1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

  281. Número 281 · Febrero 2022

  282. Número 282 · Marzo 2022

  283. Número 283 · Abril 2022

  284. Número 284 · Mayo 2022

  285. Número 285 · Junio 2022

  286. Número 286 · Julio 2022

  287. Número 287 · Agosto 2022

  288. Número 288 · Septiembre 2022

  289. Número 289 · Octubre 2022

  290. Número 290 · Noviembre 2022

  291. Número 291 · Diciembre 2022

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

MEMORIAS DE UN GESTOR CULTURAL, 1987-2004 (II)

La Residencia se pone de moda

Que alguien se pudiera enfadar por no estar invitado a la Residencia era una señal clara del nuevo estatus que estábamos adquiriendo

Carlos Alberdi 13/02/2022

<p>Primer edificio a la vista nada más entrar en el recinto de la Residencia de Estudiantes.</p>

Primer edificio a la vista nada más entrar en el recinto de la Residencia de Estudiantes.

Ketamino

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

En aquella oficina se trataban también asuntos de popularización de la ciencia. Era entonces presidente del CSIC Enric Trillas y nos utilizaba para apoyar algunas actividades. Hubo dos que me abrieron los ojos. La primera la protagonizaba el entonces prometedor investigador López de Mántaras. Se trataba de contar lo que era la lógica borrosa y sus aplicaciones. Me tocó redactar la nota de prensa. Lo que sucedió a continuación me impactó. Trozos enteros de lo que había escrito se reproducían en los periódicos de los días siguientes. De aquella misma época, fue la conferencia de Stephen Hawking. La conferencia tuvo lugar en el salón imperial del edificio más franquista del complejo. Gris y con vocación monumental, conocido como el Central, lo diseñaron en 1942 Fernández Vallespín y Fisac para imponerse sobre los discretos pabellones de la Residencia y la elegante fachada del Rockefeller que imita a las universidades americanas. Hawking no había venido antes a España y en el CSIC tenían la experiencia de que la ciencia no era popular. Incluso con premios Nobel, no había acudido gente a determinados actos ni se había producido impacto mediático. Lo traía un astrofísico muy simpático llamado Quintana y, a pesar de los titubeos, fue un éxito rotundo. Nos sirvió para entender que existía una demanda de cultura científica, si se planteaba con un poco de adaptación al público y a los medios de comunicación de la nueva sociedad española.

No todo eran éxitos. También teníamos nuestras tensiones en la oficina, pero mi integración en el grupo era clara y Pepe se puso a trabajar para mejorarme el contrato y convertirlo en una comisión de servicio como funcionario de Educación, condición que había abandonado cuando pedí la excedencia para marchar a Nueva York. A principios de 1988 falleció el director de la Residencia, un catedrático de Derecho Romano que mantenía la dirección, aunque desde el Programa de Extensión Científica se diseñaba la recuperación de la institución. Nombraron a Pepe y pasamos a hacernos cargo de la Residencia en su totalidad. Eso significaba continuar con las actividades, pero también pensar en el comedor y en la actividad hotelera de la casa. Se incorporó al equipo un director de Paradores y entre nuestras tareas se incluyó el análisis de la comida o el servicio de habitaciones. Un proyecto en plena expansión. La prioridad pasó a ser la institucionalidad del proyecto. Pepe tenía redactado un borrador de estatutos de lo que sería la Fundación Residencia de Estudiantes. Una fórmula adecuada para que la Residencia cobrara cierto nivel de autonomía respecto al CSIC y pudiera desarrollar una política institucional propia. En paralelo había un proceso de reactivación de la Asociación de Amigos de la Residencia, en el que se encuadraban un grupo de antiguos residentes que daban credibilidad y prestigio al proyecto.

Había mucha calidad arquitectónica, pero también muchos edificios complementarios con un planteamiento de colmatación del espacio propio de las instituciones

Uno de los temas en que me tuve que sumergir fue el Archivo de la Junta de Ampliación de Estudios. Había un conjunto de cajas, con documentación de los becarios de la Junta, en el Archivo Central del Consejo, y, según lo consultábamos, encontrábamos confirmaciones y noticias de enorme interés. Ese Archivo de la Junta, restos inconexos pero valiosos, fue uno de los bienes que el Consejo adscribió a la Residencia a la hora de fundar. Para entonces Enric Trillas había sido sustituido por Emilio Muñoz. Con ayuda de un grupo de contratados del INEM, y refugiados en un par de habitaciones de la Residencia, repasamos y catalogamos todo el archivo. En el proceso encontramos nuevas cajas y no había día en que no tuviéramos alguna novedad. También me empapé de la arquitectura de la Colina de los Chopos. El estudio de Tanis Pérez-Pita había recibido el encargo de estudiar el complejo y de hacer una propuesta de racionalización. Coincidían en la zona una macroinstitución como el Consejo –con diversos edificios incluido el Museo de Ciencias Naturales–, la Escuela de Ingenieros Industriales, el Archivo Histórico Nacional y el Instituto Ramiro de Maeztu. Había mucha calidad arquitectónica, pero también muchos edificios complementarios, sin calidad alguna, con un planteamiento de colmatación del espacio propio de las instituciones que crecen y acaban colonizando su perímetro. De la época histórica se habían perdido la mayoría de los planos. Aun así, removimos el Archivo General de la Administración y fichamos todos los edificios del recinto. Me resultaba interesante trabajar con arquitectos. Aportaban una visión de conjunto de los espacios con la que no estaba familiarizado. Recuerdo un paseo con Patricia Reznak para ponerla al día de la parte histórica de los edificios, y algunos dibujos de Tanis, que todavía nadie se ha atrevido a llevar a la práctica, que abrían un paseo público desde Serrano a la Castellana.

Como nos teníamos que ocupar de todo, también lo hacíamos del diseño de las invitaciones y pasábamos horas discutiendo. Trillas había encargado una nueva imagen para el CSIC al diseñador argentino Carlos Rolando. Usaba un azul oscuro y un gris claro para dar un cambio radical respecto a la imagen histórica. El equipo de Emilio Muñoz no lo asumió como propio. Nuestras invitaciones eran muy simples y a veces las hacíamos en la propia imprenta del Consejo. No acabábamos de estar satisfechos y todo cambió cuando Pepe y Alicia negociaron con Roberto Turégano y pasamos a tener un diseñador profesional en el equipo. Todavía sin Turégano, sacamos los discos del Archivo de la Palabra. Tres vinilos en una caja preciosa mitad blanca mitad negra. Fue justo antes de que se impusieran los cedés y la edición quedó obsoleta al poco de producirse. Además, ni los diseñadores ni nosotros conocíamos el proceso de producción de los vinilos y los colores de los centros de los discos se reprodujeron mal, por culpa del calor del sistema de prensado. Éramos algo “aficionados”, y aunque lo suplíamos con entusiasmo algunos acabados no eran del todo satisfactorios.

Escuchar a Pío Baroja decir el elogio sentimental del acordeón o a Valle interpretando la llegada de Bradomín al Pazo de Brandeso no es cualquier cosa

El proyecto del Archivo de la Palabra fue apasionante en todas sus facetas. Escuchar a Pío Baroja decir el elogio sentimental del acordeón o a Valle interpretando la llegada de Bradomín al Pazo de Brandeso no es cualquier cosa. Entonces me veía a menudo con Lorenzo Martín del Burgo, al que le interesaba la lectura en voz alta de poesía. Aquello alimentó dos derivadas. Me convertí en defensor, dentro del equipo de la Residencia, de tener una línea de lecturas poéticas. Alberti tendría que leer algún día, pero tenía sentido pensar que no fuera sólo él y que no fueran sólo españoles los que lo hicieran. Octavio Paz brillaba con luz propia y venía a Madrid todos los años, para el Jurado del Premio Loewe. Por otra parte, tenía una amiga en la sección de programas culturales de Televisión Española y nos ayudó a presentar, como idea, un archivo de la palabra con los mejores poetas españoles del momento, que acabó denominándose El poeta en su voz.

Un proyecto ayudó al otro. Conocí a Jaime Gil de Biedma por el programa de televisión y descubrí que tenía una conexión emocional potentísima con la Residencia. Había conocido a su director, Jiménez Fraud, en un viaje de juventud a Oxford, y había sido amigo de su hijo, Manolo Jiménez. Cuando me atreví a llamar por teléfono a Octavio Paz no sólo se puso personalmente al aparato, sino que me agradeció que la Residencia contase con él y sugirió hacer la lectura coincidiendo con su visita a Madrid de todos los años. La Residencia era un abracadabra que podía con las puertas más difíciles. Las lecturas del curso 88-89 fueron hitos claves para la expansión del proyecto. Toda la prensa consideró noticia la lectura de Alberti en octubre del 88, a la que colaboró la Fundación Federico García Lorca con un inédito. La de Gil de Biedma, a principios de diciembre, fue menos ruidosa, pero igual de importante, porque hacía tiempo que Jaime no tenía una actividad pública en Madrid a la altura de su talento. En primavera leyó Valente, que también había tenido trato con Jiménez Fraud y que, a su manera, rivalizaba con Gil de Biedma. En mayo leyó Ángel González, y en junio, Octavio. Me tocó ir a buscarle al Palace y llevar en un taxi a él y a su mujer. Cuando llegamos a la Residencia todo estaba lleno, como no lo había visto nunca antes. Recuerdo estar durante el recital vigilando que no se produjeran ruidos, para que los que estaban siguiendo la lectura desde el vestíbulo pudieran hacerlo. Al terminar Paz estaba encantado y supimos que aquello no había quien lo parara. Octavio era en aquel momento el gran intelectual en lengua española y contar con su apoyo era tener el mejor embajador posible. 

La Residencia era un abracadabra que podía con las puertas más difíciles

Otro momento importante fue la negociación de las becas del Ayuntamiento. La persona clave era la concejal Limón, que pertenecía al grupo de Agustín Rodríguez Sahagún. Lo más divertido era que Pepe le hacía la pelota de todas las maneras posibles, elogiándola en cualquier idioma. A Limón le acompañaba un señor muy serio que, cada vez que Pepe soltaba un elogio, le recordaba a Limón que era puro interés sin un gramo de sinceridad. Éramos varios en la reunión y en las idas y venidas. Nunca había visto nada igual. Limón callaba, Pepe elogiaba y el acompañante desmentía. Finalmente se convocaron las becas y montamos los comités de selección. Fue admirable la habilidad de Guelbenzu apoyando a Félix Romeo. También entraron en la primera promoción el pintor Pedro Morales y el filólogo Jorge Bergua, al que apoyaba José Luis Borau. Para el proyecto era muy importante que hubiera gente de modo permanente en la casa y que no la ocuparan en exclusiva científicos de paso. En eso nos ayudaba un antiguo residente, Arturo Sáenz de la Calzada, que a sus más de setenta años decidió pasar en la Residencia seis meses al año, aunque su familia vivía en México. Arturo había sido un residente distinguido, un “espíritu” de la Residencia por utilizar el lenguaje de la casa. Estudió arquitectura y tuvo un puesto directivo en el sindicato de estudiantes, al final de la dictadura de Primo. La guerra lo partió por la mitad y en su exilio mexicano destacó por haberle hecho la casa a Buñuel y por haberle ayudado con la columna de San Simeón el estilita. Arturo era pura generación del veintisiete. Hablaba con gran precisión y nos contaba cosas de la Residencia histórica. Era capaz de dar discursos enteros de memoria sin perder ni una coma. Su hermano Luis había escrito el libro canónico sobre La Barraca y su sobrina Margarita el primer libro monográfico sobre la Residencia. La ayuda de Arturo fue extraordinaria para la estrategia general, para la historia de la casa y para la Asociación de Amigos. El grupo de becarios lo adoptó como uno más y disfrutó de su generosidad. 

Alicia Gómez-Navarro era la adjunta al director. Una sociedad, que el tiempo ha demostrado indestructible, entre dos personas bien distintas. Pepe con su visión a largo plazo y Alicia con su pragmatismo. Su marido, Gutiérrez Aragón, colaboraba mucho en cuestiones de fondo por su estupenda red de amigos. En un momento dado armamos con él un ciclo de cine metiendo en el salón un proyector de treinta y cinco milímetros. Se llamó El director y su secuencia. Saura nos puso una intensísima de Elisa vida mía, pero la intervención estelar fue la de Víctor Erice, sobre Luces de la ciudad de Chaplin. El personaje de Erice nos cautivó a todos y especialmente a Ana Romero, que se incorporó al equipo en la primavera del 88. Todo el trato con él le correspondía a ella y, hasta el último minuto, no le confirmó que viniera. Con tantas vacilaciones llegamos a pensar que no lo tenía claro, de modo que cuando llegó y soltó su discurso, perfectamente pegado a las imágenes de Chaplin, nos quedamos sin habla. Trabajábamos todas las horas del día, pero nos lo pasábamos en grande.

Un día presentamos la novela de Rosa Chacel Ciencias naturales. Empezábamos a ser el sitio de moda para las presentaciones y, en este caso, cuadrábamos por la autora y porque parte de la novela transcurría en el Museo de Ciencias Naturales y los alrededores de la Residencia. Lo que recuerdo, de aquella presentación, es la energía desmedida que desplegaba la responsable por parte de Seix Barral, Mónica Faimberg. Una chica argentina con una fuerza que le hacía estar en todas partes y resolver todos los detalles. Un tiempo después se quebró, era imposible mantener aquella intensidad, y Muñoz Molina le dedicó un relato. Me la encontré de nuevo en Buenos Aires, donde la ayudé en los trámites con el Consulado de España para arreglar sus papeles.

La ayuda de Arturo Sáenz de la Calzada fue extraordinaria para la estrategia general, para la historia de la casa y para la Asociación de Amigos

Teníamos mucho contacto con el Servicio de Publicaciones del CSIC. Al fin y al cabo, el libro de Margarita Sáenz de la Calzada sobre la Residencia, el facsímil de la revista o El Archivo de la Palabra se hacían con su sello. Lo dirigía un catalán simpatiquísimo, con experiencia en revistas científicas de divulgación, Jaume Josa. Su segundo era Teodoro Sacristán, que con el tiempo acabó siendo una persona célebre en el mundo del libro. Pepe peleaba con todos en su papel expansivo y visionario, pero a mí me tocaba llevarme bien. Entre las publicaciones de aquella época, guardo un especial recuerdo para El maestro y yo, un desahogo del discípulo más “especial” de Cajal, Pío del Río Hortega. Siendo uno de los más brillantes del grupo, tuvo que ser recogido en la Residencia, que le montó un laboratorio de histología en la planta baja del Transatlántico. La guerra le llevó a Argentina donde mantuvo su alto nivel científico. El libro, estupendamente escrito, reivindica su devoción por Cajal y explica que lo que le expulsó del grupo fue su relación con el entorno. En su alegato, Del Río Hortega se dibuja a sí mismo como una persona exigente, difícil y con un afeminamiento que, en el grupo de Cajal donde todos eran machotes, debía chirriar. Años después traté de convencer a la nieta, Mari Ángeles Cajal, de las excelencias de don Pío, pero ella, con su carácter, seguía en la versión ortodoxa de la traición. El promotor de la publicación de este libro fue Alberto Sánchez Álvarez-Insúa, que andaba siempre por allí y tenía con Pepe unas intrigas, a la vez difíciles y ridículas, a costa de una red de centros de estudios locales denominada CECEL.

Era mi primer trabajo de oficina. Me gustaba pensar que, a diferencia del trabajo de profesor de instituto, en el que la tensión con el alumnado está presente desde el inicio y en el que tener mesa y silla propia es impensable, todo eran comodidades. Tenía hasta un teléfono con el que podía hablar a cualquier hora. Además, la gente era amable por principio. El reloj, que en las aulas parece que no anda y alarga las horas, corría tranquilamente en aquel sotanillo de la Extensión Científica. Rápidamente me hice usuario privilegiado de la biblioteca, con acceso libre al depósito. Era un regalo trabajar allí. Aprendí también a subir a la planta noble, donde se ponían los faxes, y a ir conociendo la vida de los diferentes despachos. Un mundo en el que te recibían con una sonrisa si pasabas a saludar y te informaban de cosas diversas. Desde disputas jurídicas, a costa del legado Cajal o de la herencia de las misioneras de Boston que fundaron el Instituto Internacional, a las posibilidades económicas de disponer de pequeños fondos sobrantes, que para el proyecto Residencia eran auténticos regalos. También había despachos suntuosos como el de la vicepresidencia de Relaciones Internacionales, que entonces ocupaba Javier Facal y que, al ser parte del entorno de la biblioteca, estaba forrado de libros antiguos. Todo un complejo en el que no faltaba un cuarto de conductores, ese lugar que tenían antes todos los ministerios para que los chóferes del parque móvil descansaran entre servicios, con televisión para ver el Tour las tardes de verano.

Estábamos a la que saltaba para dar cuerpo de Centro Cultural a la Residencia. A través de un diplomático hijo de antiguo residente, Alonso Burón, entramos en contacto con el gabinete del secretario de Estado para Iberoamérica, Luis Yañez. Lo dirigía un diplomático joven, Ion de la Riva, que fue todo facilidades para organizar reuniones con gente de América. En 1989 hicimos una, sobre videoarte y música contemporánea, y en 1990 otra, de revistas culturales iberoamericanas. De la primera reunión recuerdo los líos y las dificultades logísticas. Estuvieron Horacio Vaggione, Gabriel Brncic y Adolfo Núñez. De los videoartistas, no puedo olvidar que el chileno Juan Downey no salió de su habitación, por encontrarse enfermo. De la reunión de revistas, el anecdotario es más amplio. En aquel otoño del 90 había acordado mi marcha a Buenos Aires. En la visita de prospección, que hice en noviembre, aproveché para cerrar la invitación a Caparrós, de Babel, y a Samoilovich, de Diario de Poesía. De Vuelta vinieron Aurelio Aisiaín y la gerente. De Cuba trajimos al responsable de El Caimán Barbudo, un tal Vladimir Zamora que era de un oficialismo total. Entonces era difícil hablar por teléfono con Cuba y las conferencias con Fidel Sendagorta, que era nuestro contacto en la embajada, se interrumpían constantemente. De España invitamos a los suplementos literarios de El País y el ABC, lo que me costó una llamada iracunda de César Antonio Molina reclamando que Diario 16 tuviera su sitio. Ni que decir tiene que le abrimos la puerta encantados. Que alguien se pudiera enfadar por no estar invitado a la Residencia era una señal clara del nuevo estatus que estábamos adquiriendo. Aquellas reuniones nos sirvieron para poner a prueba nuestra capacidad de organización y nos abrieron a nuevos espacios de relación. El proyecto crecía, pero mi impaciencia también, y tenía ganas de conocer nuevos mundos. Visto retrospectivamente, es difícil de entender por qué siempre me estaba queriendo ir. A finales del 89 hice mi primera salida. Me nombraron alto cargo en la Consejería de Cultura de la Comunidad de Madrid y fracasé estrepitosamente. Me lo estaba pasando fenomenal en la Residencia. Había tenido un viaje interesantísimo a Estados Unidos en el que se habían mezclado aspectos de investigación, acerca de archivos sonoros y de la figura de Schindler, el de los discos de aluminio, que según todos los indicios había dejado su colección de fotos a la Hispanic Society, con aspectos más institucionales como una entrevista con el rector de NYU, John Brademas, al que habíamos contactado para nombrarle patrono de la nueva Fundación Residencia de Estudiantes. Ese viaje y el encuentro de vídeo y música contemporánea eran sólo una parte del otoño del 89. Sin embargo acepté la oferta del consejero de Cultura Ramón Espinar. Fueron dos meses y pico, dimití antes de cumplir los tres. Ocupábamos un edificio difícil en Plaza de España y todavía se veían los ribetes de la Diputación saliendo por los bordes de la nueva institución. Para colmo me encariñé con un proyecto fantástico, que me trajo Gastón, el dueño del Sol, la sala de la calle Jardines, para vestir a la Cibeles de Carnaval. Pensé que podía y no medí que el dueño de Cibeles era el Ayuntamiento y no me dejaría. Me sentí fatal. Volví a la Residencia, pero a los seis meses ya estaba otra vez queriendo salir y la oferta de dirigir el Centro Cultural de España en Buenos Aires resultó irresistible.

En aquella oficina se trataban también asuntos de popularización de la ciencia. Era entonces presidente del CSIC Enric Trillas y nos utilizaba para apoyar algunas actividades. Hubo dos que me abrieron los ojos. La primera la protagonizaba el entonces prometedor investigador López de Mántaras. Se trataba...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Carlos Alberdi

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí