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La vita nuova

El colapso

Una sociedad que quema contenedores de manera informal es el reflejo de una política eléctrica e informal y, también, inoperante

Guillem Martínez 21/02/2021

<p>Contenedor ardiendo durante los disturbios por el encarcelamiento de Pablo Hasél en Barcelona. </p>

Contenedor ardiendo durante los disturbios por el encarcelamiento de Pablo Hasél en Barcelona. 

Fotomovimiento / Flickr

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1- El uso político de la violencia –esto es, la capacidad gubernamental de decidir lo que era violencia y lo que no, de condenar lo señalado y de omitir lo no señalado– se fue al garete en 2011. Lo que es bueno. En 2011 se señalaron nuevas violencias, como la política, la económica, la judicial, o la policial. Una competencia grande, inasumible, para el monocultivo gubernamental de ese fruto, y de aquella ceremonia postcatólica, consistente en condenar, solemnemente, la violencia señalada, y cuidarse de hablar de otra hasta la siguiente misa. Hoy en día, gracias a 2011, la violencia es un supermercado. Los clientes eligen. Cada elección, cada identificación u omisión, se desarrolla en la esfera ética del individuo. Eso hace preciso antes describir la violencia que condenarla con circulares. Lo que obliga al individuo a tener juego de piernas. O al naufragio. La libertad, como su nombre indica, también es la libertad de naufragar, como todo el mundo sabe y recuerda cuando recuerda sus propios naufragios. Neruda al aludir al hecho de que ‘todo en ella fue naufragio’, no aludía a la nave Titanic, sino a una toma de decisiones personal ante un fenómeno. Aludía, en fin, a la vida. La vida, a su vez, es aquello que ‘por perdida yo la di /cuando el yugo del esclavo / como un bravo sacudí’, que apuntaba, por otra parte, Espronceda. Espronceda era un genio. Por eso murió de escarlatina. Una enfermedad infantil. De niños pobres. Espronceda mismo es un indicativo de que la pobreza es violencia.

El R’78 se reformuló en 2012, con una reforma exprés / PSOE, y una serie de reformas estructurales / PP, que abarcaban desde los derechos laborales hasta los de manifestación y expresión

2- Cuando la violencia no se explica a sí misma a la primera, es que hay que buscar su explicación fuera de ella. Por lo común, en otra violencia no percibida. Quizás es lo que está pasando estos días. Una gota ha colmado un vaso. O, mejor, diversas gotas. Una percepción de problemas insolucionables o, al menos, no solucionados, en el Judicial, en la policía, en la política. Linares, siendo el caso más complejo y aparatoso, es el más fácil de comprender. Por lo mismo, sin ser lo mismo, cuesta imaginar cómo zonas geográficas en barrena económica, como Canarias, o el Campo de Gibraltar, aún no se hayan sumado a la fiesta. La fiesta: a) el 15M, esa cosa que conjuró la violencia con un itinerario social y político y, con ello, retrasó la irrupción de la extrema derecha y sus soluciones al tacto y al bulto en la anterior crisis, no existe. Murió en la política, ese dique inasequible a los cambios. Por otra parte, b) la política es un elemento autónomo. Parece admitirlo todo. Cualquier tipo de tensión, incluso extrema. A cambio de que no salga de ella en forma de cambio o solución. La política en Esp es un agujero negro, que atrae a todos los objetos, y les impide escapar. Impide, incluso, describir ese agujero negro. Posible descripción: el R’78 se reformuló en 2012, con una reforma exprés / PSOE, y una serie de reformas estructurales / PP, que abarcaban desde los derechos laborales hasta los de manifestación y expresión. El R’78 hoy es, propiamente, el R’12, un coche de otra época. Concretamente, de esta época. La época de los riots.

3- Esp es una originalidad, matizada si se compara con Estados de su entorno. Francia ha pasado la tira  –mucho más de lo decoroso; mucho como para no dar indicios de una crisis política descomunal; la misma que se sufre en Esp: crisis social, económica y democrática– con el estado de excepción a tutiplén, prolongado en el derecho común a través de una ley antiterrorista. El Estado, allí y en todo caso, no consiguió establecer innovaciones como la Ley Mordaza esp, por la presión social –manifestaciones, contenedores quemados, etc–. Lo que habla del carácter puntero de la legislación esp. Y de que, por lo mismo, por aquí abajo no es necesario el estado de excepción, en tanto ya hay legislación excepcional, y la capacidad cultural por parte de la policía y el Judicial –respetada en la política y la información– para extralimitarse. Un policía/mosso, o un juez, dependiendo del siroco, es un estado de excepción en un plis-plas. En Italia, a su vez, hay un gobierno tecnocrático, que parece que distribuirá el dinero europeo post-pandemia en la dirección acertada y correcta para la Comisión Europea. En Esp no hay ni habrá Draghi, en tanto existe un Draghi interior que todos llevamos dentro. Mayor, y menos cachondo, en el ala económica del PSOE y del PP. En tanto que Draghi interior, es incalculable. Puede ser como un cilicio, esa cosa interior, pero más severa y dolorosa que otros sufrimientos exteriores. Ese cilicio puede hacer de la gestión esp de los fondos europeos un algo más estricto y canónico que en Italia. Frente a Francia –en lo jurídico-policial–, o a Italia –en lo económico–, Esp es, así, y siendo lo mismo, más informal. Es decir, indescifrable, difícil de formular y, por lo tanto, de leer, limitar, negociar, o revertir.

4- Una sociedad que quema contenedores de manera informal, en ese sentido, es también el reflejo de una política eléctrica e informal y, también, inoperante. Un reflejo del fracaso de la formalidad. Fracaso de la etc., ejemplo: más de 50 organizaciones –UGT, CC.OO., CGT, Coordinadora Estatal en Defensa de las Pensiones Públicas, sindicatos de inquilinos, movimientos pro-vivienda... casi nada– han creado/formalizado en las últimas horas, informa El Salto, un grupo de presión para ídem al ala económica PSOE, para que se estire y haga algo ante el problema de la vivienda. Problema de la vivienda: desde la liberación del suelo, va a su bola, una locura que llega al alquiler, a partir de empresas reguladas. Lo que indica que se ha construido una suerte de comunismo de derechas, a partir de la empresa regulada. El comunismo simulaba éxitos en sus fracasos quinquenales. Este comunismo ultraliberal es lo contrario: simula su ruina en los éxitos abultados de sus balances anuales. Pues bien, es –más que– posible que el ala económica del PSOE ahueque el ala ante esta demanda formal y formalizada por 50 entidades I+D. La paralización de la política, su informalidad, es una región del riot. Concretamente, su capital.

La capacidad gubernamental de establecer lo que es violencia en régimen de monopolio fue la gran batalla perdida, en 2011, al menos

5- Las ideas mueren cuando no se organizan. Los riots, está claro, no son ideas organizadas, por lo que, a temperatura y presión normales, mueren. Pero tienen la vida garantizada al poco, en tanto son, precisamente, el fracaso continuado de las ideas organizadas que, a pesar suyo, no se comen un rosco en esta crisis iniciada la pasada década. Y ese es el drama. Quemar un contenedor es el reflejo de quemas más severas. De oportunidades, de trayectos, de generaciones, de grupos sociales. De políticas públicas. Un riot, por otra parte, no intranquiliza al Estado. Es donde mejor se mueve. De hecho, está aprovechando los últimos riots como un poseso.

6- Moncloa/PSOE está aprovechando la cosa riot para una batalla cultural. Sobre lo que es violencia o no. Para establecer una democracia total, que limita y se ve amenazada por una violencia, y no por las violencias que forman y conducen y participan en esa violencia. Desde la anterior crisis, ha habido un gran cambio de percepción social. El sistema financiero más sólido del mundo no lo es, y parece que algo raro pasa en la mejor policía, la mejor Justicia y la mejor Jefatura del Estado del mundo mundial. Lo que es un indicio de que costará imponer esa percepción antigua ante la violencia. La capacidad gubernamental de establecer lo que es violencia en régimen de monopolio fue, de hecho, la gran batalla perdida, en 2011, al menos. Pero el intento les está sirviendo para formalizar la ruptura del Gobierno de coalición. No se sabe cuándo será. Lo único que se intuye es que la legislatura no finalizará, por necesidades comunicativas y electorales, con dos partidos en el Gobierno. Su fin será por un problema gestual postcatólico, más solemne que verificable, y de posicionamientos absurdos y simbólicos como el actual. En esta emisión o en la próxima.

7- En Cat se utilizan los riots para instrumentalizarlos también. En este caso, se utilizan para posicionarse en la inocencia. La Gene, y los partidos procesistas limpian y canalizan los riots hacia sus marcos. Confusamente. Sobre la confusión: cada noche son los mossos/la Gene quién aporrea a los manifestantes. La Gene, que es Estado/no es ONG, defiende, a su vez, la no violencia de los manifestantes, y acusa a su propia policía de cumplir sus propias órdenes. Es una emisión de confusión muy confusa, sí. Lo que ilustra que la confusión, la dificultad para establecer análisis en Cat, es mayor que, pongamos, en Linares. Pero es nítida si se piensa que la confusión es el sello y marco para que el trumpismo local siga en el Govern. Hasta cierto punto, mayor o menor –hoy, muy alto– la confusión puede determinar los marcos de las negociaciones de los partidos para iniciar otra legislatura sin políticas públicas, el material con el que se crea la brecha social. Es decir, los riots, esa cosa que la Gene y cualquier Estado combaten con violencia.

8- En 2012 se inició la ceremonia de la confusión en crisis, por todo lo alto, en Cat. No se entendió por qué, incluso en 2017, el Gobierno Rajoy no participaba de esa dilatada tradición local del Estado, que es solemnizar y prolongar y negociar la confusión en fases y éxitos mutuos. Ahora se sabe que fue por el caso Bárcenas, que tenía paralizado al PP, aterrado, además, por si Vox aprovechaba sus movimientos para crear otros opuestos. El resultado fue una paralización mayor de la política, sin resultado, hasta la putrefacción de la política. Y sin final previsible. Y todo, por el problema de dos partidos. El mismo. Huir, gestionar la trascendencia de su propia corrupción estructurada. El PSOE es un partido de Estado. Sabía lo que había detrás de esta paralización, sabía lo que ocultaba, conocía los movimientos de la época: una crisis democrática, social y económica, tal vez de Régimen. Un cambio estructural en la democracia esp. No parece encararlo. Todos esos partidos juntos, muchos, son el colapso, la nada, la ausencia de políticas públicas. El colapso, a su vez, es el riot. Y el riot no es Espronceda.

Autor >

Guillem Martínez

Es autor de 'CT o la cultura de la Transición. Crítica a 35 años de cultura española' (Debolsillo), de '57 días en Piolín' de la colección Contextos (CTXT/Lengua de Trapo) y de 'Caja de brujas', de la misma colección.

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1 comentario(s)

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  1. Víctor

    Magnífica descripción del cuadro de El Bosco que estás consultando, Guillem. Hoy encontré un artículo de Marcos Roitman en Público que le viene al pelo: https://blogs.publico.es/dominiopublico/36551/el-desmantelamiento-de-la-democracia-y-ciudadania/

    Hace 11 días

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