1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

GIRO A LA IZQUIERDA

El insomnio chileno

Las elecciones constituyentes en Chile han supuesto una gran sorpresa. Los viejos partidos han sido derrotados estrepitosamente y una mayoría de independientes (y de mujeres) que van por libre perfilará en los próximos meses la Carta Magna del país

Facundo Ortiz Núñez (Revista Crisis) 18/05/2021

<p>Mujer votando en las elecciones constituyentes de Chile este fin de semana.</p>

Mujer votando en las elecciones constituyentes de Chile este fin de semana.

RTVE

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Chile celebró este fin de semana sus “macroelecciones”, de las que emergen más de 2700 cargos, entre concejales, alcaldes, gobernadores y constituyentes, curiosa consecuencia del período de movilizaciones más antiinstitucional del país en décadas. Las fuerzas herederas de la dictadura lo habían intentado todo para detener la ola de cambio. Declarar el Estado de Excepción y sacar a los “milicos”. Vaciar la calle a golpe de luma, de lacrimógenas, de balines. Cegar y encarcelar a los cabros rebeldes. Amarrar un proceso constitucional para asegurarse una cuota de poder. Llenarlo de trampas y obstáculos para limitar la democracia real. Hacer que lloviera dinero sobre sus candidatos para privilegiarlos en la campaña y silenciar a los desconocidos. Pero nada les sirvió. Los chilenos que se expresaron ayer mandaron, por enésima vez, el mismo mensaje que se viene repitiendo desde el estallido de octubre de 2019.

La nueva constitución no será escrita por los mismos de siempre, los que gobernaron durante 30 años con el texto que les legó Pinochet. Serán los independientes quienes tengan la llave del futuro de Chile. Entre ellos hay jueces críticos con el actual sistema de justicia, como Jaime Bassa o Mauricio Daza, escritores como Jorge Baradit, que lleva años denunciando en sus libros las desigualdades que permean la historia y el presente del país, la “tía Pikachu”, famosa manifestante de la plaza de la Dignidad, abogados y panelistas de televisión, periodistas, profesionales de distinto ámbito y activistas sociales o medioambientales. Si los independientes conformaran una única fuerza (los que iban en listas ciudadanas sumados a los que iban en cupo de partido), puede aseverarse que los independientes ganaron las elecciones. Componen el 64 % de la nueva cámara (88 escaños), dejándole únicamente 50 asientos a los militantes de partidos (aparte de los asientos reservados a pueblos originarios).

El hundimiento de la derecha es telúrico. Por un lado, no logran alcanzar el tercio de la cámara constituyente, recurso que daban por ganado y que les hubiera dado derecho de veto para impedir medidas no afines al poder económico. Al mismo tiempo, sus candidatos obtienen malos resultados en las elecciones a gobernador, cargo que por primera vez se votaba en Chile. La coalición conservadora tan solo gana en dos regiones, y en ambos casos deberá medirse con el candidato de la Unidad Constituyente (Socialistas y Democracia Cristiana) en segunda vuelta.

La derecha ha aparecido más unida que nunca: ya para estas elecciones se presentaban en una única coalición, a diferencia de la dispersa oposición

Por su parte, la ex Concertación –considerada la segunda pata del modelo mantenido desde la dictadura– se desdibuja y da paso a un auge de la coalición a su izquierda: la unión del Frente Amplio y el Partido Comunista (“Apruebo Dignidad”) se queda a solo 100.000 votos de la derecha, convirtiéndose en la segunda fuerza política del país. Y, por último, irrumpen con potencia las listas de ciudadanos independientes formadas al calor de la protesta social. Por primera vez, a diferencia de anteriores comicios, hay una cámara política en Chile que, escaño arriba, escaño abajo, se parece bastante al país, a ese Chile que dominó la calle en el estallido social.

Dirigiéndose a la nación al final de la jornada, Piñera reconocía la derrota: “No estamos sintonizando adecuadamente con las demandas y los anhelos de los ciudadanos y estamos siendo interpelados por nuevas expresiones y por nuevos liderazgos”. Entre menciones al “diálogo” y a los “acuerdos”, sabiendo ya que tendrá que mendigarlos, celebró el éxito de las mujeres, expresado en una cámara paritaria (algo que, recordemos, se obtuvo a base de marchas y barricadas), y mandó un mensaje de admiración “desde el fondo de su corazón”, a todos los chilenos y chilenas que habían permitido este proceso, olvidándose de que casi todos ellos pasaron más de un año en las calles cantando Piñera conchetumadre asesino igual que Pinochet. Poco importa. Piñera ya fue. El viejo Chile ya fue. La noche de ayer confirmó lo que la calle ya sabía: Chile despertó y está listo para labrar su propio camino.

Elecciones pandémicas

El país llegó a estas elecciones agotado, con medio territorio en cuarentena y las cifras de contagios y fallecidos por Covid disparados, razón por la que las elecciones se habían pospuesto un mes. Las alertas acerca de la “cocina” parlamentaria (con relación al famoso “Acuerdo por la paz” que Piñera firmó con casi toda la oposición) no daban grandes esperanzas. Los independientes tuvieron apenas unos meses para inscribirse, unirse, confirmar pactos y listas y coordinarse, frente a la mole partidocrática ya constituida, que invitó a sus propios “independientes”, asegurándoles cupos en sus listas. No era lo mismo competir solo que bajo el ala de un partido.

La ley electoral (con el sistema d’Hont, que privilegia las listas más votadas) parecía asegurarles a las fuerzas del actual gobierno un lugar privilegiado. Mientras que los partidos políticos se repartían casi 3.000 millones de pesos de dinero público para la campaña electoral (sin contar las jugosas donaciones de “amigos”), los independientes (todos ellos) debían repartirse la cuota correspondiente al partido menos votado en las últimas elecciones, lo que se traducía en unos pocos miles de pesos por cabeza. La misma desigualdad estuvo presente en los minutos que se le atribuyó a cada organización en las franjas televisivas electorales. Como resultado, algunos candidatos tenían apenas un par de segundos para mandar su mensaje por televisión.

A pesar de la importancia de estos comicios, los más importantes en tres décadas, los medios estuvieron estos últimos meses más centrados en la carrera presidencial de noviembre. La derecha ha aparecido más unida que nunca: ya para estas elecciones se presentaban en una única coalición, a diferencia de la dispersa oposición. Lo que más ha ocupado los diarios ha sido la batalla por las primeras de la centroizquierda. Mientras que el Frente Amplio y el PC buscaban una primaria amplia de todo el polo progresista, los socialistas y la DC preferían mantener la alianza de la Concertación para dejar fuera a los comunistas. Habrá que ver si después del resultado de esta noche siguen pensando lo mismo.

Perdidos la tele y los grandes diarios, el principal espacio de deliberación acerca de la constituyente se dio en pequeños actos independientes, muchos de ellos en los barrios, las ferias, las plazas (mientras las restricciones lo permitieran), y en muchos conversatorios online o discusiones en redes sociales. Aunque el mensaje que dominaba en las redes fue el de, fuera como fuera, votar por cualquier opción contra la derecha.

Por otro lado, cualquiera hubiera dicho que la rotunda victoria del “Apruebo” en el plebiscito de octubre llevaría al ejecutivo de Piñera a realizar algún gesto conciliador, pero no fue así. En vez de eso, siguió perdiéndose en propuestas impopulares que poco o nada podían hacer por la población en un momento tan crítico como el presente. Bonos insuficientes llenos de requisitos que la mayoría no podían cobrar, una oposición frontal y suicida a las propuestas de retiros de 10% del dinero de las AFP, que los chilenos demandaban con furiosos cacerolazos antes de cada votación al respecto. El tiro de gracia se lo dio el mismo Tribunal Constitucional al que la derecha ha recurrido en las últimas décadas cada vez que una medida no le satisfacía. En este caso, el tribunal falló contra el Gobierno, dejando a Piñera más debilitado que nunca, y obligado a pactar con la oposición.

Eso no impidió a los conservadores llenar sus listas a la constituyente de políticos en activo, inclusive exministros, algo frontalmente opuesto a la victoria de la opción “Convención Constitucional” del plebiscito, que pedía únicamente independientes. Y no solo viejos o actuales políticos, sino también una cohorte de hijos, hermanos y sobrinos a los que colocar en la nueva cámara.

La violencia estatal tampoco se redujo ni un ápice en las protestas, que, aunque debilitadas, seguían en marcha. La cúpula de Carabineros ha agotado en este último tiempo todos los recursos para sacar a los manifestantes del centro de Santiago: más carros blindados policiales, tanquetas militares, masivos despliegues de uniformados, perros sin bozal, caballos, drones, grupos de infiltrados intra-marchas, hasta culminar con la construcción de un muro alrededor de la plaza, primero, y directamente con el retiro de la estatua del general Baquedano después, de tal modo que ya ni siquiera les quedara a los manifestantes algo que “conquistar”.

Paralelamente, el mismo día que se dictaba sentencia contra varios agentes por el asesinato de Camilo Catrillanca, el comunero mapuche acribillado por la espalda en la Araucanía en 2018, la Policía de Investigaciones realizaba el mayor operativo antidrogas de la historia democrática de Chile. Cerca de 800 funcionarios fueron movilizados a la Araucanía. Hubo sobrevuelo de helicópteros, allanamientos aleatorios, tiroteos. ¿El botín? Poco más de 1200 plantas de marihuana. Pero la foto del día se produciría en Ercilla, el pueblo del mismo Catrillanca, donde su hija de siete años acabaría cuerpo a tierra bajo la rodilla de un miembro de la PDI. “Coincidencia” para las autoridades, “venganza” por el revés judicial a ojos de los demás. En febrero, solo por citar algunos casos, una semana funesta dejó un saldo de tres personas fallecidas en contextos que involucraban a la policía: un artista callejero en Panguipulli, baleado en plena calle, un muchacho que aparecía ahorcado en una comisaría al poco de ser detenido y un ciudadano boliviano, en estado agónico, abandonado por uniformados a las puertas de un centro médico.

El clima general parecía ser de desánimo, de derrota anunciada. Todo se veía por momentos perdido para el movimiento ciudadano que tomó las calles en octubre, ante la evidencia de que el Gobierno no solo no estaba dispuesto a ceder, sino que hasta mantenía o aumentaba su agresiva y violenta respuesta.

Sin embargo, a medida que se acercaba la fecha, los llamados a votar fueron en aumento. Entre los celulares volvía a circular el elenco de falencias que habían provocado el estallido social, los vídeos de las protestas, de las canciones, de la represión, el impulso de artistas o mutilados oculares, como Fabiola Campillai, pidiendo que se votara “para que la lucha de nuestros jóvenes no sea en vano”. Esa lucha sin aliento que el pueblo había dado en las calles debía traducirse en algo, no podía quedarse así, no podían ganar “los de siempre”. Y en vista del resultado, es evidente que el llamado tuvo eco.

La irrupción popular

A diferencia de otras elecciones, estas se produjeron a lo largo de dos días, con el objetivo de reducir las aglomeraciones. No hubo mucha afluencia el sábado: apenas un 20% se apersonó en las urnas. Saltaron las primeras alarmas: los distritos de la zona rica nororiente de Santiago estaba votando mucho más que los distritos populares.

Algunos daban esta situación por descontada: se sabía que los militares resguardarían las urnas en la noche del sábado, lo que disparó la desconfianza en el proceso. Pero incluso en la mañana del segundo día, los puntos de votación parecían casi vacíos en las primeras horas. Aunque se hubiera debatido en el Congreso la posibilidad de hacer gratuito el transporte público, la medida no había prosperado por la resistencia de los conservadores. Muchos denunciaron en las redes la escasez de transporte: había pocos buses circulando, lo que dificultó a los electores llegar a sus locales de votación correspondientes. También hubo confusión y dificultades con las papeletas de los candidatos de pueblos originarios.

Estallido social en Chile (2019) / Rodrigo ABD (revista Crisis)

Pero todo cambió después de mediodía, cuando los colegios electorales comenzaron a llenarse. De hecho, las aglomeraciones continuaban al filo de las 18:00, cuando las mesas ya debían cerrarse. La participación acabó alcanzando un 41 %. Bastante baja en términos generales, aunque semejante a la tendencia electoral en Chile. Eso sí, ha sido un 10 % menos que en el plebiscito de octubre. Pero cabe destacar un dato. En el plebiscito, la opción “Rechazo” a la nueva constitución obtuvo 1,5 millones de votantes, mientras que, ahora, la coalición de la derecha reunió solo 1,2 millones. El grueso de ese 10 % que se abstuvo pertenecía al polo del “Apruebo”. Con estos datos, en caso de haber votado, su victoria podría haber llegado a ser aún más contundente.

A las 23:00, cuando el recuento ya no daba lugar a dudas, la plaza Victoria de Valparaíso se llenó de manifestantes. Jorge Sharp, alcalde progresista que en este caso se presentaba de manera independiente tras su ruptura con el Frente Amplio, y Rodrigo Mundaca, de la formación Modatima (Movimiento de Defensa por el Acceso al Agua, la Tierra y la protección del Medio Ambiente) ganaban en la capital y la región sin necesidad de ir a segunda vuelta, convirtiendo a Valparaíso en un bastión de la izquierda nacional. Una consigna en particular resonó con fuerza, la misma que se ha repetido en las marchas de los últimos meses: “Liberar, liberar, a los presos por luchar”, en referencia a los alrededor de 600 muchachos que siguen presos, en cárceles o arresto domiciliario, castigados por haber salido a protestar en primera línea de las manifestaciones, y que en muchos casos han sufrido montajes, prisión preventiva durante más de un año o repetición de juicios cuando el resultado favorece a los acusados.

En Santiago centro, la nueva alcaldesa será Irací Hassler, la candidata del Partido Comunista. La corriente feminista que sobrecogió al país alcanza incluso a la nación mapuche

En el resto de la nación, la derecha tan solo ganaba en dos regiones, Arica y Los Ríos, debiendo en ambos casos someterse a una segunda vuelta contra el candidato de la Concertación. En la Región Metropolitana de Santiago, la derecha no llegaba ni a eso: la segunda vuelta medirá al candidato a gobernador democristiano contra la candidata del Frente Amplio, dejando fuera al candidato de Chile Vamos. En Santiago centro, la nueva alcaldesa será Irací Hassler, la candidata del Partido Comunista. La corriente feminista que sobrecogió al país alcanza incluso a la nación mapuche. De entre los candidatos que se postulaban para los asientos de pueblos originarios, la victoria se la llevan las mujeres, dejando en segundo plano a los candidatos apoyados por la burguesía araucana.

Otra de las principales “sorpresas” (para los que no estuvieran atentos) la representa “La Lista del Pueblo”, una agrupación ciudadana lanzada hace apenas unos meses por manifestantes de la plaza de la Dignidad y miembros de asambleas territoriales, que logró reunir las firmas necesarias para inscribirse como constituyentes en casi todas las regiones del país, atrayendo el voto joven con una campaña popular, fresca y contestataria que buscó desmarcarse de los partidos y convertirse en una traducción textual de los reclamos que se expresaban en las calles. Esta propuesta, que unió a profesionales y activistas de todas las regiones, ha encontrado una respuesta ciudadana demoledora, convirtiéndose, en número de votos, en la tercera fuerza del país. Con casi un millón de apoyos, superan incluso a la Concertación, que queda relegada a cuarta fuerza y en caída libre de cara al futuro.

Desde luego, se trata de un terremoto mayúsculo a todos los niveles del poder en Chile. El deseo de construir un nuevo país, más atento a su base social, a los perdedores del sistema neoliberal, los endeudados por los bancos y vapuleados por la élite se consagra. Juntos tienen ahora la posibilidad de redactar una nueva Ley Fundamental para definir el Chile hacia el que quieren transitar. Nada está ganado, sin embargo. Chile vivirá en los próximos meses con dos cámaras legislativas: una redactando el nuevo país, y la otra, la derrotada, legislando todavía a partir de la vieja constitución. Un país que empieza y otro que se resiste a morir. La polarización no ha hecho más que empezar.

Marcela Cubillos, ex ministra de Educación de Piñera, una de las principales valedoras del “Rechazo”, y la candidata más votada de la derecha en estas elecciones, dio esta mañana la primera pista. Criticó a su propio sector por “comprar las ideas de la izquierda”, y señaló: “Esta no es una convención constituyente, por así decirlo, autónoma ni soberana sino que regulada, con un marco establecido”.

El revulsivo llega además en un momento clave para toda la región. Es bastante probable que estos resultandos pongan nerviosos a numerosos sectores allende la cordillera. El modelo de las AFP, así como todo el molde neoliberal, empezó en Chile antes de extenderse por el resto del continente. Ahora mismo, en Perú, un candidato popular de sectores rurales está a las puertas de vencer al fujimorismo con una promesa de referéndum y asamblea constituyente. Colombia vive una ola de movilizaciones muy parecida a la que comenzó en Chile en 2019, y podría ver en el país transandino una posible salida que aplicar a su propia crisis social.

El camino para llegar hasta aquí ha sido agotador, difícil y doloroso. Ha implicado grandes sacrificios, incluyendo casi cuarenta vidas humanas y más de 400 ojos de muchachos dañados para siempre, miles de detenidos y traumas para toda una generación. Esta victoria no es poca cosa: la oportunidad para desarrollar políticas que aboguen por la memoria, la reparación, los derechos humanos y la justicia social está aquí, en la mano. Las fuerzas progresistas, sumadas a las nuevas fuerzas ciudadanas independientes, barren completamente a las del “Rechazo”. Detentan ahora buena parte del poder regional, municipal y constitucional. Solo quedan meses para las presidenciales, donde según las encuestas la derecha tampoco tiene las de ganar, lo que podría dar también a esta ola de cambio, eventualmente, el poder legislativo y ejecutivo.

La ciudadanía ha entregado todo lo que podía dar y ha dado un paso fundamental de cara a sus demandas. Se redactará una nueva constitución, con independientes, con 17 escaños para pueblos originarios, con paridad de género y con mayoría popular. Nada ha sido gratis. La sociedad chilena ha logrado en dos años lo que no logró en tres décadas, gracias a una movilización comprometida, creativa y por momentos rabiosa, sin precedentes, aun viéndose sometida a niveles de represión demenciales. Nadie puede poner en duda su compromiso. A las distintas fuerzas a las que les han entregado sus votos les corresponde ahora mostrarse a la altura del momento y de la oportunidad histórica, a todas luces irrepetible, para respetar el épico mandato que ni siquiera una pandemia global ha logrado detener, y que se lancen, con décadas de retraso, a abrir esas grandes alamedas por las que pasen los hombres y las mujeres libres de Chile.

------

Este texto fue publicado originalmente en la revista Crisis.

Chile celebró este fin de semana sus “macroelecciones”, de las que emergen más de 2700 cargos, entre concejales, alcaldes, gobernadores y constituyentes, curiosa consecuencia del período de movilizaciones más antiinstitucional del país en décadas. Las fuerzas herederas de la dictadura lo habían intentado todo...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Facundo Ortiz Núñez (Revista Crisis)

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí