1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

  281. Número 281 · Febrero 2022

  282. Número 282 · Marzo 2022

  283. Número 283 · Abril 2022

  284. Número 284 · Mayo 2022

  285. Número 285 · Junio 2022

  286. Número 286 · Julio 2022

  287. Número 287 · Agosto 2022

  288. Número 288 · Septiembre 2022

  289. Número 289 · Octubre 2022

  290. Número 290 · Noviembre 2022

  291. Número 291 · Diciembre 2022

  292. Número 292 · Enero 2023

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

fascismo

¿La llama sigue ardiendo?

Si bien las extremas derechas actuales no son fascistas en un sentido clásico, hay estéticas en juego y conexiones con el pasado que reactualizan ciertos fantasmas de antaño

Edgar Straehle (NUSO) 12/01/2023

<p>Éric Zemmour, Giorgia Meloni y Viktor Orbán, líderes europeos de extrema derecha. </p>

Éric Zemmour, Giorgia Meloni y Viktor Orbán, líderes europeos de extrema derecha. 

Luis Grañena

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

El espectro del fascismo parece vagar de nuevo con una gran fuerza en la actualidad. La victoria electoral de Giorgia Meloni en Italia ha revitalizado los miedos del pasado, pero también ha reabierto el debate sobre hasta qué punto el proyecto político que ella encabeza puede ser realmente tachado de “fascista”. Al respecto, es sintomático observar las discrepancias terminológicas entre los expertos en el tema. Por ejemplo, Steven Forti se ha referido recientemente a Hermanos de Italia como una forma más de extrema derecha 2.0, algo que ha ampliado a otros partidos europeos en su libro Extrema derecha 2.0. Un pensador como Enzo Traverso, siguiendo lo que ya había expuesto en su libro Las nuevas caras de la derecha, ha preferido hablar en términos de “posfascismo”1, y en esta línea se ha movido también Alba Sidera, autora de Feixisme persistent. En cambio, Paolo Flores d’Arcais ha descrito a Meloni incluso como una “exneoposfascista”, mientras que Daniel Vicente Guisado y Jaime Bordel Gil, siguiendo la terminología de Cas Mudde, han utilizado en Salvini & Meloni. Hijos de la misma rabia el concepto de “derecha radical”. Más allá del caso italiano, Federico Finchelstein ha empleado en varias ocasiones el término “neofascismo”, como en su libro Del fascismo al populismo en la historia, mientras que Joe Biden se refirió hace poco al trumpismo como una forma de “semifascismo”. Respecto de este tema, se podría llegar a decir incluso que hay más problemas con la denominación que con el análisis, en muchos aspectos concordante.

Ciertamente, la cuestión terminológica no es fácil de resolver. Para empezar, porque el término “fascista” no es solo descriptivo, sino que, empleado en general como insulto, es más bien valorativo y condenatorio, lo que explica que muchas veces haya sido utilizado de manera exagerada (y contraproducente). En segundo lugar, la diseminación de los marcos de extrema derecha ha contribuido a desplazar la ventana de Overton, ha ayudado a la polarización política actual y ha propiciado a su vez que los discursos de las derechas convencionales se hayan radicalizado, con lo que algunas retóricas que hace años se consideraban extremas ya no lo parecen tanto e incluso se han “normalizado” en la esfera pública. Por otro lado, los fascismos, posfascismos, parafascismos o extremas derechas actuales no dejan de albergar importantes particularidades, desemejanzas, contradicciones e incluso conflictos entre sí, razón por la que también se ha distinguido muchas veces el “posfascismo” del “neofascismo”. Eso sucede asimismo en partidos geográficamente cercanos, pero no poco distintos y enfrentados en otros aspectos, como la Liga de Salvini y Hermanos de Italia (FdI, por sus siglas en italiano) de Meloni o Reagrupamiento Nacional de Marine Le Pen y La Reconquista de Éric Zemmour. 

Finalmente, no se debe olvidar que entre la extrema derecha actual y el fascismo histórico de hace un siglo hay no pocas diferencias. Por supuesto, eso también incluye la relación entre FdI y el régimen de Mussolini. Y no por ello se puede pasar por alto que entre ambos hay asimismo bastantes continuidades. Para empezar, es sabido que FdI desciende del partido neofascista Movimiento Social Italiano (MSI formación cuyo acrónimo, según se comentaba, no quería decir otra cosa que “Mussolini sei immortale” [Mussolini, eres inmortal]. Además, y aunque Meloni sobre todo ha criticado la deriva de Mussolini a partir de 1938, incluido su viraje antisemita, en múltiples ocasiones ella misma ha apelado elogiosamente al recuerdo del quizá más conocido y representativo dirigente del MSI Giorgio Almirante, quien formó parte activa del gobierno de la fascista República de Saló y firmó documentos como el “Manifiesto de la raza” (1938). Por añadidura, el mismo escudo de FdI ha decidido mantener la controvertida fiamma tricolor del MSI, gran símbolo del neofascismo. Al respecto, resulta curioso que el laudatorio libro Giorgia Meloni. La rivoluzione dei conservatori [Giorgia Meloni. La revolución de los conservadores], de Francesco Giubilei, prologado en la traducción española por el dirigente del partido español Vox Jorge Buxadé, concluya con la frase “la llama sigue ardiendo y el testigo para el relevo está en manos de Giorgia Meloni”2.

Por otro lado, se puede recordar la controvertida propuesta de Meloni de cambiar el día nacional de Italia para que no siga teniendo lugar el 25 de abril, cuando se celebra la victoria contra el fascismo. Su propósito, explica, es evitar la celebración de una fiesta nacional divisoria. Como en otras ocasiones, la no condena del fascismo no se hace desde una defensa explícita de este, sino indirectamente, y en la línea del historiador Ernesto Galli della Loggia y su libro La morte della patria [La muerte de la patria] (1996), desde la apelación a una concordia y una unidad que deben ser salvaguardadas. En casos semejantes, pues, lo que oficialmente se pone en escena no es una retórica fascista sino más bien una antiantifascista. Otro caso conocido es el del famoso lema “Dios, patria y familia” de Meloni, esgrimido en su momento por Mussolini, si bien la política romana ha preferido reivindicarlo en público desde la más lejana y menos polémica memoria del nacionalista italiano Giuseppe Mazzini y así promover lo que se ha llamado un “patriottismo risorgimentale” [patriotismo del Risorgimento]3.

El término “fascista” no es solo descriptivo, sino que, empleado en general como insulto, es más bien valorativo y condenatorio

Este tipo de gestos han sido una constante en los partidos de extrema derecha y pueden ser leídos como guiños a sus simpatizantes más fieles que, frente a las acusaciones de ser fascistas, se refugian en su misma indefinición o inocuidad. De ahí probablemente que el líder de Vox Santiago Abascal recordara a José Antonio Primo de Rivera en el reciente Viva 22 o que en la edición del año pasado hiciera referencia al “imperio solar” español. Todo eso ayuda a explicar que se acuse a este tipo de formaciones de ser posfascistas, neofascistas, parafascistas o criptofascistas. En especial, ocurre ahora con FdI, dado que no pocos de sus miembros, incluido el nuevo presidente del Senado Ignazio La Russa y al menos una joven Giorgia Meloni, han mostrado de diversas maneras sus lazos emocionales con la memoria de Mussolini. De todos modos, eso no ha impedido que Meloni no solo rechace categóricamente la etiqueta de fascista, sino que tache con gran facilidad de totalitario o comunista a cualquier enemigo político. Un gesto frecuente en las extremas derechas actuales es que, del mismo modo en que procuran desdemonizar y normalizar la propia postura política –algo que, como ha señalado Sidera, ha sido posible gracias a dirigentes italianos de otras formaciones–, se demonizan las posiciones antagonistas. De hecho, la dirigente de FdI se ha servido no pocas veces y con provecho de la acusación de fascista para remarcar que esta palabra se arroja directamente contra todos aquellos que no sucumben a la “dictadura del pensamiento único”, lo que también ha utilizado para cincelar su imagen de transgresora. Para ello, además, con frecuencia pone como iguales o cómplices a todos sus rivales. De ahí que afirmara que “la izquierda es hoy el brazo político de las grandes concentraciones económicas y de las multinacionales” o que, en su contribución al libro I communisti lo fanno meglio4 [Los comunistas lo hacen mejor], describiese a los comunistas como “perros guardianes del sistema” (y por su “ideología ciega” los equiparase al islam). En una línea semejante, ya hace tiempo que desde la extrema derecha se ha promovido de manera eficaz en Francia un término peyorativo como el de “islamoizquierdismo” (islamo-gauchisme), mientras que desde Vox se hizo algo semejante con el de “yihadismo de género”. Otras palabras o expresiones empleadas recurrentemente en la actual “guerra cultural” son “woke”5, “cultura de la cancelación”, “buenismo” (la palabra buonismo se usa con gran frecuencia en Italia) e incluso “feminazismo”.

Ya en 2014 Viktor Orbán consideró a Hungría como un Estado democrático pero “iliberal”. 

Por ello, y con excepción de figuras como Matteo Salvini, que deliberadamente se ha llegado a presentar como alguien que no es de izquierda ni de derecha con el fin de buscar una alternativa al eje ideológico tradicional, no es extraño que estas formaciones no se describan como fascistas o de extrema derecha, sino más bien como una nueva y al mismo tiempo auténtica derecha, patriota y no “cobarde”. Un caso revelador es el de Viktor Orbán, quien ya en 2014 consideró a Hungría como un Estado democrático pero “iliberal”. Otro buen ejemplo lo personifica Meloni, quien ha retratado a su propio partido como conservador, pero que al mismo tiempo subraya que el conservadurismo siempre debe ser identitario y nacionalista. En este contexto, la dirigente italiana ha reivindicado sin cesar a un gran referente intelectual del conservadurismo, Roger Scruton, como una de sus principales fuentes de inspiración. No es extraño. Se trata de un filósofo encomiado asimismo por Orbán, quien le entregó la medalla de la Orden del Mérito de la República de Hungría, lo calificó como un defensor del país magiar y afirmó de él que “hemos aprendido de nuestro querido profesor que el conservadurismo es cualquier cosa menos una ideología; de hecho, es el antídoto de la ideología”. Este acercamiento público de las extremas derechas a Scruton se puede extender a otros políticos contemporáneos, desde Jair Bolsonaro hasta Santiago Abascal, quien ha escrito un encomiástico prólogo para la edición española del libro Filosofía verde de Scruton. Otro caso a resaltar es el de Thierry Baudet, líder del partido holandés Foro para la Democracia (FVD, por sus siglas en neerlandés), de extrema derecha, y que ha escrito una tesis doctoral (traducida al inglés como The Significance of Borders [La importancia de las fronteras]) dirigida por el propio Scruton. 

No hay que olvidar que un característico aspecto del fascismo es tanto el carácter proteico de sus contenidos –muchos de los cuales se pueden presentar en caso oportuno desde un marco conservador– como su peculiar estilo, uno mucho más radical, agresivo, “políticamente incorrecto” y, en ocasiones, incluso pretendidamente revolucionario. Un estilo que por ello se empapa de la retórica amigo/enemigo y teatraliza una victimista amenaza existencial por la que enfoca la propia acción política como una defensiva e imperiosa reacción frente a la agresiva “reacción de los otros”. En esta línea, Meloni exclamó que “para ellos todo lo que nos define es un enemigo. Es el juego del pensamiento único: tienen que quitarnos todo lo que somos, porque cuando ya no tengamos identidad y no tengamos raíces, seremos inconscientes e incapaces de defender nuestros derechos”. Otro ejemplo de este estilo es este discurso de febrero de 2022, cuando denunció que:

“Vivimos en una época en la que todo lo que defendemos está siendo atacado: nuestra libertad individual está siendo atacada, nuestros derechos están siendo atacados, la soberanía de nuestras naciones está siendo atacada, la prosperidad y el bienestar de nuestras familias están siendo atacados, la educación de nuestros hijos está siendo atacada. Ante esto, la gente entiende que en esta época, la única forma de ser rebelde es conservar lo que somos, la única forma de ser rebelde es ser conservador (...). No teman a la verdad, amigos míos. Como escribió el gran autor conservador Gilbert Keith Chesterton: ‘Se encenderán fuegos para atestiguar que dos y dos son cuatro. Se desenvainarán las espadas para demostrar que las hojas son verdes en verano’. Ha llegado el momento de esa batalla. Pero nos encontrarán listos para la batalla”. 

