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inteligencia artificial

Salto tecnológico y democratización

Con cada innovación se han abierto siempre intersticios en los que se han realizado ajustes, fisuras por las que el modo de dominación se ha tenido que actualizar

Raimundo Viejo Viñas 26/04/2023

<p>Taller de imprenta francesa a principios del siglo XVI. Autor desconocido. <strong>/ Biblioteca Nacional de Francia, Departamento de Manuscritos, París</strong></p>

Taller de imprenta francesa a principios del siglo XVI. Autor desconocido. / Biblioteca Nacional de Francia, Departamento de Manuscritos, París

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El éxito de ChatGPT está operando un salto tecnológico de efectos políticos imprevisibles. Al punto incluso de haber suscitado un manifiesto, firmado por investigadores y científicos y empresarios como Elon Musk o Steve Wozniak, pidiendo una moratoria de seis meses en su desarrollo. Ante un hecho de esta envergadura no faltan lecturas polémicas, complejas y dispares. Las implicaciones de cuánto supone nos sobrepasan ya por mucho. Pero aquí nos limitaremos a un aspecto concreto que conecta dos vectores: por un lado, los saltos tecnológicos en los medios de información y comunicación; y, por otro, la ampliación de la esfera pública como motor de la democratización.

Por la propia naturaleza deliberativa del gobierno democrático, la forma en que se configura la esfera pública es clave para su funcionamiento. Y en última instancia depende de los medios disponibles. Si en sus inicios la deliberación tenía lugar en el ágora, de forma oral, directa, visible, hoy a menudo se produce desde el anonimato, con infraestructuras privadas, sometidas a algoritmos e innumerables mediaciones.

Entre un extremo y otro hubo un tiempo de élites instruidas que leían periódicos y discutían la actualidad en cafés y salones de alta sociedad, mientras un trajín de ideas y debates iba y venía del Parlamento. Ya no es el caso, pero quizá pronto tampoco lo sea para la configuración de la infoesfera que hemos conocido desde el final de la Guerra Fría, internet y las redes sociales. Rebobinemos la película y ganemos perspectiva en el discurrir del tiempo para pensar qué puede suponer una innovación como el ChatGPT.

Gutenberg y el inicio de la modernidad

Volvamos, pues, la vista atrás. En concreto, hasta el 31 de octubre de 1517. Según se cuenta, ese día Lutero está clavando sus noventa y cinco tesis en la puerta de la iglesia del Palacio Wittenberg. Su gesto desafía a la jerarquía eclesiástica. La acusa de traficar con indulgencias sin un debate teológico previo. Ante el despotismo del papa de Roma, el reformador propone un debate abierto y horizontal de las escrituras; una suerte de 15M para el cristianismo medieval.

La cosa podría haberse quedado en un simple gesto de disenso religioso, igual que el 15M podría haber acabado con un desalojo en Puerta del Sol. Pero no fue el caso. Medio siglo antes había sucedido algo decisivo. Entre 1440 y 1450, Johannes Gutenberg había ideado y perfeccionado una máquina llamada a cambiar el curso de la historia y posibilitar el retorno de la democracia: la imprenta moderna. Para hacernos una idea: si en la primera mitad del siglo XV la producción amanuense de libros rondaba los veinte mil ejemplares; en la segunda, gracias a la imprenta, ascendería hasta los doce millones, según los cálculos menos optimistas (veinte, según los que más). 

La combinación del gesto de Lutero con la imprenta daría lugar a la revolución protestante

La combinación del gesto de Lutero con la imprenta daría lugar a la revolución protestante. Una ola expansiva de escisiones heréticas se sucedería activando revueltas campesinas como la de Thomas Müntzer. La propagación de las ideas no solo alteraría el ritmo de la contienda. La simultaneidad de su lectura ampliaría el espacio político, generando una esfera pública mucho mayor: la Nación. En adelante, una comunidad imaginada a la vez por miles –y pronto millones– podía constituirse como una sola ciudadanía en un único proceso deliberativo.

La esfera de papel

Pero si las revueltas campesinas aún respondían a un repertorio de acción colectiva tradicional también llamado “revuelta del pan”, la formación del moderno Estado nacional iba a permitir reinventar la democracia a gran escala. Este salto tecnológico en la información y comunicación vendría de mano del periódico. Gracias a la vertiginosa difusión de la imprenta, pronto empezaron a recorrer distancias crecientes noticias impresas en papel. Las ideas se contagiaban y un gran movimiento intelectual –la Ilustración– socavaría los cimientos de la sociedad feudal sobre los que aún se sostenía el absolutismo.

Entre las primeras Notizie Scritte de Venezia (1556) que se vendían por el precio de una gazzetta (la moneda veneciana de la época) y el primer periódico de tirada europea, escrito en francés y de difusión quincenal, la Gazette d'Amsterdam (1663), discurrió poco más de un siglo. Ese tiempo fue suficiente para liquidar de forma definitiva las bases del Ancien Régime. No por casualidad, una larga serie de revoluciones se desplegaría en Europa y Norteamérica durante los siglos XVII y XVIII, forjando los primeros regímenes democráticos organizados en torno al Estado nacional.

Las innovaciones tecnológicas que aceleraban la mutación y ampliación de la esfera deliberativa no cesaron de retroalimentarse con el progreso democrático

Las innovaciones tecnológicas que aceleraban la mutación y ampliación de la esfera deliberativa no cesaron de retroalimentarse con el progreso democrático. El telégrafo aceleró la transmisión de información y con ello se pudo ganar la contienda por abolir la esclavitud. La fotografía mostró con imágenes las barricadas de la Comuna de París y, con ello, se favoreció una difusión sin precedentes del imaginario revolucionario. Gracias a esto, el movimiento obrero conquistó derechos y amplió la democracia más allá de la minoría burguesa que ya la disfrutaba.

La esfera audiovisual

Con el siglo XX, la imagen adquirió movimiento, primero, y sonido acto seguido. La vida social inauguró una nueva dimensión: el sujeto podía poner su existencia en suspenso por un momento y abrirse a un mundo hiperreal. Hoy nos cuesta comprender el impacto subjetivo del cine. Pero basta con evocar el impacto subjetivo de la imagen de un tren llegando a la estación para entender la potencia de este nuevo salto tecnológico.

La entrada de la política en la gran pantalla era solo cuestión de tiempo. En Estados Unidos, El nacimiento de una nación de Griffith (1915) provocó duras críticas por su racismo explícito como elemento constitutivo de la identidad americana. Pero al mismo tiempo, en un país al que llegaban miles de inmigrantes, ningún otro medio podía articular la Nación con la intensidad y rapidez que se requería. En el lado opuesto de la disputa ideológica, El Acorazado Potemkin, de Eisenstein (1925), establecía en el imaginario soviético el motín contra los oficiales zaristas de 1905 como prólogo épico de 1917. Con todo, la cinematografía al servicio de la Revolución pronto se vería reconvertida en un instrumento de propaganda contrarrevolucionaria. Leni Riefenstahl y su Triunfo de la voluntad (1935) pondrían las pantallas al servicio del totalitarismo, mostrando que las tecnologías no comportaban en sí un devenir democrático, sino que este podía ser revertido a favor de dictaduras.

El salto tecnológico abre, pero también cierra oportunidades

Pero entre tanto, la esfera deliberativa siguió creciendo y haciéndose cada día más densa. Gracias a la radio, primero, y a la televisión más adelante, la formación de la opinión se adentró en el terreno de la vida privada. La potencia de la radio como medio para la movilización de masas resultó esencial en la articulación de los frentes populares y la resistencia antifascista. Cada avance tecnológico inauguraba un escenario de tensión entre partidarios y detractores de la democracia. Si en la innovación ésta avanzaba, el poder siempre ha dado con la forma de reconfigurarse mediante alguna forma de apropiación contrarrevolucionaria. Democracia y autocracia, movimiento y reacción, la pauta se confirma: el salto tecnológico abre, pero también cierra oportunidades.

Tras la II Guerra Mundial, una vez consolidadas las democracias occidentales, la televisión fue el medio que introdujo en los hogares la potencia subjetivante de imagen y sonido combinados. Su presencia permitió que el cambio cultural y ensanchamiento democrático de los derechos civiles alcanzase los lugares más recónditos. Desde Abbie Hoffman y Jerry Rubin liándola en la tele hasta las marchas de Martin Luther King, quedó patente que una generación no se contentaba con sobrevivir a las guerras y aspiraba a seguir democratizando la sociedad.

El reverso neoliberal

Con la extensa serie de innovaciones del siglo XX, esto es, con la radio, el teléfono y la televisión, con el tocadiscos y el radiocassette, con el video doméstico, la fotocopiadora, el fax y el walkman, se va a operar una mutación antropológica sin precedentes. Por primera vez, una generación entera va a forjar su propia condición dedicando más tiempo a interactuar con (y por mediación de) máquinas que con sus prójimos. La “sociedad del espectáculo” de la que ya había hablado Guy Debord en 1968 expondrá el modo en que se rearticulará un capitalismo que parecía en un callejón sin salida.

Informada por una forma inédita de legitimidad –el espectáculo–, una democracia cercenada, neoliberal, se hace con la capacidad de clausurar cualquier horizonte de emancipación en los márgenes de la gramática política del individualismo posesivo. Entre el ascenso de Thatcher y Reagan al poder y la derrota soviética, democracia y mercado viven un idilio de legitimación. La esfera comunicativa se entrega a una carrera que ignora todo límite tecnológico y hace del no interferir en el mercado un paradigma de libertad. Derrotada la URSS, el mundo ya está listo para la red de redes: internet.

El principio de individuación se estructura entonces en un doble movimiento: a la par que perfecciona el aislamiento individual, lo recompone acto seguido desde la reciprocidad de lo reticular para así poder comandar todos los terminales de las redes emergentes. Este pastoreo de una multitud online se presenta como una territorialidad capitalista global imbatible; más perfecta incluso que la del viejo Estado nacional. No hay centro, ni verticalidad: la sensación de libertad es insuperable y la desublimación represiva, por tanto, completa. Pero bajo esta realidad emergente la esfera deliberativa va a entrar en crisis.

La ideología californiana triunfa como apropiación contrarrevolucionaria al incorporar el background contracultural de los sesenta a la tecnoutopía neoliberal. En adelante ya no habrá un exterior ajeno al capital desde el que luchar por la democracia. La contienda política tendrá que realizarse desde dentro; en los márgenes de una disputa para la que el capitalismo ha ideado un modo de mando sin exterior. He ahí la medida de consistencia del “realismo capitalista”, al decir de Mark Fisher. Por si fuera poco, el entramado maquínico que se ha ido componiendo gracias a la incesante mejora tecnológica es cada vez más tupido e infranqueable. 

Eppur si muove

La tentación de la visión distópica llegados a este punto es grande. Sin embargo, la pauta histórica es otra: con cada innovación se han abierto siempre intersticios en los que se han realizado ajustes, fisuras por las que el modo de dominación se ha tenido que actualizar. Las viejas y nuevas tecnologías compiten y a la par cooperan entre sí. A cada paso deben determinar sus propias correlaciones y la forma en que habrán de operar para contener el desbordamiento democrático en los límites liberales. Acaso por esto mismo sea un síntoma tan interesante el manifiesto por la moratoria del ChatGPT. 

Con cada innovación se han abierto fisuras por las que el modo de dominación se ha tenido que actualizar

Con cada una de estas fallas que se abren y cierran en el camino hacia una captura, explotación y sujeción más perfecta, emerge transitoria la oportunidad de ampliar, reforzar y lanzar la contienda en pos de la democracia. Bajo la apariencia de un progreso totalizador y una clausura definitiva, el campo de la disputa antagonista que impulsa la democratización permanece luego latente y dispuesto a ser reutilizado. En el verso de Ani DiFranco: “Cualquier herramienta es un arma si se coge de forma correcta”.

Así, cuando la comunicación unidireccional y centralizada en radio y televisión parecía capaz de la alienación perfecta, irrumpió una nueva forma de emitir en las ondas. Radios libres como Radio Alice abrieron sus micros a los movimientos y la agitación contracultural. Cuando la comunicación reticular y descentralizada en internet parecía capaz de realizar el ideal californiano, cultura hacker, software libre y otras mil innovaciones disruptivas favorecieron la emergencia del altermundialismo. Cuando la web 2.0 parecía capturar la reticularidad en la blogosfera y redes sociales, surgieron la Primavera Árabe y el 15M. Por eso quizá ahora, cuando vuelve a parecer que no hay un horizonte posible para la democratización, cabe preguntarse cómo identificar ese intersticio tecnológico que traen consigo las aplicaciones de la Inteligencia Artificial. 

El éxito de ChatGPT está operando un salto tecnológico de efectos políticos imprevisibles. Al punto incluso de haber suscitado un manifiesto, firmado por investigadores y científicos y empresarios como Elon Musk o Steve Wozniak,...

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Autor >

Raimundo Viejo Viñas

Es un activista, profesor universitario y editor.

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1 comentario(s)

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  1. enrbalmaseda

    Una de las pruebas de hasta qué punto las llamadas "nuevas tecnologñias de la información " desinforman como nunca en la historia, es que las llamadas "Primaveras Ärabes" en manos de los islamistas más retrógrados y abiertmente financiadas y promovidas por USA, han colado, incluso para gentes ilustradas de izquierdass o liberpensadores, como "revoluciones por la libertad". !Qué estafa!, como dería el añorado Haro Tecqlen

    Hace 7 meses 1 día

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