1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

  281. Número 281 · Febrero 2022

  282. Número 282 · Marzo 2022

  283. Número 283 · Abril 2022

  284. Número 284 · Mayo 2022

  285. Número 285 · Junio 2022

  286. Número 286 · Julio 2022

  287. Número 287 · Agosto 2022

  288. Número 288 · Septiembre 2022

  289. Número 289 · Octubre 2022

  290. Número 290 · Noviembre 2022

  291. Número 291 · Diciembre 2022

  292. Número 292 · Enero 2023

  293. Número 293 · Febrero 2023

  294. Número 294 · Marzo 2023

  295. Número 295 · Abril 2023

  296. Número 296 · Mayo 2023

  297. Número 297 · Junio 2023

  298. Número 298 · Julio 2023

  299. Número 299 · Agosto 2023

  300. Número 300 · Septiembre 2023

  301. Número 301 · Octubre 2023

  302. Número 302 · Noviembre 2023

  303. Número 303 · Diciembre 2023

  304. Número 304 · Enero 2024

  305. Número 305 · Febrero 2024

  306. Número 306 · Marzo 2024

  307. Número 307 · Abril 2024

  308. Número 308 · Mayo 2024

  309. Número 309 · Junio 2024

  310. Número 310 · Julio 2024

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

DERRIBAR EL PATRIARCADO

Feminismo y movimientos LGTBIQA+, juntos contra los poderes fascistas

No es el momento de dispersarnos en nuestros propios rincones identitarios aferrándonos a una agenda a expensas de otras. Tenemos que unirnos en un movimiento más contundente y poderoso

Judith Butler 22/03/2023

<p>Manifestación del 8-M en Valencia.</p>

Manifestación del 8-M en Valencia.

Nicolas Vigier

En CTXT podemos mantener nuestra radical independencia gracias a que las suscripciones suponen el 70% de los ingresos. No aceptamos “noticias” patrocinadas y apenas tenemos publicidad. Si puedes apoyarnos desde 3 euros mensuales, suscribete aquí

¿Qué feminismo podemos hacer juntas?

Para responder a esta pregunta necesitamos saber qué feminismo hemos hecho hasta ahora, y quizás también quiénes integramos ese “nosotras”. Yo diría que en los últimos años, y a pesar de algunas derrotas, hemos hecho un feminismo inteligente y feroz, representado por muchos colectivos feministas que se distinguen porque leen, se conectan con mujeres y aliados de toda la sociedad, salen a la calle, cambian leyes e ingresan en las instituciones democráticas mientras tratan de hacerlas más democráticas. Pero también actúan en la sociedad civil, e incluso más allá de ella para alertar sobre los límites de la política parlamentaria y exigir una transformación radical de la sociedad.

El feminismo en el que me reconozco es uno que pertenece tanto a la calle como al parlamento, que busca proporcionar infraestructuras de cuidado a quienes son pobres, apátridas, sin hogar o marginados, y lo hacen sin condescendencia. El feminismo actual también está representado por lideresas que tratan de usar el poder de otra manera, que están dispuestas a utilizar su poder, pero al servicio de una justicia que no es vengativa, de una justicia que es más colectiva que individual y que no se distancian de los movimientos que las han llevado al poder. Así, frente a un ataque masivo de la derecha, global en su alcance y fuerza, veo a las feministas sublevarse en el espacio público, en las instituciones religiosas y educativas, en los campos del derecho y la política, pero también en las instituciones culturales y los servicios públicos, para insistir en la libertad y la igualdad.

El feminismo en el que me reconozco es uno que busca proporcionar infraestructuras de cuidado a los marginados

Lo que parece más esperanzador son las alianzas inteligentes y cuidadosas que se establecen entre mujeres y aliados, que quizás no sabían que eran feministas, pero que se han dado cuenta de que pueden sumarse a un movimiento que los invita. Entonces, el movimiento feminista poderoso es el que es inteligente, feroz, abierto y expansivo. Es expansivo no como un poder imperial; no está conquistando territorio, sino expandiendo su territorio, sin fronteras y contra ellas. Es un feminismo poderoso, pero no como el poder patriarcal o aquellos que buscan ocupar posiciones de poder para dominar. No, en su pensamiento y en su acción distingue la violencia del ejercicio del poder. Es poderoso, no solo porque está dispuesto a tomar el poder, sino porque puede pensar y actuar aliándose y llevando adelante acciones a través de un proceso colaborativo y pensando a través de una deliberación colectiva. Recordemos cuán importantes han sido los parlamentos fuera de los parlamentos –los no oficiales– para aquellos países que están saliendo de una dictadura. En esos momentos de transición, cuando los dictadores y los autócratas fracasan, la gente se encuentra en la calle afirmando la libertad, debatiendo cómo podrían ser sus vidas futuras. Estos son los parlamentos que surgieron en toda Argentina cuando cayeron las dictaduras o las concentraciones de personas frente a los edificios del gobierno en Chile, las multitudes que se reúnen cuando la libertad de repente es posible. En esos momentos, la política está sucediendo. Es un acontecimiento, e incluso si comienza sin una estructura, empieza a construir una estructura. Y entonces la pregunta es si el espíritu de libertad se puede preservar en las instituciones que se construyen, si las instituciones pueden pertenecer a la gente, si todavía es posible la deliberación abierta y si las fronteras pueden abrirse para aquellos que necesitan cuidados básicos, refugio y sentido de pertenencia. Pero eso también significa luchar al lado de todos aquellos que han sufrido desalojos, cuyas posibilidades de conseguir y mantener un hogar, atención médica y educación, están limitadas por los poderes explotadores y extractivos del capitalismo –y de todos aquellos gobiernos y municipios que a sirven a los propósitos de este sistema–.

Los derechos por los que lucha el feminismo también son poderes. Pero cuando luchamos por el poder, no luchamos por el derecho a ser violentas. No, el poder que queremos y el poder en el que nos convertimos depende de las alianzas que establecemos con aquellos conocidos y desconocidos, aquellos cuyas vidas nos son familiares y aquellos que están aún por conocer. Nuestras alianzas no crean familias, sino colectividades emergentes que recuerdan que están luchando contra la violencia, ya sea la violencia doméstica, la violencia policial, y sus violaciones y asesinatos, o la violencia que producen instituciones como las cárceles y las estructuras securitarias de las fronteras.

Los derechos por los que luchamos no son solo derechos individuales, aunque a veces lo parezca, como cuando decido qué hacer con mi cuerpo. Pero incluso el derecho al aborto, por personal que sea, es ejercido por quien decide pero también en nombre de todas aquellas que no pueden decidir y en solidaridad con ellas. Los derechos deben entenderse como poderes compartidos. Los antifeministas creen que nos preocupamos solo por problemas individuales o cuestiones identitarias, porque no escuchan con suficiente atención. Pero estamos redefiniendo y rehaciendo los fundamentos de la democracia de manera radical: libertad, igualdad y justicia.

El feminismo es una filosofía y una política de la libertad: esa libertad incluye, por supuesto, el derecho a participar en las estructuras de poder existentes, pero también el impulso de transformarlas, especialmente si reproducen privilegios raciales y de clase. El feminismo es una filosofía y una política de la igualdad, pero no de una igualdad abstracta, porque para luchar por la verdadera igualdad primero tenemos que entender todas las maneras –tanto evidentes como sutiles– en que se materializa la desigualdad y la subordinación; y de la justicia, nadie lucha nunca solo por la justicia. Luchar por la justicia significa llegar a ser más de uno. Implicarse en la lucha por la justicia ya es haberse unido a otros, estar actuando para uno mismo y para los demás, y construir esos lazos por encima de nuestras diferencias y, a veces, de nuestros antagonismos. Se trata de una lucha permanente, perpetuamente renovada, que implica tomar partido, incluso teniendo que soportar la cólera de los patriarcas, o la indiferencia y el desdén de los centristas. Así, solo podemos continuar con esta lucha si encontramos formas de revitalizarnos, dándonos vida unos a otros en el curso de la acción, fortaleciendo nuestro sentido de la libertad al acompañarnos y actuar libremente juntos. El mundo que queremos construir es el que ya estamos construyendo. Está ahí, en lo que hacemos, porque no cometemos injusticias en nombre de un mundo justo. En nuestras acciones, en el presente, encarnamos el mundo en el que queremos vivir; juntas, estamos dando lugar a ese mundo.

Para que la solidaridad feminista sea lo más fuerte posible no puede imponer una agenda desde los centros urbanos del norte

Por esta razón, tenemos que permitir que nuestras ideas actuales de solidaridad sean radicalmente trastocadas. Para que la solidaridad feminista sea lo más fuerte posible, tiene que ser transnacional y transregional y eso significa que no puede imponer una agenda desde los centros globales urbanos del norte. El feminismo no viaja de norte a sur, ni se inicia en los centros urbanos para alcanzar después los extrarradios de las metrópolis. Tenemos que llevar a cabo nuestras deliberaciones en todos los idiomas, pero también a través de marcos diversos. Eso significa dislocarnos de nuestras posiciones establecidas, de nuestros lenguajes, y abrirnos a un complejo proceso de aprendizaje: cómo se está haciendo feminismo fuera de mi tiempo y lugar, y qué tenemos que aprender de un encuentro transhistórico y transnacional con otros feminismos. La solidaridad no es amor. No siempre conlleva intimidad. Pero sí requiere del reconocimiento de que la opresión propia no es la única opresión, y que podemos –incluso como personas oprimidas– dar lugar a su vez a opresiones que nos vuelven injustas. El feminismo no necesita muros más fuertes para afianzar su soberanía. No, necesita ser desestabilizado por esas solidaridades que teme, pero que necesita. Porque no podemos discriminar a los demás mientras luchamos contra la discriminación que sufrimos. Por eso, el feminismo tiene que renovarse.

¿Cuáles son las principales luchas por la libertad? La lucha contra la violencia sexual. La lucha a favor de la libertad reproductiva. Sí, estas son centrales, pero tenemos que añadir también la explotación del trabajo de las mujeres migrantes; la oposición al racismo y al nacionalismo, ambos buscan mantener la supremacía blanca, la xenofobia y el poder patriarcal en el Estado, la familia y en las instituciones religiosas y educativas. No se puede separar con precisión la lucha contra los poderes patriarcales de la lucha contra los poderes racistas y fascistas y los regímenes autoritarios a los que apoyan. Así que el feminismo no puede convertirse en un grupo de presión entre otros grupos de presión. Forma parte de todo espacio crítico con el capitalismo, las condiciones de trabajo y la pobreza, la destrucción del clima –las políticas del agua, el aire y la contaminación medioambiental–; el racismo y la inmigración, el aumento del autoritarismo (invariablemente patriarcal), la pobreza, la sanidad y la educación.

Creo que el feminismo tiene que trabajar conjuntamente con una serie de movimientos que ahora están en el punto de mira de la derecha y los poderes fascistas y eso incluye a los movimientos LGTBIQA+, que integran, por supuesto, a los movimientos por los derechos y libertades de las personas trans. Los esfuerzos por volver a subordinar a las mujeres, por negar el derecho al aborto y por restringir o impedir la atención sanitaria y el estatus legal a las personas trans están todos conectados y, como feministas, cometeríamos una injusticia si nos separásemos de quienes están oprimidas por los mismos poderes que nos oprimen.

Los argumentos contra el aborto en EEUU, por ejemplo, insisten en que el Estado puede, y debe, limitar el derecho de cualquiera a abortar, dando a entender que las mujeres (reproductivas) han ido demasiado lejos al reclamar libertad para sí. El Tribunal Supremo se ha negado a aceptar que con el tiempo surgen nuevos derechos, y que la organización social de la sexualidad, el género, las relaciones íntimas y la libertad reproductiva deben reflejarse en la ley y en las instituciones sociales.

El marco legal que está surgiendo ataca la propia idea de nuevas formaciones históricas de libertad (e igualdad) y busca una restauración del orden patriarcal respaldado por la fuerza de la ley federal en EEUU. Además, las mujeres que quieren abortar son denigradas como agresoras o asesinas mientras se ataca la educación sexual en estados como Florida, Texas y Oklahoma, donde los profesores que enseñan género o sexualidad son acusados de abusos o adoctrinamiento, o mientras se denuncia por abuso infantil a los padres que buscan atención médica para sus hijos trans.

En Florida se debate la exclusión del propio término “género” de toda enseñanza. Aquí, como en otros lugares –Hungría, Polonia, Italia, el Brasil de Bolsonaro–, el ataque al derecho al aborto está vinculado a la preservación del poder patriarcal. ¿Y qué decir de la negativa a reconocer los derechos de las personas trans, su derecho a la atención sanitaria, incluido el aborto? En cada uno de estos casos, el campo de actuación del Estado se amplía a través de la erradicación de las libertades fundamentales, las que pertenecen a las mujeres, a las personas trans, a las personas LGTBIQA+, a los profesores y académicos, a los responsables políticos y a las legisladoras que trabajan para conseguir mayores libertades sociales y mayor igualdad.

El ataque al derecho al aborto está vinculado a la preservación del poder patriarcal

Recordemos que hace exactamente un año Putin declaró la guerra a Ucrania, y que uno de sus argumentos clave fue que Ucrania iba a importar a Rusia la “ideología de género”, una ideología que no sólo insiste en la igualdad de las mujeres, sino también en los derechos de las personas LGTBIQA+. Esta “gayrope” [de gay y Europa] que teme Putin ataca, según sus palabras, los “valores espirituales rusos”, lo que implica, por tanto, un ataque a la seguridad nacional rusa. No se trata de una traducción meramente cultural de lo que está ocurriendo en esta guerra, implica dar forma al espectro amenazante de una invasión feminista, queer y trans para conseguir movilizar a la gente a favor de la violencia y la expansión imperial. En otras palabras, todas estas cuestiones están vinculadas. Para que el feminismo consiga articular una alianza lo suficientemente fuerte como para contrarrestar estos ataques, tenemos que desarrollar una visión más capaz, más fuerte que la de los fascistas. Nuestra fuerza, nuestro poder está en esa alianza. Esa alianza fortalecedora es lo que somos. Es, si se quiere, nuestra identidad.

Ya que las fuerzas en ascenso del autoritarismo y el fascismo, el hipernacionalismo y el imperialismo, nos han agrupado para situarnos en la misma diana –como vemos en las tácticas del movimiento contra la ideología de género que ahora opera a escala mundial–, tenemos la oportunidad de aliarnos a partir de esa composición que elaboran nuestros enemigos. No es el momento de dispersarnos en nuestros propios rincones identitarios aferrándonos a una agenda a expensas de otras. Tenemos que unirnos en un movimiento más contundente y poderoso. Eso implica que las feministas se sumen a las personas trans, que los defensores del matrimonio gay se sumen a los que luchan por los bares y espacios comunitarios queer y trans, que la salud reproductiva esté en todas las agendas para todo tipo de mujeres y hombres y personas no binarias –incluidos los niños queer y trans–, al igual que deberían estar la protección contra el acoso y la violencia de género y sexual. Pero nada de esto será posible si no vemos que los más afectados por estas nuevas formas de privación de derechos son las personas de color pobres de los Estados “no libres” [los antiguos estado esclavistas del sur de EEUU]. Y tampoco podremos formar una coalición efectiva sin abogados inteligentes y radicales que puedan impugnar y detener los ataques legales. Si la derecha nos sitúa a todas en la misma diana y no somos capaces de responder con un movimiento conjunto y eficaz, entonces estaremos perdidas. Así pues, seamos lo bastante astutas como para crear coaliciones poderosas y revisemos y redefinamos nuestras reivindicaciones de libertad e igualdad como conceptos sociales, colectivos, históricos –e imprescindibles–.

¿Cuáles son los retos en este contexto político y social global de crisis múltiple, extrema derecha y guerra?

Puede que las feministas “críticas con el género” –gender critical feminist– [transexcluyentes] no deseen una alianza con los movimientos de derechas contrarios a la ideología de género, pero en muchos de sus textos se alinean claramente con ellos. Por “críticas” quieren decir que están en desacuerdo con una visión o un conjunto de posiciones. Pero en realidad utilizan la palabra “crítica” para desacreditar y destruir otras posturas feministas. El trabajo de las feministas “críticas con el género” pretende deslegitimar los estudios de género de la misma manera que lo hacen los movimientos neofascistas y autoritarios de derechas: expulsando, patologizando y criminalizando a las personas queer y trans, incluidos los jóvenes, cuyas vidas dependen de la evolución del concepto de género, así como de las implicaciones sociales que tiene, incluida el acceso o no a la atención sanitaria. De hecho, vivimos en una época en la que quienes defienden la transfobia están alineados con Putin, con Orban, Meloni y Bolsonaro. Y si no les gustan estas alianzas, tal vez deberían replantearse sus objetivos y su lenguaje. Esto es especialmente importante en un momento en que las luchas feministas contra la desigualdad y la violencia, y por la justicia reproductiva, requieren de una alianza con otras minorías de género y sexuales que sufren violencia, desigualdad y privación de derechos. Recordemos que las mismas personas que se oponen a la justicia reproductiva se oponen a los derechos trans y queer, censuran libros en las escuelas y convierten a los movimientos sociales progresistas en “obra del diablo”.

El “género” es aquí un lugar donde se pueden amalgamar tanto el miedo al extractivismo de las corporaciones y a su destrucción de la selva y de las culturas locales junto con la ansiedad por la inmigración y la pérdida de identidad nacional. El “género” se convierte en un término, un significante vacío, como algunos han argumentado, a través del cual estas ansiedades se funden y se intensifican. Al mismo tiempo, el tipo de llamamiento realizado por Putin, Meloni y Bolsonaro inyecta miedo en los dominios más íntimos de la vida. El mes pasado, tanto Putin como Meloni, con pocos días de diferencia, advirtieron de que las políticas contra la discriminación por razón de género de la Unión Europea acabarían por impedir utilizar los términos madre o padre. Decían que la gente sería obligada a decir “progenitor 1” y “progenitor 2”. Se trata de un ejemplo revelador, porque la fantasía que articula este enunciado es que el género tiene una función policial, que toma la forma de un nuevo totalitarismo. “El Estado se verá obligado a despojarte de tu condición de madre y padre”, dicen, pero también de lo que Meloni llama “identidad sexuada”. Ya no podrás decirte a ti mismo hombre o mujer debido a esta extralimitada función de policía cultural llamada género. Erradicará, pues, el sentido más profundo de lo que son nuestros cuerpos, quiénes son nuestras familias y cuál puede ser nuestro lugar en el mundo.

Quienes defienden la transfobia están alineados con Putin, con Orban, Meloni y Bolsonaro

Por un lado, es irónico y doloroso que los movimientos sociales, incluidos el feminismo y los movimientos LGTBIQA+ por la justicia social, sean caricaturizados como totalitarios cuando, de hecho, luchan por mayores libertades para que las personas de todas las edades encuentren formas de vivir sin los grilletes de la discriminación, la marginación y la patologización; que los movimientos que exigen la libertad de moverse por el mundo sin miedo a la violencia, incluida la violencia estatal, sean transfigurados por la derecha como regímenes totalitarios que quieren despojar al resto del mundo de sus libertades. Al mismo tiempo, la derecha afirma que las feministas que luchan por la libertad reproductiva, las lesbianas y los gays que desean casarse, las personas trans que solo ansían su derecho a vivir libremente y ser reconocidas por su sexo están ejerciendo formas ilegítimas de libertad y formas de creatividad que rivalizan con los actos creativos que, en sus mentes, pertenecen solo a Dios.

Lo que Meloni, Putin, Orban y Bolsonaro han hecho es avivar el miedo en lo que sentimos como más íntimo y necesario de nuestra vida corporal, de nuestro sexo, de la dirección heterosexual de nuestro deseo, del carácter heteronormativo de nuestro matrimonio, todo ello nos será arrebatado, dicen, si estas personas consiguen el derecho a vivir en libertad sin miedo a la violencia... De este modo, han planteado y hecho circular otro fantasma: que los grupos progresistas, trans, feministas, queer, intersexuales, travestis, gays, lesbianas y asexuales impulsan derechos que niegan la especificidad del sexo, su papel dentro de la familia, el matrimonio y la comunidad, su pretensión de universalidad y su legítimo lugar en un orden divino o natural.

Los derechos y libertades de las personas que han sido históricamente marginadas se conciben como un ataque a algo muy personal: el sentido vivido del propio cuerpo, el deseo, las relaciones íntimas que definen la propia vida y le dan sentido. Por eso, cuando dicen “ya no serás un hombre” o “ya no serás una madre” están agitando un temor profundo a que estas formas tan íntimas y básicas de identificación sean desmanteladas y destruidas. Estaría bien que dijésemos: “No te preocupes, puedes continuar con tu matrimonio heterosexual y con tu sentido de la masculinidad y la feminidad, solo tienes que aceptar que tu forma de vida no es la única posible o que tu sentido de la masculinidad no es solo tuyo o de quienes fueron asignados varones al nacer”. Hay otras formas de organizar la intimidad: el parentesco queer, el matrimonio gay y lésbico, pero también madres solteras que se las arreglan muy bien sin un padre para su hijo, o dos hombres que crían a sus hijos sin la progenitora. La sugerencia de que cualquiera de estas formas sociales es equivalente en valor a la familia heteronormativa tradicional es una ofensa precisamente porque el temor no es que se destruya el matrimonio heterosexual, sino que pierda su posición de privilegio como la única forma posible y correcta para la vida íntima y la reproducción. De hecho, la destrucción que se teme es la del privilegio exclusivo. Y es cierto, porque el mundo que estamos creando es uno en el que el matrimonio heterosexual seguramente existirá, pero no se imaginará como la única forma posible o legítima de matrimonio, o incluso como la única forma de vínculo íntimo posible o legítimo. Y esto, a su vez, indica que todo el tiempo, el miedo a perder el sentido de la propia identidad sexuada, el propio deseo y el propio lugar en el mundo era en realidad el miedo a perder ese sentido de que tu deseo equivale al deseo universal, de que el matrimonio es la única forma posible de relación y de que tu sexo es algo que se desprende de la naturaleza y no de un conjunto de asignaciones médicas y sociales que implican que el poder social y la asignación de sexo siempre han ido estrechamente unidos. El orden que se supone que se manifiesta en el sexo, la sexualidad y el parentesco es un orden patriarcal, una forma de dominación, así que ¿qué es exactamente lo que está amenazado? Es la pérdida de la dominación, y eso aparentemente es para algunos insoportable, porque preferirían vivir en un mundo de desigualdad, explotación y exclusión.

-------------------------

Ponencia en el Encuentro Internacional Feminista organizado por el Ministerio de Igualdad.

Judith Butler es profesora en el departamento de Literatura Comparada de la Universidad de California, Berkeley.

¿Qué feminismo podemos hacer juntas?

Para responder a esta pregunta necesitamos saber qué feminismo hemos hecho hasta ahora, y quizás también quiénes integramos ese “nosotras”. Yo diría que en los últimos años, y a pesar de algunas derrotas, hemos hecho un feminismo inteligente y feroz,...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autora >

Judith Butler

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

1 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. juan-ab

    ¡Qué ponencia tan lúcida de Judith Butler! Cuánto aprendemos de las intervenciones habidas en el "Encuentro Internacional Feminista" que organizó recientemente el Ministerio de Igualdad. Gracias por hacerlo posible. Y gracias a CTXT por su paulatina publicación.

    Hace 1 año 3 meses

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí