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Graciela Gallego / Trabajadoras del Hogar y Cuidado

“La Ley de Extranjería es el enemigo número uno del sector doméstico”

Nuria Alabao 25/03/2021

<p>Graciela Gallego.</p>

Graciela Gallego.

Cristina Candel

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Graciela Gallego es colombiana y llegó a España asumiendo los costes personales de entrar como turista con la intención de quedarse. El trabajo que encontró fue el de cuidadora de adultos mayores. Su afán de buscar redes de inmigrantes la llevó hasta la Eskalera Karakola, un espacio donde halló a otras mujeres trabajadoras del hogar y cuidados de diversas nacionalidades. Ahí fue donde empezó a conocer sus derechos y a organizarse.

Estuvo activa en varias asociaciones y hoy es una de las promotoras del sindicato de Trabajadoras del Hogar y Cuidados (Sintrahocu), que pide la equiparación de sus derechos con los de cualquier otro trabajador. Por no tenerlos, la pandemia ha tenido consecuencias dramáticas para estas mujeres en un sector que ocupa a unas 637.700 personas en España, según la última Encuesta de Población Activa (EPA). Muchas, además, están obligadas a trabajar en negro –se calcula que un tercio del empleo es irregular–. Durante estos meses, dice, “hemos visto a mucha gente morir”.

¿Por qué habéis sentido la necesidad de organizaros en un sindicato?

Nosotras, como mujeres trabajadoras del hogar y los cuidados, consideramos importante esta herramienta por la poca empatía de los sindicatos mayoritarios, que ignoran a nuestro sector. Para ellos aparecemos dentro de la pestaña de “inmigración”, no hay ni siquiera un apartado propio de trabajo doméstico. Aunque es verdad que las mismas características del sector hacen más difícil la actividad sindical y tener delegaciones sindicales: tenemos una sola empleadora y trabajamos en soledad. Yo, por ejemplo, hoy cuido a una abuela y estamos las dos solas, no tengo más compañeras de trabajo. No estamos en una fábrica o en una oficina, trabajamos a puerta cerrada.

Del movimiento feminista podría salir una patronal del trabajo doméstico

Pero nosotras somos optimistas y creemos que el número de afiliadas que tendremos nos va a ayudar a sentarnos en un diálogo social con los grandes sindicatos para trabajar en el convenio colectivo del sector.

Pero no tenéis patronal…

Yo confío en el movimiento feminista y que de ahí salga una patronal para las trabajadoras del hogar y los cuidados porque hay muchas mujeres del movimiento que emplean a mujeres en el ámbito de los cuidados. Eso sería útil para nosotras.

¿Para qué serviría tener una patronal?

Precisamente para poder tener un convenio colectivo. Solo las empresas de servicio a domicilio lo tienen, pero las trabajadoras del hogar, que en realidad hacemos el mismo trabajo, no.

¿Cuáles son vuestras principales reivindicaciones?

La principal es la equiparación de derechos, poder acceder al subsidio por desempleo y a la prevención de riesgos laborales como cualquier otro trabajador. Si nosotras hubiésemos tenido esta equiparación no estaríamos en la situación que estamos ahora en la pandemia, donde un buen número de compañeras están rozando la pobreza porque ¿cómo sobrevivimos todos estos meses? A mí me despidieron del trabajo el 28 de febrero y no tuve subsidio de desempleo. Vine a conseguir otro trabajo en septiembre y en cuatro meses se me habían muerto las dos personas que me habían contratado para cuidarlas, un matrimonio. Después tuve una persona que estaba con cuidados paliativos que se me fue a los 15 días. Imagínate. Yo no tengo derecho a ningún subsidio, ni siquiera por ser mayor de 55 años porque cotizo en un sistema especial sin ninguna protección ni derecho a prestaciones.

Cada gobierno se compromete con la equiparación de derechos con el resto de trabajadores, ¿por qué se posterga una y otra vez?

Falta voluntad política. Todos dicen lo mismo. Nosotras llevamos más de ocho años reivindicando la importancia de que se ratifique el convenio 189 de la OIT –de protección a las trabajadoras domésticas–, y siempre queda pendiente. Yo me acuerdo de 2018, cuando llegó el actual gobierno. Nos dijeron: “Las tenemos presentes, no las olvidamos…”. Y cada año que pasa es lo mismo. En el momento que lo ratifiquen todavía tendremos que esperar un año hasta que se empiecen a implementar las primeras medidas, que no sabemos cuáles serán. Y nosotras lo que necesitamos ya es la igualdad de derechos. Desempeñamos una actividad esencial y necesitamos el subsidio de desempleo.

Hay un dictamen del Comité Económico Social Europeo que sugiere ampliar el concepto de cuidados de larga duración para mejorar no solo el cuidado, sino también las condiciones laborales de la cuidadora. Los cuidados son individuales, son personalizados y mejorar las condiciones laborales de las trabajadoras mejora también ese cuidado. Yo ahora trabajo 24 horas de interna Y gano el salario mínimo de ocho horas.

Los sucesivos gobiernos siempre señalan que es un trabajo que tiene que tener una legislación específica por ejercerse en el ámbito privado, ¿qué consecuencias tiene esto para vosotras?

Un Real Decreto del 2011 ya estableció que antes de finales de 2012 el Ministerio de Trabajo tenía que emitir un informe sobre la viabilidad de establecer un sistema de protección por desempleo. A fecha de hoy lo seguimos esperando y siguen emitiendo reales decretos o leyes dilatando la integración plena del sector dentro del Régimen General de la Seguridad Social.

¿Cómo son vuestras condiciones de trabajo habituales?

Son muy precarias. Durante la pandemia han aparecido una gran cantidad de empresas ofreciendo cuidados. El otro día una me llamó para ofrecerme cuidar a un matrimonio, ella con cáncer de vejiga y dos sondas y él con cáncer de colon. Cuando pregunto por las condiciones laborales me preguntan si quiero cotizar a la Seguridad Social, yo digo que sí, evidentemente, y me ofrecen 700 euros. Esto sin días de vacaciones incluidas, y solo cotizo los días que trabajo. Y aquí me estaba contratando una empresa, así que debería estar en las condiciones del régimen general. Además, cuidar a dos personas en estas condiciones implica muchísimo trabajo.

Los abusos que se producen son enormes. En este sector también hay un porcentaje altísimo en régimen de internas, por lo que las trabajadoras tienen ahí su vivienda y lo que vemos, muchas veces, es desprotección, abuso y explotación. Hace unos días, por ejemplo, una trabajadora boliviana, que vive en un chalet lleno de cámaras, estalló porque no aguantaba más. Se puso delante de una cámara y dijo: “Estoy cansada de que me estén observando todo el tiempo”. En quince minutos estaba en la calle, en plena pandemia, en un pueblo en el que no hay nada, ni hostales.

¿Qué relación hay entre la ley de extranjería y las condiciones del sector?

La Ley de Extranjería es el enemigo número uno del sector doméstico. Considera a las personas “inmigrantes irregulares” como un colectivo sin derechos, lo que nos lleva a ser mano de obra barata en la economía informal. Promueve así la explotación laboral y genera racismo social y cultural, entre otras discriminaciones. Por ejemplo, tienes que pasar tres años sin papeles para poder “regularizarte”. Esto significa miedo, un miedo que se queda impregnado en el cuerpo: miedo a ser deportada, miedo a regresar a tu país sin recursos para poder ocuparte del cuidado de los padres, de los hijos, que muchas veces dependen de ellas… Esto nos conduce a la vulnerabilidad, a la explotación. Son tres años en los que no tienes ningún derecho. No lo considero justo porque es engrosar la economía sumergida y eso no beneficia ni a la empleada ni tampoco al Estado.

A pesar de que la pandemia resaltó la importancia del trabajo que hacemos, aún seguimos siendo las grandes olvidadas por parte del gobierno

Como sindicalistas, ¿qué aporta el feminismo a vuestro trabajo?

El común denominador es la lucha de clases. Tenemos que conseguir que juntas podamos hacer frente a esta situación de desigualdad económica, social, política… El feminismo nos ha ayudado a politizar lo privado, a politizar sartenes y delantales y esto es una parte importante porque ayuda a visibilizar la contribución que hacemos a la sociedad y la importancia de nuestro trabajo. Hay que exigir políticas de cuidados, un ministerio de cuidados… teniendo en cuenta, además, que hablamos de una población envejecida. Si a este trabajo se le diese el lugar que le corresponde, podríamos mejorar la calidad de vida de las personas dependientes de cuidados. Hay valores intangibles como son los abrazos, el cariño que ayudan a mejorar su estado anímico y de salud, una calidad de vida buenísima a la vejez.

¿Cómo está afectando la pandemia al sector del trabajo doméstico y de cuidados?

A pesar de que la pandemia resaltó la importancia del trabajo que hacemos, aún seguimos siendo las grandes olvidadas por parte del gobierno, empezando por el subsidio extraordinario que no salió en el primer paquete de ayudas, sino que tuvo que pelearse. Es una ayuda extraordinaria porque, como he dicho, no tenemos derecho a paro. También es un sector donde no se cotiza por los ingresos reales y donde existen unos tramos en la cotización muy bajos. Cuando se habla de cobrar una ayuda del 70% de la base reguladora, implica que hay algunas que están cobrando 122 euros de este subsidio. Esta pandemia está haciendo rozar la pobreza a las trabajadoras del hogar y los cuidados porque la mayoría somos migrantes y no tenemos redes de apoyo aquí, no tenemos a los padres, los abuelos, etc. Muchas de las trabajadoras internas fueron despedidas porque se murieron las personas a las que cuidaban y se quedaron en la calle. Y cuando ayudamos a las compañeras a cumplimentar formularios para el subsidio, hemos descubierto un montón de irregularidades. Muchísimas que pensaban que estaban cotizando por tiempo completo y por el salario real, se dieron cuenta de que no era así, de que las estaban engañando.

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Nuria Alabao

Es periodista y doctora en Antropología. Es miembro de la Fundación de los Comunes.

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