1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

  281. Número 281 · Febrero 2022

  282. Número 282 · Marzo 2022

  283. Número 283 · Abril 2022

  284. Número 284 · Mayo 2022

  285. Número 285 · Junio 2022

  286. Número 286 · Julio 2022

  287. Número 287 · Agosto 2022

  288. Número 288 · Septiembre 2022

  289. Número 289 · Octubre 2022

  290. Número 290 · Noviembre 2022

  291. Número 291 · Diciembre 2022

  292. Número 292 · Enero 2023

  293. Número 293 · Febrero 2023

  294. Número 294 · Marzo 2023

  295. Número 295 · Abril 2023

  296. Número 296 · Mayo 2023

  297. Número 297 · Junio 2023

  298. Número 298 · Julio 2023

  299. Número 299 · Agosto 2023

  300. Número 300 · Septiembre 2023

  301. Número 301 · Octubre 2023

  302. Número 302 · Noviembre 2023

  303. Número 303 · Diciembre 2023

  304. Número 304 · Enero 2024

  305. Número 305 · Febrero 2024

  306. Número 306 · Marzo 2024

  307. Número 307 · Abril 2024

  308. Número 308 · Mayo 2024

  309. Número 309 · Junio 2024

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

ANA CARRASCO-CONDE / FILÓSOFA

“Ser malvado implica reflexión: no es un mero hacer ni un obedecer”

Esther Peñas 14/12/2021

<p>Ana Carrasco-Conde. </p>

Ana Carrasco-Conde. 

Foto cedida por Galaxia Gutenberg

En CTXT podemos mantener nuestra radical independencia gracias a que las suscripciones suponen el 70% de los ingresos. No aceptamos “noticias” patrocinadas y apenas tenemos publicidad. Si puedes apoyarnos desde 3 euros mensuales, suscribete aquí

“El mal es un desafío al pensamiento, porque el pensamiento trata de alcanzar una cierta profundidad, ir a las raíces y, en el momento mismo en que se ocupa del mal, se siente decepcionado porque no encuentra nada”. La reflexión es de Hannah Arendt, y más que suscrita, pareciera estar incardinada en la piel de otra filósofa, Ana Carrasco-Conde (Madrid, 1978), que se ha convertido en espeleóloga en este territorio peligroso, lábil, hipnótico y catártico que conforma el mal. Sólo encarándolo, pensándolo, entregándonos a su reflexión, desde una honestidad y sin bagaje alguno de prejuicios, podremos combatirlo, hasta donde se deja lidiar un absoluto de esta naturaleza. De todo ello habla en Decir el mal (Galaxia Gutenberg).

Ante el mal que se ejerce y el daño causado por otro innecesariamente, hay que abrir los ojos y tratar de entenderlo para afrontarlo

El mal ¿siempre tiene una explicación, aunque sea un misterio?

Respondería con otra pregunta: ¿a qué mal nos referimos?, ¿qué conjuramos con ese concepto?, ¿al acto por el cual hacemos daño a alguien, al daño mismo que puede ser provocado innecesariamente por otro ser humano, o al dolor que podemos experimentar por el hecho mismo de vivir y ser vulnerables? Las dos primeras acepciones no son misterio, por mucho que nos cueste entender su lógica, ni esconden una verdad oculta para los seres humanos. De hecho, el misterio tiene tradicionalmente un carácter sagrado que las dos primeras no tienen. Desde la tradición grecolatina el misterio se asoció con aquello ante lo cual sólo cabe cerrar los ojos (y los labios) y abandonarnos ante una verdad que es inaccesible y que hay que aceptar como se presenta. La vida en sí quizá sí constituye un misterio y por eso buscamos sentidos que orienten nuestra existencia (para aceptar el dolor, minimizarlo o negarlo). Pero ante el mal que se ejerce y el daño causado por otro innecesariamente, hay que abrir los ojos y tratar de entenderlo para afrontarlo. Que nos parezca irracional, por recuperar una reflexión de René Girard, no significa que no se inserte en una lógica con sus propias razones que o no vemos o no queremos ver (porque cerramos los ojos ante el horror o nos damos por vencidos como si fuera un misterio). El mal no emerge de la nada, sino de una serie de condiciones de posibilidad que lo hacen posible.  Y son estas las que hay que explicar aunque, por decirlo con Didi-Huberman, tengamos que poner las manos en el fuego. 

Que nos cueste tanto asomarnos al mal, ¿tiene que ver con que nos recuerda que nosotros, de alguna manera, lo albergamos, con que nos resulta insoportable, con que nos da miedo..?

El miedo es uno de los motivos. El ser humano –como cualquier ser vivo– necesita sentirse a salvo y tener un paraguas de seguridad. La realidad del mal quiebra esa posibilidad porque puede emerger en cualquier momento y poner en cuestión la lógica por la que ponemos en orden lo que nos rodea, generar rutinas en las que no estemos a la defensiva y generar un ámbito que podamos reconocer como “normal”. Nadie puede vivir con miedo. Cuando algo atenta contra esa normalidad pensamos que es “ilógico” o “irracional”. Y muchas veces miramos hacia otro lado precisamente por miedo, pero otras muchas porque pensamos que no es cosa nuestra. Por eso, a veces no pensamos en el mal y el daño por indiferencia. Pero cuidado, a veces incluso miramos, como si fuera un espectáculo horroroso, pero que no nos afecta en ese momento. Este posicionamiento vital, automatizado pero no razonado, tiene varias consecuencias, como arrojar el mal a una especie de “lado oscuro” y escondido de algunas personas (o incluso consustancial al ser humano), o lo asociamos a la irracionalidad, la bestialidad o la enfermedad. Todas ellas en realidad nos permiten “colocar” el mal en nuestra lógica y, de alguna forma, le damos razones que lo justifican pero que no lo explican. Y esto es lo irónico: que, al no querer comprenderlo, es cuando hay más posibilidades de hacerlo o de entender que el ser humano no tiene remedio. Y entonces ¿cómo combatir el mal? Lo aceptamos… como si fuera un misterio y no lo pensamos porque nos parece imposible de entender. Y no nos queda otra forma de combatirlo que no sea a través de leyes coercitivas porque “somos malos”. 

El daño es a veces solo daño y no por ello es bello. El mal no puede sublimarse, sino reflexionarse

¿Puede haber belleza en el mal?

Puede haber perfección y extrema eficiencia, puede haber armonía y proporción. Si entendemos belleza bajo estos parámetros, hay belleza en el mal. Así lo entendía Baudelaire o el conde de Lautréamont, así lo consideraba Sade. Puede incluso haber belleza en la escritura que la describe o que da testimonio, como la encontramos en los versos de Paul Celan o incluso en aquellos, como los de Baudelaire, que con el mal hace una flor. Incluso puede afirmarse que hay belleza al levantar un dique, como leemos en el Fausto de Goethe, aunque al precio de acabar causando daños ecológicos. Ahora bien, aunque la belleza apunta desde la tradición al orden que posee dentro de sí un objeto, bien haríamos en entender qué tipo de orden es este. Por otro lado, forma no es contenido. Este remite al elemento cualitativo y al entramado relacional que da sentido a la acción misma. El daño es a veces solo daño y, aunque se exprese con bellas palabras, no por ello es bello. El mal no puede sublimarse, sino reflexionarse. 

En el momento en el que no reflexionamos en la forma que tengo de vincularme y de tratar al prójimo pueden originarse las mayores atrocidades de la historia

Bajo determinadas circunstancias, ¿cualquiera de nosotros puede ser un malvado?

No. Que podamos hacer mal y hacerlo a sabiendas no implica que cualquiera sea un malvado. Podemos ser malos, injustos, dañar, incluso buscar el propio bien a costa de alguien, pero la maldad en sus diferentes grados necesita de varias condiciones que afecten al modo de relación de un ser humano con su prójimo, consigo mismo y con la comunidad de la que forma parte. En primer lugar, se necesita de una voluntad consciente de hacer daño con el acto que se quiere realizar. Ser malvado implica por tanto reflexión: no es un mero hacer ni un obedecer. En segundo lugar, que el fin que se busque sea obtener goce del sufrimiento que uno mismo provoca al sentir el propio poder sobre el otro y no como efecto colateral para otra cosa. El mal por el mal, aunque tenga implicaciones negativas sobre uno mismo. Se ha de buscar la destrucción del vínculo con los demás, aislar a la víctima y que esta, además, sea percibida como un ser vivo sintiente, es decir, se ha de ser consciente de que el otro sufre y sea de esta conciencia de donde emerja el conocimiento de tener la vida del otro en las propias manos. No hay deshumanización. Finalmente, en uno de sus grados extremos, se necesita que se realice con tanta facilidad que se acabe por hacer daño sin sentir nada: ni empatía hacia el otro ni goce propio, sino una manifiesta apatía. En todo caso, que la maldad no sea una nota común en todos los seres humanos según la circunstancia no hace el mal en el que sí caemos todos menos malo. En el momento en el que no reflexionamos en la forma que tengo de vincularme y de tratar al prójimo pueden originarse las mayores atrocidades de la historia. 

¿Uno nace con cierta predisposición al mal o todo es el contexto que le haya tocado a cada cual?

Hay predisposiciones genéticas que han sido estudiadas desde el ámbito de la psiquiatría por las cuales un ser humano se relaciona de una forma más solipsista con el mundo, de tal modo que su vinculación con los demás es más difícil y ha de ser más trabajada, pero no por ello está “predispuesto al mal”. No hay una esencia del mal ni un componente innato. Ni el bien ni el mal son puntos de partida. Por otro lado, es cierto que nacemos comenzados, lo que quiere decir que nacemos ya en un plexo de relaciones sociohistóricas, de dinámicas, de vínculos afectivos y que esta interacción acaba formando parte de nosotros, pero el mal no es solo cuestión de contexto. Y, aunque lo fuera, que dependa de las circunstancias no nos exime de la responsabilidad. El mal no es cuestión de aquello con lo que se nace o aquello que se hace, sino de lo que se decide hacer: es el resultado de procesos cuya evolución tiene que ver con las decisiones y actos de los hombres. Hay un elemento reflexivo clave del que habló ya Hannah Arendt, pero también necesita de un elemento afectivo que nos permita ver y reconocer al otro.

El mal del narcisismo no carece de caricias. Quizá sea interesante pensarlo al revés: que a veces una caricia es una violencia enmascarada

¿Toda violencia es una caricia olvidada? 

El mal y la violencia no son lo mismo, aunque estén relacionadas. No todo mal está asociado con una falta de afecto o una muestra de amor que no se recuerda… sino precisamente con diferentes tipos de vínculos afectivos a través de los cuales el ser humano genera y normaliza patrones de relación con los demás. El mal del narcisismo no carece de caricias. Quizá sea interesante pensarlo al revés: que a veces una caricia es una violencia enmascarada. Un volver a dar la mano a quien fue arrancada de la comunidad, maltratada o invisibilizada. Por otro lado, la violencia a veces emerge necesariamente bajo la forma de la rabia ante un orden injusto que no funciona. Por eso, combinando las reflexiones de Audre Lorde con René Girard, la rabia y la violencia asociada a ella tiene razones para desencadenarse: las del dolor de la injusticia y de la opresión. Si la ira es la reacción violenta ante un acto injusto que precede a la rabia, y esta nace cuando nada cambia, no se trata de acariciar, sino de levantar el puño para exigir justicia como forma de tender la mano y reconstruir la comunidad.  

Esa mano que lanza al vacío al hijo de Héctor y Andrómaca, ¿suele mover la envidia, la ira, los celos, de hybris, una mezcla de todo?

Decía Kant que nada podemos saber de las motivaciones reales que llevan a un ser humano a actuar de un modo y no de otro. En Decir el mal he planteado distintos escenarios por los cuales tanto el soldado que arroja a Astianacte como quien se lo ordena toman esa decisión. A veces son las oscuras pasiones (envidia, ira, celos) quienes nos mueven, pero otras nos encontramos ante dilemas éticos que hacen todo mucho más complejo, como cuando, siendo conscientes del daño, pensamos que no tenemos más remedio. La pregunta es entonces qué tipo de personas queremos ser y qué tipo de comunidad queremos construir. Y hay otras posibilidades mucho más inquietantes como el placer, el automatismo o la obediencia ciega e irreflexiva que es la que le interesa a Arendt cuando analiza el caso Eichmann. 

¿Auschwitz fue el epicentro del mal por antonomasia?

La respuesta tópica, pero también cómoda es que sí. Si lo aceptas, entonces hay otros epicentros como el centro de torturas de Phnom Penh, que no se queda atrás, o el Gulag. Pero no son tantos lugares de irradiación, sino de cristalización, consolidación y visibilización de un mal que se manifiesta en toda su crudeza. Al ser entendidos desde su excepcionalidad, los excluimos de nuestras sociedades y los consideramos como ajenos, en realidad, a lo humano. Y entonces surge la pregunta de cómo ha podido suceder algo así. Bien localizados en un mapa y en un tiempo ahí quedan reedificados y podemos limpiamente extirparlos de nuestra racionalidad. Me interesa otra perspectiva: no como origen sino como resultado. No se trata meramente de que Auschwitz fuera posible bajo el amparo de un orden criminal, como sostuvieron Adorno y Arendt, sino que fue el resultado de una forma de dinámica relacional que hizo posible este orden estructural y, al mismo tiempo, reforzó, perfección y refinó la dinámica que le dio origen. Desde este punto de vista no es un acontecimiento aislado de la historia, sino un grado extremo de un mal que puede rastrearse en lo cotidiano no excepcional, un mal ordinario, que de no ser reconocido a tiempo lleva a estas cristalizaciones. El epicentro se desplazaría de este modo al modo de relación intersubjetiva: a la relación “entre” un ser humano con otro ser vivo.

A veces el mal se practica bajo la excusa de la obediencia a la ley. En todo caso, la ley acatada debe ser siempre antes reflexionada y entendida

¿De qué modo cambian los mecanismos del mal en función de si se ejecuta desde un ser o se practica de manera colectiva?

Con “ser” imagino que te refieres a “ser humano individual”. El mecanismo es el mismo. Lo que cambia es el alcance de sus efectos, la consolidación de dinámicas y el fortalecimiento de injusticias estructurales que, a su vez, desde las practicas colectivas hegemónicas alimentan individualmente un modo de vínculo intersubjetivo. Por eso, uno de los ejes en los que hago énfasis es que el mal es una lógica relacional que se refuerza a sí misma y retroactivamente alimenta relaciones de poder que generan un modo de trato y normaliza la injusticia. Pero, del mismo modo que lo colectivo influye en nosotros, desde el nosotros más cercano cabe la posibilidad de introducir cambios de sentido y dirección en lo colectivo.

El mal, usted lo explica en algunos momentos del ensayo, tiene relación con obedecer la ley. ¿Cómo saber cuándo hay que desobedecerla?

Solo tiene relación con la obediencia en ocasiones: las que se articulan en torno a la conocida tesis de la banalidad del mal de Arendt. Pero a veces el mal se practica bajo la excusa de la obediencia a la ley. En todo caso, la ley acatada debe ser siempre antes reflexionada y entendida. Y si vulnera y adultera la relación de igualdad entre los seres vivos, si atenta contra su derecho a la vida y si genera un perjuicio innecesario ha de ser cuestionada. Antes de cuestionar la ley debemos siempre analizar nuestras propias inercias, creencias y prejuicios para que el cuestionamiento de la ley no esté condicionado por nuestro beneficio a costa del de los demás y que pensemos, equivocadamente, que el mundo se reduce al conjunto de personas que piensan como yo.  

“El mal es un desafío al pensamiento, porque el pensamiento trata de alcanzar una cierta profundidad, ir a las raíces y, en el momento mismo en que se ocupa del mal, se siente decepcionado porque no encuentra nada”. La reflexión es de Hannah Arendt, y más que suscrita, pareciera estar incardinada en la piel de...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autora >

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí