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PAPELES DE LA PORFIADORA CALAMIDAD (y VII)

La conspiración y el estilo

En su última clase, la profesora Calamidad habla del estilo: una falacia, una pantomima

Natalia Carrero 23/01/2023

<p><em>El profesor severo.</em> Jan Steen (1668). </p>

El profesor severo. Jan Steen (1668). 

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DEL INFORME CONFIDENCIAL br/22 para la academia:

Las encuestas de calidad realizadas con carácter anónimo indican que la profesora Calamidad imparte clase con un estilo nervioso y balbuciente en un noventa y ocho por ciento y al alza. En más de una ocasión la docente ha adoptado el estilo grandilocuente, sobreactuando de manera innecesaria por encima de sus capacidades. En un cero coma cinco por ciento se ha puesto excepcional, cuando la mayoría absoluta de las encuestadas puntualizan “que no correspondía”. Al parecer, las demostraciones de conocimientos solventes acontecían apenas unos minutos antes de que sonara el timbre y terminara la sesión. Ninguna respuesta ni comentario alude a los pertinentes estilos informativo o sensato.

En conclusión, por mucho que la profesora de iniciación a la escritura creativa haya asimilado en algún momento de su vida los conceptos del temario más sencillos, queda patente que los ha expuesto con tal exceso o derroche de datos que los ha complejizado ¿y acomplejado?, de manera innecesaria, como verdaderos problemas de resolución casi imposible o, cuanto menos, exasperante. Con frecuencia las alumnas han salido del Aula 2 dobladas de tanto reír como forma de autodefensa, para proteger en salud mental su personalidad, recordemos que aún se halla en etapa de formación. Las encuestadas coinciden en dos últimos comentarios que procedemos a reformular como cierre en positivo, tal como mandan las directrices del centro académico: 

1) Afirman haber recibido estímulos de escritura que nunca olvidarán mientras sientan deseos y ambiciones de seguir leyendo a George Eliot, Elizabeth Gaskell, Lydia Davis o Vivian Gornick.

2) Se matricularán en el segundo trimestre, siempre que haya plaza con la misma profesora.

NOTA RECIENTE DE CALAMIDAD (papel de rayas doblado, transportado en bolsillo de pantalón durante cinco días, rescatado en el momento de ser introducido junto a la colada mensual en el bombo cual vientre de la ballena de la máquina 3, lavandería Splash Eco, muy recomendable):

¿Cómo expresar a las cuatro alumnas que me han acompañado hasta este final de trimestre la incertidumbre que siento cernirse sobre las palabras que me esfuerzo por combinar y transmitir? ¿Cómo explicar las inquietudes que me impiden hablar con la claridad y la soltura deseadas, me obligan a ejercer tales retorcimientos sintácticos que resulto cada vez más ininteligible; cuando no quedo paralizada, boca y cuerdas vocales estancas, encerrada en un estado inundado de una pesantez de letras inmóviles? Me convierto en un amasijo de fonemas truncados, un recipiente con el esqueleto alfabético reblandecido a falta de calcio no sintetizado en laboratorio de origen alemán; un saco, una bolsa, un pack de signos alfabéticos y otros fluidos verbales que alguna vez poseyeron densidades más diversas organizadas en sistemas perfectamente funcionales. 

Desde esta condición entre ameba y bolsa de basura apenas soy una conciencia capaz de casi nada

Ilustración de Natalia Carrero. 

Ilustración de Natalia Carrero. 


Esta mañana habré leído cinco veces la palabra desaceleración en los titulares. Desacelera la economía, desacelera la diversidad de discursos. La publicidad apabullante ahorra en actualización y matización del lenguaje empleado en sus consignas, carece de autocrítica, se limita a autogestionar unos cuantos eslóganes con sus simplicidades e infantilismos que pretenden retrotraernos a los tiempos de ¿Maricastaña? ¿Pepa Flores? Qué más da. 

Esta mañana habré leído cinco veces la palabra desaceleración en los titulares. Desacelera la economía, desacelera la diversidad de discursos

Me asalta la impresión de que cada vez sé menos, y no solo esto, sino que con frecuencia lo poco que sé es directamente tachado de inútil por todos esos eslóganes y titulares; como si el haber llegado hasta este puesto docente pasara sin yo saberlo por deshacerme de mis humildes conocimientos y, peor aún, como si instancias invisibles y superiores, regidas por la diosa economía por supuesto, hubieran tramado el borrado y la domesticación de los contenidos de nuestras conciencias. Esto sería, entonces, lo que debería transmitir a mis cuatro alumnas, a cambio del sueldo que es casi nada: ¡la mismísima nada! En este escenario laboral que me contiene me debato entre transmitir lo que sea, cualquier semilla por mínima y verdadera que sea, para que algún día encuentre sus condiciones brotantes, o salir corriendo a esconderme refugiarme debajo del edredón, junto al montón de doce o trece libros cuya lectura me aguarda y, ojalá, me consuele y recuerde que nunca es todo tan extremo como lo imagino. Además, ni siquiera se trata de mi propio imaginario; me lo han domesticado tanto que no puedo fiarme de lo que salga de ahí. ¿Leo para recuperar o sanear mi propio imaginario, leo para nutrirlo y fortalecerlo? ¿O será que leo en busca de consuelo? Ni idea. Las consolaciones de la literatura podrían ser el eje temático del próximo trimestre.

ÚLTIMA PRÁCTICA TRIMESTRAL 

Con el siguiente texto realizado a diez manos en la pizarra digital, una puesta en común sobre de qué creemos que hablamos cuando aludimos al estilo literario, las habituales del Aula 2 nos despedimos de las miradas amables que hayan tenido a bien dedicarnos algunos minutos de su tiempo, para recorrer estos papeles de literatura fresca, vertida de corrido, cien por cien tecleada con todo el cuerpo y sin conservantes, cuyo olvido inminente ya puede comenzar. Les deseamos un feliz y relajado silencio.

¿LA CONSPIRACIÓN DEL ESTILO?

Todo está bien, se comprende con claridad sospechosa. Una transparencia formal, un estilo ¿internacional? ¿global? ¿ecuménico? ¿imperial? Frases bien organizadas; sujeto, verbo, predicado, punto seguido; unas peripecias con el punto justo de intriga y desmontaje. Poco más.

Lo confesamos. A veces la primera página de una novedad que nos han vendido y, en alguna ocasión, regalado, nos deja tan indiferentes que optamos por pasar a mejores obras. La vida es demasiado breve. Esas aventuras escritas en una lengua neutra, con apenas unas pinceladas de emociones planas, suenan tanto a buenismo o a venta asegurada que nos expulsan. No firmamos ningún pacto de lectura. No podemos perder el tiempo leyendo todo lo que llegue a través de cualquier soporte, menos aún si no lo hemos pedido o deseado previamente.

¿A eso lo llaman literatura, cuando es publicidad a precio superior, producto carnaza para el crecimiento de la industria?

Al estilo regalado no le mires el decantado, la pureza, el oxígeno, la edad, la barrica.

Si leo preseleccionando con criterio aquella lectura cuya carga de sabiduría se añadirá a la acumulada, se consolidará con el transcurso del tiempo junto a más lecturas, ¿lograré algún día el Grand Style?

No sé de qué criterio hablas. ¿Eso es un hotel, Grand Style?

Ese gran estilo ¿tendría algo que ver con cierta necesidad íntima y recóndita de un poco de espiritualidad, por favor, y por eso dichas almas solícitas, acaso ya entonces de lo más estilosas, acudían a los templos?

Ahora también se sigue acudiendo a los templos.

El templo del cuerpo en forma: yoga, pilates, ciclo, kickboxing.

El templo del museo contenedor de arte, un día semanal entrada gratuita, a lo largo y ancho de galerías, salas, escaleras, ascensores, bancos para la contemplación, prohibida la impugnación, de la obra maestra.

El templo audiovisual en casa; sesiones de series a la carta del deseo de evasión diaria.

El templo de la gastronomía que trasciende el sentido común de lo que vale el kilo de tomates. Tomates verdes, tomates azules, rosa, amarillos, naranja, tomates oro por el precio, ¿dónde quedaron los rojos?

Yo también pregunto, lejos la huerta:

¿No será el estilo algo así como cerrar los ojos, a la atenta escucha del tono con el que escribiremos la gran novela del milenio? 

Mejor en estilo de crítica objetivista: No escribamos más, tratemos de repensar, replantear, revisar.

99 ejercicios de estilo

El estilo es la literatura sin literatura, la poda, el pulido, ¿la información narrada con la tinta más blanca? 

Tampoco estoy de acuerdo.

El estilo es, en parte, una manera de conocer. 

Juan Benet: Acerca del estilo, nunca ha sido posible hablar con precisión y generalidad.

Pero él se informó muy bien, lo intentó de todas las maneras. Con y sin inspiración. Musas. Tradiciones experimentadas sobre el terreno.

La inspiración no existe. Es trabajo; remar y remar. Proyectar y proyectar.

La información y el estilo. La formación del estilo, la conformación. El fluir del estilo, la afluencia y la confluencia.

El valle del río estilo natural.

El estilo es lo que sale al saltar el cerco de la realidad, ¿y emprender el vuelo de la imaginación? 

El estilo, eso por sí solo no es , estilo ni qué droga tás metío.

He visto a los cerebros más jóvenes de mi generación escribir con los sentidos predeterminados, transcribir los mensajes más planos y desprovistos de contenido que se puedan adquirir; mínima transacción monetaria de por medio. He visto a las mentes supuestamente más preclaras de mi generación proclamar y difundir tales barbaridades de autoayuda, autoterapia y autoindeterminación, que no exagero si afirmo que ocasionalmente me ha parecido volverme yo misma sorda y ciega, muda e idiota, mareada y bamboleada, dada mi discapacidad para encontrar una sola frase con sentido mínimamente crítico, y complacencias las justas, entre tanta música para camarones y almejas. 

Podríamos titular el ejercicio La conspiración del estilo. ¿O La confabulación del estilo?  

De acuerdo, de momento lo ponemos entre interrogantes.

El estilo es la transparencia, o al menos la sensación de cierta transparencia, como una ventana con los cristales recién limpios, o casi como no tener estilo

El estilo es la transparencia, o al menos la sensación de cierta transparencia, como una ventana con los cristales recién limpios, o casi como no tener estilo.

¿Cómo que casi? ¿Puede una página carecer de estilo? 

¿Hablamos de hechos o de sensaciones?

Conozco a una que afirma desplegar el estilo literario más desaliñado y natural que se haya ofrecido a leer jamás, y cuando intento leerla me frena la soberbia. 

Mientras haya frase habrá estilo.

Yo aún no he intervenido, dejadme estas líneas por favor.

El estilo es una falacia, una pantomima, un aura que las mentes empresariales aseguran que es parte esencial de la obra de Tal Celebridad para hacer caja.

Qué tonterías. El estilo es algo más etéreo y poético, como caer de pie en el abismo.

¿Se puede adoptar el estilo Isabel Allende? 

¿Te refieres al estilo que asegure las preventas?

¿El mejor estilo puede estar mal escrito?

No hay mejor ni peor estilo, ni un estilo bueno o malo que pueda analizarse al margen de la escritura. Al respecto deberíamos asimilar las enseñanzas de Luis Magrinyà. Yo diría que la primera obligación de un lenguaje literario es no molestar. (Estilo rico, estilo pobre. Claves para expresarse y escribir mejor, de Luis Magrinyà. Nueva edición con prólogo de Jose Antonio Pascual, de la Real Academia Española, Debate, 2022)

¿Podríamos incluir esto que según duckduckgo, navegador que se estila menos, dijo Ricardo Piglia? 

El estilo no es otra cosa que la convicción de que se tiene un estilo.

Como una forma de depuración, siempre quise escribir algún día sin mi estilo natural. El estilo, incluso propio, es un obstáculo que debe ser superado. Yo no quería mi modo de decir. Sólo quería decir. Dios mío, apenas quería decir.

Y lo que escribiera sería el destino humano en su punzada mortal. La punzada de ser esplendor, miseria y muerte. La humillación y la podredumbre perdonadas porque forman parte de la carne fatal del hombre y de su modo equivocado en la tierra. Lo que escribiera sería el placer dentro de la miseria. Es mi deuda de alegría para un mundo que no me es fácil. (Descubrimientos. Crónicas inéditas, Clarice Lispector, Adriana Hidalgo) 

Pues yo sigo creyendo en el camino, el estilo es hacia dónde se va.

¡Pum! La humanidad carece de estilo, se ha cargado el planeta que la ha acogido.

[En el Aula 2 se ha creado un silencio lispectoriano, pletórico de felicidad clandestina. Una de las mellizas ha mirado la hora. Apenas quedan cinco minutos para que finalice esta tortura que parece un desfile de ocurrencias. ¿Y tú, qué opinas?, le pregunta Calamidad. Dale al teclado si quieres matrícula de honor.]

Me gustaría una página que no desperdiciara nada en su transmisión del mapa de las emociones. Que no nos hiciera perder el tiempo con ejercicios como el que nos ocupa, y nos contara con la máxima fidelidad el funcionamiento del corazón humano.

No sé si te comprendo, hoy se aboga mucho por llevar un estilo de vida sana para que el corazón se resienta lo mínimo de cuanto pudiera interferir en las constantes cardíacas. Hay que sonreír. Tener o al menos aparentar cierto éxito presencial o en redes. Saber vender. Algunos ingresos. 

Pues yo contra eso disparo: El estilo como arma cargada de futura tradición patriarcal desmantelada. 

Vayamos anotando aquí abajo ideas sueltas que desarrollaremos más adelante.

Antiestilo contraestilo estilográfica stillum estulticia estilopecuaria

estilo libre

A veces parece que esta pantalla blanca escribe lo que quiere, será porque tiene el diccionario incorporado

Estilo desigual, manual, artesanal. Estilo rizado. Esponjoso. Barroco. Neodigital.

estilo depurado, liso, alambicado, aromatizado, bosquimano.

El estilo sin adjetivos, en el que los verbos con sus poliarticulaciones lleven alas, motores, ruedas, pedales, remos, cuerdas, cualquier palabra con la que realizar las acciones simultáneas que escritas en líneas van conduciendo, dirigiéndonos a costas extrañas, perfiles de geografías por redescubrir.

El estilo de la imprudencia de algunas que ya no están, quienes vivieron creyendo que escribir era como producir cerámica bonita de la que se mira pero no se toca. 

¿Algo que se lee y que no sirve para nada? 

Esa sobrevalorada inutilidad del arte; deberíamos suspenderla.

¿Qué pasaría por esas cabezas?  

Ese era el estilo de la época.

El estilo ¿soy yo?, pregunta la época individualista, sin amor romántico, el final del amor.

El estilo de pulverizar cualquier aseveración sobre el yo; yoyó, yoísta, yoismos, antes de comenzar a escribir. 

Reconocer a cada instante de lectura, de escritura, que no somos nada más que tramos de los discursos que vamos capturando con nuestras capacidades cognitivas

El estilo de reconocer a cada instante de lectura, de escritura, que no somos nada más que tramos de los discursos que vamos capturando con nuestras capacidades cognitivas, somos lo que vamos siendo capaces de captar; también, lo que nos va alcanzando con mayor o menor caladura a través de los sentidos, unos más desarrollados, otros más narcotizados. Somos apenas eso y unas cuantas letras que nos acompañan en el viaje hasta la tumba con o sin nombre.

Ya lo tengo, perdón si interrumpo al pensamiento previo que parece más elevado: ¿el estilo podría ser la excelencia sobrecogedora?

¿Y qué decir de las últimas intervenciones de la Ministra de igualdad, Irene Montero?

Eso, dejemos de hablar de rizos y rizomas abtracciones y comentemos los discursos del Congreso, en los que predomina el estilo grandilocuente-bipolar- televisivo-subrepticio-amoral; nunca el telegráfico eficaz. Corregidme si me equivoco. Siempre hay errores.

En esta pantalla donde escribimos vemos en la barra superior la opción Estilos. Hay tantos estilos posibles como se puedan formatear con el teclado. Al desplegar la herramienta Estilos nos sorprenden: Cuerpo de texto Título general Subtítulo Título Uno… y siguen veinte líneas por comprender. A la izquierda de Estilos pone Formato, en singular. A la derecha, Formulario, luego Herramientas. Ventana. Ayuda.

¿Y esta opción para qué sirve? 

Error 20:30 Sesión finalizada

DEL INFORME CONFIDENCIAL br/22 para la academia:

Las encuestas de calidad realizadas con carácter anónimo indican que la profesora Calamidad imparte clase con un estilo nervioso y balbuciente en un noventa y ocho por ciento y al alza. En más de una ocasión la docente ha adoptado el estilo grandilocuente,...

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Autora >

Natalia Carrero

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