando de forma activa con los grupos de ayuda mutua y las instituciones que gestionan la emergencia alimentaria derivada de la pandemia.

En Reino Unido los huertos urbanos también se han considerado servicios esenciales y se permite el acceso a quienes viven a un kilómetro de los mismos, siguiendo las nuevas normativas de seguridad. Las granjas urbanas están cerradas a las visitas y sus servicios paralizados, excepto aquellos relacionados con la actividad hortícola y el cuidado de los animales. Resulta llamativo que la solicitud de parcelas de cultivo a los ayuntamientos –un derecho recogido desde hace más de un siglo– ha aumentado más de un 120% en distintas ciudades desde la llegada de la pandemia. Estos huertos de ocio han pasado por temporadas en las que decaía la demanda y solo las personas más mayores continuaban cultivando y otras en las que resurgía el interés y atraían a personas más jóvenes con nuevas inquietudes. Parece que este vuelve a ser uno de esos momentos.

En Francia también se ha limitado el acceso a los huertos urbanos a quienes viven en un radio de menos de un kilómetro, de forma que sean accesibles a aquellas personas que habitan cerca. La distancia busca garantizar que se da cobertura a la mayoría de los barrios sensibles, donde la cosecha de alimentos cumple una función alimentaria que trasciende al ocio o la dimensión social de la agricultura urbana. Los proyectos más colectivos y comunitarios se encuentran clausurados.

¿Y qué pasa en nuestra geografía? Del confinamiento más severo del planeta tampoco se han salvado los huertos urbanos, o los huertos de autoconsumo más rurales, cuya actividad ha sido vetada, salvo en Cataluña donde la movilización ciudadana ha logrado revertirlo.

Muy a contracorriente y de forma experimental, los huertos urbanos están tratando de buscar fórmulas que permitan cumplir las recomendaciones sanitarias a la vez que se aprovechan sus potencialidades durante este periodo de emergencia. En Madrid los huertos comunitarios se encuentran cerrados, pero desde distintos barrios se han logrado organizar junto a los Servicios Sociales municipales para cosechar y donar los alimentos a las familias más vulnerables. En Sevilla los huertos también están cerrados, salvo los de  San Jerónimo, que al tener animales no pueden desatenderse; Ecologistas en Acción se está encargando de  cosechar y donar los alimentos, incluidos algunos huevos, a una tienda de barrio conectada con la red vecinal de apoyo mutuo de la zona, de forma que llegue a las familias más necesitadas. En otros municipios como Mijas, ante la clausura de los huertos, son los jardineros municipales quienes se encargan de la recolección de la cosecha para familias vulnerables y del riego. Estas son solo algunas de las iniciativas, seguro hay muchas más cosas que se nos están pasando.

Apuntes históricos sobre huertos en tiempos de crisis

Idealizados o temidos, los huertos urbanos siempre se han desarrollado más cómodamente en tiempos convulsos que una vez recuperada la normalidad, cuando nuevamente eran desplazados a los rincones de la ciudad y olvidados por el planeamiento urbano. El fantasma de la dependencia agrícola de las ciudades, conjurado en tiempos de bonanza económica, reaparece cíclicamente en contextos de crisis (económicas, conflictos bélicos, colapsos sociourbanísticos…).

Desde las primeras recesiones económicas del siglo XIX, las ciudades industriales han visto florecer la agricultura urbana, millares de parados se convertían temporalmente en hortelanos para garantizar su subsistencia. Durante las dos guerras mundiales, la agricultura se convirtió en una actividad estratégica, pues la producción de proximidad y la conservación de alimentos se volvieron imprescindibles para poder destinar todos los recursos y medios de transporte disponibles a la industria de guerra. En este contexto se dieron emblemáticas campañas de fomento de la agricultura urbana como Dig for Victory, que en Reino Unido logró movilizar casi dos millones de huertos, o Victory Gardens, que en Estados Unidos involucró a quince millones de personas y logró el autoabastecimiento del 40% de la verdura fresca. ¿Cómo fue esto posible?

En el contexto de las dos guerras mundiales se dieron emblemáticas campañas de fomento de la agricultura urbana

Ambos gobiernos sabían del valor material y simbólico de estas iniciativas que, además de alimentar a la población urbana, facilitaban la cohesión, el ánimo y la movilización social de la retaguardia. Una forma de garantizar que cualquiera pudiera aportar al esfuerzo de guerra y sentirse partícipe sin tener que combatir en el frente. Estas campañas estatales se difundieron mediante carteles, boletines, manuales, artículos en prensa, reportajes para el cine y cuñas de radio, pero también mediante acciones demostrativas en espacios públicos emblemáticos, trenes con exposiciones itinerantes o en los colegios. La importancia de la horticultura era estimulada a través de todos los dispositivos culturales disponibles, aunque la potencia comunicativa se sustentó, en buena medida, en su capacidad para conectar con el imaginario popular mediante la construcción de un clima que envolvía la vida cotidiana.

El resultado es que, más allá del auge de los huertos, se revolucionaron los paisajes urbanos y los estilos de vida: aumentó el uso de la bicicleta y el transporte público, pero también la afición por la jardinería, la cocina, la elaboración de conservas o el bricolaje. Ideas y prácticas minoritarias que se normalizaron y proliferaron en un plazo muy breve de tiempo, logrando la suficiente complicidad social como para volverse enormemente influyentes.

Posteriormente la agricultura urbana reaparecería de la mano de los huertos comunitarios y las granjas urbanas, con el carácter más contracultural y reivindicativo del primer ecologismo, durante los años setenta y sus crisis socioeconómicas asociadas. Más recientemente, asistimos a su potencialidad para alimentar a La Habana durante el Periodo Especial, reinventar Detroit tras su colapso sociourbanístico, extenderse en Grecia durante la crisis económica o en nuestra propia geografía, tras el 15M, enraizando en los barrios el cultivo de los huertos simbólicos plantados en todas las acampadas de protesta, desde Occupy Wall Street a Nuit Debout en París.

¿Semillas para un urbanismo resiliente?

La crisis de la Covid-19 ha evidenciado la fragilidad de las cadenas globales de suministro, trayendo a la esfera pública la necesidad de relocalizar la economía y especialmente el funcionamiento del sistema alimentario. Esta geografía de la vulnerabilidad se hace especialmente visible en las grandes ciudades, que están redescubriendo forzadamente su ecodependencia y sus invisibles vínculos con un mundo rural al que llevan décadas dando la espalda.

La crisis de la Covid-19 ha evidenciado la fragilidad de las cadenas globales de suministro, trayendo a la esfera pública la necesidad de relocalizar la economía y el funcionamiento del sistema alimentario

En nuestras ciudades los huertos (educativos, comunitarios, sociales…) han sido más relevantes por la cantidad de personas que interaccionan con ellos que por la cantidad de gente que alimentan. Y sin embargo, parte de su desarrollo posterior a esta crisis podría tener que ver con explorar de forma más intensa su dimensión productiva no mercantilizada, maximizando la cantidad de alimentos que se cultivan y alentando la experimentación (azoteas, hidroponía, empresas sociales...). También resultará fundamental su capacidad para servir de avanzadilla en la reconstrucción de las alianzas entre el campo y la ciudad, en la movilización de la ciudadanía en defensa del mundo rural y de las economías campesinas, haciendo de altavoz de sus problemáticas y apoyando activamente a mercados de productores, redes alternativas de distribución y  consumo, supermercados cooperativos… 

Hasta ahora, la agricultura urbana se relacionaba más con su capacidad para construir una cultura resiliente que con reducir de forma significativa la huella ecológica o las emisiones de las ciudades. Sus potencialidades hacían referencia al protagonismo ciudadano y al cambio en los estilos de vida, al  desarrollo de habilidades sociales y capacidades organizativas, a la sensibilización sobre educación ambiental, deviniendo en escuelas prácticas de agroecología y fomentando las dinámicas vecinales de ayuda mutua. En el difícil contexto de paro y desigualdad social cronificada que nos dejará el escenario postCovid-19, los huertos urbanos, ligados a los tejidos vecinales y a las emergentes dinámicas solidarias de proximidad, deben ser un dique más de contención contra los riesgos de que arraiguen en los barrios los valores y actitudes favorables a la extrema derecha.

Además, puede que esta sea una coyuntura propicia para pensar y planificar de forma integral estrategias locales de agricultura urbana de cara a los futuros escenarios adversos derivados de la crisis ecosocial. Necesitamos proyectar y fomentar la hortodiversidad, desplegando de forma coherente una pluralidad de tipologías de espacios de cultivo que cumplan funciones sociales, ambientales y alimentarias distintas. Intentar maximizar las potencialidades de estas iniciativas y propiciar que den un salto de escala mediante un mayor reconocimiento institucional, una mejor dotación de recursos y una regulación más favorable.

No nos espera una vuelta a la normalidad, no hay situación excepcional que sea reversible. Una vez superada la emergencia sanitaria, asistiremos a la disputa sobre las ideas que deben pilotar la reconstrucción social. Entre las muchas cosas a discutir, el urbanismo y el modelo de ciudad deberían ser una de ellas. Muchas ciudades europeas están aprovechando las recomendaciones sanitarias postconfinamiento para repensar la movilidad, ampliando espacios peatonales y ampliando las redes de carriles bici. A esto se debería añadir el repensar las estrategias de renaturalización de forma que puedan conectarse con las políticas urbanas alimentarias, así como la mejor forma de optimizar la función socioambiental de los espacios vacíos.

Los huertos durante las crisis han dado de comer pero especialmente han ayudado a mantener la esperanza, han sido fragmentos de orden cuando todo se encontraba patas arriba, remansos de paz y tranquilidad donde se cuidaba lo frágil en tiempos de dureza, rincones verdes que crecían gracias a la luz en tiempos oscuros, proyectos de futuro cuando el presente se hacía insoportable. No somos los primeros, en medio de una crisis, en soñar una huertopía donde la agricultura eche raíces en el corazón de las ciudades.

Parafraseando un dicho zapatista, la agricultura urbana sería la llave para una puerta que todavía no existe. Prácticas que anticipan y ensayan nuevas formas de relación entre las personas y de estas con su entorno. Brújulas para orientar una transformación del sistema agroalimentario y reorganizar las ciudades en clave de sostenibilidad y justicia social. Pongámonos manos a la azada pues de cara al verano nuestro aporte puede volverse significativo. ¡Hasta la victoria, siembre!!

–––––––––

José Luis Fdez Casadevante Kois es miembro de Garúa S. Coop. Mad. y del Foro de Transiciones.

Nerea Morán es miembro de Germinando S. Coop. Mad. y del Foro de Transiciones.

 

Imagina que las reservas de semillas para cultivar alimentos se han agotado porque mucha gente está montando espacios de cultivo en casa, que miles de agricultores urbanos están coordinándose mediante Internet para acompañar a toda una nueva oleada de hortelanos, que parte de los parques urbanos se destina a...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Jose Luis Fdez. Casadevante ‘Kois’

Autor >

Autora >

Nerea Morán Alonso

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

2 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. Hugo

    Pido disculpas por la observación anterior. Los íconos estaban muy escondidos a la izquierda de la pantalla. Un saludo!

    Hace 2 años 5 meses

  2. Hugo

    Por qué no permitís que se compartan en las redes sociales artículos tan interesantes y útiles para la toma de conciencia ciudadana?

    Hace 2 años 5 meses

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí