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ERNESTO GANUZA y ARANTXA MENDIHARAT / Autores de La democracia es posible

“Si no llega el sorteo cívico lo que llegará será el populismo y la extrema derecha”

Steven Forti 5/10/2020

<p>Ernesto Ganuza y Arantxa Mendiharat. </p>

Ernesto Ganuza y Arantxa Mendiharat. 

Cedidas por la editorial Consoni

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¿Qué es el sorteo cívico? ¿Cómo funciona? ¿Es una herramienta que puede salvar y mejorar nuestras democracias, evitando derivas populistas y tecnocráticas? ¿Puede acercar otra vez la ciudadanía a la política y las instituciones? Según, Ernesto Ganuza, sociólogo en el Instituto de Políticas y Bienes Públicos del CSIC, y Arantxa Mendiharat, gestora cultural, activista, cofundadora de Deliberativa y socia de la red internacional Democracy R&D, el sorteo y la deliberación pueden jugar un papel destacado en las instituciones políticas de hoy y de mañana. Existen ya muchas experiencias en todo el mundo, España incluida, que han mostrado su viabilidad y eficiencia política tanto que se habla de una ola deliberativa que abarca todo el mundo occidental. Ganuza y Mendiharat acaban de publicar La democracia es posible. Sorteo cívico y deliberación para rescatar el poder de la ciudadanía (Consonni, 2020). 

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Sorteo cívico: ¿de qué estamos hablando?

Arantxa Mendiharat: De una herramienta. Se trata de generar grupos de personas elegidas por sorteo o que conforman una muestra descriptiva de la población y que son mandatados por tomar decisiones de políticas públicas. Lo que explicamos en el libro es cómo esta herramienta se puede utilizar de la mejor forma posible para responder a la enorme crisis de confianza que hay ahora mismo en las instituciones políticas.

La gente no sabe discutir, no tiene conocimiento y solo va a lo suyo. Se escuchan a menudo opiniones de este tipo que critican propuestas como la del sorteo cívico. ¿Qué contestáis?

Por medio del sorteo cívico permites que la gente se sienta vinculada al espacio público porque a todo el mundo le puede tocar

Ernesto Ganuza: No hay un contexto adecuado para valorar esas afirmaciones. El sistema representativo basado en los partidos genera un contexto poco democrático donde es muy difícil establecer un diálogo entre las personas sobre determinados temas. La gente se aleja de lo público y los diálogos se polarizan mucho. Por medio del sorteo cívico permites que la gente se sienta vinculada al espacio público porque a todo el mundo le puede tocar: estableces una relación completamente distinta entre los poderes y la ciudadanía. 

A.M.: En los contextos de sorteo cívico está todo estructurado para que la deliberación tenga efectivamente lugar y que todo el mundo tenga acceso a la información necesaria, participe y tome una decisión. En otros espacios, incluidos muchos de participación, no es así: hay otras metodologías que hacen que los diálogos y las deliberaciones sean más difíciles.

Lo del sorteo cívico puede parecer algo exótico. Sin embargo, un reciente informe de la OCDE ha contabilizado 755 experiencias de sorteo cívico en todo el mundo, de las cuales casi 40 solo en 2019. 

A.M.: La OCDE, de hecho, habla de ola deliberativa. Cada año hay más experiencias de este tipo. También es cierto que estamos hablando de países occidentales: esta ola aún no ha llegado a los países del sur donde, de todos modos, ya conocemos algunas experiencias.

E.G.: En realidad, la ola deliberativa empezó en los años setenta. En la última década se está planteando no solo como una manera de “democratizar el lobby”, sino para que mediante el sorteo se puedan tomar decisiones políticas directas. 

¿Cómo funcionan estas experiencias y qué capacidad tienen de incidir en la agenda y las decisiones políticas?

A.M.: En general, un gobierno o un parlamento tiene una pregunta difícil que no sabe muy bien cómo manejar y decide convocar una asamblea ciudadana. Esta tiene que ser descriptiva de la población, tener tiempo para debatir, tener acceso a la información facilitada por los expertos y a técnicas de deliberación. Además, se tiene que dejar claro de antemano a dónde va a ir la decisión que va a ser tomada en esa asamblea. 

En Irlanda se convocó una Asamblea Ciudadana en 2016 para debatir sobre el aborto. 99 personas por sorteo reunidas durante varios fines de semana

E.G.: En el caso de Irlanda, por ejemplo, se convocó una Asamblea Ciudadana en 2016 para debatir el tema del aborto. Se eligieron 99 personas por sorteo que se reunieron durante varios fines de semana. Había grupos provida y grupos abortistas explicando a la gente las diferentes consecuencias que tenía tomar una decisión u otra. Al final, la Asamblea Ciudadana decidió sugerir al gobierno celebrar un referéndum para que la ciudadanía eligiera, y ofreció un resumen de los argumentos a favor y en contra para que la gente los tuviera disponibles.

Son también interesantes los casos de la Revisión de Iniciativas Ciudadanas (RIC) establecidas en 2011 en Oregón y los órganos de participación permanente como el Observatorio de la Ciudad en Madrid o en la región alemana de Bélgica, ambos instituidos en 2019.

A.M.: La RIC de Oregón se hace antes de la celebración de un referéndum de iniciativa popular, previamente convocado por el gobierno. Este panel ciudadano, formado por al menos 25 personas de todos los estratos sociales que se han reunido un mínimo de 40 horas, ofrece una información contrastada a todas las personas que votarán en el referéndum. La información debe caber en una hoja y debe contener tres cosas: explicar de qué se trata, quién está a favor y por qué, quién está en contra y por qué. Por las encuestas, sabemos que la gente conoce y confía cada vez más en esta información que les llega conjuntamente con el boletín de voto. El caso de Madrid y de Bélgica son aún más interesantes porque se trata de asambleas permanentes puestas en marcha por un gobierno. 

Citas el caso de Madrid. ¿Las plataformas municipalistas impulsaron pues proyectos de sorteo cívico?

E.G.: Creo que no ha habido mucho tiempo. Las plataformas municipalistas estuvieron solo cuatro años y lo del sorteo no es muy conocido. La experiencia del Observatorio de la Ciudad que lanzó Ahora Madrid duró solo unos meses porque hubo elecciones y el nuevo gobierno del PP la cerró. Quien lanzó el Observatorio es gente que venía del 15M como Pablo Soto y Miguel Arana. El proyecto fue muy ambicioso y mezclaba muy bien las dos almas del 15M: por un lado, la democracia y lo digital para que la gente participara masivamente; por el otro, la deliberación, mucho más pausada, para que se tomaran decisiones que fueran votadas en referéndum directamente sin pasar por el Ayuntamiento. Ilustraba muy bien el espíritu del 15M, es decir que los ciudadanos se organizaran políticamente al margen de los representantes políticos. 

¿Ha habido otras experiencias interesantes?

E.G.: En Andalucía, en 2006 y 2008, se hicieron dos encuestas deliberativas: una sobre el agua y otra sobre el ocio nocturno. También se han hecho muchos jurados ciudadanos con diferentes temáticas a nivel local y regional desde los años ochenta y noventa. Pero falta una sistematización de todas estas experiencias que han sido propuestas por políticos o consejerías aisladamente. 

A.M.: En el País Vasco hubo experiencias de jurados ciudadanos importantes ya en los años noventa, como una sobre el trazado de una autovía que fue acordada por todos los partidos políticos. Luego hay el caso más reciente de la candidatura de la capital cultural europea de San Sebastián: se trataba de poder atribuir unas subvenciones de un programa llamado Olas de Energías Ciudadana mediante comités ciudadanos que se elegían vía sorteo. Fue una experiencia piloto interesante. 

¿Cómo se eligen las personas que participan en estas asambleas?

Lo ideal sería que la sociedad conociera mejor el sorteo cívico y que se experimentara más para que la gente viera cómo funciona y qué legitimidad tiene

A.M.: Primero se hace un sorteo de direcciones o números de teléfono y se lanza la invitación a participar. A partir de la gente que contesta positivamente, se hace un segundo sorteo que permite llegar a la muestra final. Se utilizan cinco criterios: género, edad, localización geográfica, nivel educativo y nivel socioeconómico. A veces se hacen preguntas relacionadas con la reacción de las personas con el tema a debatir. Por ejemplo, en Reino Unido están haciendo ahora una asamblea ciudadana sobre el clima y en los criterios han añadido también la relación que tienen las personas que han contestado positivamente con el cambio climático.

 ¿El sorteo es eficiente políticamente?

E.G.: Sí. La gente toma la decisión a partir de toda la información científica existente y ordenada desde diferentes perspectivas con el objetivo de proponer medidas que tengan en cuenta las dificultades que los científicos plantean, más los contextos y las restricciones legales existentes. Cuando las medidas se han llevado a referéndum han sido muy aplaudidas y apoyadas porque consideran un amplio espectro, mayor del que ofrece el sistema actual. 

¿El sorteo cívico es una forma para salvar la democracia representativa o pone las bases de una nueva manera de organizar políticamente la sociedad?

A.M.: Hay dos posturas: una que considera que debería ser una herramienta complementaria del sistema actual y otra que cree que es muy difícil que los sistemas actuales integren estas herramientas para renovarse en profundidad. Esta segunda opción considera que se podría pensar un sistema enteramente basado en el sorteo cívico. 

E.G.: De hecho, los teóricos están pensando en esto. En su último libro, el intelectual marxista Erik Olin Wright lo plantea claramente. 

A.M.: Lo ideal sería que la sociedad conociera mejor el sorteo cívico y que se experimentara mucho más en todos los ámbitos para que la gente viera cómo funciona y qué legitimidad tiene. Y luego convendría reflexionar si es suficiente como herramienta complementaria o se debería repensar todo el sistema.

¿El gobierno de coalición PSOE-UP podría/debería implementar alguna experiencia de sorteo cívico?

Con una asamblea ciudadana todo es transparente. El problema no es si la covid está o no, claro que está: el problema es cómo la gestionamos

E.G.: Es un momento perfecto para hacer una asamblea ciudadana a nivel nacional sobre el problema de la pandemia. Se acaba de hacer una en Francia sobre el cambio climático, y también la están haciendo en Reino Unido. Si no hubiese habido la pandemia, seguramente en España tendríamos una también. Con la covid-19 tenemos un problema enorme: la ciudadanía no se fía nada de los políticos, hay muchísima información pero nadie sabe digerirla ni transmitirla. Pues, hagamos una asamblea ciudadana: se eligen a 150 ciudadanos de todo el país y se va a debatir durante cinco fines de semana sobre qué políticas consideramos aceptables teniendo en cuenta todo lo que pasa. Que vengan los expertos y nos cuenten que pasa con la economía, con la salud, etc. ¿Se puede o se debe hacer un nuevo confinamiento? ¿Sí? ¿No? ¿Y por qué? Estos 150 ciudadanos elaborarán un informe sencillo que se pueda distribuir a todo el mundo y a partir de ahí tomamos decisiones. ¡Es mucho más fácil! La gente necesita información y los políticos no quieren darla. Con una asamblea ciudadana todo es transparente. El problema no es si la covid está o no, claro que está: el problema es cómo la gestionamos. Para eso necesitamos tener mucha información y la mejor manera para conseguirla es una asamblea ciudadana pública y abierta. Las últimas que se están organizando en diferentes países son retransmitidas en streaming para que la gente se conecte y pueda escuchar debates de una forma transparente y limpia. 

A.M.: En Francia cualquier medida que vaya a tomar el Gobierno sobre el cambio climático se comparará con los resultados de la asamblea ciudadana. Por ejemplo, la asamblea ciudadana votó al 98% una moratoria sobre el 5G: dos meses después, el Gobierno tomó una decisión contraria, que ha generado un enorme debate en la sociedad. Por el otro lado, los movimientos sociales pueden influir en los temas a debatir como estamos viendo con Extintion Rebellion en el Reino Unido y la asamblea ciudadana sobre el cambio climático.

E.G.: Es que si no llega el sorteo cívico lo que llegará será el populismo y la extrema derecha.

En EE.UU. ha habido bastantes experiencias de sorteo cívico en las últimas décadas. Pero gobierna Donald Trump…

E.G.: En realidad, se trata de experiencias aisladas y sobre todo en estados liberales, como California, Oregón o Massachussets. Lo que está muy extendido son los referéndum y la democracia directa. El problema es que la gente no sabe que hay otras alternativas democráticas que son más eficientes políticamente. Ahora en Canadá se ha propuesto hacer 10.000 pequeños debates de sorteo cívico en los próximos diez años: esto significa que dentro de 15 años la mitad de la población habrá participado en un debate. Entonces sí que el sorteo cívico estará extendido y conocido. 

¿Es pues el sorteo cívico una panacea para nuestras democracias? ¿No tiene contraindicaciones?

A.M.: No es una panacea, obviamente. Se debe hacer en las mejores condiciones, poniendo recursos, tomándoselo en serio e ir avanzando con el método ensayo-error. Tendrá sus fallos, pero irá bien si se la considera una institución más, como en la región alemana de Bélgica. Se convierte en peligroso cuando se hace a medias y mal. 

E.G.: Habrá siempre un problema de sesgo participativo: ¿quién participa? También hay otro: ¿de qué se debate? Si es complementario a la democracia representativa, ¿lo decide el gobierno? Si no lo es, ¿cómo se decide de qué se habla? Esto también plantea dificultades. En Madrid lo habían ideado muy bien ya que los temas salían de la plataforma decide.madrid a partir de las propuestas de la ciudadanía. Permitía establecer una agenda política respetando mucho la igualdad política y la distribución del poder. Ese es el camino.

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Autor >

Steven Forti

Profesor asociado en Historia Contemporánea en la Universitat Autònoma de Barcelona e investigador del Instituto de Historia Contemporánea de la Universidade Nova de Lisboa.

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