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Hovik Keuchkerian / exboxeador, cómico, actor y poeta

“Algunos han querido coartar nuestro derecho a la libertad de expresión en ‘Antidisturbios’”

Álex Blasco Gamero 9/02/2021

<p>Hovik Keuchkerian.</p>

Hovik Keuchkerian.

Trama Films

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Hovik Keuchkerian (Beirut, 1972) pasó su juventud en Alpedrete (Madrid), donde conoció el boxeo. Su primer amor. En 2003, se proclamó campeón nacional en la categoría de pesos pesados. Desencantado con la organización profesional, a finales de 2004 colgó los guantes con un registro de 16 victorias (15 por KO) y una derrota, pero como él bien dice “cuando cierras una puerta se abren otras”. Y esas puertas se abrieron de par en par con una prometedora carrera artística en la comedia, que despegó con su monólogo Croquetas; la poesía, con su libro Cartas desde el Palmar (Editorial Sinmar, 2005), y la interpretación, con el corto Lost (2010).

En 2014, Keuchkerian fue nominado al Goya a mejor actor revelación por Alacrán enamorado (2013), y el pasado 16 de enero consiguió el galardón a mejor interpretación masculina en una serie por Antidisturbios (2020). Durante la gala de los Premios José María Forqué, el actor cambió la celebración por un minuto de silencio en memoria de aquellos que ya no están. 

Nació en Beirut, hijo de una mujer española y un hombre armenio. ¿Cómo se conocen un armenio y una española en el Líbano de los años 70?

Es raro que una mujer en esa época viajara. Mi madre se movía mucho y fue a descubrir Oriente. Mi padre tenía una industria textil y mi madre era, y es, modista, y allí se conocieron. Empezaron a trabajar juntos y surgió el amor. Esas cosas que pasan en la vida.

1975, comienza la guerra en Líbano, os veis forzados a emigrar y termináis en una España en la que el dictador acababa de morir. ¿Recuerda algo de aquellos años?

Tengo algún fogonazo porque vine con solo tres años. Por lo que me han contado había varias opciones para huir después de que estallara la guerra civil en Beirut. Aquí acababa de morir Franco, todas las teorías decían que iba a haber un momento de apertura al mundo y de crecimiento económico, y además mi madre era española. La decisión de venir a la tierra de mi madre fue la más clara. 

¿Ha vuelto al Líbano?

No, no he vuelto todavía. Es mi viaje pendiente. Soy de esos tipos extraños a los que, hoy está casi mal visto decirlo, no les gusta viajar. Si es por trabajo encantado, viajo por un objetivo. Cuando no estoy currando, yo en mi casa estoy muy bien.

¿Qué siente cuando ve que se usa la crisis de refugiados, a nivel político y mediático, como parte del discurso del odio contra los migrantes?

No me creo a la mayoría de los políticos y no hago caso a cómo dan las noticias “determinados” medios de comunicación. Están absolutamente vendidos a algunos poderes, a intereses económicos.  

Soy de esos tipos extraños a los que, hoy está casi mal visto decirlo, no les gusta viajar. Si es por trabajo encantado, viajo por un objetivo. Cuando no, yo en mi casa estoy muy bien

La gente que huye, porque están huyendo, son seres humanos que intentan salir de sus países para tener una vida. Es un problema imposible de controlar, salvo que toda la comunidad internacional realizase un esfuerzo. Que todos los países del primer mundo –por llamarlos de alguna manera– ayudasen a que en los países de origen se cubrieran unas necesidades básicas y cierta capacidad de crecimiento a nivel global, con escuelas, hospitales, empresas… Que ayudasen a que esos países pudieran crecer como el resto.  Pero como todo depende de la economía y de los intereses ya establecidos... No voy a ser yo quien le diga a otra persona que no intente salir de su país si las condiciones de vida son infrahumanas.

El pasado 19 de octubre publicó un vídeo pidiendo que cesaran los ataques de Azerbaiyán a Artsaj (Armenia), ¿está al tanto del “acuerdo de paz”?

De “paz”. Hablamos de un país que está solo, con muy pocos aliados y sin lobbies fuertes. El único apoyo que tienen es el de los armenios de la diáspora. Una vez firmado este acuerdo, mi único deseo es que por lo menos no nos peleemos entre nosotros. Encarar los años que vienen de una forma inteligente y pacífica, aunque sea con un gobierno técnico. De lo contrario, el país puede ser irrecuperable, puede terminar hundiéndolo. 

“El mundo lo mueven los hijos de puta” es una línea de uno de sus monólogos. ¿Esperaba algo más del Gobierno español, de la UE o, incluso, de EE.UU.?

Ya no espero nada. EE.UU. tiene intereses potentes en Azerbaiyán. Turquía está interesada en el control del Cáucaso Sur. Y Europa tampoco se iba a meter. Están todos en la ONU y no se van a meter por eso. Por eso decía en una parte de mi vídeo que “basta de conversaciones, basta de reuniones, basta de discursos. Es hora de intervenir”. Tenía una pequeña esperanza de que Rusia diese un golpe en la mesa, pero también tiene intereses económicos y armamentísticos. El único que no tiene intereses con nadie es Armenia, pero ese es el David, el pequeñito. Son solo tres millones de armenios que quieren vivir en paz, pero eso parece imposible. 

Hablemos de usted. Es actor, escritor, cómico y exboxeador, campeón nacional de los pesos pesados. ¿Qué le llevó a hacerse boxeador profesional?

Empecé a escribir antes que a boxear. Nunca fui un gran lector. He sido un gran experimentador, un vividor. Si algo me gusta voy.  Si algo me da miedo voy

Desde muy pequeño me fascinaba el deporte. Empecé con el baloncesto y llegué a jugar con cierta seriedad hasta que me lesioné el tobillo y tuve que dejarlo. En ese momento empecé a hacer full contact, luego kick boxing y cuando me di cuenta había ganado un campeonato de España, y un amigo me había empezado a enseñar boxeo. Me enamoré de él. Tuve una carrera amateur muy corta: cuando fui campeón de España, disputé una pelea con la selección y mi entrenador me dijo que o tirábamos con la selección o pasábamos a profesional. Y pasamos a profesional, sin saber muy bien dónde me metía. 

Una carrera deportiva exitosa que se cortó de golpe. ¿Qué pasó? ¿Llegó un día en que no se vió capaz físicamente o simplemente perdió las ganas?

Estuve 10 años entrenando, entre amateur y profesional. Llegó un momento en el que tenía que pelear casi más fuera del ring que en él para sumar peleas. Hay un problema en España, en el caso del boxeo, y es que cualquiera que se plantee una carrera, no puede dedicarse únicamente a entrenar. Estaba entrenando, con mi gimnasio, con deudas, con un proyecto al que le metí un dinero que no tenía y, aún así, cumplía con las peleas. Era muy complicado. Una mañana me levanté, me fui a correr para preparar un combate antes de Navidad y directamente paré a la mitad. Me dije: ‘qué haces corriendo con este frío, no quieres estar aquí, no quieres pelear’ y la respuesta fue nítida. No quería y lo dejé. Cuando veo que algo no va, lo dejo. Y la vida me ha demostrado que cuando cierras una puerta se abren otras.   

Y del boxeo pasó al stand up. ¿Cómo fue ese cambio?

Un amigo, el mago Jorge Blass, me invitó a subir con él al escenario y me gustó la sensación. El dueño de la sala Galileo me vio y me pidió que volviera Me dijo que a la gente le había gustado, que hiciese un monólogo. Le dije que yo no hacía monólogos, que era exboxeador y que tenía un gimnasio, pero por lo que sea volví. Me subí al escenario para hacer un monólogo, la sensación me gustó tanto que me enamoré y recuperé la pasión por algo. Empecé a trabajar mucho, luego grabé el monólogo Croquetas, que fue un pelotazo, y a raíz de eso me llamó un productor para lo que iba a ser mi primer proyecto audiovisual.

“Tengo goteras en mi casa, goteras en mi curro y goteras en mi corazón”. Estructuraba las actuaciones con una primera sección dura. Más dramática que cómica. ¿En qué momento pensó que esto podía ser una buena idea para un show de comedia? 

Yo voy por mi camino, pongo mi ‘jab de izquierda, muevo la cabeza para que no me peguen y me anclo bien al suelo… que no me tomen en serio me da totalmente igual

Mi carrera de cómico fue muy rápida. Hubo un año en el que hice cerca de 160 bolos. Me cansé de la estructura de frase-risa-frase-risa, necesitaba decir algo más y empecé a meter reflexiones. Tengo grandes amigos que me decían que una de las claves de esto era no bajar al público porque luego no los iba a poder subir. Pues si encima empiezas bajándoles al infierno antes de arrancar, imagina. Me dije que lo quería probar, me apetecía. La sorpresa vino cuando en un bar del circuito salí y me puse a recitar. A decir cosas que te iban a hacer de todo menos gracia, incluso que te podían incomodar. La clave estaba en el giro, era tan potente que generaba una incomodidad tan grande que le sembraba al espectador una necesidad de reírse. Y si el gag que iba después era potente pues los subías del infierno al cielo. Y cuando estaban en el cielo, disfrutando, los cogía y los volvía a bajar. 

A la vez empezó a publicar libros de poesía, ¿esos arranques le llevaron a escribir o escribir le llevó a esos arranques?

Empecé a escribir antes que a boxear. Nunca fui un gran lector. He sido un gran experimentador, un vividor. Si algo me gusta voy.  Si algo me da miedo voy. No soy un gran conocedor de la literatura. De hecho, a Bukowski lo empecé a leer porque tuve que hacer un anuncio en el que recitaba un poema suyo y a partir de ahí lo descubrí y me pareció espectacular, a pesar de que en general la poesía me aburre. Yo escribo lo mío, a determinada gente le ha gustado y me han llamado poeta.

Le aburre la poesía, pero escribe poesía.

Cuando publiqué el primer libro de poesías el editor me regaló unos cuantos libros, que en principio cualquier poeta tiene que leer o conocer, y no terminé ninguno. Leí cuatro o cinco poemas de cada uno y dije: ‘Los poetas tendrán que leer estos textos porque lo habrá dicho alguien, pero yo desde luego no’. 

¿Cómo fue el paso de cómico a actor?

Hice un corto y luego surgió una posibilidad en la serie Hispania, porque estaban buscando un tipo de mi perfil.  Empecé a trabajar y me gustó mucho. Creo que quien venga de la comedia o del stand up tiene un gran camino hecho en la interpretación. 

“No habría sido el mismo actor si no hubiese sido boxeador” es una frase suya. Una vez escuché que el boxeo y la actuación tienen una fuerte vinculación porque en las dos profesiones sabes lo qué quieres hacer pero dependes del que tienes enfrente. 

Yo no sería el mismo actor si no hubiera boxeado antes, aunque es algo que no sabremos nunca. El boxeo y la actuación no tienen nada que ver, pero el boxeo te ayuda a anclar los pies en el suelo, a estar alerta y, a la vez, relajado. Al final, el boxeo te prepara para estar en un momento determinado al 100% y a gestionar la presión. Si trasladas eso a la interpretación, puedes sacar cosas muy positivas. 

Despues de la serie Hispania (2010-2012) y la película Assasin´s Creed (2016) algún crítico dijo que era ‘más presencia que actor’. ¿Le preocupa?

Yo voy por mi camino, pongo mi jab de izquierda, muevo la cabeza para que no me peguen y me anclo bien al suelo. Llevo diez años trabajando, tengo cuatro libros de poesía publicados, he sido dos veces campeón de España profesional, una vez amateur, una vez de kick boxing, he hecho películas y series fuera, he estado nominado a los Goya… que no me tomen en serio me da totalmente igual. 

El tiempo parece que le ha callado la boca a estos críticos, primero con La casa de papel y ahora con Antidisturbios, y le ha colocado en lo alto de las listas de premios del cine español.

Quizá La casa de papel me ha dado a conocer más a nivel internacional porque ha sido un fenómeno a nivel mundial. Es un paso más para estar en la lista de futuros proyectos internacionales. Mientras que Antidisturbios es un pasito de otro tipo, porque he tenido la fortuna de compartir reparto con cinco o seis de los mejores actores y, para mí, el mejor director de este país, que es Rodrigo Sorogoyen. Esto no quiere decir que lo que venga a partir de ahora vaya a ser mucho mejor, vendrá lo que tenga que venir. 

Antidisturbios ha sido elogiada por crítica y público a pesar de que en el SUP y la Jupol, sindicatos de la policía, no estén de acuerdo. “La serie #Antidisturbios es una auténtica BASURA”.

La única vez que he hablado con un responsable de la Jupol todo lo que dijo me pareció coherente. Habrá gente que considere que la serie es una basura y habrá que saber si la han visto o no. Lo que dijo él en TV3 en directo me pareció coherente: que no tenía nada en contra de la serie, que estaban molestos porque no habían formado parte del equipo que había asesorado la serie. Yo creo que estuvimos perfectamente asesorados. Puede ser que no les haya gustado que se aireen determinadas cosas. La serie tiene una parte de ternura, de humanidad. Es un intento de mostrar la vida y el sufrimiento de estas personas. Uno de los pilares de la serie es contar la vida de esta gente de puertas para adentro, y es uno de los motivos por los que la serie ha funcionado. 

Otra cosa es que con algunos comunicados y tuits hayan querido coartar nuestro derecho a la libertad de expresión con la excusa de un supuesto uso malintencionado de la imagen de la UIP. Nadie puede imponer qué tiene que contar en el guion, cómo tiene que hacerlo y cómo tiene que dirigirlo. Ahí ya tendríamos un problema grave. Es como si yo ahora te dijese a ti lo que me tienes que preguntar. Tú me preguntas y yo lo que quiera contestarte te lo contesto y si alguna pregunta considero que es malintencionada o que es una estupidez no la respondería, pero estás en tu derecho de preguntar. 

Ha retomado la obra Un obús en el corazón en los Teatros Luchana, en Madrid. ¿Cómo es subirse a un escenario durante una pandemia? 

Es la historia autobiográfica de un chico que, en 1975, tras un atentado en Beirut le sacan del país y fuera de su tierra crece en soledad. En un momento dado su madre enferma de cáncer y en el instante en el que le llaman del hospital, para que vaya a verla en sus últimos días, comienza la historia. Durante el viaje empieza a recordar dónde nacieron sus miedos, sus traumas y esto se convierte en una epifanía por la que, a través del dolor causado por la guerra y el cáncer de su madre, descubre la necesidad de convivir con esos miedos para llegar a conocerse. 

Cuando hace cuatro meses llamé a mi director para decirle que quería volver a estrenar esta obra, aunque no fuese el mejor momento, pensaba que si solo iban diez personas sería para esas diez. Es una obra dura, pero en estos momentos complicados tenía la necesidad y la intuición de que iba a funcionar. Está siendo duro porque todo el mundo viene más tocado de lo habitual, pero está siendo completamente catártico. Con una situación tan dura como la actual, la gente sigue viniendo al teatro y, dentro de los límites de aforo, estamos llenando. Parece que todos tenemos un nubarrón negro por la incertidumbre de lo que va a venir. Pero tenemos que luchar y la gente que viene, a sabiendas de lo que va a ver, crea una energía, una simbiosis increíble conmigo y con la obra.

Autor >

Álex Blasco Gamero

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