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ALBA E. NIVAS / ESCRITORA

“Esta época sólo puede comprenderse desde la compasión”

Esther Peñas 7/06/2024

<p>Alba E. Nivas. / <strong>Fotografía cedida por la entrevistada</strong></p>

Alba E. Nivas. / Fotografía cedida por la entrevistada

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Horas inútiles junto al Sena (Escritos Contextatarios) es un dispositivo que convierte la lectura en un acto de militancia para con los otros, para con uno mismo. Del sigilo pudoroso de la poesía pasando a la reflexión política (con referencias y recreaciones), hay un buen puñado de géneros amotinados en la narración y dispuestos al servicio de la belleza. Belleza: dígase de todo intento sincero de pensar la realidad que a uno le toca en suertes. Su autora, Alba E. Nivas (Bilbao, 1972), tan lejos de profecías apocalípticas como de complacencias integradas, nos recuerda: “No tener futuro da mucho presente”.

“A caballo entre poesía, terapia, historia, ficción y política”. ¿Así transcurre este texto, como los de aquellas mujeres que rodearon y bloquearon centrales nucleares, que acamparon en silos militares, que se encadenaron a instituciones oficiales, etc., recogidos por Emilie Hache?

Sí, el libro es un artefacto. Los textos que lo componen surgieron de manera espontánea. Dispongo de poco tiempo libre, de modo que, en cuanto encontraba un rato, me abalanzaba sobre la escritura según las necesidades del momento, sin reparar en géneros ni formas literarias. Las piezas han sido escritas a lo largo de varios años y en circunstancias diversas, la coherencia que las ordena en el libro, sin embargo, no es exactamente cronológica.

Comienzo por la cita de Svetlana Cârstean que sirve de epígrafe al libro: ¿por qué la belleza nos protege de herirnos?

La belleza nos conmueve y sobrepasa. Su contemplación nos adentra en el espacio cordial, donde se diluyen las fronteras y empieza la compasión.

Lo inútil, como el amor, la belleza, como esas horas por el Sena, ¿de qué nos salva?

Nos salva del automatismo, la abulia, la anestesia. Restaura nuestra presencia en el mundo y la ensancha, nos ayuda a restablecer los vínculos.

Aparte del cambio físico, químico, orgánico, ¿de qué manera un embarazo nos permite una escucha distinta del mundo, un hermanamiento con él más íntimo?

El embarazo sincroniza el cuerpo con el ritmo de la Naturaleza, con la duración lenta y perfecta de sus ciclos. Nos imbrica más conscientemente en el tejido de la vida y, en consecuencia, nos hace más receptivas y cómplices de la sutil potencia que mueve el mundo. En el parto, por otro lado, se experimenta una especie de regresión al origen, la energía primordial que se abre paso a través del cuerpo en esos momentos es todo menos metafórica. Se accede a un conocimiento de la Naturaleza directo, fulgurante.

Que la pandemia “solidificase la distancia entre nuestros cuerpos”, ¿qué consecuencias tiene?

Principalmente, la de apuntalar el egoísmo y el miedo, funestos en los tiempos que corren.

Sentir la pulsación vital de las luchas colectivas, reivindicaciones y manifestaciones genera una intensa emoción poética

¿De qué modo la ciudad condiciona el pensamiento, esa voz en off? Si “la melancólica alienación de quienes vivimos en el medio urbano es un hecho incontestable”, ¿también lo es la posibilidad de reapropiarnos de él, como proponían, entre otros, los situacionistas?

Depende de la ciudad, claro. El espacio urbano de París es particularmente denso. Estimula, acorrala y crispa el pensamiento, lo confronta a constantes dilemas morales. Por descontado, lo inscribe en las dinámicas y mutaciones sociales. Sentir la pulsación vital de las luchas colectivas, reivindicaciones y manifestaciones genera una intensa emoción poética. En cuanto a la reapropiación del medio urbano, sin duda, esa posibilidad existe y se está materializando poco a poco, todavía de manera muy puntual. En París, hay parcelas y equipamientos desafectados que se han convertido en laboratorios de ecología popular sumamente inspiradores. Permiten imaginar otro futuro sin la presión de la productividad/consumismo, apenas tecnológico, colaborativo, apacible y solidario. En el escenario de drástica reducción de energía y materiales que se aproxima, lo más probable es que se multipliquen.

“La posibilidad de un yo sin narrativa personal”, ¿es un destino tan deseable como Ítaca?

Es la mejor manera de soplar las velas de cada día. Todos sabemos que se viaja mejor con poco equipaje. Aprender cómo funciona el propio cuerpo-mente en lugar de revolcarse en sus traumas e identificaciones es un primer paso para aligerar el yo y colarse hacia sus espacios libres. Es una cuestión de higiene mental y de autodisciplina, no hace falta ninguna disposición especial, sólo voluntad y constancia. Las tradiciones orientales tienen mucho que aportar en este aspecto; hoy en día tenemos acceso a muchas técnicas y prácticas sumamente beneficiosas para la psique. Comparto las suspicacias que generan cierto tipo de modas centradas en el bienestar, el desarrollo personal y otras formas de ensimismamiento completamente funcionales al sistema capitalista. Como en otros ámbitos de la vida, hay que tener criterio. No podemos permitirnos dilapidar una parte tan valiosa del patrimonio inmaterial de la humanidad. Navegamos en aguas cada vez más turbulentas.

¿Entre el miedo y la satisfacción inmediata, qué nos jugamos?

La supervivencia de la especie humana.

La angustia y la impotencia ante todo lo que sucede se concitan en la escritura

Usted escribe algunas de estas líneas durante la invasión rusa a Ucrania. ¿De qué modo la historia, la realidad, interviene en el proceso de escritura?

En mi caso, se filtra por todos los poros. Me parece imposible sustraerse a las cadenas de causalidad caótica que nos zarandean. La angustia y la impotencia ante todo lo que sucede se concitan en la escritura y presionan al entendimiento a cavar más hondo. No es para menos. Vivimos años decisivos.

Confío en el relevo generacional, y sobre todo en el feminismo

¿Qué rompería la inercia de “los gobernantes con disfunción poderil” y “la fúnebre impasibilidad colectiva”?

Que se dieran un paseíto por la tumba para ver qué se cuentan en el más allá sin pretender arrastrar con ellos al resto de la humanidad. Confío más bien en el relevo generacional, y sobre todo en el feminismo. Me parece clave para cambiar los valores y los esquemas mentales que sostienen el mundo. Leyendo el libro de Starhawk, Soñar lo oscuro, me llamó la atención un capítulo en el que trataba el poder de la dominación como voz interior, es decir, integrado en la conciencia más íntima, cuestionando o negando las propias capacidades, denigrándolas incluso. El sometimiento no se detiene en las estructuras económicas y sociales que condicionan materialmente nuestra existencia, opera también de manera subliminal incluso en los que podemos considerarnos privilegiados, aportando una carga de negatividad psíquica que corroe la voluntad y termina por derrumbarla. Esa faceta del patriarcado afecta con mayor intensidad a las mujeres, pero se extiende también a hombres e identidades no binarias. Luchar contra el patriarcado consiste también en no dejarse seducir por la insidiosa necrofilia imperante.

“En el hecho de vivir hoy, en este mundo de polos que se deshielan y fronteras que ya no contienen el sufrimiento, encuentro una perturbadora excitación, como si el núcleo íntimo de las cosas, el sustrato común, empezara también a desbordarse y, junto a las catástrofes naturales, se aproximara el tiempo de los prodigios”. ¿De qué depende que se abra paso el prodigio en vez del augurio trágico?

Hemos de asumir que nadie va a venir a encender la luz, pero sí a pasarnos la factura, como hace la extrema derecha. La ambivalencia de los tiempos apocalípticos que vivimos está llegando a su apogeo; los fines conviven con los principios. Estamos situados en una zona limítrofe, peligrosa, profundamente ambivalente, que genera emociones muy intensas y contradictorias. Rechazarlas o juzgarlas desde la superioridad moral o ideológica no tiene sentido, esta época sólo puede comprenderse desde la compasión. Todas las emociones son legítimas, es preciso darles su espacio y trabajar con ellas, utilizar su energía. No tener futuro da mucho presente, eso lo saben muy bien los activistas ecologistas. La alquimia emocional tiene lugar en el ahora del cuerpo, transformando la desesperanza, la rabia y el miedo en el fuego de la acción. Cada gesto, cada acto, cada palabra cuenta. Corresponde a cada cual alumbrar el prodigio, desde sus circunstancias personales y en la concreta medida de sus posibilidades. La época es propicia. La Tierra está despertando en nuestros cuerpos, como si de tanto cavar en busca de petróleo, por un efecto colateral, el peligro nos arrojase al magma de nuestra naturaleza más íntima, allá donde el corazón despierta las facultades superiores de la mente.

La ambivalencia de los tiempos apocalípticos que vivimos está llegando a su apogeo; los fines conviven con los principios

La “incapacidad permanente para prestar la debida atención a las grietas” es el gran impedimento para “convertir la potencia en actos en defensa de la vida”?

“Los hombres siempre han sido presa de la distracción, es el pecado capital de la mente”, aseguró Aldous Huxley, “la nuestra es una época de incoherencias sistematizadas, y el imbécil que tenemos dentro se ha convertido en uno de los titanes sobre el que reposa el peso del sistema social y económico. El recogimiento, o el dominio de las distracciones, nunca ha sido más necesario que ahora, y por descontado, nunca ha sido tan difícil”. Esto lo escribió en 1953; cabe imaginar el susto que se llevaría si levantara la cabeza y le regalaran un smartphone.

¿Cuándo, cómo y de qué modo comienza “la vida elegida”?

Entre quienes, por lugar y circunstancias de nacimiento, no estamos condenados al sufrimiento atroz al que están destinados millones de seres vivos, la vida elegida comienza tomando conciencia de ese privilegio. Nuestro margen de acción es inconcebiblemente mayor, de modo que podemos permitirnos –y acaso debemos– apostar por la incertidumbre. Se precisa la determinación suficiente para atravesar la maraña de convenciones e insensateces sociales que nos asfixian el entendimiento. Fuera de ahí, podemos liberar espacio para cultivar la imaginación y entablar una relación carnal con la ficción. Es el momento de hacerlo.

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