1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Lectura

La reconstrucción del socialismo durante el franquismo

Fragmento del libro ‘Hombres sin nombre. La reconstrucción del socialismo en la clandestinidad (1939-1959)’

Gutmaro Gómez Bravo 28/04/2021

<p>Construcción de la cárcel de Carabanchel (1940-1944), donde estuvo encerrada gran parte de la primera Ejecutiva socialista.</p>

Construcción de la cárcel de Carabanchel (1940-1944), donde estuvo encerrada gran parte de la primera Ejecutiva socialista.

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Los días de visita, María y Francisca quedaban en Plaza de España para coger el autobús que iba hasta la nueva cárcel de Carabanchel. Sólo había una parada, por lo que todos los que estaban allí eran familiares o amigos de presos con los que todavía tenían que compartir varias horas de cola antes de poder entrar en el recinto. Tras la inspección rutinaria, una esperaba en el locutorio mientras otra iba a la ventanilla del correo. Una vez allí, tenían que preguntar por “Alfonso” y entregarle unos vales de economato con varios números de teléfono al dorso y un paquete de ropa. Dentro, doblada entre las camisas, se escondía esta hoja con grandes letras de imprenta:

“Estamos plenamente seguros que las Naciones Unidas atenderán a resolver el caso de España cual en justicia corresponde, pero si así no fuese, los trabajadores tendrían que decidir entre morir como hombres o vivir como borregos”

A la salida les estaba esperando un policía de la Brigada Político Social que conocía a la perfección los procedimientos de las organizaciones políticas: Ricardo Conesa, antiguo miembro de las JSU, que llevó a las detenidas a los calabozos de la Puerta del Sol. Aquella misma tarde, víspera del 1º de mayo de 1946, comenzaron a prestar declaración. Francisca Margarit Olcina, 52 años, natural de Alicante, soltera (aunque estaba divorciada), oficinista. Maria Díaz Sanz, 44, sus labores, (en realidad era maestra depurada), natural de Madrid. Las dos habían estado en la guerra, primero en el frente, luego en la retaguardia, más tarde en la cárcel y después en la clandestinidad. Eran, como Julia Vigre, Maria Lacambre y tantas otras, “maestras subterráneas”, mujeres invisibles, que se incorporaron a la reconstrucción.  En el registro de la casa de Francisca la policía encontró esta carta firmada por “Luis y Lola” desde Torrejón:

Queridísima Margarita

Recibí tu deseada carta y enterados de todo para decirte lo siguiente:

Referente a lo de la niña (República) deseamos por momentos su pronta recuperación. Luis en su trabajo pasándolo regular, yo desgraciadamente también regular, tengo algún indicio de hemorragia (detenciones) alguna vez, aunque muy poco, el médico dice que estoy bien pero no me quedo tranquila. Tengo muchas ganas de abrazarte, estuve un día en Madrid pero no puede verte por mi enfermedad (policía), para todo nos convendría vivir en Madrid pero no tenemos donde meternos.

Buena parte de la militancia y de los cuadros de las organizaciones clandestinas estaban en las cárceles, donde se seguía librando la batalla por la hegemonía de las alianzas antifranquistas

La policía sabía que los socialistas acababan de realizar una importante reunión en febrero. Amonestado por haber dejado escapar al Comité Nacional del PSOE, con el que podían haber desmantelado prácticamente la organización al completo, el Director General de Seguridad encargó al comisario Juan Francisco Gilabert que redoblara la actividad. En tan solo tres días consiguieron desarticular toda la estructura en torno a una nueva Comisión Ejecutiva, la segunda, que llegó a ser considerada “la organización más potente del interior”.

Las cárceles seguían siendo el centro de la toma de decisiones en un momento, política y emocionalmente, decisivo. Buena parte de la militancia y de los cuadros de las organizaciones clandestinas seguían estando en ellas, donde se seguía librando la batalla por la hegemonía de las alianzas antifranquistas. En Carabanchel, por ejemplo, estaba todavía la mayor parte de la primera Ejecutiva socialista, desmantelada entre febrero y marzo de 1945 como se ha visto en el capítulo anterior. En la primera reunión “oficial” celebrada después de su caída, un pleno a mediados de septiembre, se acordó mantener sus cargos hasta que salieran en libertad, “aunque sin responsabilidad sobre los actos de la segunda”. Una decisión que señalaba la voluntad de continuar y profundizar su modelo de base, formado por las Juventudes, los Círculos de barrio y una marcada impronta sindical, sobre el que los socialistas habían asentado su reconstrucción inicial. Seguían unidos por ese mismo hilo invisible con el que parecían estar cosidos: militantes antes de la guerra que, a pesar de desempeñar tareas o cargos directivos durante el conflicto, se mantuvieron en Madrid, la zona Centro o Levante hasta el final, por lo que fueron condenados a muerte o a largas penas de prisión. La mayoría, casi sin solución de continuidad entre una condena y otra, formaron parte activa de la reorganización política desde los comités de cárcel y salieron en libertad condicional tras redimir pena por el trabajo. María y Francisca, por ejemplo, enseñaron a leer a las presas de Gerona, Comendadora y Ventas, entre algunas de las prisiones por las que pasaron. Al salir de prisión, no dudaron en integrarse en la reconstrucción, manteniendo, a pesar del riesgo que corrían con ello, la comunicación dentro y fuera de la cárcel. Muchas más hicieron lo mismo. Mujeres como Miguela Díez, que tenía que ir a la cárcel de Ocaña desde Madrid, o muchas otras que se habían incorporado en la reorganización desde una “parte secundaria”, como lamentaba Carmen Cueli, detenida en la gran redada anterior y que ya en 1944 había pedido crear una sección propia de mujeres dentro del PSOE.

Todas ellas habían pasado por la cárcel y siguieron activas en la clandestinidad una vez que obtuvieron la libertad condicional. Algunas, como Sara López, no dudaron en prestar su vivienda de la calle Noviciado para que se guardara parte de la propaganda socialista y se celebraran las reuniones del Distrito Centro de Madrid. La mayoría de los que asistían eran amigos de su marido, fusilado en 1940, como Juan Blanco, Presidente del Sindicato de Peluqueros de Señoras antes de la guerra, en cuyo establecimiento de la misma calle se guardaba la prensa y la propaganda clandestina; o Manuel Palomares, mozo de laboratorio de sesenta años, que pasó seis en Yeserías y que una vez al mes la repartía en el Café Español, en plena Glorieta de Bilbao, a los distintos enlaces. Vínculos y experiencias compartidas que asentaron la reconstrucción de forma segura y que les permitieron potenciar, por encima de todo, su necesidad de reunirse, expresarse y tomar decisiones colectivamente: en poco menos de un año celebraron dos plenos en el interior, una reunión de la Comisión Ejecutiva y un Comité Nacional dentro de España e iban camino de otro a Francia cuando fueron detenidos. Un despliegue de medios y un nivel organizativo, en definitiva, con el que la dirección del interior trataba de mostrar que encabezaba la iniciativa política, sobre la base de un Partido unido y fuerte que funcionaba en toda España. La etapa de dispersión y reagrupación había terminado y estaban decididos a imponer la disciplina como base de la unidad que tanto había costado recomponer desde la cárcel. Su núcleo emergía de nuevo desde allí, con su prestigio intacto tras no haber emigrado cuando podían haberlo hecho, presentándose como la fuerza fundamental para crear un gobierno del interior.

A diferencia de los comunistas, socialistas y anarquistas, mantuvieron sus ejecutivas dentro de España y muchas de ellas siguieron actuando dentro de prisión

Tras la victoria aliada el centro de gravedad estaba de nuevo en el interior de España. El 9 de mayo de 1946, la agencia Reuter de Londres anunciaba varias detenciones “por ostentar cargos en actividades socialistas”. El 10 abril también fue detenido y herido en una pierna Juan Costa, de CNT. La policía ha intensificado la vigilancia sobre la oposición política a consecuencia de la investigación de Naciones Unidas. En efecto, la presión policial sobre los enlaces con las cárceles había precipitado una nueva caída en cadena de toda su estructura: jefes de sector, cotizaciones, tesoreros, aparato de propaganda y finalmente, la directiva. Para entender por qué los socialistas se exponían de aquella manera casi suicida al mantener la actividad y los contactos con las prisiones, hay que situarse de nuevo en las diferentes tradiciones organizativas del movimiento obrero español. A diferencia de los comunistas, socialistas y anarquistas, mantuvieron sus ejecutivas dentro de España y muchas de ellas siguieron actuando dentro de prisión. Ya se ha señalado cómo en la cárcel se había fraguado uno de los instrumentos más potentes de la unidad antifranquista: Alianza Nacional de Fuerzas Democráticas (ANFD), a la que, se fue adhiriendo prácticamente todo el espectro de la oposición política, de izquierda a derecha. Una cuestión, la de las alianzas, que, reabrió viejas heridas en el seno del socialismo. La Segunda Ejecutiva trató de aplazar la polémica hasta que los aliados echaran a Franco y pudiera celebrarse un congreso que solucionara todos los problemas derivados del final de la guerra, deseo que también expresó el propio Largo Caballero poco antes de morir en Francia en febrero de 1946.

Los Hombres sin nombre, como por primera vez los designó su principal responsable en esta etapa, Eduardo Villegas, comenzaron a establecerse en el imaginario colectivo y organizativo de forma claramente diferenciada del exterior: residían En un lugar de España y dirigían la organización en contacto con todas las federaciones. Solo desde dentro podían llevar el peso de la estrategia clandestina con las otras fuerzas políticas y sindicales. Su actividad fue incesante, muestra de su extensión territorial y de haber dejado atrás la cuestión de la legitimidad de origen desde el final de la guerra, problema que, sin embargo, seguía fraccionando al exilio y motivó numerosas tensiones que terminaron pagando los más débiles y expuestos: ellos mismos, los del interior de España. La respuesta del franquismo fue aumentar de forma significativa el ritmo de detenciones y de Consejos de Guerra, cerrando un ciclo abierto con el cambio de signo de la II Guerra Mundial. Las páginas siguientes muestran ese excepcional momento de Hombres sin nombre, a través de la documentación que generaron e intercambiaron dentro y fuera de España, la mayor parte incautada por la policía, que no había salido a la luz o era desconocida hasta el momento.

2 Trágico balance de una cultura política

La prensa de los años cincuenta aireó las sentencias ejemplares de los Consejos de Guerra, dando por extinguido el “virus socialista” que llegó a tener ocho Comisiones Ejecutivas (la última apenas tuvo tiempo de funcionar) dentro de España. Toda luz de esperanza, como la huelga de Vizcaya de 1947 o la de tranvías de Barcelona de 1951, era apagada con la contundencia habitual de la Brigada Político Social, en la que existió una sección especializada en “socialistas” durante toda la dictadura. Dirigida por inspectores como Pérez Gobernadó o Saturnino Yagüe, y los comisarios Conesa o Polo, todos sus expedientes colectivos fueron instruidos por el Coronel Eymar, Juez Especial para los llamados “delitos políticos” en todo el territorio nacional.

La persecución fue implacable, sin treguas, ni paliativos. En marzo de 1945, la policía abatió a tiros en su casa a Antonio Donoso, en cuyo sótano, bajo una trampilla, se escondía la imprenta clandestina. Poco después y procedente de esa misma detención moría en la cárcel de Alcalá de Henares, Antonio Martínez Vecino; su mujer no pudo pagar las veinte pesetas que costaba el traslado del cadáver a Madrid. Sara López, del mismo “expediente”, fue maltratada en comisaría, sufrió un infarto en el consejo de guerra que la condenó por “enlace” y terminó internada en un psiquiátrico. Tras sufrir sucesivas caídas, en febrero de 1953 era desarticulada una vez más la organización con más de 50 registros simultáneos en toda España. Tomás Centeno, su principal dirigente, murió en las celdas de la Dirección General de Seguridad de la madrileña Puerta del Sol. Oficialmente se había "desangrado tras lesionarse con los alambres del colchón de su celda". Un año más tarde, por último, era desmantelado el grupo de comunicaciones que distribuía los correos y los fondos a las federaciones. A partir de ese momento, el exilio en Francia se hizo cargo de la dirección de España hasta prácticamente 1970, tiempo en que la brecha existente entre ambos mundos se fue ampliando considerablemente.

En marzo de 1945, la policía abatió a tiros en su casa a Antonio Donoso, en cuyo sótano, bajo una trampilla, se escondía la imprenta clandestina

Esta es su historia, la de la gente que protagonizó y sufrió la reconstrucción. Un relato que ha llegado a nuestros días con grandes lagunas propias de la clandestinidad y del exilio, que la ordenación y recopilación de la información política, diplomática y militar desclasificada en los últimos años permite hoy analizar desde otra óptica. Un trabajo de investigación que cuestiona, en primer lugar, la visión, dominante todavía hoy en día en la historiografía española, de una oposición al franquismo monopolio exclusivo del Partido Comunista. Al mismo tiempo, trata de desmitificar el discurso transmitido por la dirección socialista del exilio, que rara vez incluía la contribución de personas anónimas del interior que se jugaron la vida y la de los suyos durante tantos años de dictadura. La mayoría de las historias del socialismo durante el período franquista, por estos y otros motivos, se han centrado en las directivas y ejecutivas dentro y fuera de España, mostrando siempre al interior como una entidad pasiva. La cuestión, como trata de mostrar este estudio, es más compleja, sobre todo porque la militancia del interior compartió una experiencia determinante como fue la represión franquista hasta el final de la dictadura. Una tensión que les obligó a superar viejos faccionalismos, potenciar la capacidad organizativa y buscar las alianzas con todas las fuerzas opositoras. Se trataba, en definitiva, de mantener la organización a toda costa para poder salir a la luz el día en que Franco dejara el poder.

Desde los primeros esbozos en torno a Besteiro, Madrid y la zona Centro emergieron como espacios fundamentales en el mantenimiento y recuperación del tejido social tradicional socialista. El resultado inicial fue una estructura orgánica más reducida y flexible, en la que Partido, Sindicato y Juventudes estuvieran siempre presentes en unos órganos de decisión más vitales que nunca ya que estaban proscritos. La guerra y, sobre todo, la cárcel, forjaron los verdaderos vínculos de sangre en los que se asentó la reconstrucción. Una historia social, en definitiva, de bases y de apoyos locales, que aislados y en un ambiente fuertemente degradado y hostil, trataron de restablecer en vano su vida anterior a la guerra. En ese medio, casi gremial, de círculos y barrios, de tiendas, talleres y fábricas, sobrevivió su cultura política, especialmente en la geografía industrial tradicional y en las grandes ciudades.  La reconstrucción se fraguó allí, en el seno de unas clases trabajadoras urbanas, castigadas por el régimen y la penuria económica que, en contra del criterio mayoritario de la cúpula del exilio, terminaron abriendo la organización a las capas medias, profesionales liberales y jóvenes intelectuales, que alcanzaron ya puestos principales en sendos congresos de PSOE y UGT de 1970 y 1971, respectivamente. Comenzaba así un nuevo ciclo, el de la renovación y la transición a la democracia, que aunque sirva de cierre cronológico a este estudio, no pudo ser nunca un punto y final. La fórmula empleada en la posguerra, la del apoyo de los viejos militantes a la actividad y empuje de los jóvenes, volvió a reeditarse a finales de los años sesenta, cuando el prestigio de Hombres sin nombre, forjado en décadas  de clandestinidad, fue invocado de nuevo para tratar de influir entre las nuevas formas de oposición al franquismo que alcanzaban su madurez en la recta final de la dictadura.

-------

Fragmento de Hombres sin nombre. La reconstrucción del socialismo en la clandestinidad (1939-1959). Madrid, Cátedra, 2021, 362 págs.


Autor >

Gutmaro Gómez Bravo

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí