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elecciones europeas

El disputado voto de los hombres enfadados

No hacen falta conspiranoias, terraplanismo, naves del misterio, ni fascistas disfrazados de ‘influencers’ para buscar explicaciones. Es el capitalismo, el patriarcal, insaciable, colonial y violento capitalismo

Irene Zugasti 10/06/2024

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Yo tenía unos amigos –no diré cuántos ni quiénes, elegante que es una– con los que alguna vez compartí muchas cosas. Puede que clase, o botellones en el parque, apuntes, pancartas, veranos, y lo que surgiera. Algunos eran brillantes: tipos listos, atractivos, militantes estrella, de esos que sentaban cátedra en cada reunión citando a Marx y que después depredaban compañeras, una tras otra, asamblea tras asamblea. Otros no eran tan deslumbrantes, pero eran tipos decentes, incluso a pesar de que la vida les hubiera repartido unas cartas malísimas. En fin, amigos.

Hoy ya no lo son. Las conversaciones hace tiempo que se convirtieron en diálogos cargados de resentimiento y de reproches, en los que buscaban en mí, en nosotras, un aliviadero de su rabia y sus frustraciones. Empecé a ver en ellos patrones comunes: el uso de una jerga de motes y apodos cargados de desprecio para referirse a casi todo, sobre todo a las mujeres –“charos”, por ser suave, por ejemplopero también a algunos hombres –“mansos”, “eunucos”, “sojas”–, y con interés por los mismos temas que repetían machaconamente donde se les iban colando palabrejas delatoras –“globalismo”, “reemplazo”, “paguitas”–, usando argumentos calcados para defenderlos, cargados de falacias, de “y tú más” y de horizontes catastróficos. Intuía en ellos la frustración de quien pierde las partidas, de quien ya no es protagonista ni de su propia vida, la íntima y deshonrosa envidia que te carcome cuando crees que a otros les ha ido, injustamente, mejor que a ti. Todos comparten la misma ingente cantidad de horas y horas metidos en YouTube, en Twitter, en grupos de Telegram donde se revuelcan en su argumentario junto a otros desconocidos, igual de frustrados y de rabiosos que ellos. Igual de solos. Ya apenas les quedan amigos de verdad, de esos de tomarse una caña, conversar por teléfono o dar un paseo, pero ¿quién quiere amigos cuando tiene YouTube?

Percibo en ellos, además, una urgente necesidad de tener razón. Escogen selectiva y torticeramente los temas sobre los que polemizar –ayudas sociales, violencia sexual, fiscalidad, ecologismo– para retorcerlos hasta llevarlos a extremos esperpénticos donde es imposible rebatirlos. Usan estadísticas cuya fuente desconocen, capturas del BOE sacadas de contexto, documentos “secretos” que creen a pies juntillas o experiencias personales (su vecino el okupa, su cuñado el divorciado denunciado sin motivos por su ex, o ellos mismos, “curritos” exprimidos por el Estado…) para fundamentar lo que piensan. Ellos, en la epifanía de haber descubierto la verdad, recriminan a quien les escucha o discrepa ser socialmemócratas, sueltavioladores, acunapenes, o el clásico feminazi. Su antipolítica, que ellos disfrazan de denuncia a la corrupción, se agarra al viejísimo “todos son iguales” para cargar contra todo, pero especialmente, contra quienes tuvieron más cerca, más aún si son mujeres. Y poco a poco, aquel amigo con el que compartiste camisetas del Che, conciertos o vacaciones se convierte en alguien con quien no querrías pasar ni un minuto porque se ha convertido en todo lo que odias, y en todo lo que te odia. 

Y de aquellos foros, estos escaños. Muchos pensaban que este fenómeno de liderazgos digitales basados en ser el coche escoba de los hombres enfadados y frustrados, de los pijos radicalizados en las redes y del lumpenproletariat en busca de altavoz no tendría traslación en votos, en escaños o en políticas públicas, o que simplemente, lo absorberían los sospechosos habituales. Hoy, tras los resultados electorales de las elecciones europeas, muchas personas se preguntan de donde sale “la sorpresa de la noche”: ese tipo grimoso con logotipo de ardilla y tres escaños cuyo nombre no diré no porque sea Voldemort, ni porque le tenga miedo, sino porque simplemente, no quiero alimentar su algoritmo. Y ninguna deberíamos. Porque la clave está ahí, y su crecimiento, como hongos tras la lluvia, no es casual, ni espontáneo, ni “viral”, ni natural. Se equivoca quien piense que esta “manosfera” no tiene patrocinadores ni padrinos, porque los tiene, como se equivocan de cabo a rabo quienes lo tachan de sorpresa o de algo inesperado.

Las primeras y las únicas que se tomaron en serio este fenómeno hace ya años fueron las ciberfeministas. De haberlas leído, de haberlas escuchado, de haber creído en ellas con honestidad y no con oportunismo, las tertulias y los periódicos no se llenarían hoy de indignados preguntándose cómo puede ser que un tipejo mediocre venido de Ciudadanos sorpase a la izquierda hablando de que los tomates tienen más papeles que los migrantes. Las mejores investigaciones sobre estos temas vienen firmados por ellas, y existen gracias a su activismo y a su trabajo: no me canso de recomendar leer a Laura Bates, que se infiltró en sus redes; los trabajos de Elisa García, de Silvia Díaz, o de Asun Bernárdez y Yanna Franco, que han analizado la misoginia digital española, germen y núcleo irradiador de este fascismo turboliberal y anabolizado. También el de las hacktivistas y feministas digitales –no os perdáis Las redes son nuestras, de Marta G. Franco– que siguen empujando por ganar internet para las buenas. Porque, ahora que tanto os gusta citar a Niëmoller y el dichoso poema, antes de ir a por la democracia, fueron a por nosotras. 

Justo hace una semana se hacía viral en Twitter un hilo –supuestamente firmado por alguien progresista– que culpaba del giro reaccionario de los hombres jóvenes en muchas partes de Europa, cómo no, a las feministas, a su avance en derechos y a sus estrategias de comunicación online. Aparentemente, y según este análisis, querer ser un sujeto social y político potente, montarse podcasts para hablar de nosotras, hacer memes en las redes haciendo bromas con “José Luis”, o peor aún, organizarnos para combatir la violencia sexual que vivimos y atrevernos a llegar a un Ministerio y hacer política de Estado es la razón por la cual miles de señores abrazan la reacción ultra y las tesis que, con más o menos sutileza y maquillaje, justifican que los pobres se mueran de hambre, que los migrantes se ahoguen en las playas, que los críos revienten bajo las bombas, que la gente LGTBIQ se lleve una hostia por la calle o que las mujeres se jodan si las violan por ser unas casquivanas.

Puede que el diagnóstico consuele a muchos, pero es falaz y sobre todo, estéril. Hace poco, en una firma de libros, un tipo con quien compartí caseta y que dijo ser poeta, pero solo me pareció un borracho, me preguntó si las feministas habíamos escrito otro libro sobre “cómo debían comportarse los hombres”. Yo le contesté que ese libro, sinceramente, no nos toca. Ni el mío ni el de muchas de mis compañeras va de eso, sino precisamente, de cómo nos hemos organizado para disputar futuros mejores, con o sin ellos. Insisto, si me lo permitís, en esta columna atropellada entre el café y las prisas del día después: ante los “ayayays”, el catastrofismo y los agoreros, queda disputar las redes, no alimentar a las bestias, y hacer antifascismo con los hechos y no con la calculadora electoral. Claro que hay camino. Ellas sí han articulado el ¿qué hacer? –que diría aquel– y tienen respuestas y herramientas pese a toda la violencia sufrida, o precisamente por eso. Hay una batalla que dar en muchos espacios, pero sobre todo, en las redes, una batalla –perdón por la metáfora bélica de los tiempos– que no entiende de prime time ni de tertulias de televisión y que se da en códigos que desconocen la mayoría de los spin doctors, que la han despreciado demasiado tiempo. No hacen falta conspiranoias, terraplanismo, naves del misterio ni fascistas disfrazados de influencers para buscar explicaciones al disputado voto de los hombres enfadados. Es el capitalismo, el patriarcal, insaciable, colonial y violento capitalismo. Como si eso no fuera ya suficientemente aterrador.

Yo tenía unos amigos –no diré cuántos ni quiénes, elegante que es una– con los que alguna vez compartí muchas cosas. Puede que clase, o botellones en el parque, apuntes, pancartas, veranos, y lo que surgiera. Algunos eran brillantes: tipos listos, atractivos, militantes estrella, de esos que sentaban cátedra en...

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Irene Zugasti

Iba para corresponsal de guerra pero acabé en las políticas de género, que también son una buena trinchera. Politóloga, periodista y conspiradora, en general

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15 comentario(s)

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  1. victor1

    Gracias José-Lazaro por tus comentarios, es la magia de las palabras, que sirven también para entenderse y acercarse. Tengo poco tiempo ahora para contestarte en condiciones, pero lo agradezco. Ahí sigamos construyendo.. Saludos cordiales también

    Hace 9 días

  2. jose-lazaro-bercianos

    Hola Víctor. Nada más lejos de mi intención la de insultar a mis amigos o a los contertulios. De hecho, si no se transmite ya la idea en mis dos comentarios anteriores, quiero dejar claro aquí que comparto en gran medida esa frustración a la que hago referencia. Y es precisamente a esa necesidad de análisis a la que tu apelas, a la que yo me refiero también. Hace unos días, aquí en CTXT, leíamos una muy buena entrevista a Pablo Semán en la que invitaba a no tomar por estúpidos a los que votaron a Milei. Se hablaba de sentimiento y no solo de análisis "de intereses de clase". Tb se hablaba de pérdida de representatividad. Leí con gusto tu referencia a los movimientos de género de los 90 que se quedaron en "postureo" por decirlo de alguna manera (e.g. Obama y Hillary vs la realidad de las madres solteras afroamericanas). Que se trata de un tema quizás ya descontado en EEUU, pero no en Europa. Y tb por aquello de debatir o disentir, y por lo que decía Semán, mi primer comentario apuntaba a que esos "hombres enfadados" no son solo "el patriarcado rancio" al que se refiere Irene en su artículo, que por cierto son más de Vox (=sistema), sino tb "las víctimas del modelo neoliberal", que son los q votan a Alvise (=antisistema). Leo estos días "Deaths of Despair" que toca muchos de esos temas. En cualquier caso, lo que pretendía con mi segundo mensaje creo que es lo mismo que tu pides. Aprovechar la oportunidad para debatir y no para lanzar ataques furibundos a Irene (o al autor o autora de turno). Yo no creo que los contribuidores de CTXT tengan que hacer sesudas tesis doctorales. En muchos casos el valor que aportan es traer la discusión a la mesa, aunque se haga desde una óptica personal (que al fin y al cabo es lo que hacemos todos). Yo no aspiro a convencerme ni a mi mismo, pero me disgusta cuando las discrepancias se tornan en ataques. Dejé Fcbk y Twitter en 2016 y estoy en LinkedIn pq lo necesito por trabajo; pero es horroroso ver cómo están consiguiendo achicar todos los espacios de debate. Incluso aquí, en otro artículo de hace un par de meses, he sido llamado racista y machista por opinar sobre un concepto complejo... y por supuesto sin acompañar argumentación alguna. Una pena. Un cordial saludo.

    Hace 10 días

  3. juan-ab

    Cualquiera diría que en esta revista solo hay caballeros... Bueno, de forma indirecta, con la mediación de June Fernández nos llega la potente voz de Irantzu Varela , en la magnífica entrevista “Mi libro es reparación, ofrenda y venganza” de June (CTXT, 13.06.24). ¡Que estamos hasta el coño ya de que nos digan lo que tenemos que hacer! (que soltó mi querida Ione el otro día en el calor del cierre de campaña y resonó como un trueno).

    Hace 10 días

  4. victor1

    Compañero, sin debates la izquierda está perdida. Aquí nadie busca ninguna confrontación, ni quiso enredarse en trampas del pp como aquel debate venenoso de la ley del sí es sí que mencionas. No estamos en twitter (x) ni nadie ha faltado al respeto para que nos llames frustrados o desinformados. Solo estamos comentando las reflexiones que suscita el artículo de Irene Zugasti que no es para nada tan inocente ni tan casual como dices. Quizá pueda enmarcarse en una situación personal y localizada, pero a todas luces, al publicarlo el día después de estas desgraciadas elecciones y al mencionar al mequetrefe de Luisito (prefiero llamarlo así) su lectura inevitablemente es otra: que la culpa de la ultraderecha la tienen el patriarcado, y los luisitos frustrados que son muy tontos etc, etc, etc.. y es precisamente esta lectura simplista la que estamos discutiendo. Mi comentario es una invitación a ampliar el foco y recordar que el objetivo de la izquierda es defender a los que están abajo, a todos... y las políticas identitarias aunque están muy bien y son necesarias, es precisamente su proporción en el mensaje electoral, su complejidad, sus modos, su lenguaje... los que están expulsando a gran parte del posible votante que no se siente identificado. Esto es un hecho por desgracia. Dejando a la derecha el campo libre. Cuánto antes abandonemos el simplismo maniqueo de las super feministas contra los tonto-machirulos y sepamos definir mejor no en clave de sexo ni de color de piel, ni de banderas, sino en clave de igualdad-desigualdad, antes recuperaremos la movilización que un día existió. El 15m fue un buen ejemplo.

    Hace 11 días

  5. jose-lazaro-bercianos

    Animo a los compañeros que enmiendan la totalidad del artículo a que revisen el comienzo del mismo. Muchas veces pasamos sin más por encima de lo que suele ser una entradilla; pero en esta ocasión aporta información fundamental para el debate. Irene habla de unos amigos sin darnos un número o un orden de magnitud: "no diré cuántos ni quiénes, elegante que es una". Lo que describe a continuación es algo que muchos hemos experimentado estos últimos años en España y fuera de España. Puede ser el estereotipado "cuñado" (sí, un carácter construido en el imaginario de la izquierda, porque es como comunicamos los humanos, creando imágenes de entes deformes en una o varias de sus características para pillarlo rápido) o lo que es peor, puede ser un buen amigo. Y a Irene le comen la oreja con el feminismo, Irene Montero y la ley del sí es sí y a mí me la comen con el Falcon, los "30,000 millones" del presupuesto de igualdad, o la delincuencia asociada a la inmigración. En todos los casos detecto frustración y desinformación, mucho de ambas. Y por eso creo que el artículo de Irene describe con justicia algo que está ocurriendo y que es oportuno analizar. A lo mejor, alguno de vosotros no lo ha sufrido. Para mí es triste ir perdiendo la oportunidad de conversar sobre temas interesantes con unos amigos que se han vuelto "maximalistas". A lo peor, si no lo ves es porque lo tienes aún más cerca. En cualquier caso, insisto, Irene no dice cuántos son... solo que haberlos haylos... y yo doy fe.

    Hace 11 días

  6. juan-ab

    Bueno, bueno, bueno... ¿Alguna voz mezzosoprano, por favor, que dé el contrapunto a estos cuatro contratenores? (Incluso la opinión sobre el artículo de Zugasti)

    Hace 11 días

  7. victor1

    Sólo un ejemplo de lo mi anterior comentario: Podemos tuvo su esplendor social porque supo capitalizar los discursos (los abajo frente a los de arriba) que surgieron tras el estallido de la burbuja inmobiliaria y el 15 M. Hacía dos décadas que apenas se hablaba de desigualdad, de reformular el capitalismo, de casta, deuda y privilegios. Los indignados se llamaban... La calle hervía y esos 4,7 millones de personas que les votaron sabían lo que hacían. Cuando este discurso dejó de ser el principal, sobre el que se deberían articular los demás todo acabó desinflándose. Y es que los de arriba nos quieren divididos, enredados en minucias mientras esa clase extractiva va cada vez más ganando terreno en todos los frentes...

    Hace 11 días

  8. victor1

    Estimada Irene, más se consigue con miel que con hiel dice el refrán. Creo que no es muy acertado ni el tono ni el mensaje de tu artículo. La inquina de esos hombres frustrados que describes es muy parecida a la que se destila de tus palabras en sentido contrario.  No se puede definir el mundo entre machirulos y feministas... creo que es mucho más complejo. "Para un martillo todo acaban siendo clavos... "Y eso ejemplifica muy bien el error, en humilde mi opinión, en el que la izquierda lleva metida desde hace años. Básicamente porque vive a espaldas de su base electoral, porque ha dejado de apuntar a los intereses de clase y se enreda en políticas identitarias de género, raza, nacionalismos varios sin ir a la base social... En este sentido, el debate feminista está muy bien, como los debates antirracistas u otros que forman parte de las políticas identitarias, que por definición priorizan las luchas de un grupo concreto sobre los de la totalidad. Son necesarios pero sin perder perspectiva de la totalidad de la población. Mucho de lo que hoy se llama feminismo en un copia y pega de las formas y eslóganes del mundo anglosajón, especialmente del estadounidense sin haber hecho apenas ninguna crítica. Allí donde ya no se oye nada de clases sociales o alternativas a este capitalismo depredador. En su lugar nos ofrecen e imponen una pulcritud ética de las apariencias para la izquierda con términos como MAN-explaining, spreading, gaze, cancel culture, wokismo...   De allí viene también ese feminismo cool que tan bien sirve para lavar la cara en procesos de pinkwashing de instituciones y corporaciones, (hasta Cristina Botín o el ejército israelí se llaman a sí mismos feministas). Un feminismo que en mi opinión, se aleja cada vez más de aquellos valores universales de derechos y libertades de todos y todas que ya predicaba la izquierda más tradicional. Con lo que hay ahora (aunque la intención sea buena)  lo triste es que el efecto que se consigue es triple, primero; que desmoviliza a su base natural (los que están abajo y los que están cayendo en la escala social) que no se sienten representados pues se ha dejado de hablar de ellos, segundo; da una excusa perfecta a una población joven masculina que se siente criminalizada por serlo,  y tercero; ante la falta de competencia en esos caladeros, el trumpismo de los Luisitos o Mileis o Abascales tienen vía libre como "zorra en el gallinero" para capitalizar a su gusto su descontento.

    Hace 11 días

  9. antonio-gonzalez-alvarez

    No comparto en absoluto la opinión de la autora. Es la eterna fábula de la zorra y las uvas. Una fuerza sin apoyo mediático consigue votos a base de viralizarse en redes y ofrecer mensajes simples y contundentes a un electorado joven. Esos 800.000 jóvenes son todos machirulos? Acaso no se han educado en valores, en una sociedad más igualitaria?. Alguien que nació en el 2000 no ha tenido profesoras, compañeras, periodistas de referencia? Si la izquierda no llega a esa gente es porque no tiene nada que ofrecerles. Es más, la izquierda lo que les dice es que si hay una mujer, gay, indocumentado o minoría ultraminoritaria, independientemente de su valía, irá antes que ellos. Y eso es darle el trabajo hecho a la ultraderecha. Una vez creada la sensación de injusticia(real o no), se identifica un enemigo(Iglesias, Montero, Sánchez, feminismo, agenda 2030) y ya tenemos el mix completo. No sería un problema obviar a este grupo si la causa del feminismo aglutinara en torno a sí a gran parte de las mujeres o a los colectivos a los que defiende. Pero no es así. Ni las mujeres, ni los colectivos ultraminoritarios, ni los inmigrantes votan a la izquierda. Básicamente, porque no se autodefinen ni por su sexo, género, nacionalidad o circunstancia y no necesariamente votan a quienes los encasillan, aunque sólo sea para ayudarlos. Votan según sus intereses, como todos. Por lo tanto, o la izquierda cambia el marco, identifican un enemigo, simple sencillo y fácil de demonizar, y hace que toda esa gente confíe en que sólo la izquierda defiende sus intereses o veremos una repetición de la historia.

    Hace 12 días

  10. juan-ab

    Bueno, bueno, bueno... ¡Sigan, sigan, no paren, por favor, son ustedes una verdadera revelación! ¿Están aquí los amiguetes de Peo Sánchez, tal vez? (Urgente, CTXT, en lugar de El Observatorio, un foro conjunto Fútbol-Coches.

    Hace 12 días

  11. jose-lazaro-bercianos

    Al 100% con lo que escribes, Irene. Creo q tb tiene que ver mucho con quién identifican como "el otro" (o la otra). Y siendo como es todo una proyección, pues "el otro" suele ser lo que más a mano se tiene. A veces, por "(in)cultura", a veces por "novedad", a veces "por bien trabajada relevancia mediática (del otro o la otra)". Tb creo q tu frase final se puede leer desde la perspectiva del causante último de un malestar que es el que irrita y provocando esa reacción que acaba proyectándose. Si sirve de consuelo, te diré que tb tengo esa sensación de pérdida, quizás no de "amigos", pero sì oportunidades de conversar...

    Hace 13 días

  12. luismi-fernandez

    Conclusión, todo lo malo es consecuencia de los hombres... La misoginia está muy mal, pero le diría a la autora que la misandria también... Y por tanto, que se lo haga mirar, porque los prejuicios y excesiva ideologización impiden por lo general hacer análisis certeros, y ese es el problema de este artículo, que además del odio y el desprecio que destila (solo dice cosas negativas de todos los hombres que nombra) ni siquiera es capaz de ver cuál es la problemática real... Y que tiene poquito que ver con el feminismo o las mujeres... Pero no le voy yo a dar las claves del momento a alguien que por definición y por defecto lo sabe todo y es justa y perfecta, como buena feminista... Y lo de que el capitalismo es patriarcal y colonial, ya tal... A ver si dejamos de repetir las estupideces emitidas por un montón de ignorantos e ignorantas atrincherades en ubérrimas universidades yankis...

    Hace 13 días

  13. pedro1

    Un artículo repugnante. Empezando por la viñeta que le acompaña. Me niego a verme descrito por una mujer que odia a la mitad de la Humanidad. 

    Hace 13 días

  14. juan-ab

    Interesantísima la información que nos aportas, Irene. Gracias!

    Hace 13 días

  15. ricardo-aguilera908

    De acuerdo. Las redes para pescar besugos es el fenómeno más peligroso al que nos enfrentamos. Felicidades por el artículo.

    Hace 14 días

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