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IMPERIOS COMBATIENTES

Una demencia europea

El envío de tanques alemanes a Ucrania, apoyado por verdes y liberales germanos, supondrá un paso más hacia un conflicto mayor

Rafael Poch 18/01/2023

<p>Tanque de batalla Leopard 2A5 durante una demostración.</p>

Tanque de batalla Leopard 2A5 durante una demostración.

CC

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Hace treinta años Alemania se reunificó gracias al buen sentido y a la generosidad de Moscú. Treinta años después, los hijos políticos de Helmut Kohl y nietos de quienes invadieron la URSS en 1941 están debatiendo el envío de tanques alemanes a luchar contra Rusia. Y el combate será en Ucrania, uno de los principales escenarios de la gran matanza desencadenada entonces por Alemania.

Leopard se llaman ahora esos tanques que marcharán sobre las roderas dejadas años atrás por aquellos Tiger y Panther, sobre los huesos de más de veinte millones de “subhumanos” (Untermenschen) soviéticos. Si aquel octubre de 1990, en medio de los fastos de la reunificación, alguien hubiera dicho que, en una generación, tanques alemanes volverían a pisar esa tierra, le habrían tomado por demente. Pero eso es, precisamente, lo que va a decidirse el 20 de enero en la base de Ramstein (Alemania), donde se reunirá el llamado Grupo de contacto de Ucrania, bajo la batuta de Estados Unidos.

Como los Leopard son alemanes, el Gobierno alemán es quien decide si los tanques que en su día vendió a sus socios europeos pueden transferirse o no a Ucrania. “Denegarlo sería un acto inamistoso tanto hacia Polonia como hacia Ucrania”, se lee en el diario Handelsblatt.

El Gobierno alemán es quien decide si los tanques que en su día vendió a sus socios europeos pueden transferirse o no a Ucrania

Verdes y liberales de la coalición de gobierno exigen la luz verde al envío de tanques. La presión política, mediática e internacional es intensa e irresistible para el timorato canciller socialdemócrata, Olaf Scholz.

“La conducta rusa en la guerra se parece en muchos lugares a la guerra de aniquilación de las SS y la Wehrmacht contra la Unión Soviética”, dice el político verde Jürgen Trittin. “Es una guerra de aniquilación como la practicada por la Alemania hitleriana sobre suelo soviético y especialmente ucraniano entre 1941 y 1944”, coincide su colega democristiano Roderich Kiesewetter. Los lobistas de las empresas de armas están desatados. El exembajador y expresidente de la Conferencia de Seguridad de Múnich, Wolfgang Ischinger, uno de los más notorios, pide organizar una “economía de guerra” en Alemania.

“Ucrania dispara tanta munición en un día como la que producimos aquí en medio año, hay que tomar la iniciativa y pedir a las empresas europeas de armamento que produzcan más armas y municiones, no se trata solo de suministrar tanques, se trata de munición para artillería, misiles, drones, sistemas de defensa antiaérea y mucho más, pero necesitamos prioridades políticas para que la industria tenga directrices”, dice.

Lo exige también el Parlamento Europeo que, a iniciativa de los verdes, pide a Scholz la creación de un consorcio de países que disponen de Leopard en sus ejércitos para enviarlos a Ucrania. “Lo piden Finlandia y Polonia”, explica el eurodiputado verde Reinhardt Bütikofer, y no se trata de mandar unos pocos tanques, sino de “un apoyo a Ucrania que determine un cambio cualitativo de la situación en el campo de batalla”.

El Parlamento Europeo, que el 6 de octubre ya pidió el envío de tanques pesados a Ucrania, exige, simple y llanamente, una victoriosa batalla de tanques contra Rusia en Ucrania. ¿Los hijos de Kohl y nietos de quienes fueron derrotados en Stalingrado, que conforman el gobierno de coalición alemán, mandando de nuevo tanques a disparar contra los rusos? Esta gente ha perdido toda memoria y mesura. Punto final y definitivo a la responsabilidad histórica de Alemania. Pero hay algo aún más grave.

Lo que se está abriendo paso en Europa es una pura demencia. ¿Se han vuelto locos? Para comprender la pregunta es necesario explicar el “plan de batalla” histórico de la OTAN en Europa durante la Guerra Fría.

Como la URSS tenía superioridad numérica convencional, el plan soviético en caso de guerra era “llegar al paso de Calais en 48 horas” con una masiva oleada de tanques de las tropas del Pacto de Varsovia estacionadas en primera línea. Para frenar eso y dar tiempo a que los americanos desembarcaran sus refuerzos en el continente, el plan occidental era utilizar las armas nucleares tácticas contra la masa blindada del adversario. Dichas armas fueron inventadas por Estados Unidos a finales de los años cincuenta, primero como bombas nucleares y más tarde como munición nuclear de artillería y misiles, y desplegadas en Europa. Moscú siguió aquella estela, siempre con retraso, de la misma forma en que haría con otros inventos americanos (el misil intercontinental, los submarinos y la aviación estratégica, los misiles con cabezas múltiples, la militarización del espacio, etc.) y hoy tiene unas 1.900 armas nucleares tácticas. ¿Qué haría Rusia si se ve desbordada por la gran ola victoriosa de modernos tanques occidentales que exige lanzar contra ella el Parlamento europeo? Con su habitual cinismo, los comentaristas y expertos que desfilan por la tele rusa no se esconden: si se limitan a enviar unas decenas de tanques, la medida será anecdótica, pero si el suministro fuera masivo, Rusia hará lo mismo que los occidentales planeaban para evitar ser arrollados por los tanques del Pacto de Varsovia durante la Guerra Fría, dicen. Con tanques alemanes disparando de nuevo contra rusos, se confirmaría, además, la dudosa analogía histórica manejada por el Kremlin, una nueva “gran guerra patriótica” con la que la élite rusa galvaniza a su población. ¿Se entiende en Occidente lo que todo esto significa?

El Parlamento Europeo exige, simple y llanamente, una victoriosa batalla de tanques contra Rusia en Ucrania

El presidente Biden descartaba en marzo, por ese motivo, cualquier suministro a Ucrania de armas ofensivas. “La idea de que vayamos a enviar equipo ofensivo a Ucrania, con aviones y tanques, pilotos y tripulaciones americanas se llama tercera guerra mundial”, dijo entonces. En mayo, el mismo Biden escribía en The New York Times que “no estamos animando o posibilitando a Ucrania para que ataque más allá de sus fronteras”. Y todavía en junio el presidente francés, Emmanuel Macron, confirmaba: “No vamos a entrar en guerra, así que hemos decidido no suministrar ciertas armas, entre ellas aviones de caza o tanques”. Siete meses después la situación ha cambiado radicalmente: “No estamos diciendo a Kiev: ‘No ataques a los rusos’ (fuera de tu territorio)”, ponía el Times de Londres en boca de un portavoz del Gobierno americano. De momento van a enviar tanques, luego, ¿por qué no?, aviones y misiles, y al final soldados, dice la diputada alemana de Die Linke, Sevim Dagdelen, según la cual “el envío de armas es el tíquet de entrada en la guerra, el billete para la tercera guerra mundial”.

Para que Ucrania “gane” esta guerra y recupere Crimea, hace falta que la OTAN entre en guerra. Eso es precisamente lo que quiere el gobierno de Kiev, y los polacos, y los bálticos.

“Los ucranianos no quieren ningún alto el fuego, eso solo fortalece a los rusos, el envío de modernos sistemas de misiles y tanques es la precondición para un armisticio”, escribe la diputada ucraniana Inna Sovsun, en una columna de Die Welt. Los lobistas del negocio de las armas le quitan hierro al asunto: “Al suministrar tanques a una nación atacada, nadie se convierte en partícipe de la guerra; según el derecho internacional (…) el miedo a los riesgos de escalada no debe convertirse en una especie de temerosa autodisuasión”, dice Ischinger. El exembajador alemán y lobista de la industria militar no cree que sea necesario integrar a Ucrania en la OTAN. Con la ayuda militar occidental que ha venido recibiendo, “especialmente de Estados Unidos y del Reino Unido desde 2014, Ucrania será, con mucho, la potencia militar mejor entrenada, mejor equipada y más fuerte de Europa”, pronostica. “Ucrania está bien encaminada en ese sentido”, constata. Pero, ¿va a consentir Rusia eso? ¿Se va a conformar, no ya Putin sino cualquier dirigente ruso, con la perspectiva de tener una Ucrania convertida por Occidente en “la potencia militar más fuerte de Europa” y enfocada contra ella junto a su frontera? ¿No justificó su invasión de Ucrania el año pasado alegando precisamente eso?

Mientras, nadie habla de negociación, el mensaje de que no hay que tenerle miedo a la escalada, e incluso de que esta es la ruta hacia la paz, se abre paso con demencial vigor. “La mejor manera de evitar la confrontación con Rusia en el futuro es ayudar a Ucrania a rechazar ahora al invasor”, coinciden el ex secretario de Defensa Robert Gates y la ex secretaria de Estado Condoleezza Rice, en su tribuna en The Washington Post del 8 de enero.

Erich Vad es un ex general de brigada que, entre 2006 y 2013, fue asesor de política militar de la canciller alemana Angela Merkel. En una entrevista publicada por la revista alemana Emma el 16 de enero, este militar acérrimo atlantista decía lo siguiente:

“En el este de Ucrania, en la zona de Bajmut [Artiómovsk era su nombre soviético, que el gobierno de Kiev canceló, por “Artiom” Sergeyev, líder bolchevique y fundador de la República Soviética de Donetsk durante la guerra civil contra los blancos y los atamanes ucranianos apoyados por los extranjeros], los rusos avanzan claramente. Probablemente habrán conquistado completamente el Donbás en poco tiempo. Sólo hay que tener en cuenta la superioridad numérica de los rusos sobre Ucrania. Rusia puede movilizar hasta dos millones de reservistas. Occidente puede enviar 100 blindados Marder y 100 Leopard. No cambiarán la situación militar general. Y la cuestión más importante es cómo superar un conflicto de este tipo contra una potencia nuclear –por cierto, ¡la potencia nuclear más fuerte del mundo!– sin entrar en una tercera guerra mundial. Y eso es exactamente lo que los políticos y periodistas de Alemania no están pensando”.

Hace treinta años Alemania se reunificó gracias al buen sentido y a la generosidad de Moscú. Treinta años después, los hijos políticos de Helmut Kohl y nietos de quienes invadieron la URSS en 1941 están debatiendo el envío de tanques alemanes a luchar contra Rusia. Y el combate será en Ucrania, uno de los...

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Rafael Poch

Rafael Poch-de-Feliu (Barcelona) fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania  de la eurocrisis.

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6 comentario(s)

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  1. juan-ab

    “Imaginen la siguiente situación: Estamos en el mes de febrero del año pasado. Usted es el presidente de un país de Europa. Su índice de popularidad, que superaba el 70% al ser elegido presidente, se ha desplomado y ahora apenas llega el 20%. La inmensa mayoría de las personas que le votaron no confía en usted o le desprecia debido a las continuas mentiras, excentricidades y traiciones. Su partido ha tocado fondo: es el hazmerreír de la gente, sus diputados son unos sinvergüenzas y unos delincuentes selectos, cuyo índice de aceptación ha caído al 10% (desde el 43% con el que contaban en las elecciones de hace dos años antes). Su política económica es nefasta: las tarifas y los precios suben, el país está muy endeudado, la mayoría de los hogares viven en la pobreza y los jóvenes se niegan a tener hijos porque no creen en el futuro de este país. Usted corre de un oligarca a otro, pero ninguno le cree. La corrupción a su alrededor y en su entorno ha llegado a un nivel ha batido todos los récords en los últimos 20 años: no en vano la gente empezó a llamar «gran robo» a su proyecto de «gran construcción». No se le toma en serio en ningún otro sitio, ni dentro ni fuera del país. Todo el mundo se refiere a usted exclusivamente por el nombre de su anterior profesión: el cómico, el payaso. Su futuro es, cuando menos, triste. Pero entonces empieza la guerra...” // Así comienza el último artículo (traducido para Rebelión por Beatriz Morales Bastos) “La guerra es un inesperado premio gordo”, escrito por Maxim Goldarb, (presidente de la Unión de Fuerzas de Izquierda de Ucrania, “Para un Nuevo Socialismo”), un ucraniano que algo sabrá de lo que quieren y no quieren los ucranianos y que viene denunciando la férrea censura informativa, además de la represión interna, aplicadas por Zelenski y su gobierno, precisamente para que la ciudadanía ucraniana no se manifieste sobre lo que piensan y prefieren, ¿e impedir que el resto del mundo lo sepamos, dejemos nuestro confortable sofá y salir a la calle a exigir más diplomacia y menos armas, y que se pare la guerra?

    Hace 12 días

  2. itsasotsoa

    Le tengo miedo a la Rusia de Putin, al Israel de Netanyahu, al Marruecos de Mohamed VI, etc. y en general a todos los que no respetan los derechos humanos. Pero no soy capaz de decirles a ucranianos, palestinos, saharauis, etc. que entreguen las armas. Hay que ir con el pacifismo a los agresores, no a los agredidos. Tú ya te has rendido, Rafael, y te aplaudirán muchos de los que estaríamos más cómodos entregando a Putin lo que quiera, para que nos deje en paz, aquí, escribiendo tranquílamente al calor de nuestros radiadores. Pero los ucranianos no quieren ser rohinyas, y yo les apoyo.

    Hace 12 días

  3. salvecueto

    Gracias por ofrecernos otro punto de vista sobre el conflicto.

    Hace 12 días

  4. ecac

    Tanto LA ZARZUELA: Juan Carlos I y Felipe VI, cómo sus reyezuelos políticos-Centros: DIESTRO-PP (Dolores COSPEDAL.-Pedro MORENÉS) y ZURDO-PSOE(Margarita ROBLES), trafican vendiendo ARMAS, miserablemente con muchísimos daños colaterales masivos; y para el colmo de los colmos, ilógicamente de los maestros toreros en La Piel de Toro ESPAGNISTÁN, han sido las voces de sus amitos SAM BUSH-BIDEM han caído en las telarañas de la II Guerra Fría entre ESTADOS UNIDOS-CHINA y RUSIA-PUTÍN-UCRANIA.-Apáticos y pasotas sin ton ni son, les importan menos "que un pimiento verde frito".-Todo vale en lugar de "Haz el amor por la PAZ DURERA y no por las GUERRAS en plena segunda década del siglo XXI: OTAN-NATO-NACIONES UNIDA-EUROPA.

    Hace 12 días

  5. jmhuertas

    No cabe duda de que sus artículos sobre la guerra constituyen una mirada distinta a toda la información oficial y hegemónica que nos invade a nosotros y parece que al resto de Europa. Además, son artículos redactados desde el conocimiento y la experiencia. Pero llegan a una minoría. Creo que, como dice el compañero que comenta su artículo, juan-ab, la censura impuesta a la información sobre el conflicto de Ucrania, que la información sesgada y manipulada que recibimos al respecto lo que hace evidentemente es no solo causar indolencia sino generar una opinión y sentimiento públicos a favor de la guerra como algo inevitable y justificado. Y todo ese proceso de información "oficial", suscrita y refrendada por todos los gobiernos del Europa, tan culpables como los medios de comunicación, toda esa información, afirmo, va en contra de la resolución 381 (IV) de las Naciones Unidas de "Condenación de la propaganda contra la paz". Por eso son tan importantes sus artículos, aunque solo sea para fomentar nuestro derecho al pataleo y el descargo de conciencia, ya que promover un movimiento "que se mueva", valga la redundancia, por la paz sería algo más complicado, pues no conozco gobierno, plataforma o iniciativa política o civil que dé la cara para movilizar a los ciudadanos por la paz, nada más y nada menos y sin matices: LA PAZ. 

    Hace 13 días

  6. juan-ab

    “En los dos últimos años, incluso antes de que empezaran las hostilidades, se cerraron en Ucrania siete canales de televisión de ámbito nacional por una decisión del Presidente y de la Comisión Nacional de Televisión, que él controla, y del Consejo Nacional de Seguridad y Defensa: KRT, 112 Ucrania, NewsOne, ZIK, First Independent, UkrLive y Nash. La razón de que se prohibieran estos canales de televisión era únicamente que se oponían al gobierno y que daban la palabra a sus oponentes políticos. Su actividades se detuvieron de forma totalmente ilegal, sin que mediara una decisión judicial, tal como estipula la ley. Al mismo tiempo se empezaron a bloquear las principales publicaciones independientes en internet, como Strana.ua, Shariy.net y otras. Las autoridades simplemente suprimieron el derecho de millones de ciudadanas y ciudadanos ucranianos a recibir una información variada y desde puntos de vista diferentes, el derecho a la libertad de expresión, e introdujeron la censura en el país...” // Así comienza el artículo (publicado en Rebelión) “Bajo el fragor de la guerra se está estableciendo en Ucrania una dictadura oligárquica”, de Maxim Goldarb, presidente del partido Para un Nuevo Socialismo de Ukrania, un testimonio de la deriva censora y autoritaria que ha tomado el gobierno de su país. Una censura e información sesgada e interesada a favor de la guerra que es la única que recibimos en Europa por parte de agencias y la práctica totalidad de medios de comunicación. ¿Será esa la causa de tanta indolencia hacia esa terrible guerra? Por son tan importantes sus análisis, sr. Poch, y que un medio como CTXT los publique. Gracias por ello.

    Hace 13 días

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