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Temporada cero

De cómo la paranoia continúa: trabajo, consumo y medios en la ciudad moderna

Estrenada en 2004 y recuperada ahora por Filmin, ‘Paranoia Agent’ parece una serie actual, que encara de forma compleja y entretenida muchos problemas que se han disparado con la pandemia

Sofía Nicolás 6/11/2021

<p>Fotograma de Paranoia Agent.</p>

Fotograma de Paranoia Agent.

Filmin

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Ficha técnica:
Paranoia Agent (2004)
Creador: Satoshi Kon
Dirección: Satoshi Kon, Takuji Endo, Hiroshi Hamazaki, Takayuki Hirao, Nanako Shimazaki, Kôjirô Tsuruoka
Dónde verla: Filmin
Géneros: Animación, fantástico.

Paranoia: Trastorno mental por el cual las personas tienen un profundo miedo y desconfían de las otras personas.

Para mi sorpresa, el año pasado Filmin introdujo en su catálogo varias obras del director Satoshi Kon, empezando por un ‘clásico’ del cine de anime japonés, Perfect Blue (1995), thriller psicológico que cuenta la siniestra relación entre una idol musical aspirante a actriz y un fan, como correlato de la quiebra de identidad en la sociedad posmoderna. Este año también añadieron Tokyo Godfathers (2003), historia de navidad donde tres mendigos se encuentran un bebé abandonado en la frenética ciudad; Millenium actress (2001), que trata de una vieja actriz famosa que recorre su vida en una metaficción cinematográfica y Paranoia Agent(2004), el único proyecto de serie que realizó el director. 

Imagino que recuperar una serie animada de culto de hace casi veinte años, cuyo impacto no supuso un fenómeno de masas, debería responder a la calidad y el interés que sigue suscitando la obra del japonés, pero también a los temas sociopolíticos que dibuja de fondo. En la animación japonesa de la época, pareja a la industria del cómic manga y consumida a nivel masivo, con series, películas y subgéneros infinitos, no era habitual encontrar representaciones crudas de la sociedad actual en las grandes urbes capitalistas, en un juego continuado con la psicología de sus habitantes. Por esto último se habla de la influencia del cine psicológico de David Lynch en Satoshi Kon, o de la declarada influencia de éste en cineastas como Christopher Nolan o Darren Aronofsky. 

La serie se encuentra repleta de códigos, conexiones e información que generan cierto caos, por lo que necesita de una mirada atenta por parte del espectador, una digestión lenta

El director señaló que la serie servía para desarrollar de forma extensa varios asuntos que le interesaron al hacer sus películas, pero haciendo todavía más hincapié en aspectos críticos relacionados con nuestra realidad actual. No es casualidad que en Yo soy más de series: 60 series que cambiaron la historia de la televisión (2015) se remarque cómo la frescura de las obras de Kon podría deberse no solo a su destreza visionaria para contar historias, sino a la percepción de Japón como laboratorio de fenómenos culturales, sociales y tecnológicos que brotan después en el resto del mundo. Hay mucha tela que cortar en Paranoia Agent, así que empecemos por el principio.

La serie se estrenó a través del canal de pago WOWOW en 2004, y llegó a España en 2006. Sus trece capítulos fueron trasmitidos en el espacio Cuatroesfera del canal Cuatro, en una franja horaria de madrugada que limitó mucho su recepción. Por aquel entonces la vimos un puñado de frikis, insomnes y otakus. Su argumento principal, un misterioso chico con gorra, patines y un bate dorado que arrea palazos inesperados a los viandantes, me pareció algo raro. Pero me fui enganchando a la trama policiaca –dos agentes siguen la pista al agresor mientras investigan a las víctimas–, elaborada con una representación hiperrealista, pero atravesada por una narrativa paranoica cargada de sorpresas oníricas. 

La serie se encuentra repleta de códigos, conexiones e información que generan cierto caos, por lo que necesita de una mirada atenta por parte del espectador, una digestión lenta. En este sentido, contenido y forma están bastante vinculados: el enrevesado despliegue de información tiene su paralelo en la ruptura con la continuidad formal, pues varios capítulos mezclan distintos estilos de animación audiovisual.

Tras volverla a ver ahora, Paranoia Agent me pareció una serie actual, que encara de forma compleja y entretenida muchos problemas que se han disparado con la pandemia. Me refiero a un tema principal: la multiplicación de las afecciones y patologías mentales-sociales. El aumento de psicopatologías y la necesidad de psicoterapia subvencionada llegó al congreso español meses atrás, con cifras nada desdeñables del último barómetro del CIS: alrededor del 55% de los españoles mostraba síntomas de depresión y ansiedad, derivados en parte de la pandemia. Pero en 2017 tampoco eran nada halagüeñas: el 6,7% de la población estaba afectada por ansiedad crónica y otro 6,7% sufría depresión.  Y el suicidio, punta del iceberg de esta sociedad patológica: diez personas al día intentan quitarse la vida en España, 3.671 personas en 2019

La serie aborda este tema abiertamente, algo que en occidente siempre se ha percibido como pernicioso, pese a demostrarse que su presencia en los medios no incita a su reproducción. El tabú llega a tal punto que uno de los mejores capítulos, planteado en clave de humor, sufrió cortes en su estreno en Reino Unido. Capítulo donde la unión de los protagonistas, basada en el apoyo mutuo, parece vislumbrar uno de los pocos momentos de felicidad o esperanza, aunque el suicidio sea el tema principal.

El suicidio, en cualquier caso, se contempla como otra de las salidas a las presiones psicosociales del sujeto moderno, un paso más añadido a los diferentes trastornos. Una fuga definitiva. El sentimiento de soledad, incomprensión y aislamiento de los personajes aparece como la principal causa de este fenómeno. Por detrás de todo ello, la serie muestra las razones contextuales y sociales: el consumo exacerbado y alienante, la sobreabundancia de información y propaganda desde los medios, el uso las redes sociales… Y, sobre todo, la deshumanización y la precariedad que el sujeto sufre ante la presión hacia el ascenso social, ensimismado en un individualismo voraz que fractura los proyectos colectivos. 

No olvidemos que el sistema laboral japonés sigue siendo fiel a sus estereotipos, con maratonianas jornadas y jerarquías inamovibles unidas a comportamientos serviles. Esto lo reflejó, por ejemplo, Amélie Nothomb en Estupor y temblores (2000). Paranoia Agent alude a ello a través de personajes como la diseñadora Tsukiko, los policías o los empleados de una serie de TV, en los que el trabajo aparece como productor de psicopatologías, propiciadas por el estrés y la competitividad ante jefes agresivos que siempre piden más. De la obsesión se pasa al agotamiento, para finalizar en el trastorno.

El tabú llega a tal punto que uno de los mejores capítulos, planteado en clave de humor, sufrió cortes en su estreno en Reino Unido

La serie muestra cómo este sistema enfermo de producción incide hasta en la propia construcción del sujeto. Y en la modernidad/posmodernidad, según los filósofos Deleuze y Guattari, la paranoia desempeña un papel clave. Para ellos, la producción del deseo del sujeto capitalista está dividida en dos polos competitivos en la organización social. Por un lado, un polo esquizoide que alienta la multiplicidad, la creatividad antigregaria que posibilita el enfrentamiento al poder, pero que suele orientarse a la generación de riqueza. Y, por otro lado, una deriva reaccionaria paranoica, que desconfía radicalmente de los demás y se refugia en la obediencia, el orden y la estabilidad, desde el momento en que se asientan las formas de soberanía del capitalismo y sus instituciones disciplinarias. 

De esta manera, el sistema de producción fomenta la creatividad e innovación en cualquier ámbito, pero después selecciona una pequeña parte, la que funciona como mercancía. Para el resto de gente, una mayoría que no produce innovación vendible y se culpa a sí misma de su fracaso, el sistema de producción ofrece como refugio el otro polo, el del orden y la virtud del sacrificio. Aquí el peso de la culpa por el fracaso puede mitigarse, dirigiéndolo en forma de miedo y odio hacia el mundo de las personas creativas y antigregarias. En su versión más extrema, cualquiera que se salga de la norma es una amenaza, entrando de lleno en la paranoia. Y cuando este polo resulta opresivo, la creatividad mercantilizada sigue ahí esperando a que pongas en valor tu idea, a que triunfes. A veces la oscilación entre ambos polos se da en el mismo sujeto, en cuestión de horas. Por ejemplo, quienes vuelven al polo creativo y “triunfan”, aún deben desconfiar de cualquiera y acudir al orden para que su mercancía no sea copiada o arrasada por la competencia. Todo ha de ser rápido en la sociedad hiperestimulada.

La cabecera de Paranoia Agenttransmite mucho de este ambiente social y colectivo que nos encontraremos: un coro de personajes anónimos riéndose desaforadamente, interconectados con la acelerada urbe y la presencia del chico del bate, junto a una música estridente. Las imágenes y sonidos iniciales del primer capítulo nos guían: la ciudad colapsada por flujos de información y personas, donde resuenan conversaciones, llamadas telefónicas, mensajes, ruidos, gente cansada y estresada. El masificado metro de Tokio muestra vagones repletos de rostros sudorosos enfrascados en sus teléfonos camino al trabajo. A lo largo de los capítulos las pantallas de TV u ordenador, chats, móviles, retransmisiones, medios de comunicación, productos, escaparates, anuncios… resultan omnipresentes, envuelven la ansiedad y las bajezas de los protagonistas. 

Tsukiko, Harumi, Yuichi, Shogo, Hisako, Masami Hirukawa, Keiichi Ikari… encarnan distintos tipos, cada cual con su patología social: una diseñadora agobiada por las exigencias en el trabajo y los traumas del pasado, un policía corrupto y pervertido, un niño rico obsesionado con su popularidad, una mendiga octogenaria, una prostituta con trastorno de personalidad múltiple, un periodista ambicioso capaz de cualquier cosa, o un detective asediado por problemas personales que usa el trabajo como vía de escape y desatiende a su familia. Muchos se basaron en informes o noticias que el director tomó de periódicos, de la vida real, como se indica en Satoshi Kon: superando los límites de la realidad (2012) coordinado por Francisco Javier López.

Uno de los personajes omnipresentes es Maromi, un peluchito adorable en forma de perro con ojos enormes cuya imagen lo copa todo: anuncios, múltiples objetos, series de TV… Una especie de Hello Kitty (alerta spoiler) aparentemente indefenso, que en el cierre de cada capítulo mantiene a los diferentes protagonistas durmiendo a su alrededor con una música narcótica. Con un calado simbólico claro, permite trazar analogías con otros productos representativos de un consumo fácil y delirante. Se relaciona con la cultura de lo kawaii, lo mono o tierno que, muy asentada en Japón, ha ido ocupando un lugar cada vez mayor en nuestras latitudes. 

Simon May en el Poder de lo cuqui(2019) se refiere a un tipo de ‘monería’, lo ‘cuqui siniestro’ como algo familiar y desconocido. Algo que atrae, pero que también da miedo, porque muestra el carácter oscuro de lo ordinario... Maromi funcionaría de forma parecida. Aunque, eso sí, este autor atribuye a lo ‘mono’ algo positivo más allá de un reclamo mercantil infantilizado y evasivo, que no sé si Kon quería translucir. 

El consumismo mediatizado conecta con las patologías de unos personajes narcisistas que dependen emocionalmente de Maromi, comprando sus productos, pero que son incapaces de ayudarse entre sí. Abundan las escenas donde, aunque alguien necesite ayuda, nadie le socorre. Desde esta posición resulta imposible combatir cualquier control. Todo lo contrario: los personajes quedan atrapados entre la presión social, la dependencia tecnológico-consumista y la paranoia sobrecodificadora para interpretar su realidad. 

Si algo destaca tras ver la serie es la sensación de profunda soledad y angustia de los personajes, o los mínimos actos de amor, empatía y solidaridad. Por eso no es extraño que los golpes del chico del bate tengan efectos sorprendentes. Plasman un juego entre la realidad y la ficción que somete a los maltrechos urbanitas, poniendo en jaque su percepción e identidades, hasta llegar a situaciones de colapso, que tendrán su reflejo en una ciudad capaz de somatizar todas las psicopatías individuales de una sociedad desapegada. El creador hace hincapié en la falta de responsabilidad de la gente, que no actúa, sino que permanece en su papel de víctima en una huida continua. La visión es bastante desesperanzadora, pero se plantea la posibilidad de enfrentarse a los miedos, a la búsqueda de la raíz de nuestros abismos, a su verbalización y conexión con un contexto histórico, social y de poder concreto. El Agente Paranoia nos espera, sigue ahí y seguirá, tal y como dicen: “En unos años puede ser la gran pandemia”. 

Ficha técnica:
Paranoia Agent (2004)
Creador: Satoshi Kon
Dirección: Satoshi Kon, Takuji Endo, Hiroshi Hamazaki, Takayuki Hirao, Nanako Shimazaki,...

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Autor >

Sofía Nicolás

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