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Encrucijada

Cataluña: dos mayorías, dos alternativas

El liderazgo de ERC en el bloque independentista modifica la ecuación y convierte a los Comuns en un actor político determinante para explorar otra vía. El PSC podría optar por condicionar un Govern en el que Junts se quedase fuera

Javier Alberdi / Luis Marbán 17/02/2021

<p>Gráfico de posibles apoyos en la investidura. </p>

Gráfico de posibles apoyos en la investidura. 

J.A. y L.M.

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Las elecciones catalanas del 14 de febrero son las de menor participación electoral en la historia de las autonómicas en Cataluña: han superado por poco el 50% de participación y han descendido por debajo de niveles pre-procés. 

La explicación principal que se ha dado ha sido la del miedo al contagio. Sin embargo, podría no ser así o al menos no ser ni la única ni la principal causa. El agotamiento del ciclo político iniciado por el procés podría ser otra posible explicación. A lo largo del año pasado hemos tenido dos elecciones en plena pandemia, las vascas y las gallegas, en las que menos de un 20% de las personas que no votaron lo hicieron por miedo al coronavirus (18,8% en Euskadi y 14,2% en Galicia). La mayoría adujeron los motivos habituales de falta de alternativas, desconfianza, hartazgo, etc. Es cierto que estos comicios se produjeron con unos niveles bajos de contagio mientras que en las catalanas nos encontrábamos en plena tercera ola. Otro argumento para subrayar, sin embargo, el descontento es el de que a pesar de la bajada histórica en la participación, el voto nulo ha logrado su máximo histórico (+40.000 votos).

 

Victoria histórica del PSC

El pasado domingo, el PSC se convirtió, por primera vez y a pesar del empate con ERC, en la primera fuerza política de Cataluña en escaños. Ya había sido primera en votos en 1999 y 2003 gracias al liderazgo de Pascual Maragall. Tras años de un progresivo descenso electoral, las elecciones de 2017, con Miquel Iceta de candidato, representaron un cambio de tendencia, y lograron aguantar a pesar del auge de Ciudadanos. Ahora consiguen un aumento de 16 escaños, y se sitúan en 33 parlamentarios (23%). El principal factor diferencial ha sido la candidatura del exministro de Sanidad, Salvador Illa, que con un perfil más presidenciable logró situarse como el mayor adversario para el bloque independentista.

Con esta victoria, los socialistas recuperan gran parte de la hegemonía perdida durante la pasada década en el área metropolitana de Barcelona, y obtienen subidas que rondan el 70% respecto a 2017. Destaca la victoria en Barcelona (donde fue cuarta fuerza en 2017), en Badalona (donde ha sido alcaldesa la candidata de la CUP, Dolors Sabater) y la progresión en Santa Coloma (+17,93), Viladecans (+15,92), Hospitalet (+15,87) y Cornellá (+15,42).

La disputa ERC-Junts por el liderazgo independentista

Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) ha empatado en 33 escaños con el PSC y consigue un resultado histórico que le permite liderar el bloque independentista, y superar por primera vez al espacio tradicional de Convergencia (CiU). Los republicanos llegaban a las elecciones del 14-F en tercer lugar en las encuestas a pesar del triple empate que pronosticaban. Aunque han bajado respecto a las elecciones de 2017, han superado las expectativas.

Junts, por otra parte, pierde dos escaños y pasa del segundo al tercer puesto. El enfrentamiento en campaña fue constante y, a última hora, la presión de Junts sobre los republicanos pareció funcionar al conseguir su firma en un manifiesto que vetaba a Illa como posible socio de gobierno. Pero finalmente, Junts no logra el objetivo de liderar el independentismo y es posible que el causante haya sido el Partit Demòcrata (PDeCAT). Los de Laura Borràs obtienen en torno a 35.000 votos menos que ERC, mientras que el PDeCAT logra 77.000 votos. El partido de Artur Mas no solo no ha obtenido representación, sino que parece haberle costado la presidencia de la Generalitat a Laura Borràs. 

La experiencia nos ha demostrado que en política 1+1 no siempre son 2 (Podemos + IU en 2016, PP+Cs en Euskadi, etc.). Pero en el hipotético caso de que ambos partidos hubieran concurrido unidos y todos los votos del PDeCAT hubieran ido a Junts, este habría ganado las elecciones con 35 escaños,  arrebatando uno al PSC y a ERC en Barcelona y uno más al PSC en Lleida. 

El hundimiento de Ciudadanos 

Sin duda una de las cuestiones más relevantes ha sido el hundimiento de Ciudadanos, que pasa de ganar las elecciones en 2017, con 36 escaños y el apoyo de más de 1 de cada 4 catalanes que fueron a votar, a cosechar un resultado de solo seis escaños y apenas un 5% del voto. La pregunta fundamental a la hora de analizar este resultado es: ¿era previsible?

La respuesta corta es sí. Ciudadanos no ha dedicado apenas tiempo a fidelizar a sus votantes y a generar una identidad propia y el resultado de las generales de noviembre de 2019 no fue más que un adelanto de lo que iba a suceder en la arena catalana.

Hay que tener en cuenta que, en su nacimiento, Ciudadanos se presentó en Cataluña como un partido con un único tema: la lucha y la confrontación frente al nacionalismo catalán. Posteriormente fueron revistiendo al partido de diferentes etiquetas ideológicas (centro-izquierda, socioliberal, liberal, centro-derecha), pero, en el fondo, el motivo para votarles en unas elecciones catalanas era el de hacer frente a un movimiento independentista por el que sentían amenazados sus derechos aquellos que no se sentían exclusivamente catalanes. 

Prueba de ello es que el votante de Ciudadanos en 2017 tiene como nexo el rechazo al nacionalismo catalán, no la ideología. Apenas nos encontramos con votantes de extrema derecha (niveles parecidos a los de extrema izquierda) y la mayoría se ubicaría en el centro (5), con un pico importante entre aquellos que no sabrían definirse en ese eje (17,7%). Un no saber definirse que prácticamente se elimina al preguntar por el grado de nacionalismo catalan. 

Por otro lado, tampoco nos encontramos con una importante identidad exclusivamente española (11,4%) sino más bien dual (el 63,5% se siente igual de catalán que español, el 16,8% se siente más español que catalán y el 4,8% se siente más catalán que español). Y si bien un Estado más centralizado cosecha el apoyo de un 19,9% de los votantes de C’s, son mayoría quienes prefieren el modelo actual (53,1%) e incluso hay quienes optarían por una mayor descentralización (15,9%). Con un electorado tan diverso ideológicamente y, teniendo como único nexo de unión el rechazo al nacionalismo, el fracaso electoral estaba sentenciado. Simplemente bastaba con que la cuestión de la independencia apareciese en menor medida en la opinión pública o que apareciera un partido más radical (Vox) o hubiera otro voto útil (PSC), para provocar la desestabilización de las bases electorales. En este caso, las tres posibilidades han ocurrido al mismo tiempo.

Cabe preguntarse también a dónde ha ido todo ese voto de Ciudadanos. Con las encuestas preelectorales en la mano, se puede decir que hacia el PSC, la abstención, Vox y el PP. Sin embargo, a la vista de los resultados, y a la espera de encuestas postelectorales, es más que probable que el voto se haya dirigido más hacia la abstención de lo que pronosticaban las encuestas y que finalmente el PP apenas haya recogido voto del partido naranja, a pesar de contar en su lista con la exportavoz en el Parlament, Lorena Roldan. 

Disputa de la derecha: auge de Vox y PP en mínimos históricos

La disputa en la derecha entre el Partido Popular y Vox se recrudece y habrá que ver cómo afecta a nivel estatal. El PP ha obtenido su peor resultado en unas elecciones autonómicas catalanas, con tan solo tres escaños. Los de Casado han sido incapaces de sacar rédito del hundimiento de Ciudadanos. Además, la suma del voto de la derecha española es la más baja desde 2006: han pasado de 40 escaños –Ciudadanos (36) y PP (4) en 2017– a los 20 actuales, lo que apoya la idea de que mucho del voto de Ciudadanos era coyuntural, no ideológico y el voto a la derecha española vuelve a niveles pre-procés (entre 400.000 y 600.000 votos). 

El otro gran ganador de las elecciones ha sido Vox, que ha logrado entrar con 11 diputados y el 7,69% del voto (frente al 10,9% que obtuvieron en la andaluzas de 2018). Consigue así su sexto mejor resultado en unas elecciones autonómicas (por delante estarían Andalucía, Valencia, Murcia, Madrid y Baleares). Vox se ha servido indudablemente de su figura más conocida, Santiago Abascal (que aparecía en el cartel electoral), pero también ha tejido una suerte de alianzas con miembros de la extinta Plataforma per Catalunya, el partido xenófobo que presentó a Josep Anglada en 2010 y que cosechó 82.000 votos (casi un 40% de lo que ha obtenido Vox en estas elecciones). Las relaciones con exmiembros de este partido son clara: la número cinco por Barcelona, Mónica Lora, fue concejala por esta formación, y el número 3 por Barcelona y primo del candidato, Juan de la Cruz Garriga, fue miembro de la dirección de dicho partido. 

En Comú Podem aguanta gracias al discurso de Albiach

En vista de los resultados de Euskadi (-55% de los votos) y de Galicia (desaparición), mantener sus ocho escaños es una gran noticia para la coalición morada. Sin embargo, al principio de la campaña y, sobre todo, tras los ataques de Iglesias, Asens y Conchi Abella (líder de Podem Catalunya) a Salvador Illa, estas no eran las previsiones de los morados. Todo apuntaba a un desmoronamiento similar al de Euskadi, tras haber comprado los marcos discursivos del nacionalismo/independentismo catalán. 

Sin embargo, una vez iniciada la campaña, Jessica Albiach adoptó un discurso propio, alejado de la confrontación de Iglesias y mucho más cercano al de la competencia virtuosa. Mejoró progresivamente su grado de conocimiento ante la sociedad catalana (52% en enero y 59,5% en marzo) y, ante sus votantes, mejoró en valoración (del 5,7 al 6,1). En los debates televisivos no entró al cruce de reproches y logró que muchos espectadores se molestaran en buscar quién era.

Esta valoración positiva no está, sin embargo, exenta de críticas. Las canciones electorales en formato rap y reggaeton no fueron precisamente de lo mejor de la campaña. Sin embargo, el resultado parece apuntar a que, si dejas de lado tu discurso y compras el del nacionalismo periférico, te hundes como en Euskadi, y, si no lo haces resistes como en Cataluña. 

La CUP salva la mayoría independentista, otra vez

Habitualmente tendemos a pensar que el procés iniciado en 2012 supuso principalmente la movilización desde la abstención a la participación activa de los votantes independentistas. Si bien esto ocurrió, también es cierto que generó una reacción opuesta entre los contrarios a la independencia (principalmente de la mano de Ciudadanos). Si comparamos el aumento de los votos hacia cada bloque, observamos que, sistemáticamente, las opciones contrarias a la independencia (PSC, Cs, PP, Vox y ECP) aumentan en mayor porcentaje de votos que las favorables a la misma (Junts, ERC y CUP), a la vez que en estas últimas han bajado más. 

Sin embargo, algo que no ha generado tanta atención es el hecho de que los partidos del Govern (Junts y ERC) han disminuido prácticamente en la misma medida en la que lo han hecho los no independentistas y ha sido el buen resultado de la CUP (probablemente debido a una mayor fidelidad del voto) el que ha salvado que haya una mayoría independentista en votos por primera vez en la historia. 

¿Qué pasa con el procés? 

Si bien el independentismo ha logrado por primera vez la mayoría de los votos en las urnas, la gran bajada de participación constituye uno de los peores resultados de los partidos nacionalistas/independentistas catalanes en su historia reciente. Este factor es precisamente el que puede determinar que ERC, con postulados más pragmáticos que Junts, no vea viable continuar con los grandes pasos en favor de la independencia de las últimas legislaturas: 9-N, 1-O y proclamación de la independencia.

Por primera vez desde que se inició el ciclo del procés en 2012, el independentismo no ha logrado llevar a cerca de dos millones de catalanes a la participación activa, tal y como había ocurrido en otras ocasiones (elecciones, referéndums no legales e incluso las marchas contra las condenas por el 1-O). Si esto es un hecho puntual debido a la covid, un cambio dentro del ciclo o el fin del procés, lo veremos en el futuro. Pero estas elecciones dejan patente que el procés, tal y como lo hemos conocido, ha visto disminuir sus apoyos prácticamente en la misma medida en la que lo han hecho los no independentistas. 

El futuro gobierno de Cataluña: ¿nuevas coaliciones?

Las diferentes vías de acuerdo y, con ello, la gobernabilidad depende de dos candidatos: Salvador Illa o Pere Aragonès. Los resultados de las elecciones catalanas del 14F nos dejan dos mayorías y, por tanto, dos alternativas de cara a la formación del futuro gobierno de la Generalitat. 

En el caso de Salvador Illa, aunque únicamente un tripartit con ERC y los Comunes puede darle los votos necesarios, esto no parece probable. Sí que podría lograr, no obstante, los apoyos de En Comú Podem (8) y tal vez de PP (3) y Ciudadanos (6), incompatibles entre sí, pero tendría el voto negativo del resto del arco parlamentario.

En el caso de Pere Aragonès, que aparece como la opción más viable para presidir el gobierno, existen dos vías: un tripartit de izquierdas o un nuevo gobierno independentista. ERC tiene la posibilidad de buscar apoyos con mayor flexibilidad, ya que existen diferentes variables dentro de las dos alternativas de gobierno.

A pesar de que existen dos opciones, lo más probable es la continuación de un gobierno independentista. Esta vez, con un intercambio de roles, donde ERC ocuparía la presidencia de la Generalitat y donde la CUP volvería a ser un apoyo necesario para la investidura y los futuros presupuestos. Si atendemos a los números, un gobierno independentista es la coalición más viable, pero nada indica que pueda ser estable. 

Las relaciones de ERC y Junts están en un momento delicado y la solución más pragmática de los republicanos choca con las pretensiones postconvergentes, que, habiendo logrado el independentismo más del 50% de los votos, tratarán de buscar avances tangibles en aras de la independencia. Por otro lado, la falta de organización e implantación territorial de Junts lo convierten en un partido vulnerable fuera del Govern, por lo que su participación es fundamental para ellos. La presencia en el gobierno les permite continuar con la lucha por el liderazgo independentista y, además, con los distintos golpes de efecto de los últimos tiempos han logrado arrastrar a ERC hacia sus postulados. 

Por ello, ERC plantea, al menos tras las declaraciones de Aragonès la noche electoral, una vía más amplia, al tratar de incorporar a En Comú Podem al gobierno. Los vetos cruzados de los Comunes y Junts bloquean esta posibilidad. 

Este liderazgo de ERC en el bloque independentista modifica la ecuación que hemos visto hasta ahora y convierte a los Comuns en un actor político determinante para explorar otra vía. La presumible investidura fallida de Salvador Illa puede no suponer necesariamente un fracaso en la medida en que active alternativas. ERC puede convertirse en un interlocutor fundamental en la mesa de diálogo con el Gobierno de España, y presionar por los indultos desde una posición menos maximalista que Junts. Por eso el PSC podría optar por buscar condicionar un Govern en el que Junts se quedase fuera, es decir, un govern de ERC y En Comú Podem con apoyo externo del PSC. El PSC renunciaría a liderar el Govern de la Generalitat a cambio de que ERC renunciara a postulados unilaterales. De esta forma, el PSC minimizaría la división creada por los bloques en conflicto y conseguiría mayor estabilidad en el Congreso de cara al resto de la legislatura. La clave está en ver si esto es posible mientras Junts condicione los movimientos de ERC. 

De la misma manera, En Comú Podem podría seguir una estrategia similar a la del Gobierno de España y entrar en el gobierno catalán. Así, además lograría su objetivo principal de romper los bloques en Cataluña en favor de una alternativa progresista. 

Esta mayoría alternativa cuenta con pocas probabilidades, pero podría ser la vía que mejor posibilite los objetivos de ERC, PSC y ECP a corto plazo.

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