1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

  281. Número 281 · Febrero 2022

  282. Número 282 · Marzo 2022

  283. Número 283 · Abril 2022

  284. Número 284 · Mayo 2022

  285. Número 285 · Junio 2022

  286. Número 286 · Julio 2022

  287. Número 287 · Agosto 2022

  288. Número 288 · Septiembre 2022

  289. Número 289 · Octubre 2022

  290. Número 290 · Noviembre 2022

  291. Número 291 · Diciembre 2022

  292. Número 292 · Enero 2023

  293. Número 293 · Febrero 2023

  294. Número 294 · Marzo 2023

  295. Número 295 · Abril 2023

  296. Número 296 · Mayo 2023

  297. Número 297 · Junio 2023

  298. Número 298 · Julio 2023

  299. Número 299 · Agosto 2023

  300. Número 300 · Septiembre 2023

  301. Número 301 · Octubre 2023

  302. Número 302 · Noviembre 2023

  303. Número 303 · Diciembre 2023

  304. Número 304 · Enero 2024

  305. Número 305 · Febrero 2024

  306. Número 306 · Marzo 2024

  307. Número 307 · Abril 2024

  308. Número 308 · Mayo 2024

  309. Número 309 · Junio 2024

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

siglo XX

El complot contra el fútbol femenino

La gran popularidad de aquellos equipos de mujeres amenazaba la predominancia masculina y su conciencia política asustó a las clases dominantes

Mark Critchley (Jacobin) 21/04/2023

<p>El equipo Blyth Spartan Ladies F.C, posando junto a algunos simpatizantes durante la temporada 1917-18.<strong> / Diego Sideburns</strong></p>

El equipo Blyth Spartan Ladies F.C, posando junto a algunos simpatizantes durante la temporada 1917-18. / Diego Sideburns

En CTXT podemos mantener nuestra radical independencia gracias a que las suscripciones suponen el 70% de los ingresos. No aceptamos “noticias” patrocinadas y apenas tenemos publicidad. Si puedes apoyarnos desde 3 euros mensuales, suscribete aquí

En mayo de 1921, las esposas de los mineros de Platt Bridge, en Wigan, Inglaterra, organizaron un partido de fútbol contra el pueblo vecino de Abram. El resultado final fue de 4-1 a favor de Platt Bridge, que “rápidamente se puso por delante en el marcador y lo mantuvo hasta el final”, según la crónica del partido publicada por el Wigan Observer. Fue un partido entre dos equipos improvisados en el barro y la ciénaga del campo de un granjero, muy lejos de la victoria de Inglaterra contra Alemania en la final de la Eurocopa femenina poco más de un siglo después. Y, sin embargo, asistieron unas 7.000 personas, que pagaron medio chelín cada una por el privilegio, lo que supuso una recaudación de unas 500 libras en dinero actual.

Este fue uno de los primeros encuentros de lo que se conocería como “partidos de la sopa”, jugados y organizados por mujeres de la clase obrera durante el cierre patronal de los mineros de 1921, y a menudo presenciados por una multitud de miles de personas. En una época de penurias desesperadas, cuando los hombres estaban en huelga en medio de una disputa salarial con los propietarios de las minas locales, las mujeres jugaban al fútbol para recaudar dinero y pagar los comedores de beneficencia que alimentaban a sus familias. Dos semanas antes del primer partido de Platt Bridge contra Abram, hubo que proporcionar un millón y medio de comidas a 182.000 niños de los distritos mineros de todo el país para garantizar que no pasaran hambre.

Los “partidos de la sopa” proporcionaron un alivio muy necesario a quienes luchaban en aquel momento en esa parte de Lancashire, mientras que encuentros similares también fueron organizados y jugados por mujeres en el noreste de Inglaterra. Se inspiraron en el fútbol femenino más organizado, que había crecido rápidamente por medio de equipos de la clase trabajadora durante la Primera Guerra Mundial y después de ella. La solidaridad y la compasión con los necesitados eran principios fundamentales de este nuevo y floreciente deporte, cuyos beneficios se donaban a causas benéficas.

Las mujeres jugaban al fútbol para recaudar dinero y pagar los comedores de beneficencia

Sin embargo, el mismo año en que se disputaron los primeros “partidos de la sopa”, el fútbol femenino quedó prohibido. Y así seguiría durante los 50 años siguientes. Para entender por qué, es necesario rastrear el crecimiento de la popularidad de este deporte, hasta el punto de que llegó a considerarse un rival creíble –y quizás incluso una amenaza– para su equivalente masculino.

Fútbol de fábrica

Aunque su historia se remonta a finales del siglo XIX en Gran Bretaña, el fútbol femenino solo empezó a captar la atención del público durante la guerra. En una época en la que los roles tradicionales de género se desmoronaban rápidamente (aunque de forma temporal), las mujeres de clase trabajadora no solo sustituían a los hombres en el lugar de trabajo, sino también en sus actividades de ocio fuera de él. Muchas de las que entraron en las fábricas de municiones en tiempos de guerra empezaron a participar en las actividades recreativas para trabajadores organizadas por la empresa, de las que antes se habían beneficiado los hombres y de las que las mujeres habían sido excluidas de facto.

El fútbol era la más popular, por las mismas razones que lo era entre los hombres: era barato y sencillo de jugar, con un bajo umbral de exigencia inicial. Se organizaron equipos femeninos en todos los rincones del país, desde Glasgow y Bath hasta Swansea y Blackpool, e incluso surgió uno en la National Projectile Factory de Hackney Marshes, hogar espiritual del fútbol aficionado. Muchos de estos equipos surgieron de la industria de municiones en tiempos de guerra, pero las mujeres que trabajaban en el comercio minorista, la fabricación de alimentos y la ingeniería ligera también se reunieron para jugar. Se calcula que el año de la prohibición ya había 150 equipos femeninos.

Se calcula que el año de la prohibición ya había 150 equipos femeninos

El más famoso, con diferencia, era el Dick Kerr’s Ladies, con sede en Preston. El Dick Kerr’s se formó después de que las mujeres que trabajaban en la fábrica se burlaran de las aprendices por sus actuaciones en el campo de fútbol y las desafiaran a jugar. Su primer partido oficial tuvo lugar dos meses después, el día de Navidad de 1917, ante 10.000 espectadores en Deepdale. Dick Kerr’s se impuso por 4-0 a Coulthard’s Ladies. La trabajadora de la fábrica Grace Sibbert, cuyo marido estaba luchando en Francia, desempeñó un papel decisivo en la organización del partido, y la recaudación de 488 libras –unas 15.000 libras en dinero de hoy– se donó a un hospital local que trataba a soldados heridos.

Dick Kerr’s no solo se convirtió en el mejor y más conocido equipo femenino, llegando incluso a representar a Inglaterra en partidos internacionales no oficiales, sino que también fue celebrado por esta recaudación de fondos. La Football Association y la Football League habían sido muy criticadas por decidir no suspender el fútbol profesional masculino al estallar la guerra, pero un próspero fútbol femenino que se enorgullecía de su contribución al esfuerzo bélico demostró que el fútbol tenía un papel positivo que desempeñar, y esto continuó en los años posteriores al enfrentamiento bélico. Solo en 1921 el Dick Kerr’s jugó 67 partidos benéficos, recaudando el equivalente a 2,7 millones de libras esterlinas de hoy en día.

La historia de Dick Kerr’s dista mucho de ser la típica de todos los equipos de mujeres trabajadoras. Ninguno viajaba tanto; pocos salían siquiera de su área local y algunos se quedaban en los terrenos de sus propias fábricas, participando únicamente en partidos interdepartamentales. Sin embargo, la conciencia social demostrada por Dick Kerr y otros equipos femeninos tuvo una influencia más amplia en las comunidades obreras, sobre todo cuando comenzó el cierre patronal de los mineros en 1921. Una semana después del “partido de la sopa” de Platt Bridge y Abram, el Plank Lane Ladies de Bickershaw, en Leigh, jugó un partido de mujeres casadas contra mujeres solteras, al que asistieron unos 2.000 espectadores.

Con el apoyo de los movimientos obreros locales, se celebraron más partidos en Pemberton, Ince y Hindley, que atrajeron a más público, y el dinero recaudado se donó a comedores sociales y fondos de ayuda. El “fútbol de la sopa” no era ni mucho menos tan formal u organizado como los partidos de Dick Kerr, y los informes de los periódicos locales sugieren que a menudo no había una única equipación uniforme, sino que las mujeres llevaban “camisetas de varios colores y diseños”. Sin embargo, por muy improvisados que fueran estos encuentros, miles de personas se reunían para ver jugar al fútbol a las mujeres de las comunidades mineras, que a su vez se habían inspirado en las mujeres de clase obrera que trabajaban en la industria.

La barrera de género

Sin embargo, antes de que acabara el año, la FA cortaría de raíz el fútbol femenino. El organismo rector del fútbol inglés declaró, tras una reunión de su consejo –compuesto exclusivamente por hombres–, que el deporte era “bastante inadecuado para las mujeres” y que no debía fomentarse. “El consejo solicita a los clubes pertenecientes a la Asociación que se nieguen a utilizar sus campos para este tipo de partidos”, rezaba la declaración. No se trataba de una prohibición absoluta (que habría sido imposible de aplicar), sino que impedía que las mujeres jugaran en campos más grandes y construidos a tal efecto, lo que obligaba a practicar este deporte en parques públicos y de forma indefinida.

El razonamiento oficial fue doble: en primer lugar, por “razones médicas”, que el juego podría ser físicamente perjudicial para las mujeres; en segundo lugar, debido a las quejas sobre “la apropiación de los ingresos” del fútbol femenino. Ninguna de las dos alegaciones resistía un examen riguroso. La primera se apoyaba en la charlatanería, al punto que un médico llegó a afirmar que dar patadas a un balón es “un movimiento demasiado brusco para las mujeres”. La segunda se refería en particular a Dick Kerr’s y al pago totalmente justificado de los gastos a las jugadoras. El Dick Kerr’s se comprometió a seguir adelante aunque tuviera que jugar en campos arados, y así lo hizo, hasta que se disolvió en 1965.

¿Qué motivó realmente la decisión de la FA? Por un lado, el deseo de defender la imagen popular del fútbol como un juego de hombres y un pasatiempo masculino. A medida que la sociedad británica intentaba volver a las formas sociales y a los roles de género de antes de la guerra, las mujeres eran expulsadas de los espacios que tradicionalmente habían sido dominados por los hombres. El fútbol no fue una excepción en ese sentido.

Sin embargo, muchos sostienen que también había un elemento de clase en juego. A medida que pasaban los años desde el final de la guerra, los destinatarios de la recaudación de fondos a través del fútbol femenino se volvieron, por naturaleza, menos explícitamente patrióticos y más políticos. El dinero no solo se donaba a causas relacionadas con el esfuerzo bélico, sino también para los pobres y los desempleados. Como escribe Barbara Jacobs en su historia de Dick Kerr’s, el fútbol femenino empezaba a considerarse un “deporte políticamente peligroso para quienes consideraban enemigos a los sindicatos”.

Desalentar el fútbol femenino fue un baluarte contra la solidaridad más amplia de las mujeres de la clase obrera

“El contexto político de los partidos de la sopa, con grandes grupos de hombres y mujeres potencialmente revolucionarios reunidos, se habría considerado muy peligroso dado el temor al marxismo y al nuevo poder político de las mujeres”, escribe la profesora Alethea Melling, cuya investigación sacó a la luz la historia de aquellos encuentros de 1921. Desalentar el fútbol femenino y cortar de raíz su popularidad fue un pequeño pero significativo baluarte contra la solidaridad más amplia de las mujeres de la clase obrera, tres años después de que obtuvieran el voto pero siete antes del sufragio femenino universal.

Deterioro dirigido

Si ese era uno de los objetivos de la prohibición, hay que reconocerle un desafortunado éxito. En la época de la Huelga General de 1926, cinco años después del cierre patronal de los mineros y de la declaración de la FA, apenas hay pruebas de que las comunidades obreras jugaran al fútbol femenino como medio de solidaridad. Curiosamente, la investigación de Melling sugiere que la policía sustituyó efectivamente el papel de las mujeres en partidos similares para recaudar fondos, jugando contra trabajadores en huelga en Wigan y Leigh, así como en otras partes del país. Sin embargo, estos partidos no lograron atraer a las mismas multitudes que los “partidos de la sopa”.

Jane Oakley, una de las mujeres que jugó en los “partidos de la sopa”, lamentó más tarde que se perdiera el impulso del fútbol femenino en la época del cierre patronal de los mineros. “Me encantaba patear el balón”, dijo a Melling.

Con la prohibición de 1921, un deporte que podría haber prosperado se marchitó. La FA la levantó en 1971, pero la asistencia de decenas de miles de espectadores no se repetiría con seguridad ni regularidad en el fútbol inglés hasta nuestros días, y posiblemente solo hasta la Eurocopa de este verano. El promedio de asistencia a la Superliga Femenina sigue rondando los 2.200 espectadores, una cifra significativamente inferior a la del Platt Bridge contra Abram. El fútbol femenino apenas está empezando a ganarse el reconocimiento que se merece desde hace tiempo, liderado por un organismo rector mucho más proactivo y progresista que reconoce que queda mucho trabajo por hacer.

En ese sentido, apenas estamos empezando a ponernos al nivel de las mujeres de Dick Kerr’s, Platt Bridge, Plank Lane Ladies y muchas otras hace un siglo. Su historia nos recuerda un hecho que ellas conocían bien, pero que fue ignorado durante 50 años o más: que el deporte de la clase obrera es y siempre ha sido también el de la mujer trabajadora.

-----------------------------

Este artículo se publicó en castellano en Jacobin América Latina.

La versión original se publicó en Tribune.

En mayo de 1921, las esposas de los mineros de Platt Bridge, en Wigan, Inglaterra, organizaron un partido de fútbol contra el pueblo vecino de Abram. El resultado final fue de 4-1 a favor de Platt Bridge, que “rápidamente se puso por delante en el marcador y lo mantuvo hasta el final”, según la crónica del...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Mark Critchley (Jacobin)

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí