1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

  281. Número 281 · Febrero 2022

  282. Número 282 · Marzo 2022

  283. Número 283 · Abril 2022

  284. Número 284 · Mayo 2022

  285. Número 285 · Junio 2022

  286. Número 286 · Julio 2022

  287. Número 287 · Agosto 2022

  288. Número 288 · Septiembre 2022

  289. Número 289 · Octubre 2022

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

crisis ecológica

Verde nuclear, verde gas

Las clarificadoras contradicciones de la transición energética

Juan Bordera / Antonio Turiel 6/07/2022

<p>La central nuclear de Chooz vista desde Foisches (Francia).</p>

La central nuclear de Chooz vista desde Foisches (Francia).

Raimond Spekking / CC BY-SA 4.0 (via Wikimedia Commons)

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

El siguiente texto forma parte del libro El otoño de la civilización, editado recientemente por Escritos Contextatarios.

-------------------------------------------------------

Verde que te quiero verde, verde metano, verde nuclear. Francia con el uranio y Alemania con el gas. Ni el eterno García Lorca logró poner tan de moda el verde como la transición energética. Pero al mirar de cerca, el supuesto verde destiñe y lo que encontramos es más bien tendente al oscuro. Oscuro color crudo.

Está celebrándose una suerte de derbi entre las dos potencias europeas por excelencia. Los equipos están nerviosos por los últimos compases del “encuentro”, donde los precios del gas –y por tanto, de la luz en un mercado marginalista– han batido récords que pocos habrían augurado para tan pronto. Francia y su defensa poblada de centrales (nucleares) ataca la retaguardia alemana alegando que la nuclear es imprescindible para superar otras opciones peores como el carbón. Alemania, en su productivo terreno de juego, busca contraatacar con la defensa del gas como ineludible energía de transición. Argumentan que no genera residuos tan peligrosos, sirve para estabilizar la red y tiene la tasa de emisiones más baja de las fuentes fósiles –aproximadamente la mitad de las del carbón–.

El debate está caliente porque los miembros del lobby nuclear apoyan (oh, sorpresa) a la nuclear, y los que consideran que esa fuente de energía es una ruina económica llena de riesgos, suelen defender el gas como mal menor, o argumentan que las renovables se bastarán pronto para cubrir el suministro. ¿Quién tiene razón? ¿Qué sería más sensato hacer?

Según la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, el borrador filtrado a la prensa, que aboga por incluir en la “taxonomía de finanzas sostenibles” –término que podemos traducir como: invierta aquí sin remordimientos–, se equivoca: “No tiene sentido y manda señales erróneas para la transición energética del conjunto de la UE”

Nos venden el sueño nuclear para que no veamos la pesadilla que es ahora mismo

Pero, ¿y si le diéramos un poco la vuelta al argumento? ¿Y si en realidad lo que está mandando son señales muy claras, inequívocas? La transición va a ser muchísimo más compleja de lo que se suele contar y los altos precios y contradicciones son algunas de las últimas señales. Y de poco sirve que arteramente se diga que son “energías de transición”, solo válidas por un plazo prefijado: a todos los efectos, se las considerará verdes. Verde nuclear y verde gas.

Según la propuesta pendiente de aprobación, las nuevas plantas nucleares serán verdes como una aceituna hasta –de momento– 2045, y para ello tendrán que contar con un plan para eliminar de forma segura los desechos (ja).

Los países defensores de su categorización como verde, capitaneados por una Francia que tiene la mitad de los reactores de Europa, afirman que es una fuente imprescindible para la transición; sin ella, nos veremos abocados al sucio carbón y al carísimo y solicitado gas, dicen. No comentan que la producción de uranio del mundo ha caído un 20% desde los máximos de 2016. No comentan que la perspectiva es que caiga todavía otro 30% de aquí a 2040. No comentan que Francia mantiene 5.000 soldados en el África Sahariana para asegurar el cada vez más maltrecho suministro de uranio desde Níger. No nos dicen que el 25% de las centrales francesas están permanentemente paradas. Nos venden el sueño nuclear para que no veamos la pesadilla que es ahora mismo.

Francia sabe que no hay futuro en la nuclear, pero necesita una coartada para que la UE no le impida seguir dando subvenciones públicas a un tinglado que se tambalea

Intentan hacer creer que tenemos al alcance de la mano tecnologías para reaprovechar los residuos y así callemos. En última instancia, Francia intenta que el rescate de Areva, la compañía semipública que se encarga de la gestión del combustible nuclear y que quebró en 2016, no arrastre a la semipública EDF, que la absorbió. Francia sabe que no hay futuro en la nuclear, pero necesita una coartada para que la UE no le impida seguir dando subvenciones públicas a un tinglado que se tambalea. Y mientras, aquí en España, algunos dan palmas con las orejas y le hacen el juego al Gobierno francés mientras nos intentan encandilar diciendo que esta decadente industria salvará el mundo (no queremos que nos salven de esta manera, gracias).

En cuanto al gas, sería [teñido de] verde hasta 2030. La elección de la fecha no responde a ningún criterio climático: ya el informe del Grupo III del IPCC que filtramos hace meses revelaba que, para alrededor de 2030, todas las centrales de gas y de carbón debían ser cerradas. Cerradas, no indultadas hasta esa fecha y a partir de ahí ya veremos cómo las vamos cerrando. Lo que sí que se espera que aguante –más o menos– hasta 2030 es la producción mundial de gas. El techo de producción se alcanzaría en ese 2030, que mágicamente aparece en el texto de la Comisión Europea. El mensaje es claro: vamos a tirar del gas natural tanto como se pueda, y si luego bajamos no será por compromiso climático alguno, sino porque cada vez habrá menos. Un cálculo que peca de mucho cinismo: se cuenta con que Europa acaparará el escaso gas que debería ir a otros lugares pero que acabará en nuestros lares, que pagan con moneda fuerte.

Y llegamos al carbón: una noticia reciente ha hecho que medio mundo se avergüence. Tras 26 Cumbres del Clima, y con un consenso del 99,9% de la comunidad científica sobre la gravedad del cambio climático, el precio del gas y la recuperación económica han hecho que, según la Agencia Internacional de la Energía, la cantidad de electricidad generada con carbón haya aumentado un 9% hasta batir el registro histórico. Grandioso. Hay que ver cómo funciona de bien la transición energética sin apenas planificar. 

El aumento se ha debido a India y China, principalmente. Entre las dos se va a dirimir una buena parte de la laberíntica transición, en la que no se les puede negar la aspiración de cierta equidad con respecto al nivel de vida en Occidente. Eso conduce, aunque no se quiera admitir, a que Occidente (Estados Unidos, Europa, Australia, Japón, etc.) tendría que decrecer voluntaria y planificadamente hasta tratar de equilibrar nuestra huella. 

Por si con esto no bastara, el petróleo no nos da ningún respiro. Con precios que coquetean ya con la barrera de los 90 dólares y una demanda actualmente insatisfecha –la caída en la producción ha sido del 4%–, las mismas previsiones de la Agencia Internacional de la Energía prevén una caída, si persistiese el proceso de desinversión comenzado en 2014, de entre el 20% y el 50% para 2025. 

Es probable que este año veamos una caída adicional de la producción del oro negro del 8% y que tengamos una o dos crisis de precios en este 2022

Incluso con una cierta actuación de los Estados para parar la sangría, es probable que este año veamos una caída adicional de la producción del oro negro del 8% y que tengamos una o dos crisis de precios en este 2022. Peor aún, la producción mundial de diésel cae en barrena: casi un 15% desde el máximo de 2015, arrastrada por la falta de petróleos de buena calidad. Lo vemos en las estaciones de servicio, cómo sube imparable hasta precios no vistos desde 2008. Y diésel significa transporte, maquinaria pesada y de mina, tractores… Si falta diésel, falta –y faltará– de todo. 

Ante semejante problemón, si con las renovables fuera a bastar para cubrir nuestras necesidades energéticas, tal y como alegan sus acérrimos defensores, si son más baratas, más limpias… en definitiva, ¡más verdes! –como los billetes que irán a parar a las grandes empresas y fondos de inversión– ¿por qué un modelo explotador de todos los recursos disponibles, que sólo busca maximizar beneficios a toda costa como el capitalista, no ha instalado ya una cantidad ingente de las mismas, para que el maná energético siga fluyendo al mismo ritmo y el espectáculo pueda continuar?  

La respuesta es compleja, pero a la vez muy simple. No es posible. De momento, ni por asomo. Y todo parece indicar que los que creen que se podrá sostener la cantidad de energía actual con fuentes de captación de energía renovable, en el mejor de los casos pecan de bienintencionada ingenuidad, en el peor, se parecen más a unos vendedores de “elixires de la eterna juventud” que a visionarios.  

Se suele alegar –y es verdad– que el coste de producción de electricidad por medios renovables ha caído en picado, y que hace tiempo que es más barato que el coste de las térmicas de carbón o las nucleares, y, desde hace unos años, incluso que los ciclos combinados del gas. Mirar solamente el precio, sin embargo, oculta ciertas verdades incómodas. Como, por ejemplo, que los paneles fotovoltaicos se fabrican mayoritariamente en China, país que genera el 65% de su electricidad con carbón. O que se requieren grandes cantidades de materiales, extraídos usando diésel, para paneles y aerogeneradores. O que todo se transporta de la mina a la planta de procesamiento, de la planta a la fábrica, de la fábrica al lugar de instalación, usando diésel. 

Aunque la huella de CO2 de los sistemas renovables sea, indudablemente, mucho menor que la de otros tipos de centrales eléctricas, no es menos cierto que las renovables necesitan esos mismos combustibles fósiles para su fabricación e instalación (nadie ha cerrado nunca el ciclo de vida de las renovables usando solo energía renovable). Pero hay más. Las renovables han podido llegar a ser competitivas –económicamente– comparadas con otros sistemas mientras han sido relativamente pocas, menos del 2% de la energía primaria mundial. Pero, a medida que se fueran extendiendo, su competitividad iría empeorando: cada vez quedarían menos emplazamientos idóneos para su instalación; cada vez los costes de instalación y mantenimiento serían mayores.

Los que defienden acríticamente el modelo renovable actual quizá están cayendo en la trampa del crecentismo, cuando definen el progreso de las renovables como “crecimiento exponencial”. Nada crece exponencialmente por mucho tiempo en un planeta finito. Y mejor no hablemos de alguno de los materiales que se requieren, cada vez más escasos, para ese modelo de transición que, según reconocía la Agencia Internacional de la Energía, tendría que multiplicar por factores desorbitados su producción anual: el litio por 42, el cobalto por 21, las tierras raras por 7

Si no asumimos el decrecimiento inevitable y nos adaptamos, hasta 2050 estaremos esperando un milagro. Algo poco científico, la verdad. Un milagro que no tiene pinta de que se vaya a producir y que irá dejando a más personas fuera de unos niveles de vida aceptables, mientras el mercado asigna los recursos eficientemente, si eres millonario.

A día de hoy las pérdidas de obtener hidrógeno de manera industrial para producir calor están alrededor del 50% y para vehículos son de un apabullante 90%

Hace unos pocos días, el ingeniero Marcel Coderch ilustraba en un programa en la televisión catalana con un ejemplo magnífico por qué este tipo de promesas tecno-optimistas del tipo, algo inventaremos, son un peligro: “Es como si te compras un boleto de lotería y dices, venga, voy a comprarme un coche” [eléctrico, como no] “y al ir a pagar dices, tome, e intentas pagar con el billete de lotería”. Eso es lo que estamos haciendo con la fe en la tecnología. Y no solo con la transición energética, también con el enorme reto climático: algunas de las “soluciones” más aceptadas, incluso por parte de la comunidad científica, son la captura y secuestro de carbono, de momento un pufo que no funciona salvo como agujero negro de fondos y recursos, o la geoingeniería, cuyos peligros sobrepasan ampliamente a sus supuestos efectos positivos. 

La última bala de plata verde parece ser el hidrógeno: un vector, no una fuente de energía. No hay minas de hidrógeno en el mundo, el hidrógeno se obtiene consumiendo combustibles o electricidad. En el último informe anual de la Agencia Internacional de la Energía se reconocía que uno de los grandes retos del modelo al que se quiere transitar son las pérdidas por las sucesivas transformaciones, y el hidrógeno es un buen ejemplo: a día de hoy las pérdidas de obtener hidrógeno de manera industrial para producir calor están alrededor del 50% y para vehículos son de un apabullante 90% (en laboratorio todo es mejor, pero hay que ir al mundo real). Por ese motivo, la Estrategia Europea del Hidrógeno reconoce que Europa no se podría autoabastecer con el hidrógeno que puede producir usando sus propias renovables. 

En el juego al que estamos jugando podemos acabar convirtiéndonos en una colonia energética del Norte de Europa

Alemania ha firmado acuerdos comerciales ventajosos para importar hidrógeno desde Ucrania (qué casualidad), Marruecos, Chile, Namibia o el Congo. Y, en parte por eso, a España se le ofrecen generosas partidas de los fondos Next Generation: para instalar infinidad de macroparques eólicos y solares, al tiempo que se le recuerda que el mercado del hidrógeno es único para toda Europa y que Alemania espera que los países del Sur “sean solidarios” con los del frío Norte. 

Ese es el juego al que estamos jugando: uno en el que podemos acabar convirtiéndonos en una colonia energética del Norte de Europa. Pero, tranquilos, que todo será verde. La nuclear, verde radioactiva y fosforescente. El gas, verde fósil. La contaminación de la extracción masiva de materiales para nuestras renovables, verde mina. Si nos descuidamos, en un periquete habrá también macrogranjas verdes. Y, cuando ya no nos quede otra, acabaremos pintando el carbón del color de la esmeralda. Porque de todas las materias no renovables, el carbón es la que decae más lentamente. O asumimos el laberinto en el que estamos, o en los próximos años el mundo seguirá usando carbón a tutiplén.

Aunque faltan flecos y el resultado del partido está por determinar, tiene pinta de que va a acabar en un empate pírrico y pactado para evitar (temporalmente) el descenso de categoría –convertir tanto al gas como a la nuclear en energías puente, de transición–, algo muy conveniente para los dos países más poderosos de una Europa que se empeña, vieja, desvencijada, y malherida por un protofascismo emergente que no quiere oír hablar de límites de ningún tipo y que la tiene atemorizada, en al menos aparentar frente al espejo que se pinta un poco de verde. Verde que te quiero verde. 

El siguiente texto forma parte del libro El otoño de la civilización, editado recientemente por Escritos Contextatarios.

-------------------------------------------------------

Verde que te quiero verde, verde...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Juan Bordera

Es guionista, periodista y activista en Extinction Rebellion y València en Transició.

Autor >

/ Antonio Turiel

Investigador Científico en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí