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La visión en el oído

Del Gran Rechazo a la Gran Dimisión

Hastío, agotamiento y saturación: la Gran Renuncia aparece, al contrario que la revuelta de los años 60, como un fenómeno sin utopía. Según Bifo, lo que está muriendo poco a poco es la política moderna

Amador Fernández-Savater 21/01/2023

<p>Implosión.</p>

Implosión.

Acacio Puig

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Mi voluntad se ha muerto una noche de luna
en que era muy hermoso no pensar ni querer…
Mi ideal es tenderme, sin ilusión ninguna...
De cuando en cuando, un beso y un nombre de mujer.

(Manuel Machado)

 

En los años 60, el extraño fenómeno se denominó “Gran Rechazo”: una revuelta contra la sociedad represiva a todos los niveles, desde la familia a la política, pasando por el trabajo y la cultura. Es decir, no ya sólo la demanda de mayor y mejor integración en lo existente, sino el rechazo mismo del principio de realidad. 

A la vez una ruptura con la sociedad establecida y un éxodo hacia otros mundos posibles: comunas, barrios alternativos y zonas liberadas, experimentación psicodélica, sexual, física, etc. La política convencional, incluida a la izquierda, no tuvo durante años ningún marco para interpretar lo que estaba sucediendo ante sus narices, lo percibía como simple “barbarie”.

En 2021, medio siglo más tarde, el extraño fenómeno se denomina “Gran Dimisión” (o Gran Renuncia): un abandono masivo de los puestos de trabajo en primer lugar, prolongado luego por un “dar la espalda” general a la política convencional y los medios de comunicación. 

No votar, no encender la tele, no seguir las noticias de actualidad, desviar la atención y el deseo de todos los focos que buscan atraparlos cotidianamente. La política, incluida la izquierda, vuelve a quedarse perpleja, desprovista de nuevo de marcos de interpretación ante lo que sucede. 

¿Cómo resuenan entre sí el Gran Rechazo y la Gran Renuncia? ¿En qué difieren? ¿Qué semejanzas y diferencias podemos encontrar entre estos dos objetos volantes no identificados

El Gran Rechazo 

El pensador por excelencia del Gran Rechazo fue el profesor alemán Herbert Marcuse, miembro de la famosa Escuela de Frankfurt y autor de célebres ensayos como Eros y civilización (1955) y El hombre unidimensional (1964). 

¿Cómo concebía Marcuse ese Gran Rechazo, que no sólo buscaba teorizar, sino intensificar y prolongar también con sus libros, sus charlas, sus intervenciones públicas? 

El Gran Rechazo es un espíritu que dice no a la sociedad existente, en nombre de una liberación que es posible

Lo que Marcuse describe principalmente es un fenómeno de carácter utópico: los actores del Gran Rechazo –fundamentalmente movimiento estudiantil, población negra, luchas anticoloniales– expresan potencialidades inherentes al estado de las fuerzas productivas y tecnológicas del momento, bloqueadas sin embargo por el sistema capitalista represivo y autoritario. 

El Gran Rechazo es una energía de contradicción, un espíritu que dice no a la sociedad existente, en nombre de una liberación no abstracta sino posible, autorizada y permitida por el progreso de la abundancia material. La negación de la represión y la explotación, de la pobreza y la miseria, de la diversión estandarizada y la belleza comercializada, se acompaña de la afirmación de la creatividad y el disfrute, del juego y la emancipación de los sentidos, de la cooperación y la riqueza de facultades del cuerpo humano. 

Se trata de un gesto político profundamente estético: lo que ya no soporta más el estado de cosas y se rebela, lo que busca reapropiarse de sus potencias y prerrogativas, es la sensibilidad. El arte, en su autonomía con respecto a los principios de productividad, eficiencia y rendimiento, prefigura la emancipación posible; y la Nueva Izquierda y la contracultura buscan aterrizarla en la realidad concreta y vivida de todos los seres humanos. 

La vieja izquierda no entiende nada de la revuelta de los años 60-70 y queda desbordada por todos lados

La vieja izquierda no entiende nada de la revuelta de los años 60-70 y queda desbordada por todos lados: impugnación de sus jerarquías, de sus formas de organización disciplinadas, de sus modos de expresión regimentados. Incapaz de leer políticamente los fenómenos de sensibilidad, considerados como algo “burgués”, entiende el cambio como una cuestión meramente cuantitativa: una mejor distribución de la misma productividad, un mejor reparto de los mismos bienes. 

Pero la sensibilidad no es un asunto privado, afirma Marcuse, sino político. La transformación debe alcanzar las capas profundas del ser humano, en sus dimensiones biológicas y orgánicas incluso. Supone la creación de una “segunda naturaleza”, de una segunda capa de hábitos y deseos. Los movimientos y luchas de los años 60-70 expresan “diferencias cualitativas”: aspiraciones a otro tipo de cuerpo y de ciudad, de trabajo y de ocio, de vida y de muerte. 

Se trata ni más ni menos, dice Marcuse conversando con Freud, de la liberación de Eros. No de la mera liberación sexual, como creen tantos reaccionarios ignorantes críticos de la contracultura, sino de la capacidad humana de establecer vínculos sensibles con todo: el mundo, los demás y uno mismo. Los apuntes de Marcuse sobre los movimientos feministas y ecologistas de la época son, en este sentido, de una sorprendente actualidad. 

Sólo la fuerza de Eros puede sujetar a la pulsión de muerte, dice Freud al final de El malestar de la cultura. “Hoy la gente está locamente enamorada de la muerte, incluida de la suya propia”, prosigue Marcuse. Sólo la liberación de Eros puede contener la instrumentalización capitalista de las pulsiones destructivas –competitividad y agresividad, dominación y conquista– que amenaza ayer y hoy con llevarse el mundo por delante. 

La Gran Renuncia 

Quizá una de las cosas más interesantes de la Gran Renuncia es lo poco que sabemos de ella a ciencia cierta. En esta sociedad que neutraliza cualquier acontecimiento a fuerza de sobre-interpretación, la Gran Renuncia mantiene su misterio y, por tanto, su provocación al pensamiento. Eso sí, lo que sabemos seguro es que el fenómeno inquieta por igual a los empresarios, los departamentos de recursos humanos, los sindicatos y Yolanda Díaz

Tal vez el pensador que ha reflexionado más sobre la Gran Renuncia es el italiano Franco Berardi, Bifo. Todo comienza para él con el abandono masivo de los puestos de trabajo en EE.UU. (también China y Europa) tras la normalización de la pandemia. Es decir, el tiempo de pandemia, un tiempo aparentemente suspendido donde no pasaba nada, fue en realidad el momento de una re-priorización general de las necesidades y los deseos, al término del cual mucha gente decidió dejar de sacrificar su vida al trabajo (y no sólo a los trabajos de mierda). 

La Gran Renuncia es un fenómeno de deserción de la política, la economía y los medios de comunicación

Pero esa renuncia se ha seguido luego de otras. No acaba con la pandemia, sino que prosigue en tiempos de crisis permanente, guerra y sensación de fin del mundo. Como un fenómeno general de deserción de la política, la economía y los medios de comunicación, el trípode actual del statu quo

–deserción de la visión política del mundo: lo real entendido como poder y cálculo de poder, manipulación del público, intrigas palaciegas, lógica de bandos sin preocupación ninguna por el bien común, militancia militarizada. Salida por hastío

–deserción de la visión económica del mundo: lo real entendido como mercado, trabajo precario y ultraexplotado, presión al rendimiento, cada uno convertido en empresario de sí mismo, gestionando su capital simbólico de proyectos, visibilidad y contactos. Salida por agotamiento

–deserción de la visión mediática del mundo: lo real como objeto de propaganda, captura de la atención en espectáculos prefabricados, alejados de la vida común, evanescentes. Personajes-marca, polémicas-trampa, noticias sesgadas de asuntos sobre los que no tenemos ningún poder de decisión. Salida por saturación

Hastío, agotamiento y saturación: la Gran Renuncia aparece, a diferencia del Gran Rechazo, como un fenómeno sin utopía, post-utópico. No apunta a otro mundo posible. A ningún afuera

Escapar de las ciudades que los confinamientos mostraron como grandes ratoneras, turistear menos y llevar una vida más local y localizada, bajar las expectativas de consumo, no seguir las noticias y centrarse en los vínculos cercanos, complicarse menos la vida: más que a una lucha social, la Gran Renuncia recuerda al gesto de Bartleby, el personaje de Melville: “Preferiría no hacerlo”

Bifo lo interpreta como una retirada del deseo: un apagón libidinal, una caída de las ganas, una cierta apatía, pero también la fuga de los lugares donde la energía deseante estaba capturada hasta ahora: competitividad, consumo, éxito, auto-realización. Antes, contra la represión, liberación. Ahora, contra la presión, deserción.  