Abascal destacó en su momento que “la política es la guerra”

Esto puede ayudar a explicar que Io sono Giorgia [Yo soy Giorgia], la “autohagiografía” recientemente escrita por Meloni6 concluya con una frase en la que esta se presenta como un soldado en la batalla contemporánea, o que en la mencionada monografía que le dedicó Giubilei se haga énfasis en la revolución conservadora y se mencione a pensadores como Moeller van den Bruck, Heidegger o Jünger. Por su parte, Abascal ya destacó en su momento que “la política es la guerra”. Esta agresividad, respaldada en caso necesario por distintas formas de violencia digital, no es un aspecto menor, pues contribuye a una polarización extrema, no ya solo política sino también social, por la que se intenta forjar una especie de mundo sustitutivo, uno homogéneo y acorazado frente a la crítica exterior e incluso a los datos de la realidad.

Por esa razón, del mismo modo que Enzo Traverso planteó que la palabra “populista” debía ser quizá más entendida como adjetivo que como sustantivo, podríamos preguntarnos si algo semejante debería suceder con el término “fascista”. En este contexto, es oportuno recuperar un fragmento de la entrevista realizada a Ferran Gallego en el libro Salvini & Meloni. Cómo la derecha radical conquistó la política italiana, de Daniel Vicente Guisado y Jaime Bordel Gil, en el cual se refiere a la síntesis que el fascismo logró entre orden y rebeldía:

“Es como una especie de revolución conservadora. Son partidos que votan contra el divorcio, pero se autodenominan alternativa al sistema. Se ubican en el campo del conservadurismo católico moral, pero dicen ser alternativa. Esta es la aparente contradicción. El fascismo fue siempre un gran constructor de síntesis. De transversalidades. Entre lo tradicional y lo revolucionario. Entre los mitos nacionales y los mitos paneuropeos. Anticapitalista y anticomunista. Representativo de los valores de clases medias y al mismo tiempo movilizador y crítico con la burguesía desde un punto de vista moral. Todo esto lo sintetizaba el fascismo. Su clave era sintetizar distintos grupos sociales, aspiraciones que deben confluir en una gran mayoría social”7.

Independientemente de cómo se las quiera llamar, las nuevas extremas derechas coquetean muchas veces con este estilo fascista; uno que crece en la actualidad gracias a la proliferación masiva e incesante de fake news, hate news, teorías de la conspiración y “hechos alternativos” (por emplear la famosa expresión asociada al gobierno de Donald Trump) en las respectivas redes; uno que se presenta continuamente desde un marco transgresor e incluso antisistema; y uno que sabe navegar en medio de aparentes contradicciones desde donde se busca una dimensión transversal que al mismo tiempo tenga la capacidad de contrarrestar e incluso caricaturizar las mismas acusaciones de fascista. De ahí que muchas veces se defienda que el fascismo, en especial si se observa desde una óptica transnacional, en rigor no tiene una ideología propia. De hecho, y como se ha visto antes, Orbán ensalzó su conservadurismo desde esa ausencia de ideología. Por su parte, también Meloni se ha presentado como alguien libre de ideologías, y un pensador cercano como Renato Cristin la ha retratado precisamente como una política antiideológica. De hecho, en las Tesis de Trieste, el documento programático e “ideológico” más importante hasta el momento de FdI, la formación italiana no solo se presenta y retrata públicamente desde una firme defensa de la tradición y de la identidad, y cita como referentes a figuras tan distintas como Garibaldi, Ludwig von Mises, Hans-Georg Gadamer, Jean-Paul Sartre, Charles de Gaulle, Éric Zemmour, Jean Raspail, Renato Cristin, Filippo Marinetti, Joseph de Maistre o Giovanni Gentile, sino que la palabra “ideología” siempre es empleada de manera peyorativa. 

Sin embargo, también se debe decir que a la hora de la verdad sí se puede observar la existencia de una ideología subyacente común y mucho más concreta; una en la cual se observa además una gran continuidad con la del fascismo de hace un siglo. Me refiero a lo que podríamos llamar una “ideología negativa”, donde aquello importante no es tanto lo que se es y por lo que se lucha como lo que no se es y contra lo que se lucha. Y es que en buena medida las nuevas extremas derechas descuellan por ese carácter anti. Si ya historiadores como Zeev Sternhell recalcaron que se debía entender el fascismo del pasado como una lucha cultural contra el legado de la Ilustración y el de la Revolución Francesa, se debe añadir que, mutatis mutandis, una lucha semejante es la que se quiere plantear en el presente. Y ese mutatis mutandis se explica por la actualización de esa tradición contra la que se lucha y, por ejemplo, el papel que en estas retóricas desempeñan fenómenos ahora centrales como el islam, Mayo del 68, el feminismo, la teoría queer o inmigrantes contra quienes se han lanzado teorías de la conspiración como la del “gran reemplazo”, popularizada por Renaud Camus (si bien su origen se remonta a Jean Raspail) y muy utilizada por Orbán, Salvini o Marine Le Pen. En la misma línea se han promovido palabras relacionadas como la alemana Umvolkung[inversión étnica]. Como se sabe, otra de las teorías de la conspiración más socorridas, flexibles y transversales es la centrada en la figura del magnate y financista judío George Soros.

Así pues, y en continuidad con los aspectos señalados por Ferran Gallego en el pasaje antes citado, hay que tener en cuenta que el estilo fascista también se caracteriza por querer hacer una síntesis pragmática entre el pasado y el presente. Del mismo modo que en el último siglo los contextos han cambiado, incluidos los problemas y los contendientes políticos, desde la tradición fascista también se entiende que las respuestas o los planteamientos pueden tener que ser otros. 

No hay que olvidar tampoco que, en países como Italia o Alemania, el fascismo histórico fracasó estrepitosamente 

Además, no hay que olvidar tampoco que, en países como Italia o Alemania, el fascismo histórico fracasó estrepitosamente y que en el camino llegó a extremos intolerables incluso para no pocos neofascistas. De ahí que las reivindicaciones de Benito Mussolini no hayan sido totales ni acríticas en muchos casos y que se prefiera detenerlas en 1938 o 1940, antes de su giro antisemita o de su entrada en la Segunda Guerra Mundial. En Francia, la extrema derecha, más que reivindicar al régimen colaboracionista de Vichy, ha luchado por desdemonizar su memoria y, por ejemplo, por sustraerle su cuota de responsabilidad en el Holocausto. Una de las posiciones más radicales en esta línea, luego matizada, fue la que se observó en Polonia, donde se promulgó una ley mordaza en 2018 para perseguir a los historiadores que desafiaran la versión oficial del gobierno sobre el exterminio judío, que achacaba a los nazis alemanes el monopolio de la culpa y absolvía completamente a los polacos. Una retórica semejante se cultiva en Hungría, donde Orbán ha reivindicado la memoria del almirante Miklós Horthy y, mientras se quiere describir a los húngaros como víctimas, héroes o al menos inocentes, también se considera a los alemanes como los únicos culpables del Holocausto. En cambio, en un país marcado por un pasado tan difícilmente reivindicable y digerible como Alemania, se ha cargado contra el llamado Schuldkult [culto a la culpa] y se han buscado marcos alternativos que, en lugar de centrarse en el pasado nacionalsocialista, dejen de considerarlo como un elemento fundamental a la hora de enfocar el pasado germano. De ahí, por ejemplo, que Alexander Gauland, siendo líder de Alternativa para Alemania (AfD, por sus siglas en alemán), proclamara que “Hitler y los nacionalsocialistas son solo una caca de pájaro [Vogelschiss] en 1.000 años de exitosa historia alemana”. Finalmente, en España se ha preferido apelar de manera pragmática a un pasado más lejano, como el del Imperio español, y defender su memoria frente a una elástica “leyenda negra”, supuestamente fomentada por el hispanófobo extranjero y asimismo blandida por la “Antiespaña”. Estas iniciativas nacionalistas coinciden en cómo se pretende establecer una complicidad entre el “enemigo exterior” y el “interior”.

Todo esto evidencia que los vínculos con el pasado no se pueden explicar exclusivamente desde la nostalgia. Personalmente, y porque esa relación que se establece es pragmática y no literal, y más presentista que pasadista, prefiero hablar de melancolía, como lo he analizado en detalle para el caso español8 En mi opinión, y siguiendo reflexiones como las de Traverso en Melancolía de izquierda9, la gran diferencia entre ambos conceptos residiría en que la nostalgia pone el pasado en el centro, mientras que la melancolía, siendo consciente de que ese pasado es irrecuperable y no siempre del todo deseable, lo utiliza de manera pragmática para intentar transformar el presente. En otras palabras, lo que se hace entonces no es tanto subordinar el presente al pasado, sino más bien al revés. En esta línea, resulta oportuno recordar que Meloni misma se ha posicionado explícitamente en contra de la nostalgia y ha escrito en Io sono Giorgia que “siempre habíamos sido inmunes a un cierto pasadismo [torcicollismo], a ese folclore nostálgico que hacía el juego a nuestros adversarios. De hecho, lo habíamos combatido, porque sabíamos que con la nostalgia nunca íbamos a construir nada”10.

Elementos como estos ayudan a comprender que el fascismo del siglo xxi no es o no será como el del siglo xx y también cómo se pueden ponderar las continuidades y las discontinuidades. Eso también explica la problemática cuestión terminológica abordada al principio; tachar de fascistas a estos movimientos puede parecer demasiado, y no hacerlo, demasiado poco. Por ello, convendría no perder nunca de vista el pasado fascista, uno rememorado en la actualidad incluso con peregrinajes populares como los que se hacen a Predappio para honrar la memoria de Mussolini, pero mucho menos olvidar que las nuevas extremas derechas son un fenómeno político del presente y para el presente que en gran medida, gracias a su exitosa manera de consolidarse y eternizarse en el poder, se inspiran en la exitosa estrategia de otros referentes contemporáneos como Orbán y la Hungría iliberal.

—---------------

Notas: 

1. Pablo Pillaud-Vivien: “Meloni n’a pas rompu le cordon ombilical qui la relie au passé fasciste” en Regards.fr, 29/9/2022.

2. F. Giubilei: Giorgia Meloni. La mujer al frente del partido revelación de Italia, Homo Legens, Madrid, 2021.

3. F. Boezi: Fenomeno Meloni. Viaggio nella “Generazione Atreju”, Gondolin, Verona, 2020, p. 21.

4. Luciano Tirinnanzi (ed.): I communisti lo fanno meglio. Le confidenze sul pci dei protagonisti della politica e della cultura italiana, Paesi, Roma, 2021.

5. Las palabras woke y wokeness proceden originalmente de la jerga política afroestadounidense, en la que son en cierto modo equivalentes al término “concientización”. Su uso polémico y peyorativo contra la izquierda y los movimientos sociales progresistas se ha extendido como un reguero de pólvora en EE.UU. desde alrededor de 2020, antes de ser importado masivamente en otros países [n. del e.].

6. G. Meloni: Io sono Giorgia. Le mie radici, le mie idee, Mondadori, Milán, 2021.

7. Apostroph, Barcelona, 2021, p. 248.

8. E. Straehle: “Melancolía imperial y Leyenda Negra en el paisaje español actual” en Jerónimo Zurita No 99, 2021.

9. E. Traverso: Melancolía de izquierda. Después de las utopías, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2019.

10. G. Meloni: ob. cit.

—------------------------

Este artículo se publicó originalmente en la revista Nueva Sociedad

El espectro del fascismo parece vagar de nuevo con una gran fuerza en la actualidad. La victoria electoral de Giorgia Meloni en Italia ha revitalizado los miedos del pasado, pero también ha reabierto el debate sobre hasta qué punto el proyecto político que ella encabeza puede ser realmente tachado de “fascista”....

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Edgar Straehle (NUSO)

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí