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Epístolas

Pensamiento Pasolini

Tres cartas a un amigo para adentrarnos en el cine del director italiano: su paisaje, su estética, su política

Rodrigo García Marina 19/06/2021

<p>Pasolini junto a Irazoqui en Matera, durante el rodaje de El Evangelio según San Mateo (1964).</p>

Pasolini junto a Irazoqui en Matera, durante el rodaje de El Evangelio según San Mateo (1964).

Domenico Notarangelo

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Una

Querido Pablo:

No sé nada sobre cine. En el lugar en el que he crecido no existen las imágenes, ni la posibilidad de rendirles culto. Todas las formas que conocí cuando niño eran la excusa de la posibilidad de un mundo donde ninguna cosa quedara reflejada. Mi abuelo Andrés nació ciego. Mi abuela Antonia se volvió ciega. En algún momento de su vejez, tras décadas en las sombras, olvidó nuestros nombres y olvidó la luz. Y yo he sido el único nieto que heredó el miedo de un día llegar a perder la vista.

Uno de mis empeños filosóficos, no han sido tantos ni tan nobles como los tuyos, fue hace unos años conocer en profundidad la filosofía helenística. Entre sus más destacadas figuras tenemos a Plotino. Su alumno Porfirio escribe una biografía sobre la vida del maestro donde dice de él que era un hombre que evitó ver su rostro y que, de algún modo, su último momento en la tierra como leproso repudiado por sus compañeros fue el culmen de un sistema filosófico que encontró en el cuerpo y en la contingencia de la materia una cárcel. Para estos filósofos el cuerpo no solo es una cárcel y la corporalidad una expresión de todo lo que nos arrebata vivir, es también un lugar donde a partir del desinterés por el mismo, junto a sus funciones tales como asearse, cuidarlo o alimentarlo, se puede hacer una filosofía que nos reconcilie con la identidad imaginada del Uno. Al final todos estos ambages teóricos me han sido útiles para preguntarme por la pasión que les condujo a pensar y actuar del modo en que lo hicieron. Qué ocurriría si alguien me amara con la misma ceguera con la que Porfirio amó a Plotino. Si alguien tuviera ese poder y ese alguien imaginado arrojara sus manos como quien arroja el agua dulce por la borda en un naufragio o como quien, en la tragedia de Edipo que Pasolini rehace para el campesinado, se arranca los ojos para no ver más tierra. Cuando en otra tragedia –donde convierte a Medea en la heroína de los ignorantes– el italiano hace decir a un centauro: tutto è santo, se refiere a que todo mantiene la indisponibilidad de la tierra que entierra el cuerpo querido. ¿Quién no tuvo que sacrificar algo amado porque interpuso el afán por restablecer la justicia?

En mi vida se dieron algunas imágenes tramposas. La imaginería de Semana Santa, por ejemplo, se sustentaba en la posibilidad de leer. En nuestro caso, muchos siglos después, reproducíamos un viciado desconocimiento sobre estas imágenes. Las adorábamos. Si bien habíamos conocido las historias, éstas debían ser paseadas nuevamente para mantenerse vívidas y para que los provenientes de familias practicantes pudiéramos reconocerlas. Aun a sabiendas que es posible leerlo en algún artículo o sencillamente ver un vídeo en Youtube, pasear la imaginería e ir a contemplarla, resulta una manera entre muchas de acabar con el cine. Requiere siempre del trabajo del costalero, del riesgo de lo impredecible, que alguien tropiece, que llueva o que la marcha inesperadamente se detenga. No digo que el cine carezca de ritos, solo que sus modos de compartirlos son otros y en ocasiones no aparecen en pantalla.

En ‘Pocilga’ una pareja parece intercambiarse el lugar desde el que hablan y fantasean con cierta correspondencia que, de no habitar el sitio del otro, sería del todo imposible

Quizá pienses a estas alturas que mi visión acerca del cine es profundamente ingenua. Alguien que confunde la gran pantalla con la imagen, que define la película como una sucesión de fotografías capaces de organizar unas ideas en un nuevo espacio y, a su vez, capaz de captar un interés en personas muy distintas, no es alguien que haya pasado mucho tiempo en Godard, Rohmer, Polanski, Tarantino, Haneke o Apichatpong Weerasethakul. En fin, son demasiados los hombres que me han importado, pero todos estos que se dedican a la industria cinematográfica me han dado siempre igual.

Por eso, cada vez pienso con más frecuencia en mi interés repentino por Pasolini y su profundo nexo con la ausencia del cine en mi biografía. Mientras tú crecías en la sala ahora cerrada de tu barrio, yo lo hacía en dos parques, uno a cada lado de la M-30. Posteriormente, cuando los parques se prohibieron, o cuando algunos aspectos de la vida condicionaron qué lugar podía ocupar en el mundo (un mundo donde no todos teníamos permitido comer pipas en el banco), empecé a dibujar mapas ficticios. Los bordes con los que más disfrutaba eran los que imitaban la costa gallega o la noruega. Pensaba que cuanto más aserrado fuera un litoral, mayor belleza proporcionaría. A diferencia de las imágenes de mi infancia, éstas no trataban de mostrar lo mismo nuevamente, sino más bien de ser ellas mismas lo nuevo. En algún momento del cine de Pasolini, concretamente en Pocilga, 1969, una pareja de amados parece intercambiarse el lugar desde el que hablan y, por un momento, fantasean con cierta correspondencia que, de no habitar el sitio del otro, sería del todo imposible. Él esconde un secreto. Es algo tan oculto que solo al final de la película puede intuirse, aunque en ningún otro instante se llega a representar. Resulta en su caso más escandaloso decir en voz alta aquello de la zoofilia que cometerla. La película se desarrolla en dos historias aparentemente inconexas. Por un lado, el joven que rechaza a su prometida como protesta contra los negocios afines al nacionalsocialismo de sus familias. Por otro, en un nexo temporal bastante previo, se forma en las laderas del Etna una compañía de caníbales que hacen peligrar los principios del civismo. Dentro de la historia de los enamorados, pese a que se esclarecen bien los roles de los afines al nazismo, la burguesía, incluso los testigos obreros que conocen el tabú de la zoofilia y a la vez contemplan en un estado de pábulo perpetuo el crimen ejecutado por los cerdos que terminan devorando al joven; en ningún momento nadie dice quiénes son aquellos intocables que permanecen en la pocilga. Es tan poderoso el testimonio de lo prohibido que aun habiendo desaparecido sin rastro el cuerpo del zoofílico, todavía el secreto está cargado de poder persuasor y sirve para extorsionar al padre del muerto.

Es la fuerza del deseo vehiculado por la novedad de la imagen, en un siglo donde la penumbra ha poblado cada retazo de paisaje, la que clama frente a la devastación. Cualquier prohibición es suficiente o cualquier secreto guardado nos ha infligido tanto perjuicio que, en cierto modo, quien lo porta en la narración de Pier Paolo –importa poco su condición– es un fascista. 

 

Pienso en las cosas que jamás te contaré y en aquellas que tú tampoco podrás contarme. Y también pienso en las historias que nos acercan de algún modo, en el único de los modos posibles. Para compartir la amistad hay que explicar la raíz, el lugar propio, la geografía trazada. Compartir el trazo aquí es compartir la belleza. En la red del silencio y la palabra. Algunas de nuestras palabras serán enterradas con nuestra carne bajo la misma tierra que permite crecer los álamos del Jarama. Pasolini ofreció una imagen de esta tierra.

Pensamiento Pasolini es exiguo. Por ejemplo, no sirve para escribir una columna periodística. El periodismo no es el lugar de la metáfora-ínsula. Donde el periodismo clarifica, la poesía excava. Más que rodearse de lo inmenso, requiere que inmensamente alguien acuda a su efecto, propio de la Medusa. ¿Quién le sostiene la mirada a un crimen? El crimen solo puede ser espectacularizado. Situado en la frontera de la opinión. Pensamiento Pasolini es el epidídimo rosado de un marica al que se le revientan los testículos antes de darle muerte. Pensamiento Pasolini después de Saló. Pensamiento Pasolini en un informe forense dentro de un libro de poemas. Servir la carne del hijo sobre la mesa de Jasón. El nieto de Creteo, quien al verse mancillado por la bárbara Medea, vio la muerte una vez la viga podrida de madera cayó sobre él. Nunca un suicidio apareció de una manera tan bella en la literatura. El árbol partido de lo trágico. Alguien aprieta los testículos del poeta con una llave inglesa. Alguien que proviene del campo devuelve al campo sus imágenes. Pensamiento profético. Alguien contempla que aquello que ve, será uniformizado bajo las garras de la irremediable equivalencia. Identidad: valor-mercancía-valor. Pero, ¿quién vindica la figura del creador en la actualidad? Debe ser importante reconocer algunos elementos fundamentales para no incurrir en errores de interpretación. Pasolini leyó a Nietzsche y llevó a Nietzsche a cada una de sus obras, es uno de los herederos del comunismo hermenéutico italiano. Todo su cine y buena parte de la acción política está inmersa en los esbozos de la metafísica de la diferencia. Cualquier pulso neo-identitario soez que haga analogías con su obra es un efecto óptico de distancia consentida, un trampantojo.

Pasolini iba a África a rodar sus películas, pero también a acostarse con chavales jóvenes. Crecí en una región que geográficamente pertenece al mismo continente, donde los chavales jóvenes homosexuales viven en la exclusión y el intercambio monetario con burgueses del norte de Europa que acuden al parque de atracciones del sexo del turismo poscolonial. Los que debían ser mis iguales eran diferentes a mí e iguales entre sí. Depilados, morenos, generalmente imberbes, con cuerpos fibrados, pero no gimnásticos, fácilmente reconocibles como exóticos en el centro comercial el Yumbo, en el club Instinto o en cualquier after del Puerto. La contradicción es una llave inglesa en un informe de autopsia. 

Para compartir la amistad hay que explicar la raíz, el lugar propio, la geografía trazada. Compartir el trazo aquí es compartir la belleza 

Sobre las películas que narran la vida y muerte de Pasolini, cabe destacar Ostia, un cortometraje de Julian Cole donde todo el asesinato está reproducido en un paisaje neoyorkino. También es interesante nombrar el aria que Abel Ferrara elige para anunciar la muerte de un hijo a una madre en una de las últimas versiones. La grabación interpretada por María Callas –la Medea de él– de una voce poco fa. Rosina canta que tal como ella jura, vencerá y el objeto de su amor podrá pertenecerle. ¿Qué es un gesto de muerte anunciada para quien cedió su carne? O, dicho de otro modo, ¿por qué enterramos a nuestros seres queridos en vez de tragar tierra?

En la trama paralela de Pocilga, un grupo de caníbales asaltan a los “civilizados”, los decapitan y se los comen. Entre las ironías del tabú y la cultura, algo que Lévi-Strauss no contempló, se observa que los caníbales de la ficción cocinan a sus víctimas. Es importante el acto de cortar una cabeza porque el italiano lo repite en muchos de sus largometrajes. Aquellos que tienen la razón, pierden la cabeza. Mientras que los estúpidos, los retrasados, los horrendos, los ignorantes, los harapientos… cortan de raíz el nudo de lo que les oprime.

En un mundo donde el orden es determinado por instancias que pertrechan la injusticia y el crimen ¿Qué significa exactamente comer carne humana?

Dos

Querido Pablo: 

31 de marzo de 1996, Roma. El poeta Dario Belleza fallece de SIDA el mismo año que el pronóstico deja de ser fatal tras la invención de la terapia TARGA. A partir de este momento, los infectados comenzarán a camuflar sus heridas, a esconder sus señales. Invisibles caminan con la vida entre sus brazos. En la primavera de este mismo año, veo la luz. Veinticuatro años después, hago el amor con un amante positivo y ninguno de los dos esconde, porque ninguno teme y porque alguien en la historia de los vencidos murió para que nosotros pudiéramos encontrarnos sorprendidos en la boca del otro.

Uno versos de Belleza dicen así: solo i gatti insistono / a non fuggire, a calmare la voglia / di seme e sangue!

12 de marzo de 1983, Milán: se suicida con el gas de su cocina. Conozco a Mario Mieli a través de una conferencia de Lauretis en la Universidad Complutense. Antes de su muerte, sobrevive a la institucionalización psiquiátrica forzosa, una práctica habitual de tortura a personas homosexuales durante el siglo XX tanto en dictaduras fascistas y socialistas, como en democracias burguesas. Fue quizá la más revolucionaria de todas las figuras del movimiento de liberación homosexual italiano.

Pasolini leyó a Nietzsche y llevó a Nietzsche a cada una de sus obras, es uno de los herederos del comunismo hermenéutico italiano 

Al principio del capítulo Ideologia. Progetto omosessuale rivoluzionario de su tesis Elementi di critica omosessuale escribe: “La crítica revolucionaria ha desvelado cómo la ideología basada en la forma capitalista de producción, la alienación del trabajo y la cosificación del sujeto constituye en general la absurda totalización de los valores históricamente contingentes, la hipostasis de opiniones (científicas, ética-morales, socio- políticas, psicológicas) de hecho relativas y transitorias. La ideología apoya la ‘naturalidad’ del sistema actual y la forma de producción: los totaliza de una manera ahistórica, ocultando su sustancial transitoriedad”. (La traducción es mía).

Es fundamental recordar qué defendieron, para que no digan por nosotros qué es aquello que defendemos cuando ahora alzamos la voz.

2 de noviembre de 1975, Ostia: un otoño sin higueras. El cadáver de Pier Paolo aparece en la playa, tras haber sido apalizado, quemado y atropellado. Sus testículos fueron golpeados en repetidas ocasiones con un objeto contundente. Todo el mundo sabe que, pese a haber infinidad de asesinados cada día, tan solo a un marica se le dispara en el culo o se le revientan las pelotas, con tal de que incluso su cadáver conserve la marca de aquello que se nos ha dicho en el patio de colegio, en el parque o en la casa, antes de nosotros ponerle nombre a nuestro deseo.

20 de noviembre de 1975: Carlos Arias Navarro lee el testamento político de Franco. El llamado “Caudillo de los españoles” ha muerto. Es enterrado con un único testículo incólume.

¿Qué significa perder?

Ninguna de estas muertes, Pablo, nos son ajenas. Compartimos la historia de los que como el tronco de una acacia se tronchan, los que miran al cielo con las llagas infectas de sus manos y aquellos que son asesinados para la vanagloria de esos hombres. Los hombres de verdad que deben volver a casa, recostarse frente al fuego y contar la Historia.

Tres

Querido Pablo:

Durante estos meses he hecho algunos descubrimientos. Intuyo que me interesa el cine de Pasolini porque antes que cineasta fue poeta. Aunque también es cierto que estoy enamorado de un cadáver con el que mantengo una correspondencia. Todos nos hemos entregado alguna vez en la vida al género epistolar, porque escribir una carta es devolver a la vida algo que se desea y que no está. Y porque toda carta tiene un objeto. Teresa de Lauretis dice que no existe ningún deseo en el mundo sin trauma, porque nada que rija a esta ley se pertrecha de manera evidente ante los ojos de nadie. Es por eso por lo que mi abuelo, que jamás conoció ningún color, iba con cierta frecuencia al cine a contemplar.

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Rodrigo García Marina nació en Madrid en 1996. Es autor de varios libros de poesía.

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Rodrigo García Marina

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