1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Colectivo Wu Ming

“El culto al individuo es letal. Los que tienen camaradas no morirán”

Bernardo Gutiérrez 4/10/2020

Imagen cedida por Wu Ming

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Soviets y electricidad, arte proletario y ciencia ficción, asaltantes de bancos y utópicos irredentos, experimentos científicos y alienígenas. Wu Ming está de vuelta. En su formato más habitual: una novela. Con el método que siempre usaron: escribir a muchas manos. Con el telón de fondo más común en sus creaciones literarias: la revuelta social. En este caso, con la Revolución en mayúsculas como contexto: la Revolución Rusa. En Proletkult (Anagrama, 2020), el colectivo italiano Wu Ming, en el que resisten tres de sus cinco fundadores, revela pliegues y matices de una de las grandes revoluciones de todos los tiempos. Si la novela tuviera un eslogan, sería “naves espaciales en la Plaza Roja”. La figura histórica de Alexander Bogdanov –médico, filósofo, novelista, planificador de atracos, revolucionario heterodoxo, hereje excomulgado por los marxistas ortodoxos– guía una narración trepidante por pliegues sorprendentes de la Revolución Rusa. En la última novela de Wu Ming, el movimiento de arte proletario Proletkult, que buscaba un nuevo tipo de belleza alejada de los cánones burgueses, convive con el “interplanetarismo” por el que abogaba Alexander Bogdanov en Estrella roja, su libro más famoso. 

La pandemia ha golpeado duro a CTXT. Si puedes, haz una donación aquí o suscríbete aquí

Desde que los miembros de Wu Ming publicaran la novela Q en 1999, libro firmado con su primer nombre colectivo (Luther Blisset), los italianos han escogido contextos de fuerte agitación política y social para la mayoría de sus libros. En Q retrataron la guerra de los campesinos alemanes (1524-1525), en la que la plebe sublevada se autoidentificaba con una identidad colectiva común, “poor Konrad”. En Manituana, se narra la insurrección que acabó provocando la independencia de Estados Unidos desde la perspectiva de los indígenas y los mestizos. En El ejército de los sonámbulos, su penúltima novela, Wu Ming abordó la Revolución Francesa con mirada (y protagonistas) feministas y con el nacimiento del hipnotismo como paisaje y estrategia narrativa. Proletkult es la nueva entrega de una saga tan inconclusa como las revoluciones del pasado. “Una revolución no es suficiente, necesitamos cien revoluciones”, afirma Denni, una de las protagonistas de la novela.

En esta entrevista, realizada por correo electrónico, Wu Ming medita sobre el “cosmocomunismo” defendido por Bogdanov, sobre la conjunción de ciencia ficción y revolución, sobre la relación entre arte y realidad, invención creativa y acción política. Los miembros Wu Ming, firmes defensores del copyleft y la libre circulación del conocimiento, insisten en crear una nueva “cultura desde abajo” que no tiene que partir del lenguaje, ni de la forma ni del contenido, sino de la “forma de hacer cultura, de distribuirla, de usarla, de crear momentos de encuentro, de hacerla accesible”. En la entrevista también reflexionan sobre la crisis del neoliberalismo, sobre las vislumbres postcapitalistas que nos ha dejado la pandemia de la covid-19 y sobre la clase trabajadora, visibilizada de golpe por la crisis.

En Proletkult, la Revolución Rusa es un proceso bastante diverso. Los soviets + electricidad, Lenin y el Partido Comunista, son apenas una especie de telón de fondo. Ilumináis otros aspectos de la revolución. El espacio, la ciencia ficción comunista marciana y el movimiento artístico proletario Proletkult están en el epicentro. ¿Teníais esa idea clara antes de escribir la novela?, ¿la intención era hacer más compleja y diversa la Revolución Rusa?

En cierto sentido, sí, era nuestra intención. Como hicimos en otras novelas, en Proletkult buscamos un ángulo oblicuo desde el que ver la Revolución Rusa. En la novela no contamos la Revolución en sí, sino la historia de un hombre, Alexander Bogdanov, dentro de la Revolución, su punto de vista, sus contradicciones. Fue médico, filósofo, novelista, planificador de atracos a bancos y revolucionario herético. Su biografía es un gran tema literario y su visión era la inquietante mirada sobre la Revolución que estábamos buscando.

La elección de Alexander Bogdanov como personaje principal parece, pues, crucial en Proletkult. ¿Cómo os influyó el universo marciano comunista recreado en Estrella roja, la novela más famosa de Bogdanov?, ¿y la vida y obra de Bogdanov?

Conocimos a Bogdanov como personaje por casualidad. Nuestra idea inicial era hablar de la Revolución Rusa y la Unión Soviética desde una perspectiva extraterrestre, poshumana y oblicua. Pensamos en una trama ambientada en la década de 1920, una trama que reuniría los primeros experimentos sobre viajes espaciales, contacto con extraterrestres y socialismo, y comprimimos todo eso en un eslogan: “Naves espaciales en la Plaza Roja”. Luego tuvimos este encuentro muy cercano con Bogdanov. Nos fascinaron especialmente tres características: su pensamiento sobre sí mismo como el primer “hereje” excomulgado por los marxistas ortodoxos; su intento de interpretar cualquier cosa según la tectología, la “ciencia de la organización” que inventó; y su capacidad, en su novela Estrella Roja, para narrar una utopía, la utopía del socialismo marciano, describiendo también las contradicciones de la idea de “Progreso”.

Se me antoja muy interesante el personaje de Denni, una mujer, casi una niña, de la que no sabemos exactamente si vino de Marte o si tiene problemas mentales. En un momento habla de la idea del interplanetarismo, una especie de sentimiento solidario y comunista de apoyo mutuo entre planetas. En la novela, Bogdanov, en una conversación con Leonid Voloch, se describe a sí mismo como un “marxista marciano. ¿Por qué este cosmocomunismo, tan presente en Proletkult, os interesa tanto?

El “cosmocomunismo” es interesante porque es la conjunción de ciencia ficción y revolución. Nuestra novela también habla de la relación entre arte y realidad, invención creativa y acción política. Denni encarna el interplanetarismo y, al mismo tiempo, es un personaje vivo sacado de una novela de ciencia ficción. Para ella no hay solución de continuidad entre la vida y la fantasía, entre la literatura y la realidad. Pero todo revolucionario necesita imaginación, así como una lectura eficaz de la realidad, si quiere intentar hacer real un mundo que aún no existe.

El libro evoca el proceso del movimiento Proletkult para encontrar una nueva estética proletaria, un nuevo tipo de arte colectivista que busca las conexiones entre las personas y una nueva forma de organizar la experiencia del mundo. Esta frase, recogida en el libro, es bastante impactante y poética: “Quemaremos a Rafael, respiraremos una nueva belleza. ¿Por qué tratasteis de recrear el espíritu del movimiento Proletkult?, ¿cuál fue su importancia real?, ¿era / es posible un arte y una cultura proletaria y popular cocinada de abajo a arriba?

En realidad Bogdanov no estaba de acuerdo con la idea de quemar a Rafael, pensaba que sería suficiente con dejar de imitarlo, repitiendo las mismas cosas de siempre. Su idea de la cultura proletaria también conquistó a Gramsci, quien fundó un instituto inspirado en Proletkult en Italia. Ahora es un lugar común pensar que la realidad y el lenguaje no se pueden separar, pero en aquel momento dominaba el dualismo, y la ortodoxia marxista decía que si se quería cambiar la mentalidad de la gente, su conciencia, primero había que cambiar las condiciones materiales, la forma en que vivían.

Puedes renovar todas las formas que quieras, pero si escribes un poema para leerlo en un salón, no estás haciendo nada nuevo

Bogdanov creía que esta distinción tenía que ser superada: si la cultura dominante era la expresión de la clase dominante, entonces la batalla cultural era parte de la lucha de clases, exactamente como las huelgas obreras y la autogestión de las fábricas. Es importante recuperar una perspectiva de este tipo porque hoy la cultura dominante se da por sentada y el capitalismo se acepta como una segunda naturaleza, una condición inevitable. Experimentar con nuevos lenguajes y formas es ya una forma de cultivar alternativas, de mostrar que las posibilidades son posibles. Pero la nueva “cultura desde abajo” –y Bogdanov era de la misma opinión– no tiene que partir del lenguaje, ni de la forma ni del contenido: tiene que partir de nuestra forma de hacer cultura, de distribuirla, de usarla, de crear momentos de encuentro, de hacer accesible la cultura, de discutirla. Puedes renovar todas las formas que quieras, pero si escribes un poema para leerlo en un salón, no estás haciendo nada nuevo.

Bogdanov fue uno de los pioneros de las transfusiones de sangre. Pero en el libro, Bogdanov entiende la transfusión como un camino de hermandad, como un regalo recíproco, como un método para una sociedad colectivista. Me parece que este es un efecto especial de Wu Ming, ¿o me equivoco?

No contamos nada más que las teorías de Bogdanov, que quería encontrar formas de cambiar la percepción que los humanos tienen de la realidad. Creía que sin esta acción cultural, apoderarse del poder y los medios de producción no habría sido suficiente para revolucionar verdaderamente la sociedad y la humanidad. Compartir sangre, el fluido corporal que nos hace vivir, no solo aumentaría la inmunidad social a las enfermedades, sino que también aumentaría el sentido de colectividad en la vida de las personas. Era “comunismo de sangre”, al mismo tiempo comunismo biológico y psicológico.

Aleksandra Kolontai, otro personaje histórico que aparece en Proletkult, en una conversación con Bogdanov, sostiene que la transfusión de sangre no es suficiente para la cohesión de una sociedad. Defiende que las relaciones sociales, de clase y de género son las claves para activar esa cohesión. La vida colectiva y la colectividad como sujeto político son centrales en vuestra novela. ¿Por qué?

Porque es central en nuestras vidas: somos un colectivo de narradores que llevamos 25 años trabajando juntos, y en estos 25 años nuestras historias han estimulado a una vasta comunidad de personas que escriben, tocan música, hacen trekking, pelean, debaten... es el nicho biológico que creamos para nosotros mismos, seríamos personas muy diferentes sin él. El culto al individuo es letal. Los que tienen camaradas no morirán.

En Proletkult, volvéis a abordar el tema de las historias colectivas, siempre presente en la obra de Wu Ming. Pero con un matiz nuevo. Nunca narra un solo narrador. El narrador también escucha, no se puede saber lo que aporta cada uno, escribís en el libro. El oyente como posible y futuro narrador. ¿Seguimos en la guerra entre historias cerradas (con derechos de autor) e historias abiertas (con licencias libres)? ¿O el flujo de información digital dificulta el control de las historias y su autoría y las historias de código abierto van ganando la batalla?

Tenemos ambas tendencias hoy en día, y evidentemente están vinculadas entre sí. Por un lado, el creciente flujo de información y el desarrollo de tecnologías web hacen cada vez más difícil “confinar” la creatividad. Por otro lado, el capital persigue las consecuencias de sus mismas innovaciones con nuevos “cercamientos” para salvaguardar la propiedad privada y los beneficios económicos. Es una de las contradicciones sistémicas más evidentes de las últimas décadas. Por ejemplo, cuando te piden miles de euros para poder citar el verso de una canción en exergo a una novela, puedes darte cuenta de que la contradicción está produciendo monstruos. Y por eso Proletkult no abrió con un verso de Starman de David Bowie, como debería haber sido, sino con una cita de un escritor que vivió hace dieciocho siglos, Luciano de Samosata.

Denni dice en el libro que una revolución no es suficiente, que necesitamos cien revoluciones. En otra parte del libro, Bogdanov dice que cambiar la opinión de la gente es un proceso más lento. Parece que Bogdanov hizo un viaje al futuro y vio cómo Margaret Thatcher trabajaba en ese punto, ¿no?

Bogdanov previó gran parte de lo que experimentó el mundo después de su muerte. No pudo construir una nave estelar, pero ciertamente tenía una máquina del tiempo escondida en algún lugar.

Cambiar la mentalidad de la gente requiere mucho tiempo. Además, el proceso nunca se completa. La mayoría de las personas adoptan conceptos y pensamientos contradictorios según las situaciones. Esto significa que no importa cuánto tiempo hace que se haya impuesto una cosmovisión, siempre es posible encontrar un punto de apalancamiento para darle la vuelta.

Franco Berardi Bifo dice que la humanidad principalmente la izquierda y los movimientos sociales tiene una especie de nostalgia del comunismo. No del sistema comunista que existió, sino de su utopía, de la posibilidad de futuros. Durante décadas, el fin de la historia proclamado por Francis Fukuyama y la hegemonía del neoliberalismo han dificultado el simple hecho de imaginar un mundo nuevo. ¿Veis algún atisbo de esperanza en medio del colapso de la covid-19? ¿Podremos terminar con el neoliberalismo y desplegar nuevas / viejas formas de vidas y cosmovisiones más sostenibles y cooperativas?

Con mucho gusto les dejamos las profecías a los profetas. Somos narradores de historias. Lo que podemos decir es que en lo que va de 2020 hemos visto tres efectos colaterales evidentes de la pandemia. El primero es que durante los meses en que la producción industrial y el transporte se desaceleraron y disminuyeron a causa de los cierres, la emergencia climático-ambiental se detuvo e incluso la tendencia se revirtió.

No importa cuánto tiempo hace que se haya impuesto una cosmovisión, siempre es posible encontrar un punto de apalancamiento para darle la vuelta

El segundo efecto es la recesión económica, cuyas devastadoras consecuencias sociales ya empezamos a ver. El tercer efecto es el aumento de la paranoia, la infopatía y la enfermedad psíquica del cuerpo social. Significa que por un lado no es posible salvar el planeta sin cambiar el sistema económico y sin liberarse del chantajista “aumento de la producción o recesión”. Por otro lado, no es posible criticar el sistema económico sin tratar la psicopatología social producida por su auge y crisis. Este segundo punto nos devuelve a Bogdanov y sus teorías sobre la salud y el cuidado colectivos.

Estos últimos años del neoliberalismo han hecho visibles, nuevamente, las clases. Puede que no sea la misma clase proletaria, ya que la desindustralización del Norte Global es grande, sino un nuevo tipo de auto esclavitud de trabajadores pobres / desposeídos / 24/07. ¿Estáis de acuerdo?

En el pedestal de la tumba de Karl Marx en el cementerio de Highgate se puede leer: “Trabajadores de todas las tierras, uníos”. “Trabajadores” es un término más directo que proletarios. Hoy en día, pocas personas se describirían a sí mismas como proletarios, pero muchas, muchas personas pueden decir que son trabajadores: personas que ganan un salario por su tiempo, habilidades, inteligencia y trabajo. Cuando el neoliberalismo podía depender del crecimiento económico, aún podía garantizar a ciertos trabajadores un nivel de bienestar y derechos que los hiciera sentir diferentes a los demás trabajadores. Cuando entró en crisis, la burbuja se desinfló, y ahora la clase trabajadora es más visible, y su tamaño es más visible, es mucho mayor que la cantidad de personas que explotan el trabajo de otros.

Termino con una provocación, una cita de Meme Wars, un libro editado por la revista Adbusters en 2012. En el capítulo, Una nueva estética escriben sobre un nuevo sentido de la belleza. Si vamos a continuar otros mil años... Tendremos que desarrollar una nueva narrativa, un nuevo guión ... un nuevo tono, estilo, sentimiento, humor... una nueva estética... una nueva forma de estar en el mundo. Tendremos que iniciar un empujón global, una insurrección espiritual. Tendremos que utilizar la creatividad para destruir el viejo mundo, la vieja estética comercial y dar a luz un nuevo sentido de la belleza. ¿No es la misma búsqueda de belleza presente en Proletkult?

En cierto sentido, sí lo es. En una escena de nuestra novela, Denni le enseña a Bogdanov una palabra en el idioma de su planeta. La palabra es “adaeth” y significa “hermosa y útil”. En una sociedad liberada de la obsesión por el valor de cambio, tenemos la unión del valor de uso y el valor estético en un mismo concepto. Después de todo, no es nada diferente a lo teorizado hace un siglo y medio por William Morris y el movimiento Arts and Crafts. Morris se perdió la revolución. A Lenin le faltaba tener conciencia de que tomar el poder político y el control de los medios de producción no implica necesariamente una revolución de la mentalidad, que es el sistema más difícil de raspar. Bogdanov carecía de la capacidad política para afirmar sus intuiciones frente a los reveses de la historia. Pero dijese lo dijese Fukuyama, la historia nunca termina. Todavía estamos buscando un camino.

La pandemia ha golpeado duro a CTXT. Si puedes, haz una donación aquí o suscríbete aquí

Soviets y electricidad, arte proletario y ciencia ficción, asaltantes de bancos y utópicos irredentos, experimentos científicos y alienígenas. Wu Ming está de vuelta. En su formato más habitual: una novela. Con el método que siempre usaron: escribir a muchas manos. Con el telón de fondo más común en sus...

El artículo solo se encuentra publicado para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Bernardo Gutiérrez

es periodista, escritor e investigador hispano brasileño. Ha cubierto América Latina desde el año 1999, como corresponsal en Brasil la mayoría de ese tiempo. Es el autor de los libros Calle Amazonas (Altaïr), #24H (Dpr-Barcelona),  Pasado Mañana (Arpa Editores) y Saudades de junho (Liquid Books).

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí