1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

  281. Número 281 · Febrero 2022

  282. Número 282 · Marzo 2022

  283. Número 283 · Abril 2022

  284. Número 284 · Mayo 2022

  285. Número 285 · Junio 2022

  286. Número 286 · Julio 2022

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

IMPERIOS COMBATIENTES

En la boca del túnel

El neoliberalismo de las últimas décadas consistió en la ruptura de los consensos sociales de posguerra. No está dispuesto a negociar al respecto y eso no tiene una solución electoral

Rafael Poch 26/05/2020

<p>Donald Trump se reúne con Xi Jinping, el presidente de la República Popular de China, con motivo del G-20 (2019).</p>

Donald Trump se reúne con Xi Jinping, el presidente de la República Popular de China, con motivo del G-20 (2019).

La Casa Blanca

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Mucho se habla del “mundo después de la pandemia”. Habrá cambios, seremos otros, dicen. Parece que el virus sea un agente transformador y no un mero factor de enfermedad, desempleo y pobreza. Desde luego, “otro mundo es posible”, pero ni el cambio está garantizado, ni tiene que ser ineludiblemente un cambio a mejor.

La frase de Macron en esta pandemia quedará esculpida en piedra: “El mundo de mañana ya no será como el de ayer”. Lástima que recuerde tanto a las de otros vendedores de alfombras, como el propio Nicolás Sarkozy mencionando la ineludible “reforma del capitalismo” tras el estallido de 2008. Recordemos a todos aquellos economistas del establishment que, en Estados Unidos y en la Unión Europea, decían entonces que la próxima vez que los bancos quebraran habría que nacionalizarlos.

“¿De verdad creen ustedes que cuando pase esta pandemia, cuando la segunda o decimosexta ola de coronavirus se haya olvidado, los medios de vigilancia no se conservarán? ¿Las colecciones de datos recogidas no se habrán almacenado? Sea cual sea su uso, estamos en vías de construir la arquitectura de la opresión”, advierte Edward Snowden. Es solo un aspecto de cambio a peor. ¿La salud por delante de la economía?

El sistema que ha venido elevando los niveles permitidos de utilización de sustancias dañinas, que privatizó los sistemas de salud, que engaña con las emisiones de los automóviles y los códigos identificadores de los alimentos, y que ha venido defendiendo como inocua la energía nuclear, e incluso el almacenamiento de sus residuos, ese mismo sistema, ¿tiene credibilidad cuando nos dice ahora que hará todo lo posible por defender la salud de la población?

No hay duda de que la coyuntura determina repartos de dinero, en primer lugar hacia las empresas, los bancos y sectores en crisis (el gigantesco rescate americano de la Cares Act se aprobó el 25 de marzo), y también alguna distribución de dinero social durante algunos meses, pero, en cuanto pase la enfermedad, habrá un regreso inercial hacía lo suyo. Desde luego el capital no va a rendirse por un virus, no va a abdicar de las ventajosas parcelas de poder y gobierno que ha adquirido en las últimas décadas bajo la ideología de la globalización neoliberal. ¿Por qué iba a renunciar al trabajo precario, a seguir calentando el planeta, a gastar más en armas y en crear tensiones bélicas si todo eso genera beneficios? Para un nuevo orden mundial más viable y equitativo hace falta una fuerza social colosal que lo imponga. En marzo se constataba que entrábamos en aguas desconocidas. A finales de mayo el panorama sigue lejos de estar claro, pero la sensación es la de que estamos entrando en la boca de un túnel.

En China la pandemia ha dejado 4.600 muertos, mientras que en EE.UU van por 90.000, así que no hay más remedio que afirmar que China es culpable

Más presión contra China

En el centro del Imperio el presidente idiota sigue alimentando una guerra fría con China. Ese podría ser su gran recurso para ganar su reelección. Trump ha hecho tantos estropicios en la gestión de la pandemia en su país que necesita una buena cortina de humo para lograr un nuevo mandato en un país con cuarenta millones de parados (22,5% de la población activa, a apenas tres puntos del 25% de la gran depresión en 1933). En China la pandemia ha dejado 4.600 muertos, mientras que en Estados Unidos van por 90.000, así que no hay más remedio que afirmar que China es culpable de haber creado el virus y de falsificar sus cifras. Bueno, pero ¿qué hacemos con Taiwán, Singapur o Corea del Sur? Es el ejemplo de toda Asia Oriental, no solo de China, lo que evidencia el mal gobierno en Estados Unidos, su ineficacia, el cinismo presidencial y su abierta prioridad por la “economía” a costa de las vidas humanas. Si después del 11-S neoyorkino se pudo dirigir el asunto contra Irak, inventándose lo de las armas de destrucción masiva de Sadam, ¿por qué no va a ser ahora posible arrastrar al público hacia la leyenda de la “culpabilidad” de China?

La patada en el tablero

El asunto viene de lejos. Las enmiendas a la globalización son claramente anteriores a la pandemia. Tienen que ver con el hecho central de que se hacía evidente que China iba ganando, adquiriendo mayor peso y potencia, jugando en un tablero americano, con normas e instituciones creadas y controladas por Estados Unidos y a la medida de sus intereses. La globalización era muchas cosas pero, entre ellas, un seudónimo del dominio mundial de Estados Unidos. Y resulta que China se crecía en ese tablero y que la próxima consecuencia de ese crecimiento era descabalgar el papel del dólar en la financiación del comercio global. Así que había que cambiar las cosas, realizar enmiendas, dar una patada al tablero para recolocar las fichas.

Al finalizar la primera década del siglo, tras el impacto de la crisis financiera que China gobernó parece que bastante bien, el presidente Obama ya movió algunas fichas de desconexión comercial con China, mientras en lo militar estrenaba el “Pivot to Asia” para destacar el grueso de su poderío aeronaval alrededor del nuevo rival. Trump ha continuado eso de forma más brusca, y la pandemia le ha dado un buen estímulo para convertir las tensiones en algo cada vez más parecido a una guerra fría. Los dirigentes chinos lo vieron venir.

Ellos, que siempre soñaron con llegar a un acuerdo bilateral con Estados Unidos que les dejara vivir (sueño que era compartido por el Kremlin), se dieron cuenta de que si “vivir” significaba ir a más, ser soberanos e independientes, desarrollarse, mejorar y aumentar su peso en el mundo, no solo no habría acuerdo de coexistencia sino conflicto, porque Estados Unidos no lo acepta. El único acuerdo que acepta es la sumisión. Por eso, ajustaron su sistema político, con la dirección más centralizada y firme de Xi Jinping y su fortalecimiento militar en el Mar de China meridional. Este doble refuerzo –además de su dinámico desarrollo tecnológico y su estrategia de exportación de sobrecapacidad e integración comercial mundial, la Belt & Road Initiative– se basa en la razonable y profunda convicción de que las relaciones con Estados Unidos van a ir a peor. Ese refuerzo no está enfocado a sustituir a este país como superpotencia global, como suele decirse, sino a proseguir el ascenso como potencia emergente y a garantizar una no victoria militar de Estados Unidos en un conflicto regional en su entorno asiático inmediato (su mar Caribe), que a poder ser disuada a los generales del Pentágono de iniciarlo. En ese tablero, la pieza de Taiwán vuelve a ganar peso.

Mas incompetencia geopolítica y desintegración en la UE

Sea como fuere, el vector de la guerra fría entre Estados Unidos y China, que solíamos contemplar como posibilidad a medio y largo plazo, ya está declarado como realidad. Para la Unión Europea, que gasta en armamento 300.000 millones de dólares al año (es decir más que la suma de China y Rusia), es una nueva ocasión de reiterar su incompetencia geopolítica y su demostrada condición de vasallo impotente. En Alemania el consenso mayoritario del establishment lo ha resumido el presidente del grupo editorial Springer, Matthias Döpfner, afirmando que “cuando la crisis del coronavirus se supere, los europeos deberán decidir la cuestión de las alianzas: con América o con China”, cuestión que para él no tiene secreto. Tampoco la tiene para Oskar Lafontaine: “También yo tomo partido por América, concretamente por Sudamérica y América central, cuya población sufre el mortífero terror de Estados Unidos”, dice este raro abogado de una política exterior europea autónoma que “contribuya a la paz y la distensión entre potencias nucleares”.

La apuesta de la Unión Europea “por América” y contra China sigue la estela de Washington. El 27 de marzo Trump firmó una ley estrechando las relaciones entre Estados Unidos y Taiwán y abogando por la  participación de la isla en las organizaciones internacionales de las que está excluida por no estar reconocida como Estado por la ONU (y no solo “por China”, como suele decirse). Inmediatamente, Francia y Alemania apoyaron una iniciativa para que Taiwán sea incluida en las actividades de la OMS y París ha enfurecido a Pekín con un provocador contrato de venta a Taiwán de sistemas de señuelos y perturbadores antimisiles. Por su parte, Alemania quiere gastarse millones comprando a Estados Unidos 45 aviones de guerra F-18, lo que parece una recompensa a los obstáculos y vetos que Washington interpone en la guerra del gas que Alemania compra a Rusia, asunto ejemplarizado por el proyecto Nord Stream 2.

EE.UU (junto con Inglaterra, Ucrania, Canadá y Corea del Sur) ha abortado los proyectos para congelar las sanciones contra países en desarrollo afectados por la pandemia

Mientras el director del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, David Beasley, advierte de que cientos de millones de personas pueden sufrir hambre en la “peor crisis humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial”, particularmente en África y Oriente Medio y en países que sufren crisis bélicas o sanciones, Estados Unidos (junto con Inglaterra, Ucrania, Canadá y Corea del Sur) ha abortado los proyectos de resolución para congelar las sanciones unilaterales contra los países en desarrollo afectados por la pandemia, e incluso una simple propuesta de alto el fuego allí donde hay guerra.

La pandemia no ha unido al mundo, sino que al contrario ha incrementado gravemente el riesgo de conflictos mayores, “amplificando y acelerando” ese peligro, constata el viceministro de exteriores ruso, Sergei Ryabkov. Con el abandono de los acuerdos de desarme y el desprecio al papel de la ONU, “la fuerza militar está adquiriendo un papel cada vez más importante en las relaciones internacionales”, dice. La lógica imperial, belicista y suicida, no solo no remitirá, sino que cobra nuevo vigor.

Ante este diagnóstico, la Unión Europea no tiene nada que decir, ni nada que proponer. Técnicamente paralizada –a mediados de mayo la pandemia había reducido un 70% la capacidad de trabajo de las instituciones de Bruselas–, el virus profundiza la crisis desintegradora de la UE. A las brechas ya conocidas (Norte/Sur, grupo de Visegrado, Francia/Alemania, etc.) se suma la creada entre países más o menos bien librados de la pandemia y los más afectados por ella. A las diferencias en materia de cierre de fronteras, de deudas, medidas anticrisis y de presupuesto europeo, se suma la torpe y reveladora sentencia del Tribunal Constitucional alemán del 5 de mayo cuestionando la compra de deuda por parte del BCE, lo que coloca al derecho alemán por encima del derecho europeo, algo potencialmente más disolvente que el brexit o que los desafíos jurídicos puntuales de países como Polonia o Hungría.

La receta mágica de los “500.000 millones” de Merkel y Macron es la última artimaña de una larga serie estrenada en 2010, cuando ninguno de los problemas de la eurocrisis se solucionó: no está nada claro si esa suma será realidad, ni cuando se empleará ni a quién beneficiará. Se habla de miles de millones para líneas aéreas o fabricantes de automóviles, por mencionar únicamente el nefasto capítulo “movilidad”, directamente relacionado con nuestros graves problemas planetarios. Una vez más, como es el caso de la tensión con China, la pandemia no ha creado procesos nuevos. Únicamente acelera los procesos de desintegración ya existentes y apuntala la irrelevancia de la UE en la esfera internacional.

Las condiciones y circunstancias de la “oportunidad”

Hay que ser consciente de que la oportunidad de cambio, de operar en otra lógica, no es automática. Ya se presentó tras la quiebra financiera de 2008. El BCE y la  Reserva Federal de Estados Unidos intervinieron entonces para salvar a empresas y bancos de las consecuencias de su especulación a costa de las clases medias y bajas. Aquellos dineros (Quantitative Easing) sirvieron para alimentar una nueva ola especulativa y enriquecer a los más ricos. ¿Cómo iba a ser diferente cuando el poder financiero domina a los gobiernos y no al revés? ¿Por qué iba a ser diferente ahora?

El actual capitalismo neoliberal, a diferencia del de los años treinta, cuarenta, cincuenta o sesenta, ha castrado al sistema político convirtiéndolo en su subalterno

Para organizar el decrecimiento en la utilización de los recursos naturales, para adoptar un modo de vida más modesto (como dice Frédéric Lordon, el I-Phone 14, el coche Google y el 7G “van en el mismo paquete” que el calentamiento global y la amenaza bélica), para dirigirse a una nueva contabilidad desmarcada de las teologías del PIB y privilegiar la satisfacción de las necesidades humanas reales, para disminuir la movilidad y potenciar la relocalización económica, la agricultura moderna (es decir ecológica y regenerativa), el proteccionismo solidario, los comercios de proximidad y una fiscalidad menos injusta, es necesario desmontar el dominio de las finanzas sobre la política.

El actual sistema de capitalismo neoliberal, a diferencia del de los años treinta, cuarenta, cincuenta o sesenta del pasado siglo, ha castrado al sistema político convirtiéndolo en su subalterno. Como dice Serge Halimi, cuando se evoca como modelo y precedente el programa  económico y social del Consejo Nacional de la Resistencia en Francia, la conquista de los derechos sindicales en muchos países, o las grandes obras públicas del New Deal en Estados Unidos, se olvida el detalle de que los resistentes franceses aún tenían las armas en casa, que el establishment temía una revolución en países como Francia o Italia y que el capital estaba asustado. Lo político primaba mucho más que hoy sobre lo “económico”. Hoy el capital no tiene motivos, ni temores, para negociar nada. ¿Qué tenemos hoy después de treinta o cuarenta años de colonización capitalista de nuestras sociedades occidentales? “Poblaciones confinadas, tan miedosas como pasivas, infantilizadas por las cadenas de televisión (y las “redes sociales”), convertidas en espectadoras pasivas y neutralizadas”, dice Halimi.

No habrá ese mágico “día de la victoria” sobre el virus en el que la población saldrá entusiasmada a la calle y los gobiernos proclamarán una nueva forma de vida con lecciones para afrontar el calentamiento global y los demás retos del siglo. Solo el cambio en la correlación de fuerzas que resultara de una gran fuerza social y del miedo puro y simple del capital ante ello posibilitará reformas significativas. La simple realidad es que hoy los gobiernos pueden cambiar por la acción del voto, pero es muy improbable que el voto cambie el sistema y la lógica fundamental.

Un 15-M multiplicado por diez no alcanza para cambiar el sistema

Supongamos que un gobierno de izquierdas, por ejemplo en España, sale de la pandemia apoyado por un fuerte movimiento social, un 15-M multiplicado por diez que realiza la proeza de convertir en ciudadanos a una mayoría de los actuales consumidores-clientes e impulsa un programa de reformas: nueva política fiscal menos injusta, potenciación del sector público, nacionalización de los transportes, las telecomunicaciones y la banca, proteccionismo. Es decir, un programa de progreso de los años sesenta más la renta básica y la fuerte protección medioambiental que se precisa hoy. Como dice Lordon, no hay duda sobre lo que se le vendría encima a un gobierno de ese tipo: el sector financiero internacional y los mercados. Le declararían la guerra. Desde Estados Unidos, desde los centros de poder e instituciones de la Unión Europea, desde los poderes fácticos del propio país y desde una oposición interna radicalizada y fuertemente respaldada desde el exterior. Los medios de comunicación, en su inmensa mayoría correas de trasmisión de ese conglomerado sistémico que domina lo político, le harían la vida imposible. La independencia de Cataluña, por ejemplo, sería bien vista por unos poderes globales enfocados a cortar por lo sano el ejemplo: mejor un país roto que un precedente transformador. Surgiría así el imperativo internacionalista, la conciencia de la enorme dificultad de acometer el cambio en un solo país y mientras tanto aparecería un Tsipras que, cediendo a la fuerza de las circunstancias, traicionaría todo lo prometido o emprendido…

Se dirá que todos los intentos de cambio se han enfrentado a ese tipo de cuadros, pero hoy, cuando lo político está atrapado por la red sistémica y su lógica fundamental, aún más. Claro, si esa hipótesis de gobierno transformador apoyado por una gran fuerza social se realizara en un país tan importante como Estados Unidos, o tan central en Europa e históricamente tan inspirador como Francia, con capacidad de irradiar impulsos fuera de sus fronteras y convertir una salida del capitalismo en asunto internacional, otro gallo cantaría. Pero, ¿dónde está esa enorme fuerza social necesaria para el cambio de la desmundialización ciudadana que soñamos?

El neoliberalismo de las últimas décadas consistió en la ruptura de los consensos sociales de posguerra. No está dispuesto a negociar al respecto y eso no tiene una solución electoral. Solo la imaginación, la audacia y el sueño permiten tantear y anticipar lo que por definición es siempre inesperado. Cuando nos adentramos en la boca del túnel es necesario reflexionar sobre todo ello sin hacerse ilusiones infantiles.

Mucho se habla del “mundo después de la pandemia”. Habrá cambios, seremos otros, dicen. Parece que el virus sea un agente transformador y no un mero factor de enfermedad, desempleo y pobreza. Desde luego, “otro mundo es posible”, pero ni el cambio está garantizado, ni tiene que ser ineludiblemente un cambio a...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Rafael Poch

Rafael Poch-de-Feliu (Barcelona) fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania  de la eurocrisis.

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí