1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

DELIRIO NACIONAL

El orgullo herido del nacionalismo español (y las dificultades del Gobierno de coalición)

La coalición ha resistido, pero hay razones para pensar que las condiciones no le son favorables porque hay corrientes profundas que remueven el fondo de las sociedades y que son muy difíciles de detener o de revertir en el corto plazo

Ignacio Sánchez-Cuenca 13/01/2022

<p>Bajo tierra</p>

Bajo tierra

La boca del logo

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

1. Un gobierno fuera de su tiempo

En ocasiones, cuando se desatan tormentas mediáticas, el Gobierno de coalición parece que va a salir volando por los aires, como si fuera una estructura demasiado ligera que no resiste el zarandeo del viento. Su fragilidad parlamentaria –es el Gobierno con menos diputados de la democracia–, unida a la crítica destructiva e intransigente de la inmensa mayoría de medios y analistas, le hacen parecer una presa fácil. Sus hostigadores piensan que si la presión continúa, las últimas defensas caerán y el camino quedará expedito para que las derechas regresen al Gobierno. 

Hasta el momento, la coalición ha resistido, lo que no es poco. Pero hay razones para pensar que las condiciones no le son favorables, y no me refiero a las económicas, siempre inciertas, sino a esas corrientes profundas que remueven el fondo de las sociedades y que son muy difíciles de detener o de revertir en el corto plazo. 

Según la tesis central que me gustaría defender, el Gobierno de coalición se formó fuera de plazo, en tiempo de descuento, si se quiere. Creo que este es, en última instancia, su pecado original, la causa principal de sus dificultades para ganarse la confianza de la gente. El momento propicio para que las izquierdas se hubieran unido fueron las elecciones de diciembre de 2015. Dominaba entonces una sensación muy extendida de que el país requería una sacudida y un cambio de rumbo. Se había llegado a una situación explosiva en la que coincidían los estragos de la Gran Recesión y los escándalos de corrupción sin fin. En Cataluña las aguas bajaban ya muy revueltas, con una aceleración del independentismo, que intentaba aprovechar la situación de gran debilidad en la que se encontraba el Estado. 

El PSOE se sentía acosado por Podemos, pensaba que Podemos podía dar al traste con el sistema constitucional del 78 

El Partido Popular perdió 3,6 millones de electores entre 2011 y 2015, pasando de 10,8 millones a tan sólo 7,2 (en abril de 2019 tocaría suelo con 4,3 millones, menos de la mitad de lo obtenido en 2011). Si en aquel momento las izquierdas (PSOE y Podemos) hubieran tenido visión histórica, se habrían unido para desalojar a una derecha terminal, iniciando así un ciclo nuevo que, entre muchas otras cosas, es bastante probable que hubiese evitado el desastre de la crisis catalana del otoño de 2017. Y sin la crisis catalana las cosas también habrían evolucionado de una manera muy distinta en la política española; sin ir más lejos, Vox hubiese tenido mayores dificultades para despegar electoralmente. 

El caso es que PSOE y Podemos estaban a otra cosa. El PSOE se sentía acosado y cuestionado por Podemos, pensaba que Podemos podía dar al traste con el sistema constitucional del 78 y su mito original, la transición democrática. Poco antes, todavía con Alfredo Pérez Rubalcaba en la secretaría general del partido, el PSOE había demostrado su compromiso con el sistema acordando con el PP la abdicación de Juan Carlos I y la sucesión de Felipe VI. Aunque Rubalcaba dimitió y fue sustituido por Pedro Sánchez, la vieja guardia del partido, con Susana Díaz como opción favorita, se encargó de ponerle las famosas “líneas rojas”: Sánchez no podía aspirar a formar un bloque de investidura para llegar al poder si era parte del mismo el independentismo catalán. 

A su vez, Podemos estaba ebrio de éxito. En menos de dos años desde su fundación, había conseguido un 20,7% del voto y estuvo a punto de adelantar al PSOE. No fue disparatado pensar que podía llegar a ser el primer partido de la izquierda. El partido todavía hablaba de una auditoría de la deuda, la renta básica universal y la apertura de un proceso constituyente. Para muchos de sus miembros, haber pactado con el PSOE en aquel momento habría sido “derrotismo” y “entreguismo”; en su lugar, por seguir con el viejo lenguaje comunista, primó el “aventurerismo” del sorpasso.  

El caso es que la oportunidad se perdió y el entendimiento se retrasó hasta junio de 2018, con la moción de censura. Algo más de un año después y dos nuevas elecciones generales mediante, el PSOE por fin se convenció de que no tenía otra manera de llegar al gobierno que no fuera con Podemos dentro del Ejecutivo y el apoyo parlamentario de los partidos nacionalistas. Es curioso: en 2015, PSOE y Podemos sumaban 159 escaños y la coalición no se realizó; en noviembre de 2019, eran menos, 155, y la coalición fue adelante. Había, no obstante, una diferencia: en 2015 los dos partidos estaban igualados, mientras que en 2019 el PSOE era ya el socio dominante. Los socialistas, comprensiblemente, se sentían más tranquilos.

En 2019, Vox obtuvo 52 escaños (Unidas Podemos solo 35). La coalición, por tanto, se fraguó cuando el nacionalismo español excluyente y reaccionario ya había cuajado electoralmente. Esta es la razón, a mi juicio, por la que el Gobierno se enfrenta a tantas dificultades ahora y por la que, por ejemplo, paga un precio tan alto cada vez que intenta encauzar el conflicto catalán (recuérdese la hostilidad con que se recibieron los indultos a los líderes independentistas en junio de 2021). No es lo mismo gobernar cuando el sentido común de la época empuja a favor de la renovación del sistema que cuando dicho sentido común se desplaza hacia la cuestión nacional. 

2. Los traumas del orgullo español

El orgullo español ha sufrido dos grandes traumas desde 2008, uno económico y otro nacional o identitario. Antes del inicio de la Gran Recesión, el éxito de la transición democrática y los ciclos de crecimiento económico hicieron pensar a muchos que España había dejado atrás para siempre sus fantasmas y convergía con el núcleo próspero de Europa a toda velocidad. El país era visto con admiración por sus vecinos, que incluso tenían un punto de envidia por el dinamismo de la economía y la sociedad españolas. Todo eso se vino abajo de la noche a la mañana. En muy poco tiempo, la Gran Recesión demostró la vulnerabilidad de nuestro sistema económico. España fue uno de los países que más sufrió durante la crisis, con una destrucción terrible de empleo y tejido empresarial. Por primera vez, la Unión Europea no era el faro que nos guiaba, sino un antipático acreedor (vestido de cobrador del frac) que no nos dejaba respirar. Nos habíamos endeudado demasiado (hogares y empresas), el Estado tenía que salvar el sistema financiero y se hizo real la temida devaluación salarial, especialmente entre los trabajadores de menos ingresos: fueron los años de los jóvenes yéndose a probar suerte en Europa, los inmigrantes regresando a sus países de origen, el rescate bancario, los desahucios masivos y el deterioro de los servicios públicos. Y todo ello en medio de interminables seriales sobre la corrupción del Partido Popular (y, en menor medida, del PSOE): los escándalos eran los pecios de la burbuja inmobiliaria, cuando todo estaba permitido mientras el país siguiera creciendo. 

Con la crisis, el país entró en fase introspectiva y pesimista, reeditando el espíritu noventayochista del desastre. Estábamos llamados a ser prósperos europeos por derecho propio y de repente la Puerta del Sol se había convertido en un remedo de la plaza Tahrir de El Cairo, con miles de jóvenes coreando aquello de “¡Que no! ¡Que no! ¡Que no nos representan!” De aquel magma surgió Podemos y su revisión crítica de lo que bautizaron con gran éxito como “el régimen del 78”. Sobre todo para la generación que había vivido la transición, aquello fue como un puñetazo en la tripa; su experiencia política y vital estaba indeleblemente ligada al proyecto de construcción de una democracia liberal que pudiera formar parte de la UE. El “no nos representan” de los jóvenes era la constatación de que el proyecto no había acabado como se esperaba. 

En poco tiempo, nos encontramos con que una de las CCAA más ricas y pobladas tenía entre un 40 y un 50% de ciudadanos que no querían seguir siendo españoles 

Por si las condiciones económicas, la corrupción, el 15-M y el surgimiento de Podemos no fueran suficientes, en poco tiempo se sumó la crisis territorial. Tras la sentencia del Tribunal Constitucional de 2010, que cerraba cualquier vía de reconocimiento a la condición nacional de Cataluña, el nacionalismo catalán fue virando hacia el soberanismo primero y hacia el independentismo después. En muy poco tiempo, nos encontramos ante una situación inédita: una de las Comunidades Autónomas más ricas y pobladas de España tenía entre un 40 y un 50% de ciudadanos que no querían seguir siendo españoles y pretendían formar un nuevo Estado, una república catalana. Además, unos dos tercios de los catalanes (lo que, evidentemente, incluía independentistas y no independentistas) pensaban que la mejor forma de resolver el conflicto era mediante un referéndum. 

En España, muchos vivieron la crisis del otoño de 2017 como una humillación. Era inconcebible que unos españoles, por muy catalanes que fuesen, quisieran romper la integridad territorial de uno de los Estados más antiguos de Europa. A una pretensión así sólo se podía responder con la fuerza y con la ley, no con la política. Algunos se abochornaron con las imágenes del 1-O, que dieron la vuelta al mundo, pero aun así la inmensa mayoría de españoles pensó que era un problema de orden público y ruptura del orden legal. La tesis de que en Cataluña se había ensayado un golpe de Estado hizo fortuna y la repitieron políticos y periodistas hasta la náusea. Se estaban sentando las condiciones para el éxito de un partido de extrema derecha que desenterrara el nacionalismo español más excluyente, el que se llena la boca hablando de la anti-España. 

En un primer momento no estaba claro qué humillación iba a tener más peso y mayores consecuencias. Las alternativas y las futuras líneas de ruptura ya estaban latentes en 2011, cuando la crisis catalana todavía no se adivinaba en su modalidad más radical ni había noticia de Podemos. En ese año, The New York Times publicó un reportaje sobre las crisis en España acompañado de unas fotos tremendas de personas rebuscando comida en los contenedores de basura. El País se hizo eco del reportaje. La noticia acumuló casi 900 comentarios, la mayoría de los cuales se dividían claramente en dos bloques: por un lado, quienes creían que la situación descrita era la culminación de décadas de errores por parte de la clase política y de una sociedad civil acomodaticia; por otro, quienes decían que aquello era una operación de desprestigio, que The New York Times nos miraba por encima del hombro, que para mendigos los que hay en Estados Unidos, etc., etc., etc. En aquellas dos comunidades ya estaban todos los elementos de lo que sucedería en los años siguientes. En un primer momento, quienes mostraban su hartazgo con el bipartidismo de la democracia española llevaron la voz cantante e introdujeron una fuerte presión sobre el sistema para que cambiaran las peores prácticas. No obstante, fueron los segundos, quienes se revolvían incómodos porque fuera no nos respetaban ni nos entendían, los que acabaron definiendo un nuevo sentido común.

De hecho, puede observarse que a lo largo de la década 2010-20 las actitudes ideológicas y nacionales fueron acoplándose, algo que nunca había sucedido antes. En un artículo anterior en CTXT mostré que en las elecciones de abril de 2019, cuanto más fuerte era el sentimiento españolista en una comunidad autónoma, menor el apoyo a la izquierda; y que si se analizaban elecciones más distantes en el tiempo, por ejemplo las de 1996, no había ninguna relación entre dicho sentimiento y el voto a los partidos de izquierda. Lo ilustraré con los resultados electorales de Andalucía en las autonómicas de 2018 y 1996. En 1996, cuando la cuestión nacional no estaba politizada, la izquierda obtuvo el 59,1% y la derecha el 34,2%, una diferencia de 25 puntos a favor de la izquierda (no cuento el Partido Andalucista, que obtuvo un 6,7% y gobernó en coalición con el PSOE en esa legislatura). En 2018, con la crisis catalana bien reciente, la izquierda se quedó en el 44,1% del voto y la derecha sumó el 51%. La tendencia general se puede resumir así: en aquellos lugares en los que el nacionalismo español renace con mayor vigor, la izquierda retrocede. 

Hay un nuevo prestigio de la intransigencia, lo políticamente incorrecto y las actitudes desacomplejadas

Una parte destacada de la intelectualidad desempeñó un papel importante a la hora de decantar la política española hacia la obsesión nacional. Para no alargar más de la cuenta este texto, remito a otro artículo en CTXT en el que examinaba la matriz ideológica de la que renace el nacionalismo español. Paradójicamente, dicha matriz se articula a partir de un enfurruñado anti-nacionalismo del que siempre se queda fuera el nacionalismo español; la nación española es defendible porque es constitucional y democrática, atributos de los que carecen los otros proyectos nacionales, que son una amenaza para las libertades. Estos intelectuales han evolucionado como ha evolucionado una buena parte de la sociedad española: cada vez más descreída, más harta de las izquierdas y los independentistas, cada vez más conservadora y más orgullosa de reivindicar una España que es suya y que celebran patosamente, ya sea emocionándose con la letra que escribió Marta Sánchez para el himno nacional, riéndole las gracias a Isabel Díaz Ayuso o elogiando las memorias de Cayetana Álvarez de Toledo. 

3. Conclusión

No quiero sugerir, en absoluto, que toda la sociedad haya caído en el delirio nacional, pero este no ha dejado de crecer en los últimos años y aún no sabemos hasta dónde puede llegar. El caso es que, volviendo a la cuestión inicial, una coalición de izquierdas en el gobierno lo tiene muy difícil en este clima cultural. Hay un nuevo prestigio de la intransigencia, lo políticamente incorrecto y las actitudes desacomplejadas. Insertar en ese ambiente la negociación con el Gobierno de Cataluña, la transición energética, la memoria democrática, la reforma de la ley mordaza o leyes de género e igualdad resulta extremadamente difícil. No se trata solo de la oposición que surge de los altos funcionarios del Estado en múltiples ámbitos (fiscales, jueces, abogados del Estado, técnicos comerciales, militares, diplomáticos), ni de los medios derechistas y amarillistas que promueven el nacionalismo excluyente español, sino de amplios grupos sociales que quieren sentirse orgullosos de su país, reivindicar su historia y sus tradiciones y hacer oídos sordos a lo que ya caricaturizan como las monsergas izquierdistas de unos tipos artificiales, pedantes y aburridos que utilizan lenguaje inclusivo y hablan de temas absurdos. 

Con las bases sociales desanimadas y desmovilizadas (las del PSOE porque no les gusta Podemos ni los apoyos parlamentarios del Gobierno, las de Podemos porque no entienden que cada vez tengan menos votos), el Gobierno tiene pocos recursos para liderar proyectos ambiciosos de cambio y hacer frente a los Abascales y Díaz Ayusos. Nada está perdido aún y afortunadamente España sigue siendo un país muy plural y variado. Tal vez ese nacionalismo feroz acabe produciendo sus propios anticuerpos y quienes hoy se sienten desanimados o desengañados se reactiven. Ya veremos, pero es un empeño titánico.

1. Un gobierno fuera de su tiempo

En ocasiones, cuando se desatan tormentas mediáticas, el Gobierno de coalición parece que va a salir volando por los aires, como si fuera una estructura demasiado ligera que no resiste el zarandeo del viento. Su fragilidad...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Ignacio Sánchez-Cuenca

Es profesor de Ciencia Política en la Universidad Carlos III de Madrid. Entre sus últimos libros, La desfachatez intelectual (Catarata 2016), La impotencia democrática (Catarata, 2014) y La izquierda, fin de un ciclo (2019).

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

1 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. jose-ramon-garcia-sevilla

    Bufff...Me empiezo a cansar de esta manía de reescribir la realidad...¿Reparto de culpas por igual para que no hubiera gobierno en 2015? Creo que fue muy evidente quién -arrogántemente, desde luego- ofreció un gobierno de coalición, y quién prefirió tontear con Albert Rivera.

    Hace 3 días

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí