1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

DESEOS DE UTOPÍA

Sí, hay esperanza

Lejos de producirse el fin de la historia, la población confía en la cooperación y se multiplican las experiencias que ponen en práctica métodos colaborativos. El rechazo al capitalismo ha ido creciendo hasta alcanzar el 56% de la población

Joan Pedro-Carañana 10/09/2020

<p><em>Almendro en flo</em>r (1890).</p>

Almendro en flor (1890).

Vincent Van Gogh

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Hay una grieta en todo. Así es como entra la luz.

Leonard Cohen

Se ha dicho a menudo que el gran triunfo del sistema capitalista es hacernos creer que no lo podemos cambiar. Primero fue Thatcher con su TINA (There is No Alternative), asumido no solo por Reagan, sino por la Tercera Vía de Blair, Clinton o González.

En esos años posteriores a la caída de la Unión Soviética, Fukuyama proclamó el Fin de la Historia a partir de una dialéctica hegeliana en la que la lucha por las ideas habría terminado con la victoria de la democracia liberal (sic). A esta tendencia se sumaron populistas académicos de izquierdas que mantenían que vivíamos en una era post-política carente de antagonismo.

Muchos llegamos a pensar que se acabó, que la lucha de clases había terminado, que habíamos perdido, o que la humanidad había sido derrotada por la propia (des)humanidad. Pero sabíamos que la lucha de clases y su batalla por las ideas continuaban.

Muestra de ello fueron las protestas mundiales contra la guerra de Irak en 2003, que no solo supusieron la mayor movilización antibélica de la historia, sino que sembraron semillas de paz que han ido brotando frente a cada conflicto armado y la creciente amenaza de guerra nuclear.

La clase dominante siguió intensificando la lucha de clases y los poderes políticos fueron sometiéndose cada vez más. Chomsky y Wallerstein subrayaban que el “centro” político, la Tercera Vía, no podía aguantar debido a su apoyo a los grandes poderes económicos y su abandono de la clase trabajadora (su adopción del neoliberalismo), por lo que urgía dar respuesta a los malestares sociales desde las organizaciones de base, especialmente tras el inicio de la crisis económica en 2008.

Llegó 2011 y los movimientos sociales no solo mostraron su indignación, sino que pusieron alternativas sobre la mesa. Si bien carecían de los medios para implementarlas, sí consiguieron democratizar las conciencias, lo que está teniendo efectos notorios en la actualidad como veremos más adelante.

Fukuyama se ha desdicho de su tesis a medida que ha entendido que no solo hay lucha de ideas sino también económica y que la resolución de una contradicción lleva a otra –el orden (neo)liberal no habría beneficiado a todos y ahora estaría siendo cuestionado a derecha e izquierda por las políticas de identidad y el reclamo de reconocimiento y dignidad. Los populistas pensaron que podría ser su momento.

¿Cuánta esperanza tiene la población?

En marzo de 2019 había un 56% de estadounidenses que sentía optimismo sobre el futuro de su país frente al 44% que pensaba lo contrario. Sin embargo, este relativo optimismo se desvanecía cuando eran preguntados por temas concretos como economía, desigualdad, medioambiente, sistema político y automatización.

El número de estadounidenses que expresaban pesimismo sobre el futuro de la economía ha ido creciendo hasta dos tercios en mayo de 2020 (frente a un 27% de optimistas). En junio, el 71% se sentían enfadados, el 66% temerosos, el 46% esperanzados y el 17% orgullosos. El 48% pensaba que las generaciones futuras vivirán peor frente al 25% de la opinión contraria.

En la Unión Europea, el 54% de los adultos se muestran pesimistas sobre el futuro del empleo, siendo los países con más desempleo y peor situación económica los más pesimistas. El 57% predice que las nuevas generaciones estarán peor económicamente que la de sus padres.

A la vista está que la esperanza no pasa por su mejor momento, pero también que la desesperanza, arma del sistema, no ha logrado vencer a la clase trabajadora ni a las fuerzas interculturales. La esperanza ilusa, mágica, desinformada, el pensamiento positivo carente de análisis de las condiciones sociales no sirve de nada, pero tampoco la desesperanza.

Como escribió Lorca, “el más terrible de todos los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza muerta”. Por eso, las organizaciones de base trabajan para dar esperanza viable, real, partiendo de la esperanza existente con el fin de organizarla y ampliarla mediante progresos tangibles. El deseo de mejorar las condiciones negativas puede ser un catalizador del cambio.

Razones para la esperanza

La esperanza informada surge de un diagnóstico certero de los problemas y se orienta a realizar propuestas de mejora. La esperanza requiere un posicionamiento de partida, como señala Chomsky: “Si asumes que no hay esperanza, garantizas que no habrá esperanza. Si asumes que hay un instinto de libertad, hay oportunidades para cambiar las cosas y existe la posibilidad de que contribuyas a hacer un mundo mejor. La elección es tuya”.

La filosofía de la liberación y la pedagogía crítica convierten el pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad en esperanza informada, educada y militante. Se trata, en efecto, de desarrollar la pedagogía de la esperanza. Freire nos enseñó a no negar a la lucha uno de sus soportes clave: la esperanza, y, con ello, la posibilidad de cambio.

La pedagogía de la esperanza implica, primero, que no hay que llevarse a engaño. La realidad es pesimista y, en principio, el futuro va a ser cada vez más duro. Segundo, que el análisis muestra que sí que existen posibilidades efectivas de intervenir desde la praxis colectiva en la organización social y en nuestra relación con el medioambiente para mejorar. Por último, implica actuar desde este conocimiento con el compromiso de ayudar a que la esperanza avance.

Asumir la derrota es fácil, de lo que se trata es de oír crecer la hierba para convertirse no solo en hierba, sino en matojo primero y en selva después. Esto, desde prácticas materiales y comunicativas basadas en lo justo.

En EE.UU., el 40% de la población adulta preferiría que su país fuese socialista frente al 60% que lo prefiere capitalista

La esperanza es el sueño del hombre despierto, escribió Aristóteles. Soñar despiertos para avanzar, pues ya se sabe que la utopía sirve para caminar. Claro que hay miedo, pero es que no hay esperanza sin miedo ni viceversa. Cabe recordar que la esperanza no puede enfrentarse al miedo si pende del hilo de la fantasía; solo funciona cuando se ancla en un diagnóstico de los problemas. Por partes:

Lo primero, recordar lo que dijo Warren Buffet: “Hay una guerra de clases y la estamos ganando los ricos”. Ahí está la batalla. No hay que olvidar que los diferentes segmentos de la clase dominante coinciden en el objetivo de reproducir el capitalismo, pero que difieren en los métodos.

Las dos opciones principales en la actualidad son el capitalismo liberal (principalmente neoliberal), abierto y globalista, representado por Buffet, Soros y Gates, y el capitalismo autoritario, cerrado y proteccionista (también neoliberal) de Trump y cía. Ambos son internacionalistas a su manera y a ambos se opone una nueva tercera vía emergente, una internacional socialista y democrática o un movimiento del pluriverso si se prefiere.

Independientemente del nombre que se le quiera dar, esta internacional está actuando también de manera local y nacional para articular las diferentes escalas y oponerse al avance geográfico de las opresiones. En EE.UU., el 40% de la población adulta preferiría que su país fuese socialista frente al 60% que lo prefiere capitalista. El 31% de los hombres prefieren el socialismo por 47% de las mujeres.

Aunque el entendimiento del socialismo varía, el desencanto con el capitalismo es señal de esperanza. El rechazo al capitalismo realmente existente ha ido creciendo hasta la esperanzadora cifra del 56% de la población a nivel mundial, con Tailandia y la India liderando el ranking (alrededor del 75%) y países como Francia con 69%, España con 60%, Alemania con 55%, Reino Unido con 53%, EE.UU. y Canadá con 47% y Japón con 35%. Cabe destacar que Malasia, Indonesia y China superan el 60%. En Latinoamérica encabeza la lista Colombia (58%), seguida de Brasil (57%), México (56%) y Argentina (51%). Kenia y Sudáfrica rondan el 55%.

Neoliberales y neo-autoritarios en el capitalismo global

Salvo algunas excepciones en el seno de los globalistas que en los medios piden elevar los impuestos a los ricos mientras se dedican a la farsa de la filantropía, los dos sectores de la clase dominante favorecen la dinámica capitalista de concentración de riqueza y poder. No cabe duda de que la lucha por mejorar la igualdad y la democracia económica es central. En EE.UU., la mayoría de los ciudadanos (61%) piensa que hay demasiada desigualdad económica y un 42% considera que reducirla debería ser prioritario para el gobierno.

El mito de la meritocracia cae, con solo un 33% de ciudadanos que creen que la riqueza depende del trabajo duro frente al 65% que piensa que depende de condiciones de partida ventajosas. El 71% opina que la pobreza se debe a obstáculos de partida y 26% por falta de trabajo duro. Sin embargo, pocos ven la relación entre la existencia de multimillonarios y las privaciones de los demás, lo que indica otra línea importante para la pedagogía de la esperanza.

No debería sorprender que las personas más adineradas, con títulos educativos más valiosos en el mercado y que consumen más noticias confíen más en las instituciones del capitalismo que el resto de la población. La desconfianza de los segundos se deriva del sentimiento creciente de que aumenta la desigualdad y la injusticia del sistema.

No cabe duda de que la pandemia está empeorando la situación de los estratos bajo y medio, lo que produce efectos psicológicos negativos, tal y como ha reconocido el Foro Económico Mundial. Un resultado esperable de estos problemas es el sufrimiento individual, a no ser que se canalicen colectivamente como fuerza de mejora individual y cambio social mediante el apoyo mutuo.

Las élites coinciden en favorecer la financiarización de la economía que tantos problemas conlleva. Ya en 2011, Der Spiegel advertía de que el poder destructivo de los mercados financieros estaba fuera de control y que otra crisis financiera sería irremediable: ataques al euro y a países soberanos, control de partidos, especulación, riesgo incalculable, fluctuaciones, confusión, pánico…Todo ello terminará por afectar a la mayoría de la población si no se construyen alternativas concretas para la des-financiarización y la subordinación de las finanzas a la economía productiva.

Los gobiernos dejaron pasar la oportunidad de introducir regulaciones y el capital financiero ha seguido penetrando en la vivienda, los medios de comunicación, la educación, la sanidad y muchos otros sectores clave para la democracia. Hoy, un 52% de los hogares estadounidenses tienen alguna inversión en el mercado de valores. Eso sí, el porcentaje varía significativamente según estrato social y color de piel. Es necesario invertir la actual dinámica de transferencia de riqueza de abajo arriba a una de arriba abajo, asegurando siempre su viabilidad y la protección a las clases dominadas. No vale el modelo de “apocalipsis bancario” pregonado por el bueno de Eric Cantona.

Tecnologías y medios de comunicación

Más allá de divergencias tácticas, también concuerdan ambos segmentos del poder en impulsar una revolución tecnológica controlada por oligopolios que está dejando atrás a los que no pueden “adaptarse”.

En medio de una transición que ya cuenta con sus “desechables”, las organizaciones de base demandan protecciones a los más afectados y una apuesta decidida por avanzar hacia marcos legales que consideren a las tecnologías de la comunicación y la robótica como bienes públicos y comunes subordinados al control ciudadano. En el sector de la educación las organizaciones combaten el control del capitalismo tecnológico y trabajan en las alternativas.

Esta política de la esperanza tiene soporte en un aumento del 27% a nivel mundial de cooperativas en el sector de la comunicación

La desigualdad económica tiene su reflejo en la desigualdad en la propiedad y acceso a los medios de comunicación. Por eso, se está reabriendo la discusión sobre la democratización del espectro mediático oligopólico para que la comunicación mediada deje de ser privilegio de los poderosos y sea derecho de la ciudadanía.

Igual que el poder político ha desregulado el mercado mediático para favorecer intereses particulares, también puede contribuir a democratizarlo para el bien común, sin olvidar que la democracia comunicativa solo es posible con la democratización de otras esferas de la vida y que esto depende de los movimientos de base.

Como reza el Media Manifesto elaborado por Fenton, Freedman et al., un elemento clave de la labor de los académicos y los activistas es impulsar una política de la esperanza alrededor de la justicia mediática, la democracia económica y la igualdad social. Esta política de la esperanza tiene soporte en un aumento del 27% a nivel mundial de cooperativas en el sector de la comunicación en las que trabajadores y usuarios tienen el control de las decisiones, organizan el trabajo democráticamente, desarrollan modelos de financiación sostenibles y responden ante la comunidad.

Dado que los medios están concentrados en pocas manos, el propósito de los activistas es la transformación y distribución la propiedad y, con ello, la dispersión el poder para que los profesionales y los ciudadanos tengan más capacidad de decisión. En la batalla por la democracia comunicativa, el activismo mediático propone actuar más allá de burbujas digitales auto-gratificantes. Para ello, se están diseñando estrategias para la reforma mediática: conoce los medios, toma los medios, transforma los medios.

Reformas estructurales darían autonomía a los medios para que no fuesen instrumentos del miedo paralizante ni de las recetas del optimismo mágico. Para que no fuesen herramientas de legitimación de la desigualdad de la que sus propietarios se benefician y para que se expandiesen los límites de la opinión aceptable en la esfera pública. Transformaciones profundas para que los medios dejen de ser instrumento para lograr que las personas piensen y hagan ciertas cosas marcadas exógenamente, sino de la mayoría social para mostrar el mundo y dar la libertad para decidir objetivos endógenamente. No hacer que otros hagan, sino hacer saber entre todos para que todos puedan hacer. Así, los medios podrían ser dispositivos de la esperanza informada de la mayoría social si así lo decide esta.

Democracia real

Liberales y autoritarios se diferencian en algunos aspectos importantes como el respeto a las reglas de la democracia formal. No es un factor a subestimar, especialmente a la hora de establecer posibles alianzas, pero tampoco puede olvidarse que la desigualdad económica del capitalismo abierto y neoliberal cercena las posibilidades de la democracia política. Las fuerzas del cambio tratan de impulsar la democratización de la economía junto a la democratización de la política hacia modelos más participativos en el que las relaciones de poder se equilibren. Democracia Real Ya, demandaba el movimiento 15-M durante las protestas de 2011 en España.

Las nefastas consecuencias de la pandemia son resultado del capitalismo, pues prepararse para ella y gestionarla eficazmente no resulta rentable

No puede olvidarse que el capitalismo sobrevive gracias al impulso político de los Estados. Ni que las nefastas consecuencias de la pandemia son resultado del capitalismo, pues prepararse para ella y gestionarla eficazmente no resulta rentable, pero también de la incompetencia de gobernantes al servicio del capital y de sus propios intereses cortoplacistas. Por eso, muchos activistas se han implicado en campañas electorales, pero recordando que los cambios se producen a nivel de base de la sociedad.

Cambio climático

Otra diferencia es que el capitalismo autoritario llega al extremo de negar el cambio climático, mientras que el capitalismo abierto aboga por dar respuestas desde el mercado que sirven para un lavado de cara pero son totalmente insuficientes, cuando no contraproducentes. Coinciden en omitir las incompatibilidades entre la maximización del beneficio y el crecimiento ilimitado por una parte y combatir el cambio climático por otra.

La vida se ha complicado con la pandemia, pero hay que recordar que se trata de un aperitivo de las dificultades que están por venir si no se actúa contundentemente contra el cambio climático. De lo contrario, corremos serio riesgo de poner fin a la sociedad más o menos organizada, algo parecido a la extinción. No se trata de presagiar malos augurios, sino de tratar de evitar lo que podría venir.

Los saberes y prácticas indígenas y los procesos para que se formalicen los derechos de la naturaleza señalan vías de aprendizaje. La pedagogía de la esperanza plantea esclarecer los vínculos entre problemas concretos como los derivados de la pandemia, cambio climático y capitalismo productivista y consumista.

Racismo y patriarcado

En un contexto de capitalismo racista y patriarcal, los globalistas abogan por la multiculturalidad y la mercantilización de las identidades mientras que los autoritarios prefieren aferrarse a una pureza falsa y a representaciones tradicionales. En estos temas va ganando la inclusión, aunque no por mucho. En opinión de una amplia mayoría de estadounidenses, la razón por la que las empresas están adoptando posturas racialmente inclusivas no es por que tengan una preocupación auténtica, sino por la presión social. Debido al avance del feminismo, el optimismo a nivel mundial sobre la mejora de la igualdad de género está en buena forma y, en EE.UU., un 57% de la población sostiene que no se ha llegado lo suficientemente lejos.

Las transformaciones de la sociedad han llevado al desarrollo del capitalismo cool pseudo-inclusivo de Nike, Netflix y Sillicon Valley. Sin embargo, ningún sector de la élite promueve una verdadera interculturalidad anti-racista y feminista, que solo es posible cuando se van desmercantilizando las relaciones sociales, se avanza en la igualdad y se abordan las múltiples fuentes de opresión y de liberación. Luchas específicas pero desconectadas entre sí pueden llevar a avances parciales, especialmente para los representantes más acomodados de las identidades, pero difícilmente pueden subvertir las estructuras que generan exclusión de los grupos vulnerables y sufrimiento de la mayoría social de manera sistemática.

Entre otoño y finales de junio el porcentaje de negros que se muestran optimistas ha subido de 17% a 33%, mientras que el de blancos ha permanecido estable en un 22%

Black Lives Matters (BLM) ha demostrado que no solo se trata de violencia policial, sino de racismo estructural y ha promovido discusiones importantes sobre el pasado y el presente antes ignoradas. Podría tratarse del mayor movimiento de la historia del país, dado que el movimiento por los derechos civiles liderado por Martin Luther King nunca alcanzó un apoyo de dos tercios de la población (un 60% entre blancos), ni siquiera en su momento más álgido. Esto refleja una democratización de la cultura y las conciencias. La solidaridad que se ha desplegado a nivel internacional también es una clara señal de esperanza informada y militante.

Posiblemente gracias a BLM, la población negra, después de décadas de desmoralización, se siente más optimista sobre la vida de las futuras generaciones. Entre otoño y finales de junio el porcentaje de negros que se muestran optimistas ha subido de 17% a 33%, mientras que el de blancos ha permanecido estable en un 22%. Tal vez por efecto arrastre el optimismo de los latinos ha aumentado del 16% al 26%.

Conclusión

El sistema mundial es muy poderoso, pero no es ni omnipotente ni está omnipresente. Se requieren respuestas interdimensionales a la altura de las opresiones que permitan construir unidad en la diversidad.

Como señaló Wallerstein, en un contexto de incertidumbre caótica una alianza de la clase trabajadora y las fuerzas interculturales (80% de la población mundial) puede conseguir apoyos suficientes (apelando a otro 19% de la población) con el fin de intervenir en el sistema social y marcar su rumbo contra el 1% más rico.

La población confía en la cooperación y se multiplican las experiencias que ponen en práctica métodos colaborativos para la esperanza y comunicación dialógica.

Conviene huir de los cantos de sirena de la ingeniería social y apoyar y facilitar la expresión de las múltiples voces que sufren injusticias y claman por la justicia. Si no atemorizar al miedo, la esperanza informada y militante puede maniatarlo para que, al menos, queden pesimistas contentos.

--------------------------------

Joan Pedro-Carañana es profesor en el departamento de Periodismo y Nuevos Medios de la Universidad Complutense de Madrid.

Hay una grieta en todo. Así es como entra la luz.

Leonard Cohen

Se ha dicho a menudo que el gran triunfo del sistema capitalista es hacernos creer que no lo podemos cambiar. Primero fue Thatcher con su TINA (There is No Alternative), asumido...

El artículo solo se encuentra publicado para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Joan Pedro-Carañana

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí