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MÚSICA

Las 50 mejores letras españolas y en español

Un recorrido personal por el pop español a través de sus letras

Manuel González Molinier 6/03/2021

<p>Captura del videoclip <em>Un Veneno</em> de C.Tangana.</p>

Captura del videoclip Un Veneno de C.Tangana.

Youtube

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Las cosas en Twitter suceden a veces así, como en una discusión con tus primos o con los cuñados que en algún momento se convierte en un reto. Andábamos hablando de si las letras de La Buena Vida eran tan malas como tantas veces se había dicho, o si en realidad, no eran peores que otras letras del pop de la época, cuando lancé el reto de hacer un top 20 de las mejores letras del pop nacional en español. De esta forma exhorté a los participantes de la conversación, los amigos P. Roberto J. (de la web musical Hipersónica) y Manolo Domínguez (de la añorada webzine La página de la nadadora) a elaborar también sus propias listas. Cuando se lo conté a mi mujer, ya me advirtió socarrona que yo no tenía esa capacidad de concisión, que sería completamente incapaz de dejarlo en 20, así que finalmente lo ampliamos a 50: Las 50 mejores letras españolas y en español. 

Mi selección, tras muchos esfuerzos, quedó en este top 50.

El tigre del Guadarrama - Carmen Santonja y Gloria Van Aerssen (Vainica Doble)

Fábula asombrosa, de narración frondosa y llena de detalles, oscuramente cómica y profundamente melancólica, sobre la muerte, y más aún, sobre el suicidio como el único problema filosófico realmente importante. 

¡Ay, pena, penita, pena! - Rafael de León.

Estándar de la copla que Rafael de León escribió para el tándem Quintero, León y Quiroga. Resonancias lorquianas en el lamento de una mujer que llora a su amado preso. Clásico. 

Mentalismo - Manolo Martínez (Astrud)

Debilidad personal. Otra genialidad de quien mejor ha retorcido las funciones cognitivas en una letra pop. Aquí el amor tiene funciones hipermnésicas. Entre la cursilería, la literatura y el delirio megalomaniaco. 

4. ...de cartón piedra - Joan Manuel Serrat

Para mí el mejor Serrat es el narrativo. Y desde niño me sé de memoria esta letra que cuenta la historia de un proto-incel que se enamora perdidamente de un maniquí. El humor triste siempre me da de lleno.

5. Ocho y medio - Nacho Vegas

De igual forma, aunque me gusta el Nacho Vegas político y también el alegórico, ninguno me gusta más que el autobiográfico. Aquí guiña a Fellini en el título para cantar a ocho años (y medio) de una relación destrozada. 

6. Joaquín el Necio - Albert Pla

Como no solo de tristeza vive el hombre, aquí está la lógica del Falo cantada por Albert Pla a ritmo de rumba. Joaquín el necio no entiende el deseo femenino y lo reduce al tamaño del badajo. El coro final es inolvidable. 

7. María la Portuguesa - Carlos Cano

Entre el fado y el pasodoble anda esta copla, quizá la última del género en ser realmente un estándar. Maravillosa historia de una mujer herida por el amor –inspirada en Amália Rodrigues–, que hace del lamento canto.

8. Al alba - Luis Eduardo Aute

No es que sea yo muy de Aute, pero esta canción lúgubre y extraña conserva todo su magnetismo. «Presiento que tras la noche vendrá la noche más larga» es una frase que me voló la cabeza cuando la oí de niño. Y aún me estremece.

9. El día que nací yo - Ramón Perelló

Amarguísima letra para una composición clásica de Juan Mostazo, que lleva el regusto del sufrimiento republicano, de Lorca a Hernández. Y que suena eterna, la cante Imperio Argentina o Rodrigo Cuevas.

10. Chapoteoisis de chiquillos en la bañera - Fernando Alfaro (Chucho)

Menudo brete elegir una canción de Alfaro... pero he renunciado a El final de una Quimera o Mi hermano carnal para elegir este prodigioso análisis de la paternidad, con final glorioso.

11. Me quedaré soltera - Cecilia

Con la capacidad que tenía Cecilia de imprimir hondura a las cosas más sencillas, la solterona aparece como un desecho de la sociedad patriarcal. Pero, como en el caso del perro viejo y el gato tuerto, su imperfección es rebeldía.

12. Ángel Guardia - Sergio Algora (El niño gusano)

Algora era único creando sugerentes imágenes surrealistas, pero nunca estuvo tan certero como en este delirante cuento borisvianesco sobre amables doppelgängers sustitutos y ángeles que regalan el don de no existir. 

13. Monte de piedad - Ana Fernández-Villaverde (La Bien Querida)

Me da igual que este disco ya no le guste a su autora. Aquí una marcha de Semana Santa mece las dudas existencialistas de Ana, que acaban en un salmo crepuscular. Empedrado está el infierno de buenas intenciones...

14. Rock’n Roll - Teresa Jimeno y Luis Fernández Bayo (Espanto) Un poquito de humor, y mejor si es humor Espanto. Imposible saber de qué habla esta canción, y a su vez, imposible contener más frases memorables. El chiste y su relación con el inconsciente.

15. Ready pa morir - Yung Beef

Sonará a boutade, pero hay que leer la letra. El Seco balbucea su neolengua, produciendo un efecto poético radical. Del éxito y la metanfetamina nace un vértigo nuevo: el de caer p’arriba, sin que nada haga de tope.

16. Santos mártires yonkis - Rafael Berrio

Al contrario que el anterior, Rafael Berrio nos dejó composiciones de bardo clásico (pero férreamente ligado a su tiempo). Aquí despliega metáforas tan precisas, bellas y sórdidas, que tocan lo humano y lo divino.

17. Señora - Manuel Alejandro

Mi favorita de nuestro Bacharach patrio, escrita para ese torrente que era la Jurado en el 79, que aquí toma la voz de la amante que se enfrenta a las convenciones sociales con la pasión como ley. Canción ligera de peso. 

18. Flora Rostrobruno - Antonio Galvañ (Parade)

Cuento cómico y cruel, con ritmo de pasodoble, e hilado con precisión de costurera, de un Antonio Galvañ especialmente inspirado. Cría cuervos y te sacarán los ojos, en lo metafórico y lo literal. 

19. Ouija - Antonio Luque (Sr. Chinarro)

A pesar de mi relación difícil con este autor, tan genial como irregular, me gustan canciones de Chinarro de casi todas las épocas. Pero esta frase: «En el trampolín de la piscina, desde el mes de junio abandonada/Tu cuello es el espejo de las hadas»... insuperable.

20. Se dejaba llevar por ti - Antonio Vega

Qué profunda y sin domar era la pulsión de muerte de Vega. En estos versos sutiles, ambiguos, es imposible no oír resonar su adicción a la heroína, que le arrastraba a las profundidades. A él, y a quien tuviera a su lado. 

21. Tú que vienes a rondarme - María Arnal

Letra telúrica, planetaria, cósmica, que habla del deseo, de la ley universal que atrae los cuerpos. De un orgasmo, dice la Arnal. Pero va más allá: una epopeya sobre eso que, sin saber cómo, nos acerca.

22. Vacaciones - Carlos Berlanga

Difícil quedarse con un solo Berlanga, pero al final, me quedo con el último. Un cónsul de Sodoma que se ríe de sí mismo y de su virtual impotencia (sexo muerto, sexo en coma), en una oda sarcástica a eso que llaman fantasear.

23. Tremendas Amazonas - David Rodríguez (La estrella de David)

Nunca se hablará lo suficiente del primer disco de la estrella, atravesado por esa maravilla, Tremendas amazonas, que habla del insondable misterio de que las mujeres se queden con nosotros. 

24. Arponera - Alfonso Pérez y Fernando Mata (Esclarecidos)

Pensada para ser cantada por Cristina Lliso, esta canción la pone a ella en una posición clásicamente masculina. Aquí la mujer porta el arpón, y promete –nunca mejor dicho– el oro y el moro. 

25. En un Mercedes blanco - Kiko Veneno

Otro autor inabarcable, aquí describiendo con precisión callejera una historia de fama y dinero (que no de éxito), atrapada en cachitos de hierro y cromo.

26. Hansel y Gretel - Germán Coppini y Teo Cardalda (Golpes Bajos)

Siempre me ha fascinado esta letra misteriosa. Un mundo de fantasías abandonado, quizá la infancia a la que nunca se vuelve. Pienso en Arrebato, en Will More y en el álbum de cromos de Las minas del Rey Salomón...

27. Weekend - Christina Rosenvinge

La Rosenvinge describe el auge y caída de un romance, a cuyos protagonistas todos ponemos cara. “Con el verdadero amor se hacen casas de ladrillo / Pero con esto que hay entre tú y yo sólo salen estribillos”. Baboom! 

28. Madre - Olivia Mateu (Tirana)

Anoche tuve un sueño. Alguien de Twitter me decía: «al final pondrás un montón de canciones que nadie conoce, para hacerte el listo.» Pues bien: si no conocéis a Tirana, debéis hacerlo. Esta canción te parte en dos.

29. Corrientes circulares en el tiempo - J.R. Rodríguez Cervilla (Los Planetas)

Me gustan los Planetas desde hace mucho, pero me ha costado elegir una letra. Esta, a medio camino entre los primeros Planetas, más cósmicos, y los últimos, influidos por el flamenco, tiene un equilibrio especial. 

30. Aviones Plateados - Manolo García y Quimi Portet (El último de la fila)

Manolo García es un alma del Averno. Corroído por los celos, vigila la ventana de su ex. Ahora está solo frente al espejo: todo era un espejismo narcisista.

31. Sobre mi pecho un alud - Nosoträsh

El folclore impregna hasta el tuétano esta canción sencilla pero implacable, que habla de relaciones a distancia, que como el mar, vienen y van, y también del amor a la tierra. Cuando vivía en Londres, oírla me hacía llorar.

32. Carretera perdida - Albert Espuña (Gúdar)

El mundo se divide en dos: los que no conocen a Gúdar y los que amamos a Gúdar. Albert toma aquí a Lynch como excusa para hablar de lo que Freud llamó el unheimlich: cuando lo más íntimo se vuelve extraño, siniestro. 

33. Un hombre solo - Carlos Entrena (Décima Víctima)

Alumno aventajado de Ian Curtis, Entrena consigue transmitir el mismo desasosiego con un lenguaje propio. La escena del hombre solo, en la cuerda floja, ante una audiencia que desea su caída, es brutal.

34. Cruz de navajas - Jose María Cano (Mecano)

Hay quien no me perdonará que haya metido una de Jose María y no una de Nacho, pero es que hasta lo de las magdalenas del sexo convexo me hace gracia, en esta historia de un duelo de arma blanca por amor.

35. Nadadora - Family

¿Cursilería o literatura? La escena descrita en esta canción es, en cualquier caso, memorable. Ella descansa con los pies en el agua; él, recién peinado, bordea la piscina por amor. Desde luego, hicieron escuela.

36. Música para cerrar las discotecas - Doble Pletina

Aún quedan ideas por explorar, y posibilidades de hacer una canción genial sobre un tema improbable. Doble Pletina tienen talento para eso y para más. Dieron en el centro de la diana a la primera. 

37. Pinta de tarao - Los Punsetes

No es solo el humor negrísimo de estos primeros Punsetes lo que brilla aquí; es la original estructura de la letra: un diálogo de un solo interlocutor, con apoteósico final, que acaba afirmando lo que trata de negar. 

38. Max y Ellen - Lucas Bolaño (Estrella Fugaz)

Tiene infinitos hallazgos esta letra, pero si cuando Lucas dice “Ya solo nos vemos en los entierros / de nuestros padres. Qué infierno” no te estremeces, es que no estás vivo. 

39. So payaso - Robe Iniesta (Extremoduro)

Simplemente la mejor canción sobre masoquismo masculino escrita en español. El juego homofónico “Me dice que estoy descolorío, la empiezo a besar / Me dice que estoy desconocío, empiezo a pensar…” me flipa. 

40. Tango - Jaime Urrutia (Gabinete Caligari)

Genialidad de tango-surf cañí, cuya letra no es otra cosa que la declaración ante el juez de un asesino, que explica los hechos, sin comprender la atrocidad que acaba de cometer al ver a su mujer con un amante.

41. Mamá, no quiero ir al colegio - Alejandro Martínez (Klaus & Kinski)

Un niño fóbico, explicándole a su madre que vivir implica demasiados riesgos es una de esas genialidades que brotaban, como si nada, de ese ente maravilloso llamado Klaus & Kinski.

42. No hay nada más triste que lo tuyo - Carlos Ballesteros y Genís Segarra (Hidrogenesse)

No hay que olvidar que los primeros Hidrogenesse ya eran 100% Hidrogenesse. Los caballitos Pony y lo peor de Rubí, siempre en nuestros corazones. 

43. Palacio - Kiev cuando nieva

Me fascina la plasticidad de las escenas relatadas por los Kiev. No se trata tanto de entenderles como de acompañarles en su visión: atender cada luz y cada sombra de cada vestido o cambiar la perspectiva, al ver un tordo estrellado frente a una puerta. 

44. Quebradizo y transparente - Abel Hernández (El Hijo)

 Hernández explora el mundo de la psicosis, y compone una serie de viñetas sórdidas, tiernas, oscuras, extrañamente poéticas. Gente abollada, gente quebradiza y transparente.

45. Te debo un baile - Nueva Vulcano

El hardcore entró en otra dimensión lírica con NV. Tú me dirás que son cosas que pasan, pero no pasa sin más: hay que buscarlo. La próxima vez que levantes las cejas de incredulidad, tendrás que leer bien la letra. 

46. Posponías - Single

Inventaron el indie patrio con Aventuras de Kirlian, y fueron la piedra angular del Donosti Sound con Le Mans, pero si me tengo que quedar con una de Ibon y Teresa es con esta oda a la procrastinación de los inimitables Single.

47. Veneno en la piel - Santiago Auserón (Radio Futura)

El esplendor de la movida ya ha pasado, y Santiago Auserón canta, con amarga ironía, las andanzas de una pareja decadente y mal avenida. Una relación tóxica que conserva su venenoso magnetismo.

48. Un Veneno - C. Tangana

Antón Álvarez bromea sobre su propio personaje en esta rumba. El éxito es aquí un ser monstruoso y hambriento, una pulsión de muerte incontrolable que amenaza con hacerlo explosionar (o más bien implosionar) ante la mirada de todos.

49. Miedo de verdad y en condiciones – Javier Carrasco y Álvaro M. Bueno (Templeton)

Templeton realmente la clavaron en esta canción sobre relaciones de pareja neurotizadas, complejos, celos, culpa, temor al abandono y pequeñas venganzas. De fondo, ese miedo, que todo lo hace trizas.

50. La fuerza - Kokoshca

Y 50. Ninguna canción describió nunca tan bien la tara de mi generación, esa que no ve el momento de madurar, de dejar de salir, de dejar de beber. La fuerza nos hace salir una y otra vez; es el súper-yo, que dice: GOZA. 

Tres listas: tres enfoques y muchas coincidencias.

Es curioso que cada uno de los que elaboramos la lista decidimos vertebrarla de una manera. Yo fui el único que hizo un ranking clásico, las célebres listas del 1 al 50 que a todo el mundo enganchan pero de las que luego todo el mundo reniega, por caprichosas y subjetivas. Así fue la mía, como han podido comprobar: caprichosa y subjetiva.

Las de mis compañeros de discusión tomaron otros derroteros. Manolo Domínguez empezó muy atrás, ordenándolas cronológicamente, pero atreviéndose a profundizar en las letras del viejo flamenco. Roberto, sin embargo, se autoimpuso la regla de una canción por año, empezando por 1970 y acabando en 2021. Todos, además, teníamos como regla no poner más de una canción del mismo autor, además de ceñirnos –ya lo hemos dicho– a canciones hechas en España (es decir, nada de música en español de otras partes del mundo) y en español (es decir, nada de Sisa, Mikel Laboa, Antònia Font o Emilio José, por poner algunos ejemplos de grandes letristas en otros idiomas de nuestro país).

Lo interesante es que, a pesar de esas diferencias, algunos nombres aparecieron en todas las listas. En todas, por ejemplo, estaba Serrat, aunque eran diferentes Serrats, desde el más romántico de La mujer que yo quiero al más dramático de Romance de Curro “El Palmo”, sin olvidar al más narrativo y socarrón (al más puro estilo George Brassens) de …de cartón piedra. En todas estuvieron también Carlos Cano o Cecilia (está también con tres canciones distintas: FuiCon los ojos en paz y Me quedaré soltera, aunque todas tocadas por su particular tristeza). De igual modo estuvieron presentes en las tres listas las madres de un modo particular de contar las cosas en español, las inimitables Vainica Doble. Pero también estaban Jaime Urrutia con sus Gabinete Caligari; Kiko Veneno; Fernando Alfaro (con Chucho o con Sufin’ Bichos); Carlos Berlanga (con Dinarama o en solitario); Nacho Vegas; tanto Astrud como Hidrogenesse; Antonio Luque con su eterno alter ego Sr. Chinarro; Jota y sus Planetas; Espanto; Alejandro Martínez (como Klaus & Kinski o Alexanderplatz); o Kokoshca, haciendo triplete con la misma canción: La Fuerza. No voy a dejar de comentar la ilusión que me hizo que ellos dos incluyeran sendas canciones de Hazte lapón. Siempre es un honor aparecer acompañado de tantos autores a los que he admirado, de los que he aprendido, o a los que, directamente, he imitado. 

Pero además, sucedió algo interesante mientras hacía mi selección y escuchaba las canciones elegidas por los demás. Vi cómo algunas canciones, de distintos autores y muy distintas épocas, parecían agruparse en torno a un tema. Las canciones a veces hablaban de la misma cosa, aunque mirándolas desde distinto prisma. Otras veces, las canciones parecían establecer un diálogo entre sí, o incluso una cadena.  

Por ejemplo, ¡Ay, pena, penita, pena!, letra escrita por Rafael de León, refleja el llanto descarnado y las fantasías de liberación de una mujer que tiene a su enamorado preso. Mientras Lola Flores canta esta canción fuera del presidio, mirando las rejas que atrapan al reo, no es difícil imaginarse al propio preso cantando Al alba, de Aute, que tantas veces hemos imaginado como las últimas reflexiones de un condenado a muerte.

Los celos y la venganza son una temática también clásica, pero sorprendentemente proteiforme. Mientras que Tango, de Gabinete Caligari, le pone voz a un asesino celoso que cuenta su crimen al juez; en Cruz de navajas, es el marido víctima de la infidelidad el que recibe el navajazo por parte del amante. Cómo pudiste hacerme esto a mí, de Carlos Berlanga para Dinarama (incluida en otra lista) completaría el triángulo, al ser aquí la mujer la que atropella al adúltero. “Una y no más, Santo Tomás”, dirá la protagonista. Kiko Veneno habría llevado esto con más filosofía, diciendo: “está muy bien eso del cariño, yo me comprometo. Pero no me des un dulce como a un niño, te estoy hablando de respeto”.

En mi selección, he tratado de elegir canciones que, por alguna razón, me parecieran no solo buenas, sino en cierto modo extraordinarias, por los temas que tratan o por el modo en que lo hacen. Las adicciones, por ejemplo, fueron un tema recurrente, pero salen abordadas de distinta forma. Rafael Berrio, por ejemplo, hace una elegía poética al yonqui clásico, el de “el jaco de los buenos tiempos”, mientras que Kiko Veneno hace del fumador de bazuco casi una figura mitológica que llega en un mercedes blanco y ha perdido hasta la memoria. Fernando Alfaro, que también sabe contar bien las cosas desde el lado salvaje de la adicción y la autodestrucción, da un giro en Chapoteosis de chiquillos en la bañera, donde explica cómo la llegada de la paternidad, aunque le aterra, ha venido para salvarle de sí mismo. La cigüeña, en la canción, le riñe severamente: “¿cómo vas a sacar adelante a una familia, si no eres bastante, si no has sido capaz de mantenerte apenas con vida, y a veces con suerte?”, pero él acaba la canción diciendo: “desde que naciste yo cambié: ahora me importan las catástrofes, ahora ya tengo algo que perder”.

La droga a veces aparece como un elemento mudo que circula por debajo de la letra de una canción, y que condena una relación sentimental al fracaso. Por eso, la Rosenvinge le dice a su compañero, al que reprende con dureza pero también con dulzura en Weekend: “el abismo es un lujo que no me puedo permitir”. Todos imaginamos a ese compañero con la cara de Nacho Vegas, que había sido su pareja un tiempo atrás. Sin embargo, no es a Christina Rosenvinge a quien se dirigía Nacho Vegas cuando escribió Ocho y Medio, sino a una pareja anterior: Bea, de Nosoträsh, a la que confiesa, devastado, no solo que la quiere (y que eso duele) sino que es incapaz de no destrozarlo todo una y otra vez, porque no puede escapar de sí mismo. Podemos saltar así a la canción que elegí de Nosoträsh, Sobre mi pecho una luz, en la que la protagonista se dirige a un amor que, como el mar, viene y se va; y le advierte: “yo ya sé nadar”. 

El mar, el inmenso mar, es el inicio de Se dejaba llevar por ti, de Antonio Vega, y cuando dice que se deja llevar, es imposible no pensar en que el mar que le arrastra es la heroína, y que es un mar que también puede arrastrar a la profundidades a quien esté a su lado. No sabemos si algo de eso también está presente en las metáforas cósmicas de Jota en Corrientes circulares en el tiempo, que parece casi una elaboración metafórica de Línea 1 (aquella canción de un adicto atrapado en una realidad circular, prometiendo cada día que lo va a dejar y arrepintiéndose de esta promesa nada más terminar la frase). Desde luego, en esta canción Jota se siente atrapado en una órbita que vuelve una y otra vez al mismo sitio, mientras que su objeto de amor ha logrado salir del abismo de la repetición, y se marcha (como hizo Christina Rosenvinge) dejándolo solo en su anhelo onanista de que ella permanezca para siempre orbitando a su alrededor. “Es lo menos que merezco”, dirá. Con los mismos recursos, pero sin tanto resentimiento, María Arnal hace de Tú que vienes a rondarme la canción definitiva sobre la atracción entre los cuerpos, celestes o humanos. Y eso nos lleva a la sensación antigravitatoria que describe el cuerpo de Yung Beef en su canción más celebrada, Ready pa morir. La metanfetamina, el dinero fácil y el éxito fulgurante son la receta para que surja ese siniestro reverso del vértigo, ese efecto de despegarse de la tierra y caerse para arriba, que coagula perfectamente el efecto de las nuevas drogas y el pathos de la generación trap.

También sobre el éxito (y sus excesos), presente aquí como un demonio que amenaza con devorarlo todo, es el tema de Un veneno, de C. Tangana, en el que coge un poco de aquel cantante de Lavoe, y otro poco de los héroes de barrio obrero de Estopa, y hace la metacanción definitiva sobre el nuevo éxito masivo. Autoparodia audaz, la de este ídolo de la nueva generación, que como Peter Finch en Network (Un mundo implacable), amenaza con suicidarse delante de las cámaras, y acaparar al fin toda la atención de la audiencia. Si no es esta la canción que mejor refleja los tiempos de la dictadura del clickbait y el número de visionados, que alguien me corrija.

Por supuesto, en mi selección hay lugar también para el humor, con la síntesis y los recursos limitados que impone la brevedad de una canción pop. Así la melodía condesciende al juego de palabras o a la narración más hilarante: desde el humor surrealista de Espanto al negrísimo de Los Punsetes; desde la coña chabacana e incisiva de Albert Pla al chiste con retrogusto melancólico de Hidrogenesse. 

Pero ojo, no hay que olvidarse del amor. También el amor articula alguna de las frases más bellas y originales aquí incluidas. Por ejemplo, esa fantasía solipsista que es Mentalismo, de Astrud, en la que el narrador sueña con recordar hasta el último detalle de su objeto de amor (incluido lo que nunca ha visto ni verá); o esa oda al misterio de lo que une a una pareja una vez pasada la pasión, que es Tremendas amazonas, de David Rodríguez. También hay que incluir aquí la escena en la piscina, en la que el chico bordea el agua tratando de acercarse a la chica que nada, que con una delicadeza tan rohmeriana describen Familiy; o la imparable fuerza de un amor adúltero que no renuncia a llamarse amor con todas las letras, escrito por Manuel Alejandro para la Jurado, en Señora. El amor, por supuesto, no puede faltar en una lista de grandes letras, aunque sea el tema más resbaladizo y donde más fácil es caer en lugares comunes. Estas canciones, desde luego, no lo hacen. 

Y… ¿qué canción podía coronar esta selección? En mi caso, no hubo duda: tenía que ser de Vainica Doble. Ellas fueron las primeras en expandir la canción pop en castellano a terrenos inexplorados. La elegida, El Tigre del Guadarrama, es la canción que daba título, y cerraba su disco de 1981. Cuenta, con deslumbrante belleza plástica, negrísimo humor y aplastante aflicción, la historia de un suicidio. La protagonista rueda haciendo la croqueta por una pendiente –la de la vida– siempre cuesta abajo, y por el camino va probando las muertes más diversas; desde el envenenamiento con amanitas faloides hasta el ahogamiento ofeliano en el río, mientras escucha las campanas de una lejana iglesia y ve girar sobre ella toda una fauna de aves de rapiña. Al final de la canción encontrará al tigre del Guadarrama, sensual animal mitológico creado para la ocasión, que con sus blandas zarpas de algodón en rama, representa el thánatos, la propia muerte, el último aliento.

A ningún neurótico habrá de extrañar que mi elección como número uno gire en torno a la muerte. En esos tiempos en que fui letrista, esa fue siempre una de mis grandes obsesiones.

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Manuel González Molinier (Málaga, 1982) es médico psiquiatra y psicoanalista. Entre 2009 y 2020 fue también el cantante, letrista y principal compositor del grupo Hazte lapón.

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Autor >

Manuel González Molinier

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