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Azucena González-San Emeterio /Psicoterapeuta gestáltica y feminista

“El binarismo sostiene muchas dinámicas sociales de injusticia, de desigualdad, de discriminación”

Ana Luna Granados / Andrea A. Gálvez 4/06/2021

<p>Azucena González-San Emeterio.</p>

Azucena González-San Emeterio.

Alejandra Cobo Martín

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El actual modelo económico, cultural y político dificulta el sostenimiento de la vida. Se habla de la cuarta ola de la pandemia: esta vez, la  de la salud mental. El malestar humano se agrava con el aislamiento, la precariedad, la flexibilización laboral, el autoempleo y los modelos de consumo. El capitalismo y el patriarcado encuentran como aliado al discurso que sobre estas problemáticas hacen la psiquiatría y la psicología para reducirlas a cuestiones psicológicas individuales. Esta lectura, basada en la hiperindividualidad y el yoísmo, se traduce en el consumo de psicofármacos o la atención en consultas individuales –siempre y cuando se tenga el suficiente poder adquisitivo–. Ante el riesgo de “sanitizar lo político y lo social”, la psicoterapia feminista plantea una lectura crítica de estos malestares para dejar de reproducir la opresión y el juicio.

Conversamos con Azucena González San Emeterio (Cantabria, 1968), psicoterapeuta gestáltica, experta en perspectiva de género, para entender cuál es la relación entre salud mental, patriarcado y capitalismo y cómo la terapia Gestalt –que busca dar cuenta en el presente de lo que duele para ampliar las posibilidades de acción– con perspectiva feminista aporta una metodología para abordar los malestares humanos de este siglo.

¿Cómo se complementan los feminismos y la terapia?

A día de hoy, es imposible que los feminismos y la psicoterapia no anden revueltos. Desde el principio el feminismo trajo a la psicología y a la psicoterapia una mirada de cómo nos construimos dentro de la sociedad (en la cultura, en la estructura social, en relación a los sistemas de sometimiento-dominación…). Evidenció cómo las estructuras de opresión – no sólo la patriarcal, también otras como el racismo o la lgtbifobia– están internalizadas y constituyen la mirada de una misma y del mundo. La psicoterapia, la Gestalt en concreto, lo que aporta al feminismo es la posibilidad de trabajar lo internalizado. Por mucha teoría feminista aprendida y por muchas horas de terapia, lo patriarcal atraviesa, igual que atraviesan otros ejes de opresión. No puede eludirse, es imposible: somos en relación a lo que nos rodea. Lo que sí es posible es tomar conciencia de estas opresiones y, de esta manera, poder hacer cosas distintas a las respuestas habituales y automáticas. Por ello, la psicoterapia nos ayudaría a flexibilizar estos ejes.

La psiquiatría y la psicología actuales tardan en incorporar los discursos sociales y culturales. ¿Cómo se pueden cambiar las coordenadas de lo posible?

Cuando escuché a Jose Enrique Ema la frase “cambiar las coordenadas de lo posible”,  pensé  es una descripción de lo que perseguimos feministamente en la psicoterapia: colocar en el centro cosas que hasta el momento han estado más en la periferia. La idea es trabajar para que cualquier vida, cualquier experiencia, pueda ser relatada desde una posición en la que se obtenga poder, autonomía, agencia… Tener una posición de más salud en el grupo, en la cultura, en la estructura. Normalmente esto cambia a base de pelea y de militancia política, tratando de cambiar la estructura. Y, en la medida de lo posible, sería deseable acompañarlo también de un trabajo de introspección y de cambio internalizado porque, a veces, cuando las cuestiones personales entran en juego se quiebran proyectos políticos. No es que cambiando internamente se cambie el mundo, el poder de la militancia para perseguir los cambios sociales es fundamental. Y, también, acompañarlo de un trabajo interno es importante y beneficioso para todas.

¿Por qué hay determinadas personas que no se ponen en duda, que no se cuestionan?

La especialización en ser hombres y mujeres tiene mucho que ver con el mantenimiento de unas estructuras sociales relacionadas con la dominación, la explotación y el capitalismo. Esta especialización hace que sea más fácil la producción en la medida en que las personas especializadas en ser mujeres han cargado históricamente con un montón de trabajos “por amor”. La plusvalía del amor es el precio que se paga al haber sido construidas mujeres porque se trabaja gratis, muchas veces profundamente sobreexplotadas y se consideran actos de amor hacia las personas de alrededor. El binarismo sostiene muchas dinámicas sociales de injusticia, de desigualdad, de discriminación. Normalmente, quienes no se ponen en duda se benefician de algunos privilegios. Aunque no solo y no siempre, claro.

Y como terapeutas, ¿es necesario poner en duda lo normativo? 

La plusvalía del amor es el precio que se paga al haber sido construidas mujeres porque se trabaja gratis y se consideran actos de amor hacia las personas de alrededor

Si una mujer trans viene a terapia porque está deprimida, seguramente la terapeuta se va a preguntar cuánto de su tránsito tendrá que ver con su depresión o cuánto de estar en una posición trans tendrá que ver con determinadas cosas que le suceden y que trae a terapia. Sin embargo, si viene una mujer cis, esto no se lo va a preguntar… Bueno, lo cuestionará si entiende que para hacernos mujeres aceptamos una posición subordinada que va a estar en la base de nuestra psique. En el caso de la mujer cis, se podría cuestionar: ¿cómo esta persona, mujer, que está sentada enfrente, ha tenido que violentarse para que pueda producirse lo que socialmente se espera de ella y cómo eso está interfiriendo en cómo se siente o cómo crea síntomas que le perjudican? 

¿Cómo se cuestiona la sexualidad desde los feminismos?

Con  respecto a las sexualidades y a las normalidades, poco se pone en duda en terapia si la orientación es heterosexual. Sin embargo, si viene una persona bisexual u homosexual a hacer un proceso terapéutico, en algún momento se le preguntara por su deseo. Desde la heterosexualidad hay poco extrañamiento pero sería deseable igualmente preguntarse cómo esta persona se ha construido heterosexual, qué fue lo que tuvo que dejar fuera o lo que metió dentro, cuáles son sus procesos con las identificaciones y los deseos. Igual que con cualquier posición. Esta sería la idea: poder extrañarse también de lo naturalizado (cis, heterosexual) que no dejan de ser unas posibilidades de estar en el mundo que hemos ido construyendo, como cualquier otras.

¿Cuál es el precio que se paga por hacernos hombres y mujeres?

En estos cuerpos normativizados, tener esa especialización encima, estar demostrando todo el tiempo que eres un hombre o una mujer, conlleva un sufrimiento claro. Ciertamente, no es lo mismo: los cuerpos feminizados están más discriminados, son más violentados, más agredidos socialmente y muchísimo más explotados. Pero todos los cuerpos, en esa legibilidad que se nos exige como hombres o mujeres en este mundo, son, en cierta medida, violentados. Luego, las jerarquías están claras: lo masculino está por encima de lo femenino. En estas jerarquías, las masculinidades trans no están igualmente colocadas que las masculinidades cis porque los procesos de socialización, la vivencia, las dificultades que las personas trans han vivido no tienen nada que ver con lo cis. Desde luego en terapia esto se advierte de manera clara y contundente, no cabe duda.

El mundo de lo trans, ¿podría llegar a verse como un ajuste creativo ante la rigidez estructural? 

Todas las experiencias trans cuestionan y desbaratan una manera de contarnos las cosas que ya poco tiene que ver con dar por hecho el binarismo

Depende, muchas veces en lo trans se está buscando lo binario, sería una forma solamente positiva de leerlo. Es verdad que los cuerpos trans, como los nuestros cis, van a estar atravesados por lo binario y a veces va a haber un deseo de búsqueda clara de esto. Pero, desde luego, todas las experiencias trans cuestionan y desbaratan una manera de contarnos las cosas que ya poco tiene que ver con dar por hecho el binarismo. Hay algunas experiencias trans, las más políticas sobre todo, que lo que buscan es transgredir,  terminar con el género impostándolo, exagerándolo, habitándolo desde lugares que no se esperaba… Todo esto sirve para, seguramente, cargarse muchas de las bases del sistema patriarcal y eso está muy bien.

¿Por qué algunos cambios políticos son difíciles de habitar?

A veces, desde lo político se imaginan ideales del yo súper difíciles de alcanzar y desde lo terapéutico se pone atención en respetar el propio camino, preguntando desde dónde se parte y a dónde se quiere llegar o dónde se quiere dirigir una persona. En caso de no respetar este camino propio, se irán aumentando los introyectos (mandatos internalizados, por ejemplo, para ser feminista no deberías preocuparte por tu aspecto...) y limitarán de la misma manera que antes limitaban otros (por ejemplo, para ser una mujer deberías depilarte). A veces incluso se van sumando y acaban por acumularse muchos deberías con respecto a cómo ser, estar o hacer. De este modo se entendería que lo importante está en el camino, la llegada nunca es, no se alcanza lo que se persigue, lo importante es darse cuenta desde dónde se parte y desde ahí ampliar un poco nuestras posibilidades de acción y disfrutar del camino. 

¿Puede poner un ejemplo de esta dificultad?

Por ejemplo, a base de militancia se consigue la ley del divorcio, pero luego en lo personal cuesta mucho divorciarse. O, algo muy actual, cómo habitar lo poliamoroso sin dejarse la piel a tiras ¿Qué se produce ahí entre este permiso interno y los derechos sociales o lo que queremos habitar? ¿Qué pasa ahí? 

¿Qué aporta la terapia Gestalt en todo este jaleo?

Creo que lo más interesante tiene que ver con la metodología. En Gestalt se entiende que el autoconcepto se construye a base de identificación y alienación, aceptando unas características y negando las opuestas. Un proceso terapéutico permite incorporar las partes que hemos dejado fuera del autoconcepto, es decir, permite ampliar la identidad con lo negado. Desde ahí, pensando en una lógica feminista, se ve muy claro cómo para identificarse y especializarse en ser hombres o mujeres, se han tenido que elegir unas cosas y negar otras (por ejemplo, fortaleza/debilidad o actividad/pasividad). La metodología gestáltica trabaja la integración de las polaridades a través de técnicas como la silla vacía. 

¿Cómo se hace esto en terapia?

A través de la narrativa y la expresión corporal. Por un lado, la persona expresa una narrativa de sí misma y de las cosas que le suceden y el acompañamiento tiene como objetivo abrir posibilidades en esa narrativa, poder expresar situaciones, deseos, dolores que no han sido nombrados. Buscar que se hagan conscientes. El lenguaje en este sentido es importante porque poder hablar de una forma no sexista nos va a permitir categorizar de maneras distintas, encontrar otras posibilidades a la expresión. Por otro lado, el acompañamiento se centra en cómo es la expresión corporal, porque todo lo que ocurre tiene una repercusión en el cuerpo. “Somos cuerpo, todo lo que nos pasa nos pasa en él”. Muchas veces la búsqueda de expresión y el “darse cuenta” se produce a través del mismo. 

¿Podría contar alguna experiencia de psicoterapia feminista?

En la escuela de GPyF, de la que formo parte, siempre ha estado presente la colaboración con colectivos que hacen militancia política a través de becas. Uno de los colectivos con los que más se ha colaborado es con Territorio Doméstico, un colectivo de trabajadoras del hogar y migrantes que lucha por dignificar y regularizar la profesión en condiciones de trabajo decentes (salario mínimo, reconocimiento de la carga horaria y derecho a la prestación por desempleo). La idea principal con la que nos hemos movido es que trabajar internamente ayuda a lo colectivo y a lo político. Desde luego, parece que ha sido así para las compañeras. Las personas que han hecho formación en terapia Gestalt saben que es un viaje. Hacerse este viaje, y esta era la idea, parece haber servido para lo colectivo. 

El actual modelo económico, cultural y político dificulta el sostenimiento de la vida. Se habla de la cuarta ola de la pandemia: esta vez, la  de la salud mental. El malestar humano se agrava con el aislamiento, la precariedad, la flexibilización laboral, el autoempleo y los modelos de consumo. El capitalismo y...

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Autor >

Ana Luna Granados / Andrea A. Gálvez

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