Antes, contra la represión, liberación. Ahora, contra la presión, deserción

El cansancio aparece como síntoma y límite de la expansión, la tendencia privilegiada siempre por Occidente, en sus guerras, conquistas, aceleración progresiva y deseo de siempre-más. El eros se sustrae nuevamente al poder de la pulsión destructiva, pero ahora por un movimiento de defección: “Desaparición, falta o carencia, deserción, sublevación”. La caída del deseo persigue, paradójicamente, la felicidad.  

Esta deserción desconcierta a la izquierda convencional, al menos la que registra el fenómeno, porque hay otra que vive permanentemente en la burbuja autorreferente de sus intrigas cotidianas y trending topics. En general se interpreta como hizo el presidente Joe Biden con su famoso “pay them more”. Es decir, como un asunto puramente cuantitativo y que puede resolverse con más medidas progresistas. 

No se puede ni se quiere ver en el fenómeno una “diferencia cualitativa”, es decir, algo imposible de entender y resolver en el interior del marco de pensamiento establecido. El fenómeno no se deja traducir políticamente, la Nueva Política decepciona, baja la expectativa de voto a la izquierda, incluso la más “social”. La Gran Dimisión renuncia también a la inclusividad que propone la izquierda paliativa. 

Los movimientos sociales, más allá de la política convencional de los partidos, también están desconcertados. La Gran Renuncia no expresa un nuevo activismo, sino más bien un des-activismo: una relajación y una ralentización de la vida, que busca su reconciliación con otros tiempos y otros ritmos, otros espacios y lugares, otras necesidades y deseos. 

Es cuanto menos chocante: ante la peor guerra europea desde hace décadas, con implicaciones sociales muy serias y amenaza nuclear a las puertas, no se organiza ningún movimiento pacifista transnacional. El “no a la guerra” no se expresa hoy saliendo a las calles, sino apagando la tele. 

Más allá de la política 

Según Bifo lo que está muriendo poco a poco es la misma política moderna; y también, claro está, sus manifestaciones de izquierda, un mero fantasma de lo que fueron. 

La promesa de la política moderna era el control racional de la realidad a través del Estado y la Ley. Pero el mundo de hoy, gobernado por automatismos hiper-complejos e hiper-acelerados, desborda completamente el marco político clásico. El Estado y la Ley son impotentes ante estos automatismos, cuando no sus secuaces. 

¿El fin de la política moderna implica el fin de la idea de transformación social? No necesariamente, pero sí el abandono necesario de su facultad principal: la voluntad. La voluntad que fuerza los acontecimientos y los somete a los dictados de la razón. 

¿Qué puede sustituir a la voluntad como principal facultad política? Tanto Marcuse como Bifo apuestan por lo mismo: la sensibilidad. Una cualidad esencialmente receptiva, que no busca dominar, forzar y conquistar el mundo, sino acoger, escuchar, y dejarse afectar por él. Receptividad no pasiva, sino activa y creadora. Una cualidad históricamente asociada a las mujeres. 

Marcuse decía que el desafío del Gran Rechazo era pasar de fuerza política a fuerza revolucionaria. El desafío de la Gran Renuncia podría ser pasar de la deserción individual a una fuerza política sin horizonte revolucionario. No sin deseo de transformación social, sino sin idea clásica de revolución: toma del poder y control racional de la realidad. En todo caso, una revolución involuntaria

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Referencias: 

La Nueva Izquierda y la década de 1960, Herbert Marcuse (Materia Oscura, 2022).  

Filosofía, psicoanálisis y emancipación, Herbert Marcuse (Materia Oscura, 2022). 

El tercer inconsciente, Franco “Bifo” Berardi (Caja Negra, 2022). 

Mi voluntad se ha muerto una noche de luna
en que era muy hermoso no pensar ni querer…
Mi ideal es tenderme, sin ilusión ninguna...
De cuando en cuando, un beso y un nombre de mujer.

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Autor >

Amador Fernández-Savater

Es investigador independiente, activista, editor, 'filósofo pirata'. Ha publicado recientemente 'Habitar y gobernar; inspiraciones para una nueva concepción política' (Ned ediciones, 2020) y 'La fuerza de los débiles; ensayo sobre la eficacia política' (Akal, 2021). Sus diferentes actividades y publicaciones pueden seguirse en www.filosofiapirata.net.

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5 comentario(s)

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  1. marcoantonio-mira

    Siento tener que discrepar con pensadores o intelectuales que parecen mucho mas sabios que yo y probablemente lo son, también, eso es lo malo, parecen mucho más pequeño (o gran) burgueses que yo y creo que no solo lo "parecen", es que lo son. No quiero sacar de la boina (no tengo sombrero) ningún gazapo. Y tampoco se trata de demagogia (bueno, quizás un poco para animar) ni de una cuestión simple o semántica. Lo cierto es que no creo eso de la muerte de la política moderna porque no hay política moderna o antigua. Hay política, así, a secas. Tampoco me parece seria esa idea acuñada por los hijos progres del neoliberalismo, o sea, capitalismo a secas y el de siempre: eso de la "gran renuncia", no es una nueva epidemia ni una idea nueva sino "algo" que producen las cíclicas crisis capitalistas. Si no hay cambios de paradigma económico, si nuestra organización "social" sigue siendo la de una horda de primates con el único dios de maximizar los beneficios de una minoría a costa de la mayoría, incluso de convertir a la mayoría en mercancía o "afortunados" clientes y eso sí es semántica o sobre todo eufemismo para referirse a la esclavitud, si seguimos por ese camino que nada tiene que ver con una renuncia desinteresada al trabajo (que dicen dignifica, será a aquellos que menos lo sufren) sino con la falta de empleo "cualificado", entre otras cosas porque ya no se puede seguir produciendo lo mismo que se producía, ni se puede seguir ocultando que nos acercamos a una peligrosa falta de recursos naturales tras el desequilibrio ecológico causado por ese sistema precisamente. Quiero mencionar que ese Rechazo lo mismo que esa Renuncia solo pueden ejercerla aquellos que tienen recursos para sobrevivir, sean propios o ajenos, los demás percerán (pereceremos) en la esclavitud, en las guerras o en las epidemias si ese paradigma capitalista y global se establece como única opción. Se habla en el artículo de la "izquierda convencional" pero la izquierda nunca puede ser (por definición) convencional, ni el capitalismo "verde" por ejemplo, ni los cambios radicales que vayan a permitir o aniquilar nuestra supervivencia sin revolución. En fin, ni siquiera el Marcuse que leía en mi juventud ya lejana podía haber previsto esta pesadilla Orwelliana. ¿Porqué los intelectuales tenéis tanto miedo de hablar y escribir sin eufemismos o neologismos?. Es la lucha de clases, la de siempre, al menos desde que el capitalismo existe como sistema y es la revolución lo que necesitamos hacer si queremos sobrevivir, eso sí, admito que ahora ya no existe aquel proletariado clásico, sobre todo porque lo de tener una prole ya lo ha hecho difícil de cojones este capitalismo atroz, ahora se llaman "trabajadores autónomos" y como esclavos pagando su propio viaje al infierno esclavista "Occidental", esos trabajadores se convierten en emprendedores, unos y otros en el mismo barco que se va a pique.

    Hace 7 días

  2. juangodmed

    Me alegro mucho que vayamos dejando comentarios en los artículos de esta revista. ¡A ver si la gente se va animando! E igualmente felicito a la revista por su trabajo, ciertamente aportan unas visiones, análisis e información que son un bien muy escaso en este país, y que son muy de agradecer, como ha dicho el socio Davidsvm39.

    Hace 8 días

  3. davidsvm39

    Pocas veces, salvo en redes, os dejo comentarios. Sirva este una vez más para mostraos mi agradecimiento y la alegría que me produce sentirme un poco de vuestra familia. Concretamente en relación a este artículo, qué decir, que miradas lúcidas y valientes como estas son de lo mejorcito que se escribe en medios en este maltratado país. GRACIAS.

    Hace 8 días

  4. juan-ab

    "Cabe señalar con preocupación cómo los casos de suicidio infantil (menores de 15 años) han superado su máximo histórico. Hasta el año pasado nunca se habían sobrepasado las 14 defunciones. En 2021, fueron 22. En el caso de los chicos menores de 15 años, los suicidios se duplicaron respecto a 2020, y pasaron de 7, en 2020, a 14 en 2021. En el caso de las chicas, se registraron 8 defunciones por suicidio, una más que en el año anterior. Entre los 15 y los 29 años, el suicidio es la principal causa de muerte. Durante 2021, se registraron 316 defunciones. (...) Al número total de fallecimientos hay que añadir la tenencia creciente de ideas suicidas y de intentos de suicidio. Se calcula que por cada suicidio se producen en torno a 20 intentos, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud. Una circunstancia que, como señala el informe, podría afectar a lo largo de la vida a entre el 5% y el 10% de la población española. Esto se traduce en cerca de 80.000 intentos de suicidio al año y en que entre dos y cuatro millones de personas tienen o van a tener ideación suicida a lo largo de su vida.” (CTXT, 22/12/2022, “Los suicidios marcan un nuevo máximo histórico en España”) // Esta sí es la “gran renuncia” ¿no le parece? Poco o nada tiene que ver la situación política y social de los años 60 con la actual como no sea la guerra (y, sangre de su sangre, el capitalismo), aquí y allá ininterrumpida en estos últimos 50 años. Recordará que en 1972 se levantó una seria advertencia recogida en el informe “Los límites del crecimiento”, actualizado 20 años después en “Más allá de los límites del crecimiento” (1992), con conclusiones demoledoras que las sucesivas actualizaciones arrojaron resultados siempre “Peor de lo esperado” (Ferran Puig Vilar). ¿No cree que este panorama tiene su importancia? (lo digo porque no parece determinante ni en sus análisis ni en los de “Bifo”). // “Gran parte de los adolescentes y los jóvenes están sufriendo un estrés contextual que afecta a la salud mental y al bienestar. Un miedo al que se le suma la catástrofe medioambiental, y que si se torna crónico queda definido como “ansiedad climática” por la American Psychological Association (APA). De hecho, el 75% de la juventud opina que el futuro es aterrador y el 60% de ellas y ellos se sienten muy o extremadamente preocupados por el cambio climático, según arroja el mayor estudio realizado hasta ahora sobre el tema. Una encuesta elaborada en diez países que ha implicado a más de 10.000 personas de entre 16 a 25 años. Es en este análisis de The Lancet Planetary Health donde se completa la definición de eco-ansiedad, entendiéndola como un complejo sentimiento de preocupación, frustración, desesperación, dolor, culpabilidad, vergüenza e incluso de ira asociado a la realidad de futuro incierto al que nos enfrentamos. Ya que para los y las jóvenes “la destrucción del planeta es algo personal”, explica uno de los encuestados. Concretamente para la juventud española ya se venía anunciando en el Barómetro de Juventud de la F.A.D 2019 y el informe ‘Protagonistas y espectadores’ que la defensa medioambiental y el ecologismo es una causa social primordial.” // En su blog “tratarde.org”, Jorge Riechmann, ese hombre lúcido y bueno, que tiene además el don de hacerse entender, leo: “Resistir frente a la muerte mientras aún podamos, y sostener que nuestros valores (de igualdad social y reconciliación con la Naturaleza) valen: que aguantan esa dura confrontación. ”Donde el amor, allí el mundo”, recordemos siempre esto de Juan Ramón Jiménez. La mejor y más alta imagen utópica que se me ocurre es la de un mundo de abrazos: y a la vez no supone sino un humilde recordatorio de nuestra naturaleza simia (chimpancés que se espulgan, se toquetean y se abrazan). La esperanza no puede venir de ninguna clase de confianza desinformada en el futuro, sino de la fuerza de los cuerpos que se abrazan ahora.” // Sea, pues, un fraternal abrazo.

    Hace 9 días

  5. juangodmed

    Veo muy positivamente esto de la "Gran Renuncia". Por primera vez (que yo conozca) en la historia del capitalismo moderno la población empieza a darse cuenta de que lo importante no es "tener más", ni estar "in" , "seguir la rueda", "no perder el tren", etc. La gente se da cuenta del gran fraude de las promesas del mundo moderno, eso de que hay que tener lo que "todo el mundo" tiene y hacer lo que hace todo el mundo, que hay que formarse permanentemente para no quedarse descolgado, de que hay que llegar al máximo de las posibilidades individuales a nivel laboral y profesional, de pareja, sexuales, de ocio, de que hay que "vivir la vida a tope", y si no lo haces eres un fracasado, que "no hay que privarse de nada"; rendimiento, productividad, felicidad (entendida como dar satisfacción a todos tus deseos) bla, bla, bla ... Además entronca perfectamente con las necesidades inherentes al decrecimiento material que nos toca experimentar si queremos sobrevivir en este planeta. El autor dice: "La caída del deseo persigue, paradójicamente, la felicidad". Para mí no es tan paradójico, La gente se da cuenta, tras mucho sufrimiento personal en todas las esferas de la vida, que el deseo no lleva a ninguna parte. De hecho las personas más felices desde que existe la civilización humana han sido siempre los ascetas y místicos (léase según la civilización respectiva los eremitas, los ascetas cristianos,los yoguis, los budistas, los sufíes musulmanes ... Todo este tipo de personas tienen algo en común: su búsqueda de la felicidad no consiste en intentar dar satisfacción a los deseos propios, sino justo en lo contrario, en "matar" el deseo. Porque se dieron cuenta de que lo importante en la Vida no son ellos, cada uno como persona, sino que no somos mas que piezas puestas aquí en la Tierra por una inteligencia superior ("Dios", "Alá", Yavé", "Brahma", "El Gran Espíritu", o como quiera que se llame en la respectiva cultura) y que el sentido de estar aquí no es hacer lo que nos dé la gana, ni dejarnos llevar por el deseo, sino encontrarnos a nosotros mismos, mirar hacia dentro, para encontrar ese "Espíritu Superior" que es el que tiene que orientar nuestros pasos y por decirlo de alguna manera, al que tenemos que "obedecer", dejarnos llevar por él. Estos "ascetas" han surgido y siguen surgiendo, en todas las civilizaciones que a partir del Neolítico dieron lugar a sociedades estructuradas en estados, con división del trabajo, jerarquías sociales, ejército, leyes, escritura, etc ; sociedades en las que el ser humano quedó alienado y perdió el nexo con la divinidad. En ellas, los ascetas, profetas, maestros, han surgido y surgen para intentar hacer despertar al pueblo alienado y oprimido y que pueda volver al camino de la felicidad perdida. Los llamados pueblos "primitivos", los que fueron aniquilados (como los indios americanos) o los que están siendo aniquilados ahora en el Amazonas, nunca generaron ascetas, eremitas, ni nada similar; simplemente porque no tienen sentido, no los necesitan, porque en esas culturas el ser humano no está/estaba alienado, sino que era/es ya "naturalmente" asceta de por sí (sirva como ejemplo los miembros masculinos, "guerreros" de las tribus americanas. que llevaban una vida atlética y una alimentación muy frugal, nunca se dejaban llevar por la glotonería, solo comían lo justo), vive en armonía con la Naturaleza y "sabe", tiene/tenía interiorizado en su persona desde su nacimiento en esa cultura, que no está en la Tierra para hacer lo que quiera, para satisfacer sus deseos, sino que hay un "Gran Espíritu" que está por encima de él, que lo gobierna todo y al que tenemos que respetar, venerar, y dar gracias, si queremos seguir viviendo en este planeta. Cuando los ciudadanos y ciudadanas de las civilizaciones occidentales nos demos cuenta de esto, empezaremos a decrecer muchos más y la posibilidad de que podamos seguir habitando este planeta Tierra se irá abriendo paso. De lo contrario, estamos condenados. Por eso me parece genial esto de la "Gran Renuncia". Un primer paso. Salud.

    Hace 9 días

